Impotencia

ImpotenciaLa impotencia es la imposibilidad o dificultad de conseguir o mantener la erección del pene por una interferencia en la vasocongestión que impide la penetración durante las relaciones sexuales.

Suele distinguirse entre impotencia primaria, cuando el hombre ha podido realizar la penetración, bien vaginal, bien rectal; y la impotencia secundaria, cuando sí ha podido realizar la penetración al menos una vez.

No podemos calificar de impotencia a dificultades en la erección ocurridas como episodios aislados.

Éstos pueden estar producidos por fatiga, distracciones, tensión emocional, consumo de alcohol u otros factores.

En muchas ocasiones la impotencia puede estar asociada a algunas parejas, situaciones específicas, determinados contextos…

Por ello muchos hombres que sufren impotencia cargan la culpa a otra persona que suele ser su compañera.

En un principio parece tener su lógica. “Si a veces puedo y otras no, el problema no está en mí”. La consecuencia más inmediata de este planteamiento es la demora en acudir al especialista para solicitar ayuda. Retrasar este encuentro dificulta la posibilidad de encontrar, si el origen fuese psicológico, la causa precisa de la disfunción.

Causas de la impotencia

La impotencia puede tener una base fisiológica que impide que la corriente sanguínea se acumule produciendo la erección. En este caso los problemas surgen siempre, independientemente de las situaciones o personas. Las condiciones biomédicas que, según las investigaciones de las últimas décadas, producen problemas de erección son: consumo de alcohol y drogas, diabetes, enfermedades vasculares, efectos secundarios de medicamentos, problemas circulatorios, trastornos urológicos…

La mayoría de los hombres que acuden a consulta por problemas de impotencia prefieren pensar que su origen es orgánico. Si es así habrá un tratamiento cómodo y breve que haga que este problema desaparezca con facilidad. Con ello, además, evitan pensar que puede haber una mínima probabilidad de sustrato psicológico en el origen de la disfunción. Lo cual asocian con alguna perturbación, locura, desequilibrio o con problemas de pareja. Sin embargo la mayoría de los casos de impotencia tienen un origen psicológico.

El motivo, entonces, es la ansiedad a la que Masters y Johnson denominan ansiedad de actuación y miedo de actuación. Las causas psicológicas cubren un amplio abanico de posibles realidades, tanto individuales como de pareja.

InvidualesDe pareja
DepresiónFalta de atracción por su pareja
Personalidad múltipleCompañera especialmente pasiva
Estrés laboralAlto nivel de confilcto en la pareja
Baja autoestima
Fobias
Abusos sexuales
Miedo al embarazo
Educación sexual inadecuada

¿Cómo se produce?

A veces el primer episodio de impotencia se produce por una causa orgánica. Sin embargo, luego se mantiene a pesar de haber desaparecido el motivo que la originó. Si la imposibilidad de penetración se da una sola vez y el sujeto lo interioriza como que puede estar cansado, el alcohol… y en las siguientes situaciones no se vuelve a repetir, no ha desarrollado ninguna disfunción.

Si al producirse la situación de falta de erección se siente fracasado, ridículo e interioriza el problema, tiene muchas posibilidades de estar desarrollando la disfunción de impotencia.

En la siguiente ocasión todas las preocupaciones sobre si se puede repetir lo de la última vez pueden agobiarle tanto que vuelva a sufrir algún tipo de incapacidad bien para conseguir una erección o bien para conservarla.

Si, además, evitamos mantener relaciones sexuales para eludir estos problemas y cuando las tenemos la ansiedad nos desborda tanto que nos impide desarrollar una adecuada erección para poder realizar el coito, ya se ha completado el proceso de evolución de la impotencia.

¿Qué efectos produce?

Consecuencias de la impotencia

Las consecuencias, sin ser mortales, sí que pueden llegar a ser dramáticas. Algunos hombres ante la sensación de no poder curar su impotencia llegan a altos grados de desesperación e incluso a ideas suicidas.

Todo depende de cómo lo enfoque tanto el hombre que lo sufre como la pareja, si la hubiere. En principio, con un tratamiento psicológico no tiene por qué haber mayor problema.

Sí lo hay cuando el hombre no pide ayuda al especialista y sigue probándolo, encontrándose con sucesivos intentos fallidos, y así, una sensación de fracaso que, si es muy fuerte, puede generalizarse a otros ámbitos de su vida y no limitarse al mero terreno sexual.

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Por otra parte si la impotencia se produce en una pareja estable, ésta juega un importante papel. Si al presentarse el primer fracaso lo satiriza, culpabilizándole, puede estar propiciando todo un proceso de impotencia. Relativizar lo ocurrido, atribuyéndolo a cualquier causa ajena al propio varón puede servir de ayuda.

Diagnóstico de la impotencia

Lo primero que hay que hacer es eliminar la posibilidad de que exista una base fisiológica que pudiera producir los problemas de erección. Si el paciente viene derivado de la consulta del urólogo esta posibilidad ya está eliminada. Si acude directamente al psicólogo se hace necesario un informe médico al respecto.

Una vez descartada la base orgánica y los hábitos de consumo de alcohol y drogas, es conveniente remitirse al primer momento en el que se inició el problema. Se deben identificar todos los antecedentes, describir los pensamientos que aparecieron mientras sucedía y analizar los sucesos y reacciones ocurridos después.

Así se podrá establecer todo el proceso de inicio de la disfunción. Subsiguientemente se realizará el mismo procedimiento con las relaciones, o intentos, que ocurrieron con posterioridad. Con ello recogeremos el proceso de desarrollo de la impotencia.

Es conveniente tener en cuenta si siempre se produce con la misma persona y con otras no, en determinadas situaciones o contextos diferentes e identificar cuáles de las posibles causas psicológicas fueron las que desencadenaron todo el proceso, y delimitar si, por ejemplo, la depresión es consecuencia de los problemas de erección o viceversa.

Tratamiento de la impotencia

Antes de analizar una forma de tratamiento, de entre tantas, es conveniente llamar la atención sobre dos aspectos: uno, que no hay una única forma de abordar la disfunción que vaya bien para todos los pacientes; y otra, que ningún tratamiento puede asegurar el éxito.

El proceso que se comenta a continuación está destinado a aquellos hombres cuyos problemas de impotencia no tienen base orgánica y están adscritos a determinadas situaciones, contextos o personas.

Este tratamiento no siempre exige la colaboración de una mujer, aunque al final sea necesaria. Si la mujer decide cooperar, debe recibir las instrucciones del terapeuta.
El objetivo es ir incrementando la excitación sexual del varón, con focalización sensorial.

El hombre debe permanecer pasivo, dejándose hacer y verbalizando las sensaciones que le van produciendo la estimulación.

En los primeros momentos la penetración es en lo que menos se debe pensar. Se trata de hacer que el varón recupere la confianza en que su puede volver a tener rigidez. Cuando la erección permanece estable se tiende a pararla y reiniciarla hasta que se normalice el proceso de excitación y relajación, como algo natural.

Una vez que se ha conseguido una erección fiable, durante cierto tiempo, se va jugando con el pene alrededor de la apertura de la vagina pero sin llegar a la penetración.

Posteriormente se pasa a la penetración pero sólo unos cuantos centímetros para, sólo al final, consumar la relación coital completa.

La penetración debe realizarse estando la mujer encima, en un principio, quieta, para luego moverse suavemente. Después de varias repeticiones se le permite concluir el acto con el orgasmo. Tras esta última etapa es cuando se le concede al hombre tomar un papel más activo en la relación sexual y cambiar de posición. Todo el proceso de focalización sensorial puede realizarla el hombre por sí mismo sin necesitar a otra persona. Sin embargo, en las fases finales de la intervención, es conveniente contar con la colaboración de una pareja.

Debe prestarse voluntariamente a mantener las relaciones del modo adecuado para llevar a buen término todo el proceso terapéutico que permita eliminar la disfunción.

Se debe acudir al especialista cuando la sensación de fracaso en la erección se produce de forma preocupante para el varón o para su pareja.

No conviene olvidar que a veces lo que me cuento a mí mismo son sólo justificaciones ante el miedo de que la impotencia sea, básicamente, una muestra de mi propia incapacidad.

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