Asbestosis

Es la única neumoconiosis propiamente dicha que se produce por exposición al asbesto, definiéndose como una enfermedad causada por el acúmulo de polvo en el tejido pulmonar (en este caso, asbesto), originando en éste una reacción no neoplásica.

El asbesto es el nombre genérico de un grupo de silicatos con una doble característica: resistencia a altas temperaturas y su disposición en fibras. Entre ellos, destacamos: el crisolito, la crocidolita y la amosita. Tienen propiedades excepcionales para el aislamiento térmico y eléctrico.

La asbestosis se caracteriza por la fibrosis pulmonar que se extiende hasta la pleura visceral y respeta la hoja parietal.

Esta enfermedad puede considerarse la segunda neumoconiosis en importancia, tras la silicosis, y se asocia a lesiones pleurales.

Causas de la asbestosis

La asbestosis se produce por exposición al asbesto. Las fuentes de exposición son:

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  • Montaje de tuberías.
  • Caldereros y otros trabajadores de la construcción.
  • Minería.
  • Laminado y fabricación de productos de asbesto.
  • Fabricación de mantas protectoras de fuego y ropas ignífugas.
  • Materiales plásticos.
  • Cemento de baldosas.
  • Materiales de fricción (frenos, embragues).

A partir de 1975 se ha sustituido en parte su uso por fibras minerales manufacturadas (fibra de vidrio, lanas de desecho).

Si la exposición es muy intensa, puede aparecer al cabo de pocos años, pero, por lo general, se desarrolla entre los 10 y 15 años.

En ocasiones, el factor clave no es el número de años de exposición directa, sino el tiempo transcurrido desde la primera exposición (tiempo de latencia). El riesgo de exposición existe no sólo para los trabajadores (más de 300 ocupaciones), sino también para la población general, debido a la contaminación del agua, los alimentos y el aire.

Para que se produzca la asbestosis se requiere una exposición importante y continuada. La mejor forma de medir la exposición es la cuantificación de fibras retenidas en pulmón o “carga de fibras”, que, relacionadas con la enfermedad, se constata que:

a) fibras de asbesto existen en pulmones sanos de la población general;
b) la asbestosis y la fibrosis en vías aéreas se relaciona con altos contenidos de crisolito y amosita, y
c) el mesotelioma se relaciona con elevada cantidad de crisolito, encontrándose las llamadas “manchas negras”.

¿Cómo se origina?

Sistema respiratorio humano

Las fibras de asbesto llegan al parénquima pulmonar e inducen una reacción allí donde lo tocan, produciéndose un acúmulo de macrófagos y neutrófilos en los alveolos. Esto genera una inflamación y, luego, una fibrosis alrededor de la fibra de asbesto. Existe como consecuencia del depósito de asbesto:

  • Engrosamiento de la pared alveolar.
  • Descamación celular en la propia luz alveolar.
  • Fibrosis peribronquial en estadios iniciales.

Los cuerpos de asbesto presentes en esputo, broncoaspirado (BAS), lavado broncoalveolar (BAL) y/o tejido pulmonar o pleural, no son signos de enfermedad, sino de exposición presente o pasada y, además, no son exclusivos de la inhalación al asbesto, observándose también tras exposición al talco (talcosis) y a otros elementos minerales fibrosos.

Su existencia y su número dependen de la intensidad y duración de la exposición, por un lado, y de la capacidad de absorción del parénquima pulmonar, por otro.

Síntomas de la asbestosis

La sintomatología suele ser escasa y poco específica:

  • La tos es seca, a menos que coexista con el hábito tabáquico.
  • El dato clínico más relevante es la disnea, primero de esfuerzo, que aumenta progresivamente hasta hacerse de reposo.
  • Las acropaquias (presentes hasta en un 50% de los casos) son un signo específico y propio de este tipo de neumoconiosis, aunque puede existir en otras enfermedades intersticiales difusas pulmonares.
  • En la auscultación pulmonar aparecen crepitantes bilaterales teleinspiratorios, que no se modifican con la tos ni con los movimientos respiratorios profundos; es el signo clínico más característico (en el 95% de los casos). Su localización posterobasal, en particular subaxilar, es típica.
  • A estos signos y síntomas podríamos añadir: dolor torácico (30-50%) y expectoración (40-60%).

La evolución de la enfermedad es lenta pero inexorable, y a lo largo de la misma podemos encontrar complicaciones diversas, entre las que destacamos:

  • Insuficiencia respiratoria no hipercápnica crónica y Cor pulmonale, es decir, una pO2 menor de 60 mm de Hg. Surge tras muchos años de exposición y no de forma habitual.
  • Neoplasia broncopulmonar:
    – El efecto conjunto entre asbesto y tabaco determina la elevación de la prevalencia del carcinoma pulmonar en los trabajadores de asbesto que son fumadores.
    – Suelen ser adenocarcinomas, carcinoma de células pequeñas o carcinoma escamoso.
    – Asientan, generalmente, en zonas basales o periféricas con abundante fibrosis, dificultando su detección en radiología y broncofibroscopia.

    Signos inequívocos de neoplasia broncopulmonar serían: la aparición súbita de acropaquias en un individuo expuesto al amianto o afecto de asbestosis, o existencia de células malignas atípicas en el esputo o broncoaspirado.
  • Mesotelioma maligno peritoneal: de menor prevalencia que el pleural, tiende a asociarse a la asbestosis pulmonar, a diferencia del mesotelioma pleural, que se presenta más frecuentemente de forma aislada.
  • Síndrome de Caplan: es poco frecuente, con características clínicas y radiológicas similares a la silicosis, aunque sin tendencia a la infección tuberculosa.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico se basa en la clínica y la exploración física que hemos comentado en el apartado anterior, completándolo con:

  • Radiología: imágenes lineales irregulares, localizadas preferentemente en campos inferiores. A medida que avanza la enfermedad, adquiere un patrón intersticial reticular bilateral, que puede afectar, incluso, a lóbulos medios, pero respetando los superiores. Existe “desflecamiento” de la silueta cardiaca (imagen de puerco espín), que se observa en casos avanzados, y que parece ser debida a fibrosis de la pleura mediastínica y tejido pulmonar circundante.Un dato característico de la asbestosis es la frecuente asociación con lesiones pleurales, en forma de engrosamiento de la hoja parietal, con calcificaciones o sin ellas, relacionadas también con la exposición al asbesto, y que se deben a la presencia de placas hialinas.
  • TAC torácica: valorando con mayor detalle el grado de extensión de las lesiones pleurales fibróticas y/o calcificadas asociadas, y puede complementar las limitaciones de la radiografía de tórax convencional, pero carece de especial interés en la valoración del grado de extensión de la afectación parenquimatosa pulmonar. (En ocasiones, en vez de una TAC convencional, es una TACAR la realizada, observándose alteraciones características con líneas subpleurales curvilíneas que parecen paralelas a la superficie pleural.)
  • Gammagrafía pulmonar con galio, cuantificando el grado de alveolitis, pero con poca especificidad.
  • Estudio de función pulmonar (espirometría): existe un patrón ventilatorio restrictivo con una disminución del DLCO (siendo ésta la prueba que más precozmente se altera).
  • Broncofibroscopia: en el BAL se observa aumento importante de neutrófilos y presencia de cuerpos ferrosos en la biopsia.

Tratamiento de la asbestosis

No existe tratamiento alguno, con excepción del uso de medidas de tipo sintomático.

Lo mas eficaz, como siempre, es la aplicación de medidas preventivas que impidan el desarrollo de las lesiones neumoconióticas. Utilizar mascarillas durante el trabajo, permanencia breve en lugares de riesgo, uso de aspiradores para limpiar la ropa (tanto la asbestosis como el mesotelioma se pueden encontrar en mujeres con exposición ambiental al limpiar la ropa de los trabajadores de alto riesgo)…

¿Cuándo debo acudir al médico?

Ante una disnea de esfuerzo que aumenta progresivamente, sin que exista una aparente causa que lo justifique (como sería un aumento de peso importante, reinicio de ejercicio tras estado de reposo prolongado por otra causa, etc.).

El antecedente de la exposición (ya sea de tipo profesional u otras, como estufas recubiertas de amianto, ropa ignífuga, etc.) debe ser puesto en conocimiento del médico de inmediato, lo que ayudará al diagnóstico sin demora de la patología originaria de su clínica.


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