Lumbalgia

La “lumbalgia” es el dolor en la parte inferior de la espalda conocido también como “lumbago” o simplemente “dolor lumbar”. Prácticamente todo el mundo sufre este problema, al menos una vez en su vida. Se puede presentar de forma progresiva o repentina y, aunque se puede dar a cualquier edad, lo más habitual es padecerlo desde la juventud.

A pesar de que no se puede considerar una grave enfermedad, quizás ni siquiera una enfermedad propiamente dicha, lo que sí representa es un problema de salud prioritario en las sociedades occidentales, tanto por su elevada frecuencia (de ahí el título de este artículo) como por su importante repercusión social, laboral y económica, ya que es una de las patologías que provoca mayor absentismo laboral, discapacidad y uso de recursos sanitarios.

Causas y síntomas de la lumbalgia

En general, el dolor se suele localizar a la altura del cinturón y unos centímetros por encima y por debajo, irradiándose a veces por detrás de una pierna hasta el pie (lo que se conoce como “irradiación ciática”). Es probable que la localización inicial del dolor sea la causa de que muchas personas acudan a las consultas quejándose de “dolor de riñones”, aunque desde luego, no son estos órganos los que están provocando el dolor, sino la compleja estructura formada por las cinco vértebras lumbares, los discos intervertebrales que las separan entre sí y los ligamentos, músculos y tendones que le confieren movimiento y estabilidad, además de las importantes estructuras nerviosas y pequeñas terminaciones que en todo este conglomerado se albergan.

El origen exacto del dolor lumbar pocas veces se conoce con certeza, aunque sí se puede asegurar que hay múltiples factores que pueden desencadenarlo o al menos influir en él. Las posturas inadecuadas, la mala forma física, el exceso de peso, algunas tareas diarias o el estrés son algunos de estos factores que pueden influir en el inicio o el mantenimiento de la lumbalgia. De hecho, parece que los “ataques” de lumbago representan “la gota que colma el vaso” de un problema que se viene gestando desde mucho tiempo atrás y que pocas veces tiene una causa única que lo provoque.

A pesar de su frecuencia, y de la angustia que en muchas personas desencadena, es importante saber que la lumbalgia no es un problema grave. La gran mayoría de los pacientes mejora mucho en poco tiempo, y, sólo en unos pocos casos puede haber una causa más seria provocando el cuadro de dolor. De hecho, casi nunca es necesario hacer ningún tipo de prueba. Sólo cuando el dolor no mejora en pocos días, o el problema presenta algunas peculiaridades, puede ser necesario hacer algunas exploraciones complementarias.

En estas líneas, vamos a darle unos cuantos consejos que en ningún caso pueden sustituir a los que le den sus médicos, pero que sin duda le pueden ayudar a convivir con sus molestias sin perjudicarle en absoluto.

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Cómo evitar y tratar la lumbalgia

Lo primero que debe saber es que, aunque durante muchos años se ha estado diciendo lo contrario, hoy sabemos que, salvo en casos excepcionales, no es recomendable el reposo en la cama. Al contrario, es importante movilizar la espalda tan pronto como sea posible, sin esperar a que desaparezca por completo el dolor.

Como norma general es preferible intentar hacer una vida normal, con molestias y con precauciones, a cambiar por completo la rutina diaria. Cuando el dolor en las primeras horas es tan intenso que ésto no es posible, al menos se debe intentar volver cuanto antes a las actividades laborales o recreativas normales.

Permanecer sentado durante periodos prolongados no es peligroso pero puede resultar molesto; es preferible levantarse de vez en cuando, cambiar de postura y tratar de mantener la espalda recta. Si se puede, es mejor no cargar pesos; si no se puede evitar es mejor apoyar el peso en el tronco. Un ejemplo: levantar un cartón de leche con los brazos extendidos puede forzar la espalda más que levantar ocho kilos si se sostienen pegados al cuerpo.

Aumentar la actividad física de la vida diaria con cosas tan simples como caminar a ritmo rápido alguno de los trayectos habituales, o utilizar las escaleras en lugar del ascensor, le ayudará a mejorar su condición física, lo cual es muy beneficioso. Además, hacer algún ejercicio física de forma regular como montar en bicicleta (fija o móvil), hacer gimnasia, bailar o nadar, mejora los síntomas de la espalda, facilita la vuelta a la vida normal y evita nuevos ataques de lumbalgia. Existen además ejercicios, fáciles de realizar en casa o en cualquier gimnasio, específicamente pensados para recuperar un ataque de lumbago y otros para evitar que repita.

Ejercicios para la lumbalgia

Por otra parte, hay dos tipos de medicamentos que contribuyen a aliviar el dolor lumbar. Los primeros son los analgésicos, popularmente conocidos como “calmantes”, que actúan directamente sobre el dolor y permiten llevar a cabo las medidas físicas que hemos comentado en condiciones más favorables. Los segundos son los relajantes musculares que actúan sobre las contracturas musculares que acompañan al dolor. Mediante el empleo de ambos se puede corregir una situación similar a “la pescadilla que se muerde la cola”: el dolor produce contractura muscular, que a su vez produce dolor, que a su vez produce más contractura.

En todo caso, si usted o alguien cercano a usted tiene lumbalgia: desdramatícelo. Intente hacer una vida normal, cuide la postura y haga ejercicio. Lo contrario, fomentar la inmovilidad y buscar “milagrosas” pruebas de imagen, muchas veces puede conducir a cirugías que, cuando menos, se podrían haber evitado con un poco de paciencia.

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