Colon irritable
Tabla de contenidos
- 1.Principales síntomas del colon irritable
- 2.Causas del SII
- El eje intestino-cerebro
- Circunstancias que empeoran el colon irritable
- 3.Diagnóstico del colon irritable
- 4.El SII presenta cuatro subtipos
- SII con predominio de estreñimiento (SII-E)
- SII con predominio de diarrea (SII-D)
- SII mixto (SII-M)
- SII no clasificado (SII-NC)
- 5.Tratamiento
- Cambios en el estilo de vida
- Dieta baja en FODMAP
- Manejo del estrés
- Probióticos
- Medicamentos
- Asumir la enfermedad
- 6.Datos para recordar
- 7.Referencias
Si bien está relacionada con otras enfermedades gastrointestinales, el colon irritable difiere de la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa en que en la primera solo se presentan trastornos funcionales y el intestino está sano, mientras que en la enfermedad de Crohn existe daño orgánico.
El síndrome de colon irritable o síndrome de intestino irritable (SII) puede generar calambres estomacales, hinchazón, diarrea o estreñimiento. Los síntomas con los que se manifiesta difieren entre cada individuo y afectan a algunas personas de forma más grave que a otras.
Las manifestaciones sintomáticas del colon irritable pueden oscilar entre días y meses, coincidiendo con momentos de estrés o a causa de la ingesta de ciertos alimentos.
Se calcula que el SII afecta a entre el 10 y el 15 % de la población adulta en los países occidentales, y generalmente se desarrolla en personas entre los 20 y los 30 años. Cerca del doble de mujeres que de hombres padecen este trastorno, que puede prolongarse durante toda la vida, aunque puede controlarse y mejorar con un abordaje adecuado.
Principales síntomas del colon irritable
Los síntomas más comunes del SII incluyen:
- Dolor abdominal y calambres intermitentes, que se alivian después de la evacuación intestinal
- Hinchazón y gases
- Estreñimiento o diarrea (o alternancia de ambos)
- Retortijones y sensación constante de movimiento intestinal
- Moco en las heces
Es posible presentar algunos o todos los síntomas referidos. La mayoría de las personas suelen padecer síntomas leves, pero en algunos casos pueden ser lo suficientemente graves como para afectar la vida diaria.
Causas del SII

No se han determinado las causas exactas de este trastorno, si bien los expertos lo atribuyen a una confluencia de factores que afectan al tracto gastrointestinal.
El eje intestino-cerebro
Un concepto fundamental para comprender el SII es el eje intestino-cerebro (gut-brain axis), un sistema de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central y el sistema nervioso entérico del intestino. Alteraciones en esta comunicación pueden provocar que el cerebro interprete de forma exagerada señales normales del intestino, lo que genera dolor, hinchazón y cambios en el hábito intestinal. Este mecanismo explica, en parte, por qué el estrés emocional y la ansiedad empeoran los síntomas del SII.
Circunstancias que empeoran el colon irritable
- Alteraciones en la motilidad intestinal: un tránsito demasiado lento puede dar lugar a estreñimiento, mientras que un tránsito acelerado puede generar diarrea. Las infecciones intestinales previas, así como la alteración de la microbiota intestinal, también pueden provocar espasmos o mayor sensibilidad visceral.
- Reacciones a ciertos alimentos o bebidas que resultan difíciles de digerir, como alimentos ácidos, con elevado contenido en azúcares, grasas o hidratos de carbono fermentables.
- Factores emocionales como el estrés, la depresión, la ansiedad o los trastornos de pánico, que actúan a través del eje intestino-cerebro.
- Cambios hormonales: muchas mujeres experimentan un empeoramiento de los síntomas durante la menstruación, lo que sugiere una influencia hormonal.
Diagnóstico del colon irritable
El diagnóstico del SII es fundamentalmente clínico y se basa en los criterios de Roma IV, la clasificación de referencia internacional vigente desde 2016. Según estos criterios, el SII se diagnostica cuando existe dolor abdominal recurrente al menos un día a la semana durante los últimos tres meses, asociado a dos o más de las siguientes circunstancias:
- Relación con la defecación (el dolor mejora o empeora con la evacuación)
- Cambio en la frecuencia de las deposiciones
- Cambio en la forma o aspecto de las heces (según la escala de Bristol)
El médico especialista podrá solicitar pruebas complementarias (analítica de sangre, determinación de calprotectina fecal, colonoscopia) para descartar otras enfermedades, como la enfermedad celíaca, la enfermedad inflamatoria intestinal o el cáncer colorrectal, especialmente si se presentan signos de alarma como pérdida de peso, sangre en las heces o antecedentes familiares de patología digestiva grave.
El SII presenta cuatro subtipos

Las personas con colon irritable suelen cambiar de subtipo a lo largo del tiempo.
SII con predominio de estreñimiento (SII-E)
- Heces duras o grumosas en al menos el 25 % de las deposiciones.
- Heces sueltas o acuosas en menos del 25 % de las deposiciones.
SII con predominio de diarrea (SII-D)
- Heces sueltas o acuosas en al menos el 25 % de las deposiciones.
- Heces duras o grumosas en menos del 25 % de las deposiciones.
SII mixto (SII-M)
Con episodios alternantes:
- Heces duras o grumosas en al menos el 25 % de las deposiciones.
- Heces sueltas o acuosas en al menos el 25 % de las deposiciones.
SII no clasificado (SII-NC)
- Cumple los criterios diagnósticos de SII, pero el patrón de las deposiciones no encaja en ninguno de los tres subtipos anteriores.
Para algunos especialistas, la utilidad de estos subtipos es discutible. La mayoría de los pacientes cambian de subtipo en el plazo de un año, pasando de un predominio de estreñimiento a un predominio de diarrea o viceversa. Una historia clínica completa, un examen físico y pruebas complementarias ajustadas al paciente permiten establecer el diagnóstico de SII en la mayoría de los casos.
Tratamiento
Dado que en la actualidad no se ha descrito una cura para este síndrome, la mejor manera de abordarlo es combinar cambios en el estilo de vida, intervenciones dietéticas y, cuando sea necesario, tratamiento farmacológico, dependiendo del subtipo de SII que presente el paciente.
Cambios en el estilo de vida
Conviene observar ciertos hábitos de salud, entre los que destaca la actividad física moderada y regular (caminar, nadar, yoga). Además, se aconseja no realizar comidas copiosas, masticar despacio y mantener horarios regulares de alimentación.
Dieta baja en FODMAP
En los últimos años se ha comprobado que una dieta baja en FODMAP beneficia a un porcentaje significativo de pacientes con SII, aunque no debe seguirse a largo plazo sin supervisión profesional. FODMAP es un acrónimo inglés que se refiere a oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables: carbohidratos de cadena corta que son mal absorbidos por el intestino delgado.
Esta dieta, desarrollada por investigadores de la Universidad Monash (Australia), se estructura en tres fases: eliminación estricta (2-6 semanas), reintroducción sistemática de grupos de alimentos y personalización a largo plazo. Es importante llevarla a cabo bajo la supervisión de un dietista-nutricionista, ya que una restricción prolongada puede provocar déficits nutricionales y alterar la microbiota intestinal.
Manejo del estrés
La reducción de los niveles de estrés puede mejorar considerablemente los síntomas del colon irritable. Es recomendable dormir lo suficiente, evitar el sedentarismo y practicar técnicas de relajación. La terapia cognitivo-conductual y la hipnoterapia dirigida al intestino han demostrado eficacia en ensayos clínicos para el manejo del SII.
Probióticos
Algunos suplementos probióticos pueden mejorar los síntomas del SII, aunque su efecto varía según la cepa utilizada. La cepa Bifidobacterium longum subsp. infantis 35624 (comercializada como Alflorex en España) es una de las que cuenta con mayor evidencia científica, habiendo demostrado en ensayos clínicos una reducción significativa del dolor abdominal, la hinchazón y las alteraciones del tránsito intestinal. Otras cepas estudiadas incluyen Lactobacillus plantarum 299v y Saccharomyces boulardii. Es importante señalar que los efectos son específicos de cada cepa y no se pueden generalizar a todos los probióticos.
Medicamentos
El tratamiento farmacológico debe ser prescrito y supervisado por un médico, y se adapta al subtipo de SII y a los síntomas predominantes:
- Antiespasmódicos: fármacos como el otilonio bromuro (Spasmoctyl) y la mebeverina (Duspatalin) son los más utilizados en España para aliviar el dolor abdominal y los espasmos intestinales.
- Laxantes: en el SII con estreñimiento, se pueden emplear laxantes osmóticos como el polietilenglicol (Movicol) o la linaclotida (Constella), un fármaco específico para el SII-E.
- Antidiarreicos: la loperamida puede utilizarse en el SII con predominio de diarrea para reducir la frecuencia de las deposiciones.
- Antidepresivos a dosis bajas: los antidepresivos tricíclicos (amitriptilina) o los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden resultar útiles para modular el dolor visceral, independientemente de que exista o no un cuadro depresivo asociado.
- Rifaximina: este antibiótico no absorbible puede considerarse en casos de SII con predominio de diarrea e hinchazón, especialmente cuando se sospecha sobrecrecimiento bacteriano.
Asumir la enfermedad
El colon irritable es un trastorno con el que se puede aprender a convivir. Las manifestaciones de este síndrome pueden disminuir o aumentar según el estilo de vida del paciente, pero no acorta la esperanza de vida ni aumenta el riesgo de desarrollar cáncer u otras enfermedades intestinales graves.
Con el tratamiento médico y psicológico adecuado, el paciente puede llevar una vida normal, plena y activa. Es recomendable acudir al médico de familia o al especialista en aparato digestivo ante la aparición de síntomas compatibles con el SII, ya que un diagnóstico temprano permite establecer un plan de manejo eficaz.
Datos para recordar
El síndrome de colon irritable se caracteriza por dolor abdominal, hinchazón y alteraciones del hábito intestinal (estreñimiento, diarrea o ambos). La causa exacta es desconocida, pero factores como las alteraciones del eje intestino-cerebro, los cambios de rutina, el estrés emocional, las infecciones previas y la dieta pueden desencadenar o agravar los síntomas. Las opciones de tratamiento incluyen cambios en la dieta (como la dieta baja en FODMAP), manejo del estrés, probióticos con evidencia científica y medicamentos como antiespasmódicos, laxantes o antidiarreicos.
Referencias
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