Hipocondría

HipocondríaLa hipocondría o trastorno hipocondríaco es el temor o convencimiento de padecer una enfermedad grave, basado en la interpretación errónea de síntomas poco importantes; este miedo persiste a pesar de las explicaciones médicas aclaratorias y tranquilizadoras, y de las pruebas diagnósticas de resultado negativo (según el sistema de clasificación de trastornos psiquiátricos DSM-IV, esta persistencia ha de ser mayor de 6 meses).

Esta enfermedad se clasifica dentro de los llamados trastornos somatomorfos, que, a su vez, forman parte de los neuróticos.

Resulta difícil diferenciar a los pacientes hipocondríacos de personas que no lo son, pero que sí presentan algún síntoma de esta alteración, ya que esto último es muy frecuente, pues ocurre en entre el 10% y el 20% de la población sana y, aproximadamente, el 45% de los pacientes con trastornos neuróticos.

En cualquier caso, parece que afecta por igual a ambos sexos y que suele iniciarse a los 20-30 años de edad.

Hipocondría. ¿Quién y cómo se produce?

A lo largo de la historia se han desarrollado distintas teorías acerca del origen de esta enfermedad, siendo el único dato claro su causa puramente psicológica.

Como ya hemos señalado, es un trastorno de origen psicológico, y sobre cuyo mecanismo de producción se han elaborado diferentes hipótesis, destacando las psicoanalíticas, según las cuales la hipocondría sería el resultado de una hostilidad reprimida hacia el cuerpo, y de conflictos relacionados con el masoquismo, las dependencias y necesidades simultáneas de sufrir y ser querido y con la culpabilidad.

Otras teorías lo muestran como un mecanismo de defensa frente a alteraciones afectivas y de baja autoestima.

Síntomas de la hipocondría

El principal síntoma, al que ya nos hemos referido, es la preocupación excesiva o creencia firme de padecer una enfermedad importante, basándose en la interpretación errónea de distintas manifestaciones corporales (bien sean fisiológicas o bien, síntomas banales); así, por ejemplo, el paciente puede estar convencido de sufrir una enfermedad cardiaca por haberle parecido percibir un aumento de la intensidad de los latidos del corazón.

El hipocondríaco está convencido de la justificación de sus temores, cree realmente que tiene alguna patología, y este convencimiento persiste a pesar de las explicaciones tranquilizadoras de los médicos y de las pruebas exploratorias negativas; de hecho, acude en numerosas ocasiones a consultas médicas y cambia frecuentemente de profesional, a pesar de lo cual no suele cumplir los posibles tratamientos que se le prescriban (por temor a efectos secundarios de los fármacos), si bien, existe el riesgo de que se automedique.

Con frecuencia, el hipocondríaco relata a otras personas todo lo que él cree que le ocurre, tratando de llamar la atención sobre su “enfermedad”.

En conjunto, el paciente se aísla del mundo exterior por estar pendiente de forma exagerada de su cuerpo, buscando nuevos signos de su imaginaria enfermedad, hasta el punto de provocar un deterioro de su vida social, familiar y laboral.

En la mayoría de los casos, la enfermedad se hace crónica, evolucionando de forma recurrente y episódica, pudiendo durar estos episodios meses o años.

Diagnóstico de la hipocondría

Como en el resto de enfermedades, a la hora de realizar el diagnóstico, lo principal es efectuar una historia clínica y una exploración física, que estarán destinadas a descartar una posible enfermedad orgánica causante de los síntomas que describe el paciente.

Una vez desechada la probabilidad de que exista una causa orgánica, la sospecha de hipocondría puede surgir ante la insistencia del paciente en su convencimiento de enfermedad grave, y el no cumplimiento por parte de éste de las indicaciones del médico (aspecto que diferencia a estos pacientes de los que tienen un trastorno orgánico, que sí suelen seguirlas).

Cuando haya quedado claro que el paciente es hipocondríaco, habrá que averiguar si la hipocondría es primaria o secundaria a otra enfermedad psíquica; existen patologías psiquiátricas que pueden acompañarse de rasgos hipocondríacos, como:

  • el trastorno por ansiedad generalizada
  • la depresión
  • el trastorno obsesivo-compulsivo (en el que el paciente es consciente de la irrealidad de su miedo y sí acepta las indicaciones del médico, aunque recurre)
  • el trastorno delirante hipocondríaco (a diferencia de éste, la hipocondría primaria no conlleva delirio)
  • otros trastornos somatomorfos (trastorno por somatización -en el que existen síntomas físicos, pero son de origen psíquico-, trastorno dismórfico -que se manifiesta por una preocupación exagerada por una característica o defecto físico-, etc.)…
  • el trastorno obsesivo-compulsivo (en el que el paciente es consciente de la irrealidad de su miedo y sí acepta las indicaciones del médico, aunque recurre)
  • el trastorno delirante hipocondríaco (a diferencia de éste, la hipocondría primaria no conlleva delirio)
  • otros trastornos somatomorfos (trastorno por somatización -en el que existen síntomas físicos, pero son de origen psíquico-, trastorno dismórfico -que se manifiesta por una preocupación exagerada por una característica o defecto físico-, etc.)…

La existencia de otros síntomas psiquiátricos orienta hacia el diagnóstico de una enfermedad psíquica distinta de la hipocondría primaria; del mismo modo ocurre si el paciente responde al tratamiento adecuado para esas otras enfermedades.

La DSM-IV ha establecido una serie de criterios diagnósticos para la hipocondría, que son los siguientes:

  1. Preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas corporales.
  2. La preocupación persiste, a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas adecuadas.
  3. La preocupación no se explica mejor por la presencia de un trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de angustia, episodio depresivo mayor, ansiedad por separación u otro trastorno somatomorfo.
  4. La creencia expuesta en el criterio A no es de tipo delirante (a diferencia del trastorno delirante de tipo somático) y no se limita a preocupaciones sobre el aspecto físico (a diferencia del trastorno dismórfico corporal).
  5. La duración del trastorno es de al menos 6 meses.
  6. La preocupación produce malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Tratamiento de la hipocondría

Desafortunadamente, la hipocondría primaria no suele responder por completo a ningún tratamiento.

No obstante, tienen mejor pronóstico los pacientes que acuden a una consulta psiquiátrica de forma temprana (se ha observado que, sin tratamiento, aproximadamente la cuarta parte de los pacientes va empeorando y sólo una décima parte de los casos puede llegar a recuperarse).

Así pues, el primer objetivo es conseguir que el paciente consulte al psiquiatra, siendo necesario para ello cierto grado de sensibilidad, no quitando importancia a sus preocupaciones y haciéndole ver que este paso sería algo complementario y no sustitutivo.

Los psicofármacos (como los antidepresivos) sólo tienen utilidad frente a otras enfermedades que incluyan síntomas hipocondríacos (hipocondría secundaria), o frente a síntomas no hipocondríacos (depresivos, de ansiedad…), en el seno de una hipocondría primaria.

Las terapias que suelen utilizarse son de apoyo y cognitivo-conductuales.

Progresivamente se debe intentar que la atención del paciente se traslade de los síntomas que le preocupan a sus problemas sociales y relacionales.

Finalmente, el médico de familia que siga la evolución del paciente, paralelamente al psiquiatra, debe evitar hospitalizaciones, así como fármacos y pruebas diagnósticas innecesarios, consiguiendo de esta forma, entre ambos profesionales, el objetivo final de la recuperación del paciente y su no habituación al papel de enfermo crónico.

No existe, desgraciadamente, una prevención eficaz frente a esta enfermedad. En cualquier caso, conviene reseñar la importancia de una actitud no excesivamente preocupada ni centrada en las manifestaciones corporales, así como la de la receptividad a las explicaciones que el médico proporcione ante cualquier consulta.

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