Anafilaxia

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Anafilaxia
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La anafilaxia es una emergencia médica que puede causar la muerte en cuestión de minutos si no se actúa con rapidez. Ante cualquier sospecha de anafilaxia, llama al 112 inmediatamente. Cada segundo cuenta: el retraso en la administración de adrenalina es el principal factor asociado a desenlaces fatales.

Según datos epidemiológicos, la incidencia de anafilaxia oscila entre 50 y 100 episodios por cada 100.000 personas al año, con una mortalidad que puede alcanzar el 2 %. Aunque estas cifras puedan parecer bajas, la gravedad del cuadro exige que cualquier persona —y especialmente quienes tienen alergias conocidas— sepa reconocer los síntomas y cómo actuar. En este artículo analizamos qué es la anafilaxia, sus síntomas, causas y tratamiento basado en la evidencia científica actual.

Qué es la anafilaxia

Se trata de una reacción alérgica sistémica grave en la que el sistema inmunitario reacciona de forma desproporcionada cuando el organismo entra en contacto con un alérgeno. El cuerpo libera de manera masiva mediadores químicos (como la histamina y las triptasas) que provocan vasodilatación, caída brusca de la presión arterial, broncoespasmo y edema de las vías respiratorias, lo que puede desembocar en un shock anafiláctico.

Es una reacción alérgica grave y potencialmente mortal que puede presentarse en cuestión de segundos o minutos tras la exposición a un alérgeno. Desencadenantes habituales incluyen alimentos como el cacahuete o los frutos secos, picaduras de himenópteros (abejas, avispas), el látex o determinados medicamentos.

Según las guías de la EAACI (European Academy of Allergy and Clinical Immunology), la anafilaxia se define clínicamente por la aparición aguda de síntomas que afectan a la piel o mucosas junto con compromiso respiratorio, cardiovascular o ambos.

El término anafilaxia proviene del griego «a» (sin) y «filaxis» (protección), lo que equivale a «sin protección». Fue utilizado por primera vez en 1902 por Charles Richet y Paul Portier. El primer registro histórico de esta afección data del año 2500 a. C., según la descripción de la muerte del faraón Menes tras la picadura de una avispa.

Cuáles son los síntomas de la anafilaxia

Los síntomas de la anafilaxia suelen presentarse entre los primeros minutos y las dos horas tras la exposición al alérgeno. La rapidez de instauración es un indicador de gravedad: cuanto más rápida sea la aparición, más grave tiende a ser la reacción. Los signos y síntomas principales son:

  • Piel y mucosas: picor generalizado, enrojecimiento, urticaria, angioedema (hinchazón de labios, párpados o lengua).
  • Vías respiratorias superiores: picor orofaríngeo, inflamación de lengua y garganta, dificultad para tragar, voz ronca.
  • Vías respiratorias inferiores: dificultad respiratoria, sibilancias, opresión torácica, tos persistente.
  • Sistema cardiovascular: hipotensión arterial, taquicardia, pulso débil, mareo, síncope o shock.
  • Sistema gastrointestinal: náuseas, vómitos, dolor abdominal tipo cólico, diarrea.
  • Sistema neurológico: ansiedad, confusión, mareo, pérdida de consciencia.

Importante: La ausencia de síntomas cutáneos no descarta la anafilaxia. Hasta un 20 % de los episodios cursan sin manifestaciones en la piel, lo que puede dificultar el diagnóstico.

Reacción bifásica

Un aspecto crítico que a menudo se desconoce es la reacción bifásica: los síntomas pueden reaparecer entre 4 y 12 horas después del episodio inicial, incluso tras una aparente mejoría. Por este motivo, las guías clínicas recomiendan un período de observación hospitalaria mínimo de 6 a 12 horas tras un episodio de anafilaxia.

Sintomas de anafilaxia

Cuáles son las causas de la anafilaxia

Nuestro sistema inmunitario produce anticuerpos (inmunoglobulinas E o IgE) para proteger el organismo frente a agentes nocivos. Sin embargo, en personas sensibilizadas, el sistema inmunitario reacciona de forma desproporcionada ante sustancias habitualmente inofensivas, lo que desencadena la cascada anafiláctica.

Causas más frecuentes en niños

Las alergias alimentarias son la causa más habitual de anafilaxia en la infancia: cacahuetes, frutos secos, leche de vaca, huevo, pescado, marisco, soja, trigo y sésamo.

Causas más frecuentes en adultos

En adultos, los desencadenantes más comunes son los medicamentos (antiinflamatorios no esteroideos, antibióticos betalactámicos, contrastes radiológicos intravenosos), las picaduras de himenópteros (abejas, avispas, avispones) y los alimentos. También se ha descrito anafilaxia inducida por el ejercicio y por la exposición al látex.

Si un adulto o un niño han sufrido un episodio de anafilaxia, el riesgo de una reacción más grave aumenta con cada nueva exposición al alérgeno. Existen pruebas alergológicas específicas (prick test, IgE específica, provocación controlada) para identificar el agente causal, aunque en un pequeño porcentaje de casos no se encuentra la causa (anafilaxia idiopática).

Factores de riesgo

Los principales factores de riesgo para sufrir anafilaxia grave son:

  1. Anafilaxia previa: quien haya sufrido un episodio tiene mayor riesgo de reacciones más graves en el futuro.
  2. Asma no controlada: el asma concomitante, especialmente si está mal controlada, se asocia a mayor riesgo de anafilaxia fatal.
  3. Mastocitosis: la acumulación anormal de mastocitos aumenta significativamente el riesgo.
  4. Edad y comorbilidades: la enfermedad cardiovascular y el uso de betabloqueantes o IECA pueden agravar la respuesta anafiláctica y dificultar el tratamiento.

Cuál es el tratamiento para la anafilaxia

La anafilaxia es una emergencia médica: no se debe esperar a que los síntomas evolucionen. Ante la mínima sospecha, hay que actuar de inmediato.

Paso 1: Llamar al 112

Llama al 112 (número de emergencias europeo) inmediatamente. Indica claramente que se trata de una posible anafilaxia.

Paso 2: Administrar adrenalina intramuscular

La adrenalina (epinefrina) intramuscular es el único tratamiento de primera línea para la anafilaxia. No existe ningún otro fármaco que la sustituya. Los antihistamínicos y los corticoides no son tratamiento de primera línea y nunca deben retrasar la administración de adrenalina.

La inyección debe administrarse por vía intramuscular en la cara anterolateral del muslo (tercio medio). Las dosis recomendadas son:

  • Adultos: 0,5 mg (autoinyector de 300 µg disponible).
  • Niños de 6 a 12 años: 0,3 mg.
  • Niños menores de 6 años: 0,15 mg.

Si los síntomas no mejoran, se puede repetir la dosis cada 5-15 minutos.

Autoinyectores de adrenalina

Las personas con riesgo de anafilaxia deben llevar siempre consigo un autoinyector de adrenalina. En España están disponibles los dispositivos EpiPen, Jext y Altellus. Para utilizarlos:

  1. Retirar el tapón de seguridad.
  2. Presionar firmemente contra la cara externa del muslo (se puede inyectar a través de la ropa).
  3. Mantener presionado durante 10 segundos.
  4. Retirar y masajear la zona durante otros 10 segundos.

Posición del paciente

  • Si hay dificultad respiratoria: sentado o semiincorporado.
  • Si hay hipotensión o mareo: tumbado con las piernas elevadas (posición de Trendelenburg).
  • Si hay pérdida de consciencia: posición lateral de seguridad y comprobar la vía aérea.

Tratamiento hospitalario

En el hospital, además de adrenalina, se pueden administrar:

  • Oxigenoterapia a alto flujo.
  • Fluidoterapia intravenosa con suero salino fisiológico para tratar la hipotensión.
  • Broncodilatadores (salbutamol nebulizado) si persiste el broncoespasmo.
  • Antihistamínicos y corticoides como tratamiento coadyuvante (no de primera línea).
  • En casos de shock refractario, puede ser necesaria perfusión continua de adrenalina y soporte en unidad de cuidados intensivos.

En episodios de anafilaxia grave o prolongada con afectación multiorgánica, pueden desarrollarse complicaciones como la insuficiencia renal aguda, que en casos excepcionales podría requerir soporte renal mediante técnicas como la hemodiálisis.

Es fundamental que los pacientes con antecedentes de anafilaxia sean valorados por un alergólogo o inmunólogo clínico para un estudio completo y un plan de acción personalizado.

Tratamiento para anafilaxia

Cómo prevenirla

La mejor estrategia de prevención es evitar la exposición al alérgeno identificado. Además, se recomiendan las siguientes medidas:

  • Llevar siempre el autoinyector de adrenalina y comprobar periódicamente su fecha de caducidad.
  • Utilizar una pulsera o chapa identificativa que indique la alergia y el riesgo de anafilaxia.
  • Informar a todos los profesionales sanitarios sobre las alergias conocidas antes de cualquier procedimiento médico.
  • En caso de alergia a veneno de himenópteros: evitar caminar descalzo por el campo, no usar perfumes intensos ni ropa de colores llamativos, y valorar la inmunoterapia con veneno (desensibilización).
  • En caso de alergia alimentaria: leer siempre las etiquetas de los productos, preguntar por los ingredientes en restaurantes e informar al personal de cocina. Una cantidad mínima del alérgeno puede desencadenar una reacción grave.
  • Formar al entorno cercano (familiares, profesores, compañeros de trabajo) en el reconocimiento de la anafilaxia y el uso del autoinyector.

Referencias

  1. Muraro A, Worm M, Alviani C, et al. EAACI guidelines: Anaphylaxis (2021 update). Allergy. 2022;77(2):357-377. doi:10.1111/all.15032. Disponible en: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/all.15032

  2. Cardona V, Ansotegui IJ, Ebisawa M, et al. World Allergy Organization Anaphylaxis Guidance 2020. World Allergy Organ J. 2020;13(10):100472. doi:10.1016/j.waojou.2020.100472. Disponible en: https://www.worldallergyorganizationjournal.org/article/S1939-4551(20)30375-6/fulltext

  3. Resuscitation Council UK. Emergency treatment of anaphylaxis: Guidelines for healthcare providers. Actualizado en mayo de 2021. Disponible en: https://www.resus.org.uk/library/additional-guidance/guidance-anaphylaxis/emergency-treatment

Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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