Cistitis
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La cistitis es la inflamación e infección de la vejiga o de la parte inferior del tracto urinario. Está causada por bacterias y provoca síntomas como la necesidad imperiosa de orinar con frecuencia y dolor o escozor durante la micción. La cistitis es una afección más común entre el sexo femenino, ya que las mujeres tienen la uretra más corta que los hombres y se encuentra más próxima al ano, lo que hace que las bacterias puedan entrar con más facilidad a la vagina y llegar hasta la uretra y la vejiga. Se estima que entre el 50 y el 60 % de las mujeres sufrirán al menos un episodio de cistitis a lo largo de su vida.
Cistitis no complicada y complicada
Es importante distinguir entre dos tipos de cistitis según su gravedad y el contexto clínico:
- Cistitis no complicada: es la que se presenta en mujeres adultas no embarazadas, sin anomalías anatómicas ni funcionales del tracto urinario y sin enfermedades de base relevantes. Es la forma más frecuente y habitualmente responde bien al tratamiento antibiótico de corta duración.
- Cistitis complicada: es aquella que aparece en pacientes con factores de riesgo adicionales, como anomalías estructurales del tracto urinario, embarazo, diabetes mal controlada, inmunodepresión, presencia de sonda vesical o antecedentes de cirugía urológica reciente. Estas infecciones requieren un abordaje terapéutico más prolongado y un seguimiento más estrecho.
Causas de la cistitis
La principal causa de la cistitis son las bacterias intestinales, las cuales, desde el ano, ingresan a la uretra y, luego, pasan a la vejiga ocasionando una infección, la cual suele desarrollarse en la vejiga pero que también puede diseminarse y llegar hasta los riñones. La mayoría de veces la bacteria responsable de dicha infección es Escherichia coli, de hecho, esta es responsable de aproximadamente el 75-95 % de los casos de cistitis aguda no complicada [1]. Otras bacterias implicadas con menor frecuencia son Staphylococcus saprophyticus, Klebsiella pneumoniae y Proteus mirabilis.
Hay diferentes situaciones y condiciones que pueden facilitar la entrada de bacterias a la uretra y la aparición de una infección. Entre estas se encuentran las siguientes:
- Malos hábitos de higiene íntima: las bacterias presentes en la zona rectal pueden llegar más fácilmente a la uretra si después de ir al baño, el área genital se limpia de atrás hacia delante.
- Defectos congénitos del aparato urinario: es posible que haya una anomalía de nacimiento que impida que la vejiga se vacíe por completo.
- Próstata agrandada: si la próstata aumenta su tamaño normal puede llegar a dificultar el vaciado de la vejiga y que en esta haya un residuo de orina permanente.
- Embarazo.
- Pacientes con una sonda vesical: las personas que llevan una sonda para orinar pueden presentar lesiones, producidas durante el cambio de la sonda, que pueden incrementar las posibilidades de desarrollar una infección.
- Incontinencia intestinal.
- Diabetes.
- Usar un diafragma como método anticonceptivo.

Además de las anteriores, las mujeres tienen un mayor riesgo de sufrir cistitis después de la menopausia (debido a la disminución de estrógenos que altera la flora vaginal), al mantener relaciones sexuales frecuentes y si utilizan productos de higiene íntima agresivos o irritantes. La actividad sexual es uno de los factores de riesgo más relevantes, ya que facilita la migración de bacterias hacia la uretra [2].
Síntomas de la cistitis
Cuando la cistitis ocasiona síntomas, los pacientes pueden presentar los siguientes:
- Orina turbia, opaca, con un olor fuerte e incluso con presencia de sangre.
- Necesidad urgente de orinar con frecuencia, incluso tras haber vaciado la vejiga.
- Dolores, escozor o ardores al miccionar.
- Molestias o calambres en la parte inferior del abdomen o la espalda.
- Febrícula o fiebre baja. Cuando la fiebre es más alta, debe sospecharse de la posibilidad de una infección más grave, como la pielonefritis aguda.
- En el caso de las personas de edad avanzada, pueden observarse como únicos síntomas de cistitis la debilidad, el estado de confusión, la fiebre y las caídas.
Diagnóstico de la cistitis
Se lleva a cabo una recogida de una muestra de orina para, por un lado, analizarla y buscar glóbulos blancos, glóbulos rojos, microorganismos y examinar químicos. Además de este, puede ser necesario un urocultivo, es decir, analizar una muestra de orina limpia para saber cuál es la bacteria causante de la infección y decidir el tratamiento adecuado.
En casos de cistitis no complicada, el diagnóstico suele ser clínico, basado en los síntomas característicos. El urocultivo se reserva para los casos complicados, recurrentes o cuando no hay respuesta al tratamiento inicial [3].
Tratamiento de la cistitis
El tratamiento de la cistitis dependerá en cada caso del grado de complicación de la infección y de los factores de riesgo. Por lo general, se prescribe un tratamiento con medicamentos antibióticos para eliminar los microorganismos responsables de la infección, aliviar los síntomas y evitar posibles complicaciones.
Cistitis no complicada
En España, las guías de práctica clínica recomiendan como tratamiento de primera línea para la cistitis no complicada [3, 4]:
- Fosfomicina trometamol (3 g en dosis única): es el tratamiento más utilizado en España por su comodidad y eficacia, ya que se administra en una sola toma.
- Nitrofurantoína (50-100 mg cada 6-8 horas durante 5-7 días): es otra opción de primera línea que presenta bajas tasas de resistencia bacteriana.
Otros antibióticos, como las fluoroquinolonas o el trimetoprim-sulfametoxazol, se reservan para casos en los que no se puedan utilizar los anteriores, debido al aumento de resistencias bacterianas.
Cistitis complicada
Cuando la infección de vejiga se presenta con complicaciones, como durante el embarazo, en pacientes diabéticos o con una infección leve en los riñones, el tratamiento puede tener una duración de una a dos semanas y la elección del antibiótico debe guiarse siempre por el resultado del urocultivo.
Es importante finalizar el tratamiento por completo, incluso aun cuando hayan desaparecido los síntomas con anterioridad. De lo contrario, se puede llegar a desarrollar una infección más difícil de tratar o favorecer la aparición de resistencias bacterianas.
Cuando las infecciones urinarias son recurrentes (tres o más episodios en un año), el tratamiento antibiótico puede tener una duración más prolongada y se puede derivar al paciente a un urólogo o nefrólogo, médico especialista en afecciones del tracto urinario.
Medidas para prevenir la cistitis
Con algunos cambios en los hábitos de vida, la cistitis se puede prevenir de forma eficaz. Las medidas más importantes son las siguientes:
- Beber mucho líquido durante el día, unos 2 litros de agua como mínimo. Así, se favorece la limpieza de la vejiga.
- Orinar cuando se desee y no reprimir las ganas de ir al baño.
- Orinar inmediatamente después de mantener relaciones sexuales para eliminar aquellas bacterias que hayan podido ingresar al tracto urinario durante el coito.
- Después de ir al baño, limpiar siempre la zona genital de delante hacia atrás y nunca a la inversa.
- Evitar los lavados vaginales agresivos y los productos de higiene íntima irritantes.
- No permanecer demasiado tiempo con la ropa mojada después de bañarse o hacer deporte.
Suplementos y remedios naturales
- Arándano rojo (cranberry): el zumo de arándanos o los suplementos de arándano rojo contienen proantocianidinas (PAC), compuestos que dificultan la adhesión de E. coli a las paredes del tracto urinario. Sin embargo, las revisiones Cochrane han encontrado que la evidencia de su eficacia es modesta y los resultados son heterogéneos, por lo que no se puede recomendar como medida preventiva única [5]. Si se utilizan suplementos, se recomienda que aporten al menos 36 mg de PAC al día.
- D-manosa: es un azúcar simple que también interfiere con la adhesión de E. coli a la mucosa urinaria. Varios ensayos clínicos han mostrado que la d-manosa (habitualmente 2 g al día) puede ser tan eficaz como la nitrofurantoína en la prevención de cistitis recurrentes, con menos efectos secundarios [6]. Es una opción cada vez más utilizada, aunque se necesitan más estudios a gran escala.
- Vitamina C (ácido ascórbico): se ha propuesto que la vitamina C, al acidificar la orina, podría crear un entorno menos favorable para el crecimiento bacteriano. No obstante, la evidencia científica al respecto es limitada y no se considera una medida preventiva de primera línea [7].
Referencias
- Flores-Mireles, A. L., Walker, J. N., Caparon, M., & Hultgren, S. J. (2015). Urinary tract infections: epidemiology, mechanisms of infection and treatment options. Nature Reviews Microbiology, 13(5), 269-284.
- Hooton, T. M. (2012). Uncomplicated urinary tract infection. New England Journal of Medicine, 366(11), 1028-1037.
- Guía de Terapéutica Antimicrobiana del Área Aljarafe (Servicio Andaluz de Salud). Infecciones del tracto urinario en adultos. Disponible en: https://www.juntadeandalucia.es.
- Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). Guía de tratamiento de las infecciones del tracto urinario.
- Jepson, R. G., Williams, G., & Craig, J. C. (2012). Cranberries for preventing urinary tract infections. Cochrane Database of Systematic Reviews, (10), CD001321.
- Kranjčec, B., Papeš, D., & Altarac, S. (2014). D-mannose powder for prophylaxis of recurrent urinary tract infections in women: a randomized clinical trial. World Journal of Urology, 32(1), 79-84.
- Linde, K., & Scholz, M. (2016). Vitamin C for preventing and treating urinary tract infections: a systematic review. European Journal of Clinical Nutrition, 70(12), 1404-1410.
