Demencia senil

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Demencia senil
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La demencia senil es un término que históricamente se ha utilizado para describir la disminución del funcionamiento cognitivo asociada a la edad. Sin embargo, es importante aclarar que la demencia no es una consecuencia normal del envejecimiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la comunidad médica actual consideran el término «demencia senil» como obsoleto e inexacto, ya que sugiere erróneamente que el deterioro cognitivo grave es una parte inevitable de la vejez. El término correcto es simplemente demencia, independientemente de la edad del paciente.

La demencia afecta a diversas capacidades de la persona: memoria, lenguaje, percepción, razonamiento y capacidad de juicio. La principal causa es la enfermedad de Alzheimer, que representa aproximadamente entre el 60 % y el 70 % de los casos, según datos de la OMS.

Cuando algún familiar comienza a tener problemas de memoria o nos damos cuenta de que algunas de sus facultades se han visto mermadas y ya no puede realizar por sí solo actividades que antes no suponían un problema, varios pensamientos empiezan a agolparse en nuestra cabeza. ¿Qué le estará pasando? ¿Tendrá demencia?

¿Qué es la demencia?

La demencia es un síndrome clínico que se caracteriza por el deterioro progresivo de las funciones cognitivas, más allá de lo que cabría esperar del envejecimiento normal. Aunque en un inicio los síntomas son muy leves, a medida que la enfermedad avanza, para el paciente resulta cada vez más complicado llevar a cabo actividades básicas de la vida diaria, hasta acabar por ser completamente dependiente.

Según la OMS, en 2023 más de 55 millones de personas vivían con demencia en todo el mundo, y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. No es una enfermedad exclusiva de personas mayores: entre un 5 % y un 8 % de la población general de 60 años o más la padece, pero también puede aparecer antes de esa edad (demencia de inicio temprano).

Causas de la demencia

La demencia no es una enfermedad en sí misma, como bien explica la Alzheimer’s Association, sino un síndrome causado por diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro, siendo la enfermedad de Alzheimer la más frecuente. A continuación se describen las principales causas.

  • Enfermedad de Alzheimer: es una enfermedad neurodegenerativa que provoca la muerte progresiva de neuronas y la atrofia cerebral. Da lugar a problemas tanto con la memoria como con el comportamiento y la capacidad de razonamiento. Representa entre el 60 % y el 70 % de todos los casos de demencia. Algunos de los síntomas principales son la confusión, la desorientación y dificultades crecientes para llevar a cabo actividades cotidianas.
  • Demencia vascular: es la segunda causa más frecuente de demencia. Se produce por un daño en los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro, a menudo como consecuencia de accidentes cerebrovasculares o problemas crónicos de circulación cerebral. Los síntomas pueden aparecer de forma repentina o gradual, e incluyen dificultades de planificación, enlentecimiento del pensamiento y problemas de concentración.
  • Enfermedad de Parkinson: se trata de un trastorno neurodegenerativo que afecta al movimiento. Tiene lugar cuando las neuronas productoras de dopamina se deterioran. Los síntomas se presentan de forma progresiva, generalmente en uno de los lados del cuerpo, hasta acabar afectando a ambos: temblor en las extremidades y en la mandíbula, rigidez en brazos y piernas, movimientos lentos y problemas tanto de equilibrio como de coordinación. Un porcentaje significativo de pacientes con Parkinson desarrolla demencia asociada.
  • Enfermedad de Huntington: una enfermedad hereditaria que se caracteriza por la degeneración de neuronas en determinadas regiones del cerebro. Los síntomas abarcan tanto cambios de comportamiento como movimientos anormales: alucinaciones, irritabilidad, movimientos espasmódicos de las extremidades, marcha inestable, entre otros. También cursa con demencia, que empeora de forma lenta y progresiva.
  • Demencia con cuerpos de Lewy: se trata de una enfermedad en la que se acumulan unas estructuras proteicas anormales conocidas como cuerpos de Lewy en determinadas áreas del cerebro. Los síntomas más habituales son alucinaciones visuales, rigidez muscular, confusión, fluctuaciones en la atención, problemas con el movimiento y pérdida de la memoria.
  • Degeneración frontotemporal: es un grupo de trastornos que afecta especialmente al comportamiento, la personalidad y el habla del paciente. Se produce por la degeneración de los lóbulos temporal y frontal del cerebro. A diferencia de otras formas de demencia, suele aparecer a edades más tempranas, generalmente entre los 45 y los 65 años. Los pacientes muestran cambios drásticos en su comportamiento, con una conducta socialmente inadecuada, apatía o dificultades progresivas del lenguaje.

Fases de la demencia

Fases de la demencia senil

La demencia se divide en tres etapas principales, según la clasificación de la OMS.

Fase leve o inicial

Es la etapa inicial, en la cual el paciente puede llevar una vida relativamente normal e independiente. Todavía es capaz de realizar sin ayuda actividades diarias como hacer la compra o cocinar, entre otras.

La demencia comienza a notarse en pequeños detalles, siendo el propio paciente a menudo consciente de ello: nota que su memoria falla en ocasiones, olvida citas tanto personales como profesionales y puede tener dificultades para gestionar tareas complejas.

A medida que el deterioro avanza, la persona puede empezar a olvidar los nombres de personas cercanas, así como el lugar en el que ha guardado objetos cotidianos. También es habitual que en conversaciones normales le cueste encontrar las palabras adecuadas.

Durante esta fase, lo más habitual es que tanto el propio paciente como sus allegados atribuyan estos síntomas a la vejez, lo que retrasa el diagnóstico.

Fase moderada

En esta segunda fase los síntomas se agravan de forma significativa. En la mayoría de los casos es durante la etapa moderada cuando los pacientes acuden al médico. Normalmente son los familiares quienes comienzan a percibir que algo no va bien, mientras que los pacientes tratan de disimularlo.

Durante la fase moderada es habitual que aparezcan los siguientes síntomas:

  • El paciente muestra signos de desorientación en lugares que le resultan conocidos y familiares; tampoco es capaz de situar correctamente la fecha.
  • Cada vez le resulta más difícil recordar hechos recientes, como una conversación que mantuvo hace apenas unas horas.
  • Su estado de ánimo es cada vez más negativo; se siente desanimado y frustrado.
  • Su lenguaje comienza a ser confuso; la persona con demencia llena las oraciones de circunloquios. Así, en vez de decir «frigorífico» puede decir «esa cosa que está en la cocina y que sirve para guardar la comida».
  • Le resulta complicado realizar actividades cotidianas, como hacer la compra o gestionar las finanzas.
  • Pueden aparecer alteraciones del comportamiento, como agitación, repetición de preguntas o deambulación.

Fase grave o avanzada

Se trata de la última etapa de la demencia, la más avanzada. El deterioro del paciente se acelera notablemente, hasta el punto de no ser capaz de reconocer a los familiares cercanos ni a sí mismo. La capacidad de comunicación se va perdiendo de forma progresiva. La capacidad de sonreír es una de las últimas que se pierde, pero finalmente también desaparece a causa de la enfermedad.

La motricidad también se ve gravemente deteriorada, de manera que el paciente termina siendo incapaz de caminar. Otras características de esta etapa son la pérdida de control de esfínteres y la dificultad o incapacidad para la deglución. En esta fase, el paciente es completamente dependiente y requiere cuidados las 24 horas del día.

Síntomas más frecuentes

Los síntomas de la demencia engloban una amplia variedad de alteraciones relacionadas con las funciones cognitivas. En líneas generales, esta enfermedad afecta de forma notable a la personalidad, el lenguaje, la memoria y el pensamiento del paciente. Además, este presenta cada vez mayores dificultades para resolver problemas o tomar decisiones.

A medida que la enfermedad avanza, los síntomas se agravan. El paciente va perdiendo poco a poco las habilidades sociales debido a cambios de personalidad significativos, que en ocasiones le llevan a tener comportamientos inapropiados o agresivos. También presenta cada vez mayores dificultades para comunicarse.

La desorientación espacial y temporal es uno de los síntomas más habituales de la demencia. Por supuesto, la dificultad para memorizar y retener información nueva es uno de los indicios característicos de esta enfermedad.

Otros síntomas frecuentes incluyen:

  • Cambios en los patrones de sueño, como insomnio o somnolencia diurna excesiva.
  • Dificultades en la marcha y pérdida de equilibrio.
  • Cambios en el apetito, con tendencia a la pérdida de peso.
  • Apatía y pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras.

Diagnóstico

El diagnóstico de la demencia requiere una evaluación médica integral que incluye varias pruebas:

  • Historia clínica completa, incluyendo antecedentes familiares y evolución de los síntomas.
  • Exploración neurológica para evaluar reflejos, coordinación, equilibrio y funciones sensoriales.
  • Tests neuropsicológicos como el Mini-Mental State Examination (MMSE) o el test MoCA (Montreal Cognitive Assessment), que evalúan memoria, atención, lenguaje y otras funciones cognitivas.
  • Pruebas de neuroimagen (resonancia magnética o tomografía computarizada) para detectar cambios estructurales en el cerebro.
  • Análisis de sangre para descartar causas reversibles de deterioro cognitivo, como déficits vitamínicos o alteraciones tiroideas.

Es fundamental un diagnóstico temprano, ya que permite iniciar el tratamiento lo antes posible y planificar los cuidados futuros.

Tratamiento de la demencia

Tratamiento de la demencia senil

La demencia por el momento no tiene cura. No obstante, existen tratamientos que pueden aliviar los síntomas y ralentizar la progresión de la enfermedad. El tratamiento se divide en dos grandes categorías.

Tratamiento farmacológico

Existen varios fármacos aprobados para tratar los síntomas cognitivos de la enfermedad de Alzheimer:

  • Inhibidores de la colinesterasa (donepezilo, galantamina y rivastigmina): se utilizan principalmente durante las fases leve y moderada. Actúan aumentando los niveles de acetilcolina, un neurotransmisor implicado en la memoria y el aprendizaje.
  • Memantina: indicada para fases moderada y grave. Regula la actividad del glutamato, otro neurotransmisor cerebral.
  • Lecanemab y donanemab: anticuerpos monoclonales aprobados más recientemente por la FDA para el tratamiento del Alzheimer en fase temprana, que actúan eliminando las placas de beta-amiloide del cerebro.

Es habitual que las personas con demencia, especialmente en la fase moderada, sufran depresión. En ese caso, el tratamiento farmacológico puede incluir antidepresivos. Si el paciente presenta síntomas de agitación o agresividad, se puede recurrir a antipsicóticos, aunque su uso debe ser cuidadosamente valorado por el médico debido a sus posibles efectos secundarios.

Tratamiento no farmacológico

Consiste en diferentes terapias que ayudan a ralentizar el deterioro cognitivo y a mejorar la calidad de vida del paciente: estimulación cognitiva, musicoterapia, terapia asistida con animales, terapia ocupacional, fisioterapia y ejercicio físico adaptado, entre otras.

Prevención de la demencia

No existe ningún método infalible para prevenir la demencia. No obstante, la investigación científica ha identificado varios factores de riesgo modificables. Según un informe de la revista The Lancet, hasta un 40 % de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse actuando sobre estos factores.

Algunas recomendaciones basadas en la evidencia:

  • Mantener una alimentación saludable, como la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva.
  • Practicar ejercicio físico de manera regular (al menos 150 minutos semanales de actividad moderada).
  • Controlar los factores de riesgo cardiovascular: hipertensión arterial, diabetes, hipercolesterolemia y obesidad.
  • Evitar el consumo de tabaco y reducir el de alcohol.
  • Mantener la mente activa mediante lectura, aprendizaje de nuevas habilidades o actividades intelectualmente estimulantes.
  • Fomentar las relaciones sociales, ya que el aislamiento social se ha identificado como un factor de riesgo.
  • Proteger la audición, puesto que la pérdida auditiva no tratada se asocia a un mayor riesgo de demencia.
  • Dormir de forma adecuada, entre 7 y 8 horas diarias.

Referencias

  1. Organización Mundial de la Salud (OMS). Demencia. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dementia
  2. Alzheimer’s Association. ¿Qué es la demencia? https://www.alz.org/espanol/overview-espanol.asp
  3. Livingston, G., Huntley, J., Sommerlad, A., et al. (2020). Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. The Lancet, 396(10248), 413-446.
  4. National Institute on Aging (NIA). What Is Dementia? Symptoms, Types, and Diagnosis. https://www.nia.nih.gov/health/what-is-dementia
  5. Sociedad Española de Neurología (SEN). Demencias. https://www.sen.es/publico/demencias
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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