Hipocondría
Tabla de contenidos
- 1.Hipocondría. ¿Quién y cómo se produce?
- 2.Síntomas de la hipocondría
- 3.Diagnóstico de la hipocondría
- 4.Tratamiento de la hipocondría
- 5.Actualización diagnóstica: trastorno de ansiedad por enfermedad
- 6.El papel de internet y la cibercondría
- 7.Impacto en la vida cotidiana
- 8.Cuándo buscar ayuda profesional
- 9.Referencias
La hipocondría o trastorno hipocondríaco es el temor o convencimiento de padecer una enfermedad grave, basado en la interpretación errónea de síntomas poco importantes; este miedo persiste a pesar de las explicaciones médicas aclaratorias y tranquilizadoras, y de las pruebas diagnósticas de resultado negativo (según el sistema de clasificación de trastornos psiquiátricos DSM-IV, esta persistencia ha de ser mayor de 6 meses).
Esta enfermedad se clasifica dentro de los llamados trastornos somatomorfos, que, a su vez, forman parte de los neuróticos.
Resulta difícil diferenciar a los pacientes hipocondríacos de personas que no lo son, pero que sí presentan algún síntoma de esta alteración, ya que esto último es muy frecuente, pues ocurre en entre el 10% y el 20% de la población sana y, aproximadamente, el 45% de los pacientes con trastornos neuróticos.
En cualquier caso, parece que afecta por igual a ambos sexos y que suele iniciarse a los 20-30 años de edad.
Hipocondría. ¿Quién y cómo se produce?
A lo largo de la historia se han desarrollado distintas teorías acerca del origen de esta enfermedad, siendo el único dato claro su causa puramente psicológica.
Como ya hemos señalado, es un trastorno de origen psicológico, y sobre cuyo mecanismo de producción se han elaborado diferentes hipótesis, destacando las psicoanalíticas, según las cuales la hipocondría sería el resultado de una hostilidad reprimida hacia el cuerpo, y de conflictos relacionados con el masoquismo, las dependencias y necesidades simultáneas de sufrir y ser querido y con la culpabilidad.
Otras teorías lo muestran como un mecanismo de defensa frente a alteraciones afectivas y de baja autoestima.
Síntomas de la hipocondría
El principal síntoma, al que ya nos hemos referido, es la preocupación excesiva o creencia firme de padecer una enfermedad importante, basándose en la interpretación errónea de distintas manifestaciones corporales (bien sean fisiológicas o bien, síntomas banales); así, por ejemplo, el paciente puede estar convencido de sufrir una enfermedad cardiaca por haberle parecido percibir un aumento de la intensidad de los latidos del corazón.
El hipocondríaco está convencido de la justificación de sus temores, cree realmente que tiene alguna patología, y este convencimiento persiste a pesar de las explicaciones tranquilizadoras de los médicos y de las pruebas exploratorias negativas; de hecho, acude en numerosas ocasiones a consultas médicas y cambia frecuentemente de profesional, a pesar de lo cual no suele cumplir los posibles tratamientos que se le prescriban (por temor a efectos secundarios de los fármacos), si bien, existe el riesgo de que se automedique.
Con frecuencia, el hipocondríaco relata a otras personas todo lo que él cree que le ocurre, tratando de llamar la atención sobre su “enfermedad”.
En conjunto, el paciente se aísla del mundo exterior por estar pendiente de forma exagerada de su cuerpo, buscando nuevos signos de su imaginaria enfermedad, hasta el punto de provocar un deterioro de su vida social, familiar y laboral.
En la mayoría de los casos, la enfermedad se hace crónica, evolucionando de forma recurrente y episódica, pudiendo durar estos episodios meses o años.
Diagnóstico de la hipocondría
Como en el resto de enfermedades, a la hora de realizar el diagnóstico, lo principal es efectuar una historia clínica y una exploración física, que estarán destinadas a descartar una posible enfermedad orgánica causante de los síntomas que describe el paciente.
Una vez desechada la probabilidad de que exista una causa orgánica, la sospecha de hipocondría puede surgir ante la insistencia del paciente en su convencimiento de enfermedad grave, y el no cumplimiento por parte de éste de las indicaciones del médico (aspecto que diferencia a estos pacientes de los que tienen un trastorno orgánico, que sí suelen seguirlas).
Cuando haya quedado claro que el paciente es hipocondríaco, habrá que averiguar si la hipocondría es primaria o secundaria a otra enfermedad psíquica; existen patologías psiquiátricas que pueden acompañarse de rasgos hipocondríacos, como:
- el trastorno por ansiedad generalizada
- la depresión
- el trastorno obsesivo-compulsivo (en el que el paciente es consciente de la irrealidad de su miedo y sí acepta las indicaciones del médico, aunque recurre)
- el trastorno delirante hipocondríaco (a diferencia de éste, la hipocondría primaria no conlleva delirio)
- otros trastornos somatomorfos (trastorno por somatización -en el que existen síntomas físicos, pero son de origen psíquico-, trastorno dismórfico -que se manifiesta por una preocupación exagerada por una característica o defecto físico-, etc.)…
- el trastorno obsesivo-compulsivo (en el que el paciente es consciente de la irrealidad de su miedo y sí acepta las indicaciones del médico, aunque recurre)
- el trastorno delirante hipocondríaco (a diferencia de éste, la hipocondría primaria no conlleva delirio)
- otros trastornos somatomorfos (trastorno por somatización -en el que existen síntomas físicos, pero son de origen psíquico-, trastorno dismórfico -que se manifiesta por una preocupación exagerada por una característica o defecto físico-, etc.)…
La existencia de otros síntomas psiquiátricos orienta hacia el diagnóstico de una enfermedad psíquica distinta de la hipocondría primaria; del mismo modo ocurre si el paciente responde al tratamiento adecuado para esas otras enfermedades.
La DSM-IV ha establecido una serie de criterios diagnósticos para la hipocondría, que son los siguientes:
- Preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas corporales.
- La preocupación persiste, a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas adecuadas.
- La preocupación no se explica mejor por la presencia de un trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de angustia, episodio depresivo mayor, ansiedad por separación u otro trastorno somatomorfo.
- La creencia expuesta en el criterio A no es de tipo delirante (a diferencia del trastorno delirante de tipo somático) y no se limita a preocupaciones sobre el aspecto físico (a diferencia del trastorno dismórfico corporal).
- La duración del trastorno es de al menos 6 meses.
- La preocupación produce malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
Tratamiento de la hipocondría
Desafortunadamente, la hipocondría primaria no suele responder por completo a ningún tratamiento.
No obstante, tienen mejor pronóstico los pacientes que acuden a una consulta psiquiátrica de forma temprana (se ha observado que, sin tratamiento, aproximadamente la cuarta parte de los pacientes va empeorando y sólo una décima parte de los casos puede llegar a recuperarse).
Así pues, el primer objetivo es conseguir que el paciente consulte al psiquiatra, siendo necesario para ello cierto grado de sensibilidad, no quitando importancia a sus preocupaciones y haciéndole ver que este paso sería algo complementario y no sustitutivo.
Los psicofármacos (como los antidepresivos) sólo tienen utilidad frente a otras enfermedades que incluyan síntomas hipocondríacos (hipocondría secundaria), o frente a síntomas no hipocondríacos (depresivos, de ansiedad…), en el seno de una hipocondría primaria.
Las terapias que suelen utilizarse son de apoyo y cognitivo-conductuales.
Progresivamente se debe intentar que la atención del paciente se traslade de los síntomas que le preocupan a sus problemas sociales y relacionales.
Finalmente, el médico de familia que siga la evolución del paciente, paralelamente al psiquiatra, debe evitar hospitalizaciones, así como fármacos y pruebas diagnósticas innecesarios, consiguiendo de esta forma, entre ambos profesionales, el objetivo final de la recuperación del paciente y su no habituación al papel de enfermo crónico.
No existe, desgraciadamente, una prevención eficaz frente a esta enfermedad. En cualquier caso, conviene reseñar la importancia de una actitud no excesivamente preocupada ni centrada en las manifestaciones corporales, así como la de la receptividad a las explicaciones que el médico proporcione ante cualquier consulta.
Actualización diagnóstica: trastorno de ansiedad por enfermedad
Es importante señalar que la clasificación diagnóstica ha evolucionado. El DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5.ª edición) ha eliminado el término “hipocondría” como categoría diagnóstica independiente y lo ha sustituido por dos entidades:
- Trastorno de ansiedad por enfermedad: para pacientes con elevada preocupación por estar enfermos pero con pocos o ningún síntoma somático. Es la categoría que más se aproxima a la antigua hipocondría.
- Trastorno de síntomas somáticos: para pacientes con síntomas físicos prominentes acompañados de pensamientos, sentimientos y comportamientos desproporcionados relacionados con esos síntomas.
Esta nueva clasificación busca reducir el estigma asociado al término “hipocondría” y reflejar mejor la naturaleza del trastorno como un problema de ansiedad.
El papel de internet y la cibercondría
En la era digital, ha surgido un fenómeno estrechamente relacionado con la hipocondría: la cibercondría. Se define como la búsqueda excesiva y compulsiva de información médica en internet que genera o amplifica la ansiedad por la salud. Algunas características de la cibercondría son:
- Búsqueda repetitiva de síntomas en buscadores web.
- Interpretación catastrofista de los resultados encontrados.
- Incapacidad para tranquilizarse a pesar de consultar múltiples fuentes.
- Aumento de la ansiedad tras cada búsqueda en lugar de reducirla.
- Autodiagnóstico de enfermedades graves basándose en información no contrastada.
Los profesionales de la salud mental recomiendan limitar las búsquedas de síntomas en internet y acudir siempre a un profesional sanitario para obtener un diagnóstico fiable.
Impacto en la vida cotidiana
La hipocondría no solo afecta al paciente, sino que tiene un impacto significativo en su entorno:
- Ámbito familiar: la preocupación constante genera tensión en las relaciones familiares. Los familiares pueden sentirse frustrados al no poder tranquilizar al paciente.
- Ámbito laboral: el absentismo por consultas médicas frecuentes y la dificultad de concentración afectan al rendimiento profesional.
- Ámbito económico: las múltiples consultas, pruebas diagnósticas y tratamientos innecesarios generan un gasto sanitario considerable.
- Calidad de vida: la preocupación constante impide disfrutar de las actividades cotidianas y genera un sufrimiento significativo.
Cuándo buscar ayuda profesional
Se recomienda consultar con un profesional de la salud mental si:
- La preocupación por la salud ocupa una parte significativa del tiempo diario (más de 1-2 horas).
- Se realizan visitas médicas frecuentes sin que se identifique ninguna patología orgánica.
- La preocupación persiste a pesar de pruebas médicas normales y explicaciones tranquilizadoras.
- Se evitan actividades o situaciones por miedo a contraer enfermedades.
- La ansiedad por la salud interfiere con el trabajo, las relaciones o la vida social.
- Se experimenta malestar emocional significativo relacionado con el miedo a estar enfermo.
Referencias
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5). 5th ed. Arlington, VA: APA; 2013.
- Tyrer P, et al. Health anxiety: a NICE guideline. BMJ. 2014;348:g1778.
- Scarella TM, Laferton JAC, Ahern DK, et al. The relationship of hypochondriasis to anxiety, depressive, and somatoform disorders. Psychosomatics. 2016;57(2):200-207. PubMed
- MedlinePlus. Trastorno de ansiedad por enfermedad. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001236.htm
- Starcevic V, Berle D. Cyberchondria: towards a better understanding of excessive health-related Internet use. Expert Rev Neurother. 2013;13(2):205-213. PubMed

Escrito por
Gabriel GinerEditor
Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.