Cómo limpiar el hígado

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Cómo limpiar el hígado
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El hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano, hasta el punto de que se ha comprobado que realiza más de 500 funciones vitales para el bienestar del organismo. Entre las múltiples acciones de esta víscera podemos resaltar que contiene aproximadamente el 13 % de la sangre de todo el cuerpo, secreta la bilis, produce proteínas y colesterol que ayudan a transportar las grasas y metaboliza los medicamentos y el alcohol para que no sean tóxicos. Dada la importancia de este órgano conviene saber cuidarlo y preservarlo saludable.

Algunos factores como el sedentarismo, el consumo de bebidas alcohólicas en exceso, la ingesta de ciertos medicamentos y una dieta rica en grasas pueden afectar la salud hepática. Cuando el hígado empieza a funcionar de forma deficiente es imprescindible realizar ciertos cambios en el estilo de vida para evitar posibles complicaciones como cálculos en la vesícula, hígado graso, retención de líquidos, sobrepeso o colesterol alto en sangre, entre otras. Por esta razón en eSalud hemos preparado una guía completa sobre cómo cuidar la salud del hígado de forma eficaz y basada en la evidencia.

Es importante aclarar desde el principio que el hígado no necesita ser “limpiado” ni “desintoxicado”: precisamente él es el órgano encargado de depurar el organismo. Los llamados “limpiezas hepáticas” o “detox del hígado” carecen de respaldo científico. Lo que sí podemos hacer es adoptar hábitos de vida que protejan este órgano y favorezcan su correcto funcionamiento.

Funciones del hígado en el cuerpo humano

El hígado es un órgano que interviene en muchos procesos vitales para la salud del ser humano que van más allá de depurar el cuerpo de toxinas y desechos. Para comprender la importancia de tener un hígado saludable, conviene conocer las funciones más esenciales de esta víscera:

  • El hígado es el responsable de regular la producción, liberación, síntesis y almacenamiento de proteínas, azúcares, grasas y colesterol. Es el órgano responsable de transformar la glucosa en glucógeno para obtener energía, metaboliza las grasas para que las enzimas digestivas actúen sobre ellas, y convierte los aminoácidos en triglicéridos y colesterol.
  • El hígado produce la bilis, una sustancia amarillenta que es responsable de conducir los desechos hasta el intestino delgado durante la digestión. En este proceso también intervienen la vesícula y el páncreas, así que el buen funcionamiento del hígado influye en la salud de dichos órganos.
  • La hemoglobina es procesada dentro del hígado para aprovechar su contenido en hierro, sustancia vital para la producción de glóbulos rojos en sangre.
  • Depura, procesa y equilibra la sangre del cuerpo. También depura la bilirrubina.
  • Almacena nutrientes, vitaminas y hierro.
  • Desintoxica el cuerpo de metales pesados, sustancias tóxicas, medicamentos y alcohol. También regula los aminoácidos en la sangre para la correcta producción de proteínas.

Por qué es importante cuidar la salud del hígado

Importancia de mantener un hígado sano

El hígado tiene una notable capacidad de regeneración, pero no es invulnerable. La exposición prolongada a factores dañinos como el alcohol, los fármacos hepatotóxicos, la obesidad o las infecciones víricas puede provocar daño hepático progresivo que comprometa sus funciones esenciales.

El hígado secreta sustancias como la bilis, que desempeña un papel muy importante en la digestión de los alimentos y la eliminación de productos de desecho. Cuando este órgano no recibe los cuidados necesarios, se ve afectada la producción de bilis, lo que puede repercutir en la salud de la vesícula y los intestinos, además de producir un déficit en la absorción de nutrientes y vitaminas.

Un hígado deteriorado puede conducir a enfermedades graves como la esteatosis hepática (hígado graso), la cirrosis, los cálculos biliares, la pancreatitis o la enfermedad renal. Según la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), la enfermedad hepática grasa no alcohólica afecta ya a aproximadamente el 25 % de la población adulta a nivel mundial, lo que la convierte en la causa más frecuente de enfermedad hepática crónica.

Cuándo consultar al médico por la salud hepática

Uno de los grandes problemas del hígado es que cuando empieza a enfermar no suele causar síntomas evidentes; es un órgano muy silencioso. Esto trae como consecuencia que muchas personas presenten un funcionamiento hepático deficiente sin saberlo.

Lo correcto para preservar la salud del organismo es visitar una vez al año al médico de cabecera y realizar los exámenes pertinentes para descartar cualquier tipo de problema. En una analítica completa se pueden obtener, por ejemplo, los valores de transaminasas en sangre (ALT y AST). Un resultado alterado de esta prueba sería una señal de que hay que empezar a cuidar más el hígado.

Además del chequeo médico es importante estar atentos a ciertos síntomas que pueden indicar que el hígado está trabajando de forma forzada: cansancio o fatiga persistente, falta de concentración, dolores de cabeza frecuentes, mareos, náuseas después de comer, hinchazón abdominal durante la digestión, indigestión, dolor abdominal leve en la zona superior derecha, pérdida de apetito, ictericia (coloración amarillenta de piel y ojos) y diarrea. Ante cualquiera de estos síntomas, es fundamental acudir a un profesional sanitario.

Cómo cuidar la salud del hígado

Consejos para una correcta limpieza de hígado

Proteger el hígado requiere compromiso y constancia. No existen remedios mágicos ni suplementos milagrosos que regeneren este órgano en días o escasas semanas. La evidencia científica señala que los principales pilares para mantener un hígado sano son la abstinencia de alcohol, el control del peso corporal, una alimentación equilibrada y la actividad física regular. Lo correcto será asumir las siguientes acciones como parte de un estilo de vida más saludable.

1. Acude a un profesional sanitario

En eSalud tenemos una premisa: para qué automedicarse si se puede ir al médico. Y es que la salud hay que dejarla en manos de los profesionales. Por lo tanto lo primero será averiguar el estado real de tu hígado, y para ello te aconsejamos que acudas a tu médico de cabecera. Si te has sentido mal o has tenido molestias durante las digestiones, explica a tu médico todos los síntomas para que pueda solicitar los exámenes necesarios (analítica hepática, ecografía abdominal, etc.).

2. Tratamiento farmacológico bajo supervisión médica

Cuando el funcionamiento hepático es deficiente, pueden producirse en el organismo alteraciones como valores elevados en sangre de glucosa, triglicéridos y colesterol. El incremento de estas sustancias supone un riesgo para la salud, razón por la cual es muy probable que el médico prescriba una serie de medicamentos que ayuden a disminuir su concentración en el torrente sanguíneo.

Es importante destacar que cualquier medicamento debe ser siempre prescrito y supervisado por un médico. La automedicación, incluido el uso de suplementos herbales o productos “naturales” para el hígado, puede ser contraproducente e incluso hepatotóxica. De hecho, los suplementos herbales y dietéticos son una causa creciente de lesión hepática inducida por fármacos, según datos del estudio DILIN (Drug-Induced Liver Injury Network).

3. Actividad física regular

Este es uno de esos cambios que se deben adoptar como parte de un nuevo estilo de vida, pues el ejercicio es fundamental para la salud hepática. Diversos estudios han demostrado que la actividad física regular reduce la grasa hepática, incluso sin pérdida de peso significativa. Muchas personas con enfermedad o problemas hepáticos han mantenido durante mucho tiempo una vida sedentaria y una alimentación poco saludable, lo que les ha llevado a sufrir sobrepeso.

La actividad física, tanto aeróbica como de resistencia, ayuda a recuperar la salud cardiovascular, aumenta la capacidad pulmonar, combate la retención de líquidos, acelera el metabolismo, fortalece los huesos y músculos y reduce el exceso de grasa corporal. La Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL) recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada para prevenir y tratar la enfermedad hepática grasa.

4. Hidrátate correctamente

Hidratarse, clave para mantener el hígado limpio

Una hidratación adecuada es esencial para el correcto funcionamiento de todos los órganos, incluido el hígado. El agua interviene en la purificación de la sangre, el transporte de nutrientes y la eliminación de productos de desecho a través de los riñones. La recomendación general es beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día, aunque las necesidades individuales varían según el peso corporal, la actividad física y las condiciones ambientales. Las personas que practican ejercicio con regularidad necesitan una mayor ingesta de líquidos.

5. Evita las sustancias hepatotóxicas

Los principales enemigos del hígado están bien identificados por la ciencia:

  • Alcohol: es la causa más frecuente de enfermedad hepática prevenible. No existe una cantidad de alcohol que sea completamente segura para el hígado. Durante cualquier proceso de recuperación hepática es imprescindible eliminar por completo el consumo de alcohol.
  • Tabaco: el tabaquismo se ha asociado con un mayor riesgo de fibrosis hepática y carcinoma hepatocelular.
  • Fármacos hepatotóxicos: algunos medicamentos, como el paracetamol en dosis elevadas, pueden causar daño hepático grave. Consulta siempre con tu médico antes de tomar cualquier medicamento de forma prolongada.
  • Suplementos no regulados: muchos productos etiquetados como “detox” o “limpieza hepática” carecen de evidencia científica y pueden ser perjudiciales.

6. Cuida la forma de preparar los alimentos

No se trata solo de qué comes, sino también de cómo lo preparas. Los alimentos fritos son especialmente perjudiciales para el organismo, pues las altas temperaturas alteran la composición de los aceites y generan compuestos potencialmente nocivos. Este tipo de preparaciones aporta un exceso de grasas saturadas que contribuye a la esteatosis hepática y al riesgo cardiovascular.

En lugar de freír los alimentos es recomendable utilizar otros métodos de cocción: al horno, a la plancha, al vapor, hervido o en la olla a presión.

7. Controla el consumo de sal

Disminuir el consumo de sodio ayuda a combatir la retención de líquidos, algo especialmente importante en personas con enfermedad hepática avanzada. Además, una alimentación baja en sal es un aliado de la salud cardiovascular. No hace falta comer insípido: prueba a sazonar tus comidas con especias y aliños naturales como albahaca, orégano, cebolla, comino, pimentón, puerro, cebollín, cilantro, ajo y pimienta.

Alimentación para proteger el hígado

Cuando nos alimentamos, el hígado se encarga de descomponer los alimentos para absorber sus nutrientes, eliminar las sustancias de desecho y metabolizar las grasas y azúcares. Dichas sustancias quedan almacenadas en el órgano, el cual las irá liberando con el paso del tiempo y según las necesidades del organismo.

Sin embargo, cuando mantenemos una alimentación poco saludable, consumiendo alimentos ricos en grasas y azúcares, el hígado recibe mayor cantidad de sustancias que procesar y menos nutrientes que liberar al torrente sanguíneo. Esto trae como consecuencia que el órgano empiece a trabajar de forma forzada, acumule grasa en su interior (esteatosis) y se dañe progresivamente.

Podemos decir, entonces, que mientras más sano comamos, más sano estará nuestro hígado, menor cantidad de colesterol se concentrará en las arterias, mejor funcionarán los intestinos y más saludable será la vesícula. Recordemos que del trabajo del hígado depende el funcionamiento de muchos otros órganos del aparato digestivo y renal. La clave para mantener un hígado sano es seguir una alimentación equilibrada de forma sostenida en el tiempo.

Alimentos beneficiosos para la salud hepática

Alimentos para limpiar el hígado

La dieta para cuidar el hígado debe estar compuesta por alimentos de fácil digestión y una ingesta adecuada de agua que permita facilitar los procesos metabólicos. Asimismo, lo ideal es evitar las preparaciones fritas y preferir comidas elaboradas al horno, a la plancha o al vapor. La clave es tener un menú variado y equilibrado, teniendo en cuenta los siguientes alimentos:

  • Ingiere proteínas magras y saludables como el pollo, el pavo y los pescados blancos. La grasa que contienen estas proteínas es saludable y fácil de digerir, así que no suponen un problema para la salud hepática. También puedes optar por otras fuentes de proteínas como las legumbres.
  • Aumentar el consumo de fibra es beneficioso para la salud digestiva y hepática. Puedes encontrar fibra en los alimentos integrales, las espinacas, las semillas de lino, la chía y la avena.
  • Si eres amante de las carnes rojas o el cerdo, modera su consumo a una o dos veces por semana, tal como recomienda la Organización Mundial de la Salud.
  • Las frutas son excelentes aliadas para nutrir el cuerpo con vitaminas, minerales y antioxidantes, además de ser fáciles de digerir. Naranja, fresas, manzana, plátano, sandía, melón y melocotón son opciones saludables.
  • Prefiere los lácteos bajos en grasa como la leche desnatada y los quesos frescos. También puedes optar por leche sin lactosa o bebidas vegetales.
  • Consume grasas saludables y ricas en nutrientes como el aguacate, el aceite de oliva virgen extra y los frutos secos. El patrón de dieta mediterránea, rica en estos alimentos, se ha asociado con una menor prevalencia de enfermedad hepática grasa.
  • En lugar de carbohidratos simples, como el azúcar o la bollería, prefiere carbohidratos complejos. Este tipo de carbohidratos aporta menor carga glucémica al organismo y son mucho más saludables. Ejemplos: legumbres, cereales integrales, boniato, alcachofas y verduras.

Alimentos que conviene evitar o reducir

Para proteger la salud del hígado es necesario limitar el consumo de aquellos alimentos que pueden sobrecargar o dañar este órgano:

  • No consumir bebidas alcohólicas ni carbonatadas azucaradas.
  • Evita cualquier tipo de grasa saturada y trans como la mantequilla en exceso, lácteos enteros, tocino, embutidos, alimentos fritos, bollería industrial y nata.
  • Disminuye el consumo de carnes grasas como carnes rojas y carne de cerdo.
  • Elimina el consumo de azúcar refinado y alimentos ultraprocesados que la contengan. El consumo elevado de fructosa se ha relacionado directamente con el desarrollo de hígado graso no alcohólico.
  • Evita comer frecuentemente fuera de casa y reduce el consumo de comida rápida.

Recomendaciones adicionales para la salud hepática

  • Las hortalizas de hoja verde, como las espinacas y las acelgas, son ricas en antioxidantes y compuestos que favorecen la función hepática.
  • El café ha demostrado en múltiples estudios ser un protector hepático. Un consumo moderado (2-3 tazas al día) se asocia con menor riesgo de fibrosis, cirrosis y carcinoma hepatocelular.
  • Los alimentos ricos en fibra, como el arroz integral y la quinoa, ayudan a regular el metabolismo de las grasas.
  • El té verde contiene catequinas, compuestos antioxidantes que podrían ser beneficiosos para la salud hepática, aunque su consumo debe ser moderado, ya que en dosis muy elevadas (como en algunos suplementos concentrados) puede resultar hepatotóxico.
  • La zanahoria y la remolacha contienen betacarotenos que contribuyen a la función hepática.
  • Mantener un peso corporal saludable es una de las medidas más eficaces para prevenir la enfermedad hepática grasa. Una pérdida de peso del 7-10 % del peso corporal puede revertir la esteatosis hepática, según las guías clínicas de la EASL.

Como hemos mencionado, cuidar el hígado es un proceso que requiere compromiso y constancia. Lo ideal es que cualquier cambio importante en la alimentación o el estilo de vida se realice supervisado por un profesional sanitario y, si es necesario, por un dietista-nutricionista que diseñe un plan adaptado a tus necesidades individuales.

Referencias

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  7. Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH). Guías de práctica clínica. https://aeeh.es
Daniela Innecco

Escrito por

Daniela Innecco

Periodista de salud

Graduada en Ciencias de la Comunicación

Periodista especializada en salud y bienestar. Graduada en Ciencias de la Comunicación y con experiencia en medios de comunicación internacionales. Se centra en temas de nutrición, vida saludable y remedios naturales con un enfoque divulgativo y accesible.

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