Rotura de menisco: causas, síntomas y ejercicios

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Rotura de menisco: causas, síntomas y ejercicios
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Los meniscos de rodilla son unas estructuras en forma de almohadilla semicircular compuestas por fibrocartílago. Tienen la importante misión de mejorar el funcionamiento de la articulación, distribuyendo las fuerzas que actúan sobre ella. Amortiguan la presión que ejerce nuestro peso corporal y nos proporcionan estabilidad al andar.

Por todo ello, la rotura de menisco es una patología importante que puede bloquear el movimiento de la articulación de forma total o parcial. Además, produce un dolor agudo e hinchazón de la zona. Se estima que la incidencia de las lesiones meniscales se sitúa en torno a 60-70 casos por cada 100.000 habitantes al año, siendo una de las lesiones de rodilla más frecuentes.

Te contamos todo sobre la rotura de menisco y cómo debes tratarlo para recuperar cuanto antes la función de la rodilla.

¿Qué es el menisco?

En realidad, debemos hablar de los meniscos en plural, ya que cada articulación de rodilla cuenta con dos de estas estructuras. Son los meniscos internos o mediales y los externos o laterales. Ambos son piezas de fibrocartílago con forma de media luna que se sitúan entre el fémur y la tibia, y cumplen funciones esenciales:

  • Amortiguación: distribuyen las cargas mecánicas sobre la superficie articular, protegiendo el cartílago de la rodilla.
  • Estabilización: contribuyen a la estabilidad de la articulación, especialmente durante movimientos rotacionales.
  • Lubricación: ayudan a distribuir el líquido sinovial por la articulación.
  • Propiocepción: contienen terminaciones nerviosas que informan al cerebro sobre la posición de la articulación.

Menisco medial o interno

Tiene una longitud de algo más de 3 cm y forma de “C” abierta (media luna). Ocupa el área interna de la articulación, representando un 60 % aproximadamente de toda la zona de contacto. Este menisco está unido a la tibia por su parte anterior, concretamente por delante de los ligamentos cruzados, y está firmemente adherido a la cápsula articular y al ligamento colateral medial, lo que lo hace menos móvil que el externo y, por tanto, más susceptible a las lesiones.

En caso de rotura del menisco medial notarás un dolor agudo en la cara interna de la rodilla, que se puede irradiar hasta el músculo poplíteo. Dependiendo de la gravedad de la lesión también puede aparecer dolor en la parte externa de la rodilla.

El menisco medial se lesiona con una frecuencia 2-3 veces mayor que el lateral.

Menisco lateral o externo

Es una estructura casi circular, más pequeña que el menisco interno, aunque con más movilidad, ya que no está unido al ligamento colateral lateral. Ocupa aproximadamente el 80 % del total de la superficie de contacto lateral de la rodilla.

Si te lesionas el menisco lateral notarás, pasadas unas horas, dificultad para flexionar y extender la rodilla. La deambulación se vuelve dolorosa y puede aparecer hinchazón en la zona.

Zonas vasculares del menisco

Un aspecto crucial para el tratamiento es la vascularización del menisco. Se distinguen tres zonas:

  • Zona roja (periférica): bien vascularizada. Las lesiones en esta zona tienen buena capacidad de cicatrización y son las más aptas para sutura.
  • Zona roja-blanca (intermedia): vascularización parcial. Las lesiones pueden cicatrizar, aunque con menor probabilidad.
  • Zona blanca (central): avascular. Las lesiones en esta zona no cicatrizan espontáneamente y, cuando requieren tratamiento quirúrgico, suelen precisar menisectomía parcial.

Causas frecuentes de la rotura de meniscos

Rotura de menisco interno

Roturas traumáticas (agudas)

Estas lesiones son muy frecuentes en las personas que practican determinados deportes como fútbol, baloncesto, esquí alpino, rugby y tenis. Pero cualquiera puede sufrir una rotura de menisco al realizar de forma inadecuada alguno de estos movimientos:

  • Giros repentinos del cuerpo manteniendo los pies fijos en el suelo (mecanismo de rotación con el pie apoyado).
  • Cambios bruscos de dirección durante la carrera.
  • Flexión profunda de rodillas bajo carga (sentadillas profundas con peso, posición en cuclillas prolongada).
  • Caídas sobre la rodilla o golpes directos.
  • Hiperextensión forzada de la rodilla.

Es frecuente que las roturas meniscales traumáticas se asocien a otras lesiones ligamentosas, especialmente la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA), configurando la llamada “tríada desgraciada” o “tríada de O’Donoghue” (rotura de LCA + menisco medial + ligamento colateral medial).

Roturas degenerativas

La edad influye negativamente sobre nuestros meniscos. A medida que envejecemos, el tejido meniscal pierde colágeno, hidratación y elasticidad, volviéndose más frágil y susceptible a desgarrarse con esfuerzos mínimos que en una persona joven no causarían lesión alguna. Se producen entonces las llamadas roturas degenerativas, que son más frecuentes a partir de los 40-50 años.

Estas roturas pueden producirse al realizar actividades cotidianas aparentemente inofensivas: buscar algo en el suelo, ponerse en cuclillas para limpiar, subir escaleras o simplemente levantarse de una silla.

Tipos de rotura según su morfología

Las roturas meniscales se clasifican según su forma:

  • Rotura longitudinal: sigue la dirección de las fibras del menisco. Si es extensa, puede producir un fragmento que se desplaza y queda atrapado entre las superficies articulares (rotura en “asa de cubo”), provocando un bloqueo mecánico de la rodilla.
  • Rotura radial: perpendicular a las fibras, desde el borde libre hacia la periferia. Altera la función distributiva de cargas del menisco.
  • Rotura horizontal (oblicua): divide el menisco en una capa superior e inferior.
  • Rotura en colgajo (flap): un fragmento se levanta y puede interponerse entre las superficies articulares.
  • Rotura compleja: combina varios patrones.
  • Rotura degenerativa: el menisco presenta un aspecto deshilachado, con múltiples desgarros pequeños.

Síntomas de la rotura de menisco

El primer síntoma es el dolor al hacer giros con la pierna, que puede aparecer inmediatamente o al cabo de unas horas. Si la rotura es grave notarás un chasquido en la rodilla y la sensación de que no controlas totalmente la articulación.

Si te has producido una rotura como consecuencia de un traumatismo notarás un dolor agudo y localizado. En el caso de las roturas degenerativas el dolor no es tan intenso y está más difuminado por toda la rodilla, con un inicio progresivo.

Además, aparecen otros síntomas, dependiendo de lo severa que sea la lesión:

  • Bloqueo de la rodilla: es el síntoma más característico de la rotura de menisco. Sentirás que no puedes extender completamente la pierna y que la articulación se “atasca” (especialmente en roturas en asa de cubo).
  • Hinchazón de la zona con derrame sinovial: generalmente aparece de forma gradual en las primeras 24-48 horas (a diferencia del derrame inmediato de las lesiones ligamentosas).
  • Dificultad para flexionar y extender la rodilla completamente.
  • Sensación de inestabilidad: la rodilla “falla” o “se va” en determinados movimientos.
  • Dolor al subir y bajar escaleras o al ponerse en cuclillas.
  • Chasquidos o clics audibles durante el movimiento de la rodilla.
  • Imposibilidad para caminar o dolor agudo al hacerlo en los casos más graves.

Maniobras exploratorias

El traumatólogo realizará una serie de maniobras en la exploración física para orientar el diagnóstico:

  • Test de McMurray: con el paciente tumbado, el explorador flexiona y rota la rodilla buscando un chasquido o dolor que sugiera rotura meniscal.
  • Test de Apley: con el paciente boca abajo y la rodilla flexionada a 90°, se aplica compresión y rotación.
  • Palpación de la interlínea articular: dolor a la presión en el espacio entre fémur y tibia, en la zona correspondiente al menisco afectado.

Diagnóstico de una rotura meniscal

Si tienes los síntomas que hemos mencionado anteriormente debes acudir cuanto antes a tu médico para que te examine la pierna y determine el tipo de lesión que sufres.

  • Radiografías: aunque no muestran directamente el menisco (que es tejido blando), son necesarias para descartar otras patologías como fracturas, condrocalcinosis (depósitos de calcio) o artrosis avanzada.
  • Resonancia magnética (RM) de la rodilla: es la prueba de referencia para diagnosticar con certeza una rotura meniscal. Permite visualizar el estado del menisco con alta precisión, clasificar el tipo de rotura y evaluar lesiones asociadas (ligamentos, cartílago). Tiene una sensibilidad y especificidad superiores al 90 %.
  • Ecografía: puede ser útil como complemento, especialmente para valorar derrames articulares y quistes meniscales.
  • Artroscopia diagnóstica: en casos seleccionados en los que la RM no es concluyente, la artroscopia permite la visualización directa del menisco y, si se confirma la lesión, tratarla en el mismo acto quirúrgico.

Tratamientos de la rotura de menisco

Rodilleras como tratamiento para el menisco roto

La primera medida que debes adoptar, incluso antes de acudir al especialista, es aplicar frío local (protocolo PRICE: Protección, Reposo, Ice/Hielo, Compresión, Elevación). El frío contribuye a calmar el dolor y a disminuir la hinchazón. Se puede aplicar en seco o en húmedo, utilizando bolsas de gel específicas de venta en farmacias, bolsas de hielo envueltas en un paño o las famosas bolsas de guisantes congelados, que se adaptan a la forma de la rodilla.

Importante: no aplicar el hielo directamente sobre la piel (riesgo de quemadura por frío). Siempre con una tela o paño intermedio, durante sesiones de 15-20 minutos cada 2-3 horas.

Tratamiento conservador

Se aplica en lesiones estables y roturas de tipo degenerativo que aparecen a una edad avanzada, así como en roturas pequeñas situadas en la zona vascularizada que tienen potencial de cicatrización. El tratamiento incluye:

  • Fármacos: antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y analgésicos para controlar el dolor y la inflamación.
  • Rodilleras ortopédicas de compresión para limitar los movimientos rotatorios y proteger la articulación.
  • Muletas durante las primeras semanas si el apoyo es doloroso.
  • Fisioterapia y rehabilitación: una vez superada la fase aguda, se inicia un programa de rehabilitación con electroestimulación, ejercicios de fortalecimiento progresivo y recuperación del rango de movilidad.

Si tu lesión no ha sido muy severa podrás realizar las actividades de la vida cotidiana, siempre con precaución. Moverte con moderación evitará la pérdida del tono muscular y favorecerá el proceso de recuperación.

Tratamiento quirúrgico

Las operaciones de menisco se realizan en casos de lesiones graves producidas por un traumatismo, roturas que causan bloqueo articular, o cuando las medidas conservadoras no dan como resultado una evolución favorable.

Otros tratamientos complementarios pueden incluir:

  • Artrocentesis: retirada de líquido sinovial acumulado para aliviar la presión y el dolor.
  • Infiltraciones intraarticulares: con ácido hialurónico, plasma rico en plaquetas (PRP) o corticosteroides, para reducir la inflamación y favorecer la lubricación articular.

Artroscopia de rodilla

En la mayoría de los casos las cirugías de menisco se realizan por artroscopia. Es una técnica mínimamente invasiva que reduce considerablemente las complicaciones de la cirugía abierta tradicional. Además, permite una recuperación más rápida del paciente, que solo necesita pasar en la clínica uno o dos días (frecuentemente se realiza de forma ambulatoria).

La artroscopia se realiza introduciendo una cámara miniaturizada (artroscopio) en la articulación a través de pequeñas incisiones de 5-10 mm, lo que permite valorar de forma precisa el problema y tratarlo simultáneamente.

Las dos técnicas principales en la cirugía de menisco son la sutura meniscal y la menisectomía parcial. Desde hace décadas, los traumatólogos priorizan la conservación del menisco siempre que sea posible, ya que la extirpación total favorece el desarrollo de artrosis de rodilla a medio-largo plazo.

Sutura meniscal

Es la opción preferida por la mayoría de los traumatólogos, ya que permite conservar íntegro el menisco. Está indicada en roturas localizadas en la zona vascularizada (roja o roja-blanca) del menisco, especialmente en pacientes jóvenes y activos.

Se sutura el desgarro producido por el traumatismo con técnicas específicas (sutura dentro-fuera, fuera-dentro o todo-dentro). Con la sutura meniscal se consigue una fijación estable del menisco a la cápsula de la articulación por su parte periférica.

La recuperación tras la sutura meniscal es más lenta que tras la menisectomía:

  • Se suele utilizar una ortesis de rodilla durante 4-6 semanas.
  • La carga de peso se restringe parcialmente durante las primeras semanas.
  • La rehabilitación fisioterapéutica comienza gradualmente.
  • El retorno a la actividad deportiva completa suele producirse entre los 4 y 6 meses.
  • El éxito de la operación (cicatrización del menisco) dependerá de la edad, la localización de la rotura y las lesiones asociadas.

Menisectomía parcial

Se opta por esta operación en los casos de roturas en la zona avascular (blanca) del menisco o en roturas complejas que no son susceptibles de sutura. Siempre conservando la mayor parte del menisco para evitar un desarrollo precoz de artrosis. El cirujano extraerá la menor parte posible del menisco, pero debe retirar todos los fragmentos inestables y los bordes dañados para crear un borde liso y estable.

La recuperación tras la menisectomía parcial es más rápida:

  • Se permite la carga de peso completa desde las primeras horas o días.
  • La rehabilitación es más breve (2-4 semanas).
  • El retorno a la actividad deportiva suele producirse entre las 6 y 12 semanas.

Trasplante meniscal

En pacientes jóvenes que han perdido una parte significativa del menisco y presentan síntomas, puede valorarse el trasplante meniscal con aloinjerto (menisco de donante). Es una opción reservada para casos seleccionados, con el objetivo de retrasar la aparición de artrosis.

Ejercicios recomendados si has sufrido rotura de menisco

https://www.youtube.com/watch?v=kLsiMlXyOR4

Si te han diagnosticado una rotura de menisco, pero el médico no cree necesaria una intervención quirúrgica, es el momento de realizar determinados ejercicios que fortalezcan la articulación. Los que te proponemos a continuación te ayudarán a tonificar todo el complejo muscular de la rodilla.

También te recomendamos que acudas a un fisioterapeuta para que determine los ejercicios que debes realizar, según el tipo de lesión que hayas sufrido. La progresión debe ser siempre gradual y guiada por el dolor: si un ejercicio provoca dolor agudo, debes detenerte.

Ejercicios para realizar durante las tres primeras semanas

Están enfocados a disminuir el dolor, bajar la hinchazón y mantener el tono muscular sin sobrecargar la articulación.

  • Isométrico de cuádriceps I

Colócate en posición tumbada con una toalla enrollada debajo de la rodilla. Realiza presión hacia abajo durante 10-12 segundos, sin sobrepasar el 70 % de intensidad. Realiza 3 series con 10 repeticiones cada una.

  • Isométrico de cuádriceps II

En la misma posición, eleva la pierna varios centímetros del suelo (con la rodilla extendida) y mantén durante 10 segundos. Realiza el ejercicio 2-3 veces cada vez, ya que es más intenso que el anterior.

  • Isométrico de isquiotibiales I

En posición tumbada, apoya los pies en el suelo con las rodillas flexionadas y eleva los glúteos contrayendo el abdomen (puente de glúteos). Aguanta durante 10 segundos y repite 3 veces.

  • Isométrico de isquiotibiales II

Siéntate erguido en una silla y cruza las piernas, haciendo que la pierna lesionada pase por delante, y aguanta 10 segundos. Descruza y relaja durante un momento. Repite 3 veces.

Ejercicios para realizar a partir de la cuarta semana

A los ejercicios anteriores puedes sumar los siguientes:

  • Concéntrico de cuádriceps

En posición de sentado, ata un extremo de una banda elástica a una pata trasera de la silla y el otro al pie. Realiza ejercicios de extensión de la rodilla aumentando progresivamente la tensión de la banda. 3 series de 10 repeticiones.

  • Sentadillas asistidas

Colócate apoyando la espalda sobre una pared y flexiona ambas rodillas (no más de 45-60°). Aguanta durante 10 segundos y repite. 3 series de 8-10 repeticiones.

  • Ejercicios de glúteos (abducción de cadera)

Túmbate de lado y extiende el brazo que está en contacto con el suelo, apoyando la cabeza. La otra mano puedes colocarla frente al estómago para darte estabilidad. Sube la pierna un máximo de 45° del suelo y repite varias veces el ejercicio. 3 series de 12-15 repeticiones.

  • Step-ups (subidas a escalón)

Sube y baja un escalón bajo (10-15 cm) liderando con la pierna lesionada al subir y con la pierna sana al bajar. 3 series de 10 repeticiones.

Ejercicios para hacer a partir de la séptima semana

  • Sentadillas libres

Realiza las sentadillas sin apoyarte en la pared, con control de la profundidad (no más de 90° de flexión). Haz 3 series de 10 repeticiones cada una.

  • Ejercicios de gemelos

Sitúate de pie con las piernas separadas a la anchura de las caderas. Ponte de puntillas y aguanta en esa posición 10 segundos. Descansa y repite 3 veces más.

  • Equilibrio sobre una pierna (propiocepción)

Mantén el equilibrio sobre la pierna lesionada durante 30 segundos. Progresivamente, cierra los ojos o utiliza una superficie inestable (cojín, plataforma de equilibrio). Este ejercicio es fundamental para recuperar la propiocepción de la rodilla.

  • Bicicleta estática

A partir de la sexta-séptima semana (si el dolor lo permite), la bicicleta estática sin resistencia es un excelente ejercicio para recuperar el rango de movilidad y el tono muscular sin impacto articular.

Ejercicios que NO debes realizar si tienes rotura de menisco

Determinados ejercicios y movimientos son muy perjudiciales si te han diagnosticado rotura meniscal. Estos son los que están totalmente desaconsejados:

  • Cambios bruscos al andar, tanto de dirección como de velocidad.
  • Saltos y ejercicios de alto impacto.
  • Flexiones intensas de rodilla (por encima de 90°). Al hiperflexionar la rodilla sometemos a un estrés considerable la parte posterior del menisco.
  • Ejercicios que precisen torsión de las rodillas.
  • Maniobras de pivotaje: rotar el cuerpo manteniendo los pies fijos.
  • Correr sobre superficies duras o irregulares.
  • Deportes de contacto hasta que la lesión esté completamente resuelta.

¿Es bueno andar con el menisco interno roto?

En principio sí se puede andar si tienes una rotura meniscal interna, aunque debes tener en cuenta algunas consideraciones.

Empieza con paseos cortos diariamente, al mismo tiempo que realizas los ejercicios que hemos comentado anteriormente. Esto te ayudará en la recuperación y evitará que pierdas en exceso tono muscular.

Deja que el dolor guíe tus pasos. Si notas cierta incomodidad o un leve dolor durante tus paseos podrás seguir realizándolos hasta que te recuperes totalmente. Si, por el contrario, el dolor es agudo e insoportable, debes esperar a que el tratamiento prescrito por el médico haga su efecto para poder caminar. Caminar por terreno llano y con calzado adecuado es preferible a superficies irregulares.

Pronóstico y tiempo de recuperación

El pronóstico de la rotura de menisco depende de múltiples factores:

  • Tipo de rotura: las roturas longitudinales periféricas tienen mejor pronóstico que las roturas complejas o en zona avascular.
  • Edad del paciente: los pacientes jóvenes tienen mejor capacidad de cicatrización.
  • Lesiones asociadas: la presencia de rotura de LCA o daño condral empeora el pronóstico.
  • Tipo de tratamiento: la sutura meniscal tiene mejor pronóstico a largo plazo que la menisectomía, al preservar la función del menisco.
TratamientoTiempo de baja laboralRetorno al deporte
Conservador2-6 semanas6-12 semanas
Menisectomía parcial2-4 semanas6-12 semanas
Sutura meniscal4-8 semanas4-6 meses

Si tienes una rotura de menisco debes seguir siempre las indicaciones del especialista para recuperarte en el menor tiempo posible. Aplicar frío durante las primeras horas, evitar movimientos bruscos y realizar ejercicios progresivos de fortalecimiento te ayudarán a volver cuanto antes a tu vida normal.

Acude al traumatólogo si presentas:

  • Dolor en la rodilla que no mejora tras 1-2 semanas de reposo y antiinflamatorios.
  • Bloqueo articular (imposibilidad de extender o flexionar completamente la rodilla).
  • Derrame articular (hinchazón significativa de la rodilla).
  • Sensación de inestabilidad o que la rodilla “falla”.
  • Dolor tras un traumatismo agudo con chasquido audible.

Referencias

  • Bhan, K. “Meniscal tears: current understanding, diagnosis, and management.” Cureus, 2020. Disponible en: PubMed
  • Logerstedt, D.S. et al. “Knee stability and movement coordination impairments: knee ligament sprain.” Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy, 2010. Disponible en: PubMed
  • Mayo Clinic. “Torn meniscus.” Disponible en: Mayo Clinic
  • Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT). Guías clínicas de patología meniscal. Disponible en: SECOT
Daniela Innecco

Escrito por

Daniela Innecco

Periodista de salud

Graduada en Ciencias de la Comunicación

Periodista especializada en salud y bienestar. Graduada en Ciencias de la Comunicación y con experiencia en medios de comunicación internacionales. Se centra en temas de nutrición, vida saludable y remedios naturales con un enfoque divulgativo y accesible.

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