Cólico del lactante

Cólico del lactanteEl término cólico del lactante hace referencia a un cuadro de episodios de llanto intenso, generalmente por las tardes, de unas dos o tres horas de duración al día, que tiene lugar en un lactante sano y bien alimentado.

Es muy frecuente (lo padecen entre un 10% y un 20% de todos los bebés), y pese a ser un cuadro leve, suele ser motivo de preocupación de los padres, especialmente si es el primer hijo. Esta angustia paterna provoca múltiples visitas nocturnas a las urgencias hospitalarias, ya que los padres se pasan muchas noches sin poder dormir.

Suele aparecer hacia los 10 ó 15 días de vida, y persistir hasta los 3 ó 4 meses como mucho. Aunque puede parecer hambriento, habitualmente no se tranquiliza ni con la comida ni con otros intentos de consolarle.

¿Por qué se produce?

Ciertos lactantes parecen ser más susceptibles a padecer cólicos que otros. No se sabe bien las causas del cólico del lactante, barajándose múltiples factores sin que exista una explicación científica, a pesar de que se describió esta enfermedad, que no es enfermedad, en los libros de Pediatría hace casi 50 años.

Se ha achacado a:
  • Malas técnicas alimenticias.
  • Inmadurez del intestino con poca evacuación del aire tragado que llega a él.
  • Alergias a alimentos.
  • Dieta materna.
  • Falta de experiencia de los padres (padres jóvenes, primer hijo…).
  • Otros factores.

Síntomas del cólico del lactante

El ataque suele comenzar de forma repentina, generalmente por la tarde o por la noche. El niño llora intensamente sin parar durante bastante tiempo, incluso varias horas. La tripa está tensa y abombada, estando con las piernas flexionadas. La cara enrojecida y las manos fuertemente cerradas suelen mostrar el sufrimiento del bebé.

Puede que el episodio no termine hasta que el niño quede completamente exhausto, pero a menudo se produce un alivio aparente al hacer la deposición o al expulsar el aire.

Diagnóstico y tratamiento

El cólico del lactante se diagnostica principalmente por la clínica (lloro intenso, dolor abdominal a la palpación, tripa tensa y abombada…) que presenta y por la exclusión de otra patología orgánica que pueda producir síntomas parecidos.

Ningún tratamiento proporciona un alivio eficaz. Aún así los más utilizados son:

  • Dimeticona: para aumentar la capacidad de eliminar los gases.
  • Carminativos: dados antes de las tomas de leche, pero no suelen prevenir los cólicos.
  • Enemas o sonda rectal: pueden quitar el dolor abdominal en un momento dado.
  • Preparaciones a base de té de hierba, infusiones con anises estrellados.
  • Leches especiales (hidrolizado de caseína): se eliminan las proteínas de la leche de la vaca, que pueden no ser bien toleradas por el niño, y se sustituyen por estas leches especiales.

¿Cómo se puede evitar?

Aunque no existe ningún remedio eficaz inmediato hay una serie de recomendaciones que pueden evitar estas crisis:

  • No alargar mucho las tomas (no más de diez minutos). El orificio de la tetina debe ser lo suficientemente grande para dejar pasar una cantidad constante de leche.
  • Es aconsejable que el bebé se encuentre en un ambiente relajado. La inquietud y excitación de los padres influye en la tranquilidad del niño. Salir de casa y dejar al crío unas horas con una persona responsable puede ser beneficioso.
  • Es muy importante tanto si el bebé toma pecho o biberón que la técnica de alimentación sea correcta. El niño no se debe quedar dormido durante la toma ya que esto le hace tragar aire.
  • A fin de favorecer el eructo debe mantenerse al niño en posición erguida a mitad de la toma. Al final de la misma se debe incorporar al bebé apoyando la cara de éste sobre el hombro, dándole unos golpecitos suaves en la espalda hasta que eructe.
  • Cuando ocurren las crisis se le debe tumbar boca abajo en el regazo materno o sobre una superficie caliente. Algunos niños se calman tomándoles en brazos, otros poniéndoles en la cuna. Puede recurrirse a la nana, al balanceo de la cuna, al paseo en cochecito o automóvil…
  • A veces, el alivio se produce al eliminar aire o heces, bien de forma espontánea o bien con la ayuda de un supositorio o enema. Hay que evitar tanto la alimentación excesiva como la insuficiente del niño porque esto favorece su distensión y provoca malestar e incomodidad.
  • Se recomienda dar masajes en la tripa para ayudar a la evacuación de aire, a la vez que le proporcionamos calor en la zona.
  • Identificar los alimentos alergénicos en la dieta de la madre que amamanta para evitarlos (no debe tomar más de medio litro al día de leche de vaca).

Acudir al pediatra

Por último, es necesario señalar que, pese a ser un cuadro sin gravedad, en ocasiones el llanto de un bebé puede ser debido a otras causas, que en algunos casos pueden tener repercusiones importantes para la salud:

  • Las placas blanquecinas de muguet provocan erosiones que causan dolor e impiden la correcta alimentación del niño.
  • desgarro superficial de ano, muy frecuente en los bebés estreñidos.
  • otitis, infección urinaria… que se presentan muchas veces sin fiebre a estas edades.
  • Un pelo en un ojo.
  • Enfermedades gastrointestinales: hernia inguinal estrangulada, invaginación intestinal y otras.
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