Inmunodeficiencias

Las inmunodeficiencias son un conjunto de enfermedades caracterizadas por un defecto en la actividad del sistema inmune, siendo la función del sistema inmune la defensa del individuo frente a agentes extraños, generalmente de naturaleza infecciosa. Por tanto, la consecuencia principal de las inmunodeficiencias es un aumento de la frecuencia y gravedad de las infecciones.

Las inmunodeficiencias se clasifican en dos grandes grupos:

  1. Inmunodeficiencias primarias (IDP): tienen una base genética y afectan por lo general a un único componente del sistema inmune. Se manifiestan generalmente en la infancia, aunque algunas pueden pasar inadvertidas hasta la edad adulta.
  2. Inmunodeficiencias secundarias (IDS) o adquiridas: producidas por causas externas al organismo, como pueden ser agentes infecciosos, físicos, químicos, medicamentos o defectos nutricionales. Pueden aparecer en cualquier persona y afectan a más de un componente del sistema inmune.

Inmunodeficiencias primarias

Fue a mediados del siglo XX cuando se diagnosticó la primera Inmunodeficiencia primaria (IDP) y con posterioridad se han ido describiendo muchas más, lo que también ha llevado a un avance en nuevas técnicas de diagnóstico y tratamiento. El mejor conocimiento del funcionamiento del sistema inmune también ha facilitado en gran medida la clasificación de estas enfermedades que hasta entonces era meramente descriptiva.

A su vez las Inmunodeficiencias primarias(IDP) pueden clasificarse en:

  1. Inmunodeficiencias humorales: el defecto consiste en una disminución de alguna de las fracciones de las inmunoglobulinas (o anticuerpos). Se caracterizan por una mayor susceptibilidad a las infecciones bacterianas.
  2. Inmunodeficiencias celulares: en este caso está afectada la inmunidad celular. Aumentan las infecciones causadas tanto por bacterias como por virus, hongos y otros microorganismos.
  3. Inmunodeficiencias mixtas: en este caso existe un déficit tanto humoral como celular. Es frecuente que los afectados mueran a edades tempranas.
  4. Inmunodeficiencias no específicas: afectan a los neutrófilos, tanto a su cantidad como a su funcionamiento. Existen otros casos en los que hay un déficit del complemento.

Inmunodeficiencias secundarias

Las inmunodeficiencias secundarias son mucho más frecuentes que las primarias. Sus causas son muy variadas e incluyen:

Infecciones; el ejemplo más conocido es el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) producido por la infección del virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), pero otras infecciones pueden provocar también inmunodeficiencia, generalmente de menor gravedad y limitadas en el tiempo (malaria, sarampión).

Medicamentos; la inmunodeficiencia puede ser consecuencia de su propio efecto terapéutico, como es el caso de los medicamentos inmunosupresores que se prescriben para disminuir la respuesta inmune en casos de transplantes o de enfermedades autoinmunes. En otros casos puede ser un efecto adverso inesperado de un medicamento prescrito con otras indicaciones. En los países desarrollados la toma de medicamentos es la causa más frecuente de inmunodeficiencia.

Agentes físicos: dentro de ellos los más destructivos son las radiaciones, tanto las administradas con fines terapéuticos (en el tratamiento de tumores) como aquellas sufridas de forma accidental (accidentes en centrales nucleares)

Malnutrición: los déficits nutricionales severos también pueden producir inmunodeficiencia, puesto que es necesario un aporte adecuado de proteínas para el buen funcionamiento del sistema inmune. Este déficit proteico es la causa más frecuente de inmunodeficiencias en los países subdesarrollados.

Tratamiento

En el tratamiento de las inmunodeficiencias es muy importante la administración de medicamentos que eliminen el agente infeccioso. Esto se puede hacer de forma preventiva (antes de que se produzca la infección) o curativa (cuando ya se ha contraído la infección).

Otros tratamientos van dirigidos a suplir el déficit del sistema inmune. Ejemplos de éstos serían la administración periódica de inmunoglobulinas en los casos de déficits de anticuerpos, la administración de sustancias que estimulen la formación de leucocitos o bien el transplante de médula ósea si la afectación es celular.

En un futuro próximo, la terapia génica se asentará como tratamiento definitivo para aquellos casos de inmunodeficiencias primarias en los que se conozcan los genes implicados en las alteraciones moleculares.

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