Ascariasis (Ascaris lumbricoides)

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Ascariasis (Ascaris lumbricoides)
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La ascariasis es una de las infecciones parasitarias más prevalentes en el mundo, con más de 800 millones de personas afectadas según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. Está causada por el nematodo Ascaris lumbricoides, un helminto que se aloja en el intestino delgado del ser humano y que representa un importante problema de salud pública, especialmente en regiones con condiciones sanitarias deficientes.

¿Qué es la ascariasis?

Ascaris lumbricoides es un nematodo (gusano cilíndrico) de gran tamaño, conocido comúnmente como lombriz intestinal. Esta especie pertenece al grupo de los helmintos transmitidos por el suelo (geohelmintos) y se concentra en el intestino delgado, donde provoca la infección parasitaria denominada ascariasis.

El ciclo biológico del parásito comienza cuando los gusanos adultos habitan en el intestino delgado del hospedador infectado y las hembras producen huevos que son expulsados al exterior a través de las heces. Una vez depositados en suelo húmedo y a temperatura adecuada, los huevos desarrollan un embrión que se torna infectante tras varias semanas de maduración.

La ascariasis constituye un problema sanitario relevante cuando las condiciones higiénicas del agua y los alimentos son inadecuadas, lo que facilita la ingestión de huevos infectantes que, al llegar al intestino delgado, eclosionan y liberan larvas que inician su migración por el organismo hasta convertirse en lombrices adultas.

¿Cómo se contagia la ascariasis?

Los huevos de Ascaris presentan una notable resistencia ambiental, lo que les permite sobrevivir en condiciones extremas de humedad y temperatura durante períodos prolongados. Además, la capacidad reproductiva de las hembras es extraordinaria, lo que contribuye a la elevada prevalencia de esta parasitosis.

Morfología del parásito

Los ejemplares adultos de Ascaris lumbricoides poseen un cuerpo cilíndrico con extremos afilados y pueden alcanzar entre 15 y 35 centímetros de longitud, siendo las hembras de mayor tamaño que los machos. Su coloración es rosada pálida, con tonalidades translúcidas y nacaradas. Presentan tres labios prominentes: uno ventral y dos dorsolaterales.

Los huevos tienen forma redondeada u ovalada, recubiertos por varias capas protectoras: una interna vitelina, una media transparente y una externa mamelonada de naturaleza albuminoidea. En su interior contienen una masa granular que dará origen a la larva. En algunos casos, pueden hallarse huevos infértiles que, aunque no son infectantes, resultan de gran utilidad para el diagnóstico parasitológico.

Para confirmar la presencia de la infección, el método diagnóstico habitual consiste en el examen coproparasitoscópico, mediante el cual se identifican los huevos en las heces del paciente. Para obtener resultados fiables, esta recogida de muestras debe realizarse durante al menos tres días consecutivos.

¿Puede afectar a todas las edades?

Efectivamente, la ascariasis no se limita a un grupo etario específico, ya que la ingestión de huevos infectantes puede producirse en cualquier persona. No obstante, la mayor prevalencia se observa en niños de entre 2 y 10 años de edad.

En la población infantil, es posible sospechar la infección mediante la observación de las heces, la distensión abdominal o la diarrea persistente. También puede aparecer prurito o eritema en la región perianal.

Ascaris lumbricoides en intestino delgado

Los siguientes son algunos de los signos y síntomas indicativos de parasitosis intestinal en niños y adultos:

  • Dolor abdominal recurrente.
  • Meteorismo (exceso de gases).
  • Astenia sin causa aparente.
  • Estreñimiento o diarrea.
  • Presencia de elementos parasitarios en las heces.
  • Pérdida de peso involuntaria.
  • Alteraciones del apetito (hiporexia o polifagia).
  • Heces de coloración oscura.

Tratamiento de la ascariasis

Una vez establecido el diagnóstico, ya sea mediante hallazgos clínicos o la identificación de huevos o ejemplares adultos en las heces, el tratamiento farmacológico de elección se basa en antihelmínticos como el albendazol (400 mg en dosis única) o el mebendazol (500 mg en dosis única o 100 mg dos veces al día durante tres días), que constituyen la primera línea terapéutica recomendada por la OMS. Otros fármacos utilizados incluyen la ivermectina y la nitazoxanida. La elección del tratamiento dependerá de la valoración médica individualizada.

Para lograr la eficacia del tratamiento y prevenir la reinfección, es fundamental adoptar medidas que interrumpan el ciclo de transmisión, tales como evitar la defecación al aire libre y no utilizar heces humanas como abono agrícola, así como mantener unas condiciones higiénicas adecuadas en el entorno del paciente.

Las medidas higiénicas preventivas, que deben mantenerse de forma continuada, incluyen:

  • Lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño.
  • Lavar las sábanas, toallas y ropa de cama al menos dos veces por semana.
  • Mantener limpia la instalación sanitaria.
  • Lavar minuciosamente los alimentos antes de su consumo.
  • No compartir toallas de baño.
  • Guardar el cepillo de dientes en un lugar protegido y lavarlo antes de su uso.
  • Evitar llevarse las manos a la boca.
  • Mantener las uñas cortas y limpias.
  • Realizar la limpieza del hogar con regularidad.

Lavar alimentos para cuidados con Ascaris lumbricoides

Es frecuente que todos los miembros de un núcleo familiar se vean afectados por la infección a través de fómites contaminados (sábanas, utensilios) o alimentos mal higienizados, por lo que se recomienda instaurar el tratamiento y las medidas preventivas en todo el grupo conviviente. En zonas endémicas, la OMS recomienda la desparasitación preventiva periódica.

Remedios tradicionales

Existen preparaciones tradicionales a base de plantas con supuestas propiedades vermífugas, como la infusión de corteza de jatoba (Hymenaea courbaril), que se prepara con una cucharada en 500 mililitros de agua, dejando hervir durante 15 minutos.

A continuación se describen algunos remedios tradicionales empleados popularmente. No obstante, es imprescindible consultar con un profesional sanitario antes de recurrir a estos preparados, ya que no sustituyen el tratamiento farmacológico prescrito.

Leche con menta

Ingredientes:

  • 4 tallos y 10 hojas frescas de menta.
  • 100 mililitros de leche desnatada.
  • 1 cucharada de miel.

Hervir las hojas de menta junto con la leche. Dejar enfriar la mezcla y añadir la cucharada de miel. Se consume templado, una hora antes del desayuno, repitiendo a los 7 días.

Infusión de rábano picante

  • 1 litro de agua.
  • 4 cucharaditas de hojas secas de rábano picante.

Hervir el agua y añadir las hojas secas de rábano picante. Dejar reposar durante 5 minutos, colar la preparación y tomar de 2 a 3 tazas al día.

Infusión de anís

Ingredientes:

  • 1 cucharada de semillas de anís.
  • 1 taza de agua.

Poner a hervir el agua y agregar las semillas de anís. Dejar hervir unos minutos y retirar del fuego. Colar las semillas. Se recomienda consumir después de cada comida.

Leche con aceite de ricino

Ingredientes:

  • 1 vaso de leche.
  • 2 cucharadas de aceite de ricino.

Calentar la leche y dejar que se entibie. Agregar las dos cucharadas de aceite de ricino y mezclar bien. Se recomienda tomar en ayunas o antes de cada comida.

Aceite de oliva con ajo

Aceite y ajo, remedio casero para Ascaris lumbricoides

  • 500 mililitros de aceite de oliva.
  • 1 rama de romero.
  • 3 dientes de ajo pelados.

En una botella, colocar los dientes de ajo ligeramente machacados e incorporar el aceite de oliva junto con la rama de romero. Cerrar el envase y conservar en un lugar seco durante 10 días. Transcurrido este tiempo, utilizar el aceite para cocinar o aderezar.

Jarabe de calabaza y miel

  • 500 gramos de miel.
  • 100 gramos de pulpa de calabaza.
  • 500 gramos de ajo pulverizado.
  • 1 litro de agua.

Hervir el agua con la pulpa de calabaza hasta que se reduzca a la mitad. Retirar del fuego, agregar el ajo y dejar reposar. A continuación, endulzar con miel, colar la preparación y tomar dos cucharadas diarias en ayunas.

Vías de transmisión

La ascariasis no se transmite de forma directa de persona a persona. La convivencia con un individuo infectado no supone riesgo de contagio directo. La infección se produce exclusivamente mediante la ingestión de huevos embrionados presentes en el medio ambiente, procedentes de heces humanas contaminantes.

La contaminación puede hallarse en alimentos insuficientemente lavados, especialmente verduras y frutas cultivadas en contacto con el suelo, así como en el agua de consumo contaminada con materia fecal.

Asimismo, las manos constituyen una importante vía de transmisión, ya que los huevos microscópicos pueden adherirse a ellas tras el contacto con superficies contaminadas y llegar a la boca por vía fecal-oral.

Ciclo biológico y síndrome de Löffler

Tras la ingestión, los huevos eclosionan en el intestino delgado y las larvas atraviesan la pared intestinal, alcanzando el torrente sanguíneo. Desde allí migran hacia los pulmones, donde penetran en los alvéolos. Esta fase pulmonar puede provocar el denominado síndrome de Löffler, caracterizado por infiltrados pulmonares transitorios, tos, sibilancias, disnea y eosinofilia periférica.

Las larvas ascienden posteriormente por el árbol bronquial hasta la faringe, donde son deglutidas y regresan al intestino delgado. Allí maduran hasta convertirse en gusanos adultos y se reproducen activamente. Las hembras adultas pueden producir hasta 200.000 huevos diarios, que son eliminados con las heces. Todo este ciclo tiene una duración aproximada de 2 a 3 meses.

Transmisión de Ascaris lumbricoides

Los síntomas pueden clasificarse según la gravedad de la infección:

Infección leve por Ascaris lumbricoides:

  • Presencia de lombrices en las heces.
  • Expulsión de lombrices a través de tos o vómito.
  • Hiporexia (pérdida de apetito).
  • Expectoración hemoptoica.
  • Fiebre.
  • Dolor abdominal.
  • Disnea (dificultad respiratoria leve).
  • Erupciones cutáneas.

Infección grave:

  • Insuficiencia respiratoria.
  • Obstrucción intestinal.
  • Obstrucción de las vías biliares (colangitis).

Los niños en edad preescolar constituyen el grupo de mayor riesgo. Las principales fuentes de exposición incluyen:

  • Uñas contaminadas con huevos microscópicos tras el contacto con superficies infectadas.
  • Ropa de cama y prendas contaminadas.
  • Alimentos regados con aguas residuales.
  • Utensilios de cocina y vajilla.
  • Juguetes.
  • Mobiliario escolar.
  • Suelo de parques y zonas de recreo.

Las lombrices intestinales son parásitos exclusivamente humanos; no se desarrollan en animales domésticos, aunque otros animales pueden actuar como vectores de otras parasitosis.

Complicaciones de la ascariasis

Además de la sintomatología gastrointestinal habitual, la ascariasis puede provocar manifestaciones neuropsiquiátricas como irritabilidad, insomnio, inestabilidad emocional, astenia, déficit de concentración y alteraciones conductuales. En casos graves, se han descrito crisis convulsivas en pacientes pediátricos y adultos.

El aparato respiratorio puede verse significativamente afectado, especialmente cuando la infección se mantiene durante un período prolongado, lo que puede desencadenar complicaciones como bronquitis alérgica, crisis de estornudos, rinorrea y conjuntivitis. El sistema circulatorio también puede resultar comprometido, manifestándose con calambres, hipotensión arterial, astenia, mareos y cefaleas.

Una de las consecuencias más relevantes de la ascariasis crónica es la anemia ferropénica, que se produce porque los parásitos alojados en el intestino pueden ocasionar hemorragias crónicas, muchas veces subclínicas, que agravan la pérdida de hierro y otros micronutrientes esenciales, afectando especialmente al desarrollo y crecimiento infantil.

La ascariasis también puede favorecer infecciones secundarias, como las infecciones del tracto urinario, dado que la presencia de huevos en la región perianal facilita la migración de gérmenes y bacterias hacia la zona genitourinaria, con mayor frecuencia en mujeres y niñas.

Referencias

Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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