Sida

El sida es una afectación del sistema inmunitario debida a la infección por un virus, el VIH.

La inmunosupresión da lugar a la posible infección por microorganismos que en condiciones normales no producirían ninguna patología, denominados patógenos oportunistas. A esta fase, que generalmente coincide con niveles de linfocitos CD4 inferiores a 200/mm3, se la denomina SIDA. Las infecciones oportunistas más frecuentes son producidas por:

  • Bacterias: Tuberculosis, Sífilis…
  • Virus: Citomegalovirus, Herpes simple, Varicela-zoster…
  • Protozoos: Neumonía por “Pneumosystis carinii”, “Toxoplasmosis”, “Leishmaniasis”, diarreas crónicas por “Cryptosporidium” o “Isospora”…
    Hongos: Candidiasis…
En la actualidad existen aproximadamente 34 millones de personas afectadas de esta enfermedad en todo el mundo. La OMS estima que en el último año se han infectado unos 5 millones de personas, según los últimos estudios publicados.

¿Por qué se produce?

El SIDA está producido por un retrovirus humano denominado VIH. Existen dos tipos, VIH-1 y VIH-2, aunque el más frecuente en el mundo es el VIH-1. El VIH-2 está más relacionado con virus que provocan inmunodeficiencias en monos.

El VIH contiene como material genético un ARN y proteínas, que son las que permiten su reproducción. Entre ellas, las más importantes, porque sobre ellas inciden la mayoría de los tratamientos contra el VIH, son: la transcriptasa inversa y la proteasa.

El virus del VIH

Una vez que el virus penetra en el organismo, se une de forma específica a un tipo de receptor presente en las células del sistema inmunitario, fundamentalmente en los linfocitos CD4, y penetra en ellos. En este momento, la infección puede permanecer latente, es decir, sin producir ningún tipo de sintomatología, mientras el virus no se replique. Una vez que empieza a multiplicarse, necesita y utiliza la maquinaria genética del linfocito. De esta forma llega a destruirlo y se produce la salida al exterior de gran número de nuevos virus, denominados viriones, que extenderán la infección a otras células. A medida que el virus sigue infectando las células va disminuyendo la capacidad inmunitaria de defensa del individuo infectado, hasta casi desaparecer en las últimas etapas de la vida del enfermo.

Síntomas del sida

La enfermedad por VIH suele ser asintomática. Algunos pacientes sufren un cuadro agudo al inicio de la enfermedad (3-6 semanas después de la infección) consistente en febrícula y malestar general, aunque lo más normal es que el paciente permanezca asintomático durante años.

Durante este periodo no es raro, sin embargo, encontrar febrícula, aftas bucales de repetición, pérdida de peso continua y sin causa aparente; y la sensación de dolor al tragar, esta última debida normalmente a infecciones leves por hongos (Candida albicans).

A medida que el virus destruye las defensas, el organismo es más propenso a sufrir infecciones por microorganismos oportunistas, y es entonces cuando en la mayoría de los casos, comienzan los síntomas. Dependiendo del tipo de microorganismo y del órgano que afecte, los síntomas serán diferentes.

El paciente con infección por el VIH también puede presentar alteraciones neurológicas, de las cuales la más frecuente es la encefalopatía. Otra patología que causa el virus VIH es la aparición de determinados tumores, siendo el más frecuente el Sarcoma de Kaposi.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de la enfermedad sólo puede establecerse de modo definitivo por métodos de laboratorio.

Este tipo de pruebas se realizan con un análisis de sangre del enfermo y pueden clasificarse según lo que pretendan ver en:

  • Directas: si detectan la presencia del virus.
  • Indirectas: si lo que observan es la respuesta del organismo frente a la infección (anticuerpos) en la sangre del paciente.

El diagnóstico se suele determinar tras la realización de pruebas sucesivas: normalmente una de menos especificidad al principio (Prueba de screening) y, posteriormente, una de mayor especificidad (Prueba de confirmación). El hecho de tener que repetir las pruebas es debido a que en ocasiones, cuando se realiza la primera, el virus todavía no es detectable en la sangre del individuo y por ello se obtienen falsos negativos en algunos pacientes que tienen la enfermedad.

Pruebas de Screening: El método más utilizado es la EIA y el ELISA.
Pruebas de Confirmación: Los métodos más utilizados son el Western-Blot, el IFI. y la RIPA.

En la práctica clínica se suele hacer lo siguiente: cuando el individuo ha tenido un contacto reciente con la enfermedad, se hace una 1ª prueba y se repite a los seis meses. En muchas ocasiones, el diagnóstico se retrasa hasta la aparición de síntomas relacionados con las infecciones oportunistas, dado que la infección por el virus, hasta ese momento, no produce síntomas.

Tratamiento para el sida

El enfoque del tratamiento del VIH debe ir encaminado, por una parte, a disminuir la cantidad de virus en el individuo y, por otra, a prevenir o tratar las alteraciones o infecciones que se puedan producir en el organismo debidas a la presencia del VIH.

Existen dos tipos de fármacos en el tratamiento del VIH:

  • Inhibidores de la transcriptasa inversa: Zidovudina (AZT), Didanosina (DDI), Estavudina (D4T), Lamivudina (3TC), Zalcitabina (DDC), Nevirapina y Efavirenz.
  • Inhibidores de la proteasa: Indinavir, Ritonavir, Saquinavir y Nelfinavir.

En un principio sólo se utilizó la Zidovudina para el tratamiento de la enfermedad. Posteriormente, se fueron combinando fármacos para prevenir la aparición de resistencias por el virus. Actualmente se usa la politerapia (combinación de varios medicamentos). Normalmente se utilizan 3 fármacos (2 inhibidores de la transcriptasa inversa y 1 inhibidor de la proteasa) o 4 fármacos (2 inhibidores de la transcriptasa inversa y 2 inhibidores de la proteasa). Las principales causas de cambio de tratamiento son la ineficacia o la aparición de efectos secundarios importantes para el paciente. En este caso, normalmente se procede al cambio de un fármaco por otro del mismo grupo.

Es muy importante que el paciente se mentalice de que el tratamiento es crónico y complejo, pero que la experiencia clínica ha demostrado que en las personas que lo cumplen correctamente se consigue que el virus disminuya en gran medida en el organismo y que las defensas se incrementen, con lo que se reduce el riesgo de infección por patógenos oportunistas.

Siempre que una persona inicie el tratamiento con los antirretrovirales, se le debe informar correctamente de cómo debe hacerlo (varía en función del fármaco) y de los posibles efectos secundarios que le puede provocar. Durante el seguimiento es importante controlar los posibles tratamientos para otras patologías que pueda sufrir el paciente a lo largo de su vida, para evitar posibles interacciones y fallos en la terapia.

Por último, decir que el tratamiento es muy importante para la vida del paciente con esta enfermedad y que, en la medida de lo posible, debe cumplirlo, ya que el virus, a la larga, puede generar resistencias que obligarían al cambio de la terapia y, lo que es más importante, si permitimos que el virus siga desarrollándose, producirá infecciones oportunistas que son una de las causa más importantes de muerte por esta patología.

Evitando contraer el sida

El VIH tiene tres formas de transmisión.

Contacto directo con sangre

Para prevenir el contagio del virus por la sangre se deben tener precauciones, sobre todo, en el grupo de trabajadores sanitarios y en aquellos que tengan contacto con sangre humana (investigación, servicio de limpieza). El uso de guantes y el desecho adecuado de jeringuillas en los contenedores dispuestos para ello pueden prevenir de contagios de esta y otras muchas enfermedades que se transmiten por la sangre.

En el caso de usuarios de drogas por vía parenteral, no se deben compartir las jeringuillas utilizadas, y es preferible emplear las de un solo uso.

Transmisión por relaciones sexuales

Fue muy común durante un período largo de tiempo, debido al desconocimiento de la enfermedad por la población. Actualmente es poco frecuente que haya personas que desconozcan esta vía de transmisión debido al gran número de campañas publicitarias que se han realizado al respecto.

La prevención reside en el uso de preservativos y evitar en lo posible las prácticas sexuales de riesgo.

Transmisión durante el parto

Es también una causa de infección por el VIH. Existen tratamientos hospitalarios para intentar prevenir el contagio. Tras el parto se realizarán los análisis pertinentes al recién nacido de madre infectada, para determinar si ha adquirido el virus. De ser así, se comenzará el tratamiento. Conviene recordar, sin embargo, que una gran cantidad de los niños que nacen con anticuerpos frente al VIH los negativizan con el tiempo, puesto que no han adquirido el virus, sino únicamente los anticuerpos producidos por la madre.

La lactancia materna está contraindicada en el caso de que la madre esté infectada por el VIH.

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