Cómo eliminar el resentimiento
Tabla de contenidos
- 1.Estrategias para evitar el resentimiento
- Sé concreto
- Habla en lugar de esperar que adivinen
- Huye del victimismo
- No acuses
- Explica, no juzgues
- Cuida el tono
- Evita las expresiones excesivas
- No generalices
- No des marcha atrás
- Repite la conclusión
- 2.La importancia del lenguaje corporal
- 3.Aprender a decir «no»
- 4.Conclusión
- 5.Referencias
El resentimiento es una emoción compleja que surge cuando sentimos que hemos sido tratados de forma injusta y no expresamos nuestro malestar de manera adecuada. Hay un amplio abanico de situaciones cotidianas que pueden generarlo: desde cuestiones aparentemente menores, como que tu pareja haya dejado la habitación desordenada buscando su camisa preferida en el último momento, hasta conflictos laborales o familiares de mayor calado.
En muchos casos, optas por no decir nada en el momento. Sin embargo, al día siguiente, cuando tu pareja te comenta que deberías añadir menos picante a la cena, explotas de forma desproporcionada. Según la psicología, este patrón se conoce como acumulación emocional: las frustraciones no expresadas se van apilando hasta que cualquier estímulo menor desencadena una reacción excesiva (Enright, 2001).
Son situaciones que se podrían abordar en el momento pero que, al pasarlas por alto, se agrían y posteriormente salen en forma de reproches. El problema de fondo es que no se utilizan de forma adecuada las herramientas de comunicación para expresar lo que nos desagrada.
Para superar esta dinámica, conviene adoptar una serie de cambios en la forma de comunicarse que permiten ser claro sin ofender, establecer límites saludables y evitar las explosiones emocionales.
Estrategias para evitar el resentimiento

A continuación se describen una serie de pautas respaldadas por la investigación en comunicación asertiva que ayudan a expresarse con claridad, sin rabia y sin culpa. Son estrategias aplicables a todos los ámbitos de la vida —pareja, familia, trabajo, amistades— para prevenir la frustración y el resentimiento.
Sé concreto
Cuando quieras comunicar algo que te resulta difícil, como pedir un aumento de sueldo o expresarle a tu pareja algo que te desagrada, es fundamental que seas lo más concreto y claro posible.
Un esquema útil es el método DESC (Bower y Bower, 2004): describir la situación de forma objetiva, expresar cómo te has sentido, señalar las consecuencias que ha tenido y proponer una solución concreta.
Habla en lugar de esperar que adivinen
Es importante evitar que te enfurruñes porque las personas de tu entorno no han sido capaces de leer tu mente y saber qué piensas o sientes. Debes ser capaz de decir lo que piensas con el objetivo de encontrar una solución, no simplemente para quejarte de lo mal que han ido las cosas. La comunicación directa y respetuosa es la base de las relaciones saludables (Alberti y Emmons, 2017).
Huye del victimismo
Es esencial evitar el victimismo. Frases como “me hundí por lo que me dijiste” o “no puedo soportar durante más tiempo que me trates así” no son constructivas. El lenguaje debe ser neutro y centrado en uno mismo, con formulaciones como “yo no me siento bien cuando ocurre esto”. Este tipo de comunicación, basada en los llamados «mensajes yo», reduce la actitud defensiva del interlocutor (Gordon, 2001).
No acuses
A la hora de expresar lo que sientes es esencial que evites acusar al receptor del mensaje. “Me siento desilusionado” es mucho más efectivo que “no puedo soportar que me falles más veces”. Debes centrarte en comunicar lo que sabes con certeza, esto es, tus propios sentimientos, evitando suponer lo que no puedes conocer: los sentimientos, pensamientos y emociones de la otra persona.
Explica, no juzgues
El mensaje debe girar en torno a la explicación, evitando en todo momento juzgar a la otra persona. Si necesitas dirigirte a un compañero acerca de un trabajo con errores, es mucho más constructivo señalar que “el trabajo necesita revisión porque está incompleto y falta tal apartado” que decir “esto no vale para nada”. El juicio genera resistencia; la explicación genera colaboración.
Cuida el tono
A la hora de transmitir un mensaje es tan importante lo que se dice como la forma en que se dice. El tono debe ser seguro y moderado: ni muy alto ni muy bajo.
Si el mensaje se transmite en un tono alto puede generar sensación de agresividad o autoritarismo, mientras que un tono demasiado bajo puede transmitir falta de seguridad y restar credibilidad a lo que dices.
Evita las expresiones excesivas
Conviene evitar repetir expresiones como “perdón” o “por favor” de forma innecesaria. Se deben emplear únicamente cuando la situación lo requiere, no cuando estás exponiendo tu postura sobre un determinado asunto. Lo mejor es reservarlas para los momentos oportunos, evitando justificarte en exceso y debilitar así tu mensaje.
No generalices
Frases como “tú siempre…” o “tú nunca…” deterioran de forma notable las relaciones. Las generalizaciones provocan que la otra persona se ponga a la defensiva inmediatamente. Debes centrarte en lo que ha pasado y en el tema de conversación concreto, tratando de buscar la mejor solución posible.
No des marcha atrás
Si has iniciado la conversación con un objetivo concreto —conseguir un cambio—, mantén el rumbo. Ese cambio puede ir desde cuestiones cotidianas, como que tu compañero de piso sea más ordenado, hasta temas más relevantes, como que tu superior te encomiende otro tipo de tareas.
En una conversación es tan importante hablar como escuchar. Así, es esencial que prestes atención a las razones que te da la otra persona, comprendas sus motivos y busques acuerdos sin renunciar a tu meta.
Repite la conclusión
Cuando se le dan muchas vueltas a un determinado asunto, es fácil olvidar la conclusión final. Es recomendable que, antes de dar por concluida la conversación, hagas un resumen de los acuerdos a los que habéis llegado. Esta técnica, habitual en mediación y negociación, refuerza el compromiso de ambas partes.
La importancia del lenguaje corporal

La comunicación no se compone únicamente de palabras. También intervienen los gestos, el tono de voz y la postura corporal; estos factores transmiten tanto ideas como sentimientos y desempeñan un papel crucial en la eficacia del mensaje. De hecho, diversos estudios señalan que la comunicación no verbal puede representar más del 60 % del impacto total de un mensaje (Mehrabian, 1972).
A continuación se describen los gestos más habituales de los tres estilos comunicativos principales. Si quieres comunicar bien tu mensaje sin resultar intimidante, lo más recomendable es que adoptes una actitud asertiva.
- Pasiva: por lo general, no suele mirar a los ojos del interlocutor, su tono de voz es bajo —lo cual dificulta la comprensión—, los gestos son vacilantes y muestra una postura encogida.
- Agresiva: su mirada es inquisitiva, habla con un tono de voz alto y desafiante, y adopta una postura rígida. Cuando gesticula, lo hace de un modo tenso, con frecuencia señalando de forma acusadora al interlocutor.
- Asertiva: mira directamente a los ojos, pero sin intimidar. Habla de manera clara y con un tono de voz medio pero firme. Sus gestos son armónicos y su postura corporal resulta relajada y natural.
Aprender a decir «no»

No negarte a asumir más trabajo del que debes realizar —por miedo a que tus superiores te consideren una persona conflictiva— o no expresar tus sentimientos cuando alguien se te cuela en la fila del supermercado tiene consecuencias reales sobre tu bienestar emocional.
Es normal que sientas que pierdes el control en este tipo de situaciones, lo cual puede derivar en dos escenarios. El primero consiste en acumular rabia hacia la otra persona, quien no sabe qué te ocurre porque no lo has comunicado. De ahí que acabes explotando por cualquier nimiedad y perdiendo la razón por las formas.
El segundo, mucho más silencioso, consiste en que tu autoestima se va minando progresivamente, llegando a pensar que las personas abusan de ti porque eres incapaz de defenderte o porque no vales lo suficiente. Si no rompes ese círculo vicioso, la situación se repetirá una y otra vez, ya que tu actitud pasiva se convierte en una invitación involuntaria a que los demás traspasen tus límites (Castanyer, 2014).
Conclusión
Aplicar estas estrategias de comunicación asertiva en todos los ámbitos de la vida permite expresarse con honestidad, establecer límites sanos y prevenir la acumulación de resentimiento. Aprender a comunicar las necesidades propias sin aceptar imposiciones injustas y sin perder los nervios es una de las claves fundamentales para el bienestar emocional y unas relaciones interpersonales satisfactorias.
Referencias
- Alberti, R. E. y Emmons, M. L. (2017). Your Perfect Right: Assertiveness and Equality in Your Life and Relationships (10.ª ed.). New Harbinger Publications.
- Bower, S. A. y Bower, G. H. (2004). Asserting Yourself: A Practical Guide For Positive Change (2.ª ed.). Da Capo Press.
- Castanyer, O. (2014). La asertividad: expresión de una sana autoestima (37.ª ed.). Desclée de Brouwer.
- Enright, R. D. (2001). Forgiveness Is a Choice: A Step-by-Step Process for Resolving Anger and Restoring Hope. American Psychological Association.
- Gordon, T. (2001). Parent Effectiveness Training: The Proven Program for Raising Responsible Children. Three Rivers Press.
- Mehrabian, A. (1972). Nonverbal Communication. Aldine-Atherton.

Escrito por
Janire ManzanasPeriodista de salud
Universidad del País Vasco
Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.