Rubéola

Toda la información relativa a la rubéola. Explicamos cómo se transmite y cuáles son los síntomas. Además, analizamos las complicaciones de esta enfermedad, sobre todo en mujeres embarazadas.

La rubéola es una infección vírica aguda muy contagiosa. Se trata de una enfermedad relativamente leve tanto en niños como en adultos; no obstante, en el caso de las mujeres embarazadas puede tener consecuencias muy graves, con un alto riesgo de muerte fetal o defectos congénitos en el feto. Este virus se transmite a través de las gotas que expulsa una persona infectada al estornudar o toser.

¿Qué es?

La rubéola es una enfermedad contagiosa que se da por la infección de un virus de la familia de los togavirus. Puede afectar a personas de todas las edades, aunque es especialmente crítica en mujeres embarazadas; si el contagio se da durante los primeros meses de gestación, el riesgo de contagio al feto es muy alto, en cuyo caso pueden darse malformaciones congénitas muy graves.

La incidencia de este trastorno médico es mayor durante la primavera y el verano. No obstante, su incidencia en los países desarrollados a día de hoy es mínima desde el comienzo de la vacunación; la incidencia de la rubéola actualmente se sitúa en menos de 0,3 casos por cada 100.000 habitantes.

Síntomas de la rubéola

Síntomas de la rubéola

Esta es una enfermedad relativamente larga ya que desde el momento del contagio hasta la aparición de los primeros síntomas transcurre un periodo de tiempo largo, de unos 21 días aproximadamente. En algunos casos, una vez el virus se reproduce, aparecen algunos indicios muy similares a los de un catarro o una gripe común; es por ello que resulta tan complicado diagnosticar la rubéola en su fase inicial.

Los síntomas propios de la rubéola son tres. Por un lado, temperatura corporal elevada, especialmente en niños. Por otro lado, la aparición de exantema; una erupción en la piel de color rojo intenso  que se comienza detrás de las orejas y poco a poco se extiende al resto del cuerpo. Y, por último, el aumento de los ganglios linfáticos.

Una vez se presentan estos síntomas, el diagnóstico de la enfermedad es sencillo ya que son indicios muy claros y concretos.

Diagnóstico y tratamiento de la rubéola

En ocasiones esta enfermedad no es sencilla de diagnosticar en su fase inicial ya que los síntomas son muy similares a los de una gripe o resfriado común. Además, cuando se presenta el exantema, en algunos casos la rubéola se confunde con el sarampión.

Una de las pruebas médicas que permite diagnosticar la rubéola es la analítica sanguínea. Todos los valores suelen ser normales si el estado de salud del paciente es bueno, a excepción de dos: leucocitos y plaquetas, cuyos niveles son menores a lo normal.

En el caso de mujeres embarazadas, es esencial diagnosticar correctamente esta enfermedad; una vez confirmada la rubéola, se realiza una ecografía para comprobar el estado del feto y si existe cualquier tipo de malformación.

Rubéola: complicaciones

Las complicaciones relativas a esta enfermedad no son demasiado frecuentes; pero, al igual que sucede con prácticamente todos los trastornos médicos, existen.

En el caso de las mujeres, es habitual que presenten artritis, especialmente en zonas como las muñecas y las rodillas. La rubéola también puede dar lugar a hemorragias debido al descenso de plaquetas. Una complicación rara, aunque posible, es la encefalitis.

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Tal y como hemos señalado, durante el embarazo la rubéola se puede transmitir de la madre al feto a través de la placenta. Una situación crítica ya que la enfermedad puede causar trastornos muy graves al feto, tales como malformaciones congénitas.

En la actualidad no existe ningún tipo de tratamiento para la rubéola. Así, a los pacientes afectados por la enfermedad se les administran medicamentos para aliviar la fiebre, así como para reducir el dolor de las articulaciones y los músculos.

¿Cómo se transmite la rubéola?

La rubéola es una enfermedad sumamente contagiosa y, además, muy fácil de propagar. El contagio se da a través de las gotitas presentes en las secreciones respiratorias de las personas infectadas. Así, el agente infeccioso alcanza la faringe mediante la inhalación de dichas gotitas, para pasar a continuación al torrente sanguíneo. El virus causante de la rubéola se aloja y reproduce en el tejido linfático.

El funcionamiento del virus es el siguiente: una vez se ha multiplicado en el tejido linfático, vuelve a pasar al torrente saguíneo. Pues bien, es entonces cuando el organismo comienza a producir anticuerpos para acabar con el virus.

Las personas contagiadas pueden propagar la enfermedad desde aproximadamente una semana antes de la aparición de los primeros síntomas, hasta dos semanas después aproximadamente.

Vacuna de la rubéola

¿Cómo se transmite la rubéola?

El método más efectivo para evitar esta enfermedad es la vacunación; la vacuna contra la rubéola en España se incluyó en el calendario de vacunación a finales de los años 60. De este modo, el propio sistema inmunológico es capaz de combatir el virus sin presentar apenas ningún síntoma.

En España se administra la vacuna conocida como “triple vírica”; rubéola, sarampión y paperas. La primera dosis se da entre los 12 y los 15 meses y, la segunda, a los tres años. Los anticuerpos para hacer frente a estas enfermedades permanecen para siempre en el tejido linfático, por lo que proporcionan protección de por vida ante estas enfermedades.

Por supuesto, aquellos adultos que no recibieron la vacuna cuando eran niños, es conveniente que se vacunen para evitar esta enfermedad; algo muy importante sobre todo entre las mujeres en edad fértil.

Merece la pena destacar que las mujeres embarazadas no se pueden vacunar contra la rubéola. Por lo tanto, durante el periodo de gestación es esencial evitar el contacto con cualquier persona que pueda estar infectada. Después del parto es aconsejable vacunarse.

Aunque la gran mayoría de individuos aceptan la vacuna sin ningún tipo de complicación, en algunos casos se puede presentar dolor en las articulaciones y fiebre.

Rubéola congénita

Tal y como hemos señalado, los principales problemas relacionados con esta enfermedad se dan en mujeres embarazadas durante el primer trimestre de gestación.

Durante las primeras veinte semanas de embarazo hay un alto riesgo de que el feto se contagie, desarrollando así lo que se conoce como síndrome de rubéola congénita; un trastorno que puede dar lugar a un amplio abanico de defectos congénitos: ceguera, pérdida de audición, microcefalia, parálisis cerebral…

Una vez transcurridas las 20 semanas de embarazo, los riesgos de malformación en el feto son prácticamente nulos.


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