Parkinson

La enfermedad de Parkinson es un trastorno crónico nervioso y degenerativo que se produce cuando las neuronas no generan la cantidad suficiente de dopamina, una sustancia química muy importante que se encuentra en el cerebro.

Se trata de una enfermedad mucho más presente en hombres que en mujeres y suele aparecer entre los 50 y los 60 años, aunque puede aparecer antes, en un inicio temprano del trastorno.

¿Es hereditario el Parkinson?

Si bien existen pacientes que han adquirido la enfermedad genéticamente, la mayoría de los casos de Parkinson no se da entre miembros de una misma familia.

Según estudios recientes, únicamente un 10 % de los enfermos de Parkinson han heredado la enfermedad, frente a un 90 % de casos en los que la causa de su aparición no es genética.

Se ha comprobado, además, que en la mayoría de los pacientes que adquieren la enfermedad de forma hereditaria, sus síntomas aparecen más tarde, a partir de los 50 años, mientras que quienes no presentan ninguna carga genética, a menudo desarrollan el trastorno al menos una década antes.

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Que un familiar directo padezca Parkinson aumenta en un 20 % las posibilidades de padecerlo, algo que ocurre en un porcentaje muy bajo de los casos.

Actualmente, existen numerosas hipótesis que relacionan la aparición de la enfermedad con algunos factores medioambientales, como la sobreexposición a algunos pesticidas y contaminantes químicos.

Síntomas de la enfermedad de Parkinson

Los síntomas de esta enfermedad son lentos en su aparición y aumentan paulatinamente. Con frecuencia, comienzan en un solo lado del cuerpo y, con el tiempo, se extienden al otro lado.

Dentro de los signos más frecuentes de la enfermedad, se encuentran:

  • Lentitud y dificultades en el movimiento. El Parkinson se caracteriza por la hipertonía muscular en la que los músculos se encuentran excesivamente rígidos. Esta rigidez, que se extiende por el tronco y las extremidades, causa dolor al paciente y le impide realizar movimientos precisos y rápidos.

Suele presentarse un encorvamiento de la espalda que indica el inicio de la enfermedad.

  • Pérdida del olfato. Los cambios en el olfato cuando no existe un resfriado pueden ser síntoma de Parkinson.
  • Cambios en el volumen de la voz. Un signo de Parkinson es la bajada del volumen de la voz del paciente.
  • Temblores en la cara, en las manos, en la mandíbula y en las extremidades. Se dan cuando el paciente se encuentra en reposo y no pretende realizar ningún movimiento.
  • Pérdida de equilibrio y falta de coordinación en los gestos.

Como consecuencia de los síntomas anteriores, se produce muy a menudo en los enfermos de Parkinson trastornos del sueño y depresión por perder el control de los movimientos, entre otros síntomas secundarios, como la hipersalivación.

La dopamina es, además, una sustancia encargada de regular el estado de ánimo, por lo que la depresión en los pacientes se suele dar de forma aguda y con mucha frecuencia.

El Parkinson progresa lentamente y de forma constante. Cuando los síntomas aparecen, la enfermedad ya lleva años instalada en el paciente.

Según avanza, los síntomas empeoran y la autonomía de quien la padece se va viendo reducida, al tener dificultades para realizar tareas simples y cotidianas de la rutina diaria.

Las dificultades para comer y para caminar forman parte de las consecuencias más graves del trastorno.

El diagnóstico del Parkinson

Si bien, no existe una prueba de diagnóstico específica para esta enfermedad, los médicos utilizan el historial del paciente y realizan un examen neurológico para detectarla.

Concretamente, su diagnóstico se realiza a partir de la aparición de al menos dos de los síntomas anteriormente descritos. Las repentinas caídas y la lentitud y dificultad en los movimientos son los dos principales signos que orientan a diagnosticar un síndrome de Parkinson.

En el campo de la medicina todavía quedan muchos aspectos de esta enfermedad por descubrir y existen diversas investigaciones en las que se trabaja para abordarla.

Tratamiento del Parkinson

Aunque no existe todavía un tratamiento que cure el Parkinson, se utilizan medicamentos para paliar los síntomas. Estas medicinas se encargan de aumentar la presencia de dopamina en el cerebro con el fin de corregir las consecuencias de su déficit. Asimismo, se administran como alternativa medicamentos encargados de frenar la degradación de la dopamina.

La estimulación cerebral profunda es una técnica empleada en aquellos casos en los que el paciente no obtiene ninguna mejora con el uso de los medicamentos. Consiste en la estimulación de ciertas partes del cerebro mediante la implantación quirúrgica de electrodos.

Esta intervención se realiza bajo estrictas condiciones y se aplica en un porcentaje muy bajo enfermos de Parkinson. Permite la corrección de algunos de los síntomas y frena la pérdida de neuronas.

Para retrasar el avance de los síntomas, se realizan también ejercicios, generalmente con la ayuda de terapia física y del lenguaje.

Es preciso vigilar el estado de salud general tanto de uno mismo como permanecer atento a posibles síntomas en parientes con el fin de realizar diagnósticos tempranos dentro de lo posible.


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