Artrosis

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La artrosis (también denominada osteoartritis, término cada vez más utilizado en la literatura científica internacional) es una enfermedad crónica de las articulaciones, de origen fundamentalmente degenerativo. Es la enfermedad más frecuente del aparato locomotor y la principal causa de discapacidad en personas mayores. Su prevalencia aumenta con la edad: aproximadamente el 80 % de la población mayor de 75 años presenta algún signo radiológico de artrosis. Afecta a ambos sexos, aunque es más frecuente en mujeres a partir de los 50 años.

Es importante distinguir la artrosis de la artritis inflamatoria (como la artritis reumatoide o las espondiloartritis). Mientras que la artrosis se caracteriza por un deterioro progresivo del cartílago articular con un componente inflamatorio secundario, las artritis inflamatorias tienen un origen autoinmune o autoinflamatorio, con inflamación sinovial como mecanismo primario. Ambas entidades pueden coexistir, pero su manejo terapéutico es diferente.

¿Qué es la artrosis?

La artrosis primaria es una patología degenerativa multifactorial, en la que influyen varios factores de riesgo:

  • Obesidad: se relaciona de forma consistente con la artrosis de rodilla y, en menor medida, de cadera, tanto por la sobrecarga mecánica como por la liberación de mediadores inflamatorios asociados al tejido adiposo (adipocinas).
  • Herencia: existe un componente genético relevante, especialmente en las formas poliarticulares y en la artrosis nodal de las manos.
  • Osteoporosis: presenta una relación inversa con la artrosis, posiblemente relacionada con diferencias en el metabolismo óseo subcondral.
  • Tabaquismo: algunos estudios epidemiológicos observacionales han descrito una asociación inversa entre el tabaquismo y el desarrollo de artrosis de rodilla. Sin embargo, se trata de un hallazgo controvertido, probablemente influido por factores de confusión (como el índice de masa corporal), y en ningún caso debe interpretarse como un efecto protector ni como una recomendación. El tabaquismo sigue siendo un importante factor de riesgo cardiovascular y de otras enfermedades.
  • Edad y sexo: la prevalencia aumenta con la edad y es mayor en mujeres tras la menopausia.
  • Factores mecánicos: traumatismos previos, actividades deportivas de alto impacto y actividades laborales con riesgo de sobrecargas articulares repetidas.

También existen formas de artrosis secundarias, menos frecuentes, asociadas a causas identificables:

  • Por incongruencia mecánica de la articulación (displasias, secuelas de fracturas).
  • Por enfermedad inflamatoria articular previa (artritis reumatoide, artritis séptica).
  • Por enfermedades de origen endocrino (hipotiroidismo, acromegalia).
  • Por enfermedades metabólicas (hemocromatosis, enfermedad por depósito de cristales de pirofosfato cálcico).

Artrosis periférica

El origen de la artrosis radica en la degeneración del cartílago hialino articular. Actualmente se considera una enfermedad de toda la articulación, no solo del cartílago, con tres fenómenos principales:

  1. Destrucción del cartílago: adelgazamiento progresivo y formación de fisuras, con pérdida de proteoglicanos y alteración del colágeno tipo II.
  2. Remodelación ósea: esclerosis subcondral y neoformación de hueso en los márgenes articulares (osteofitos).
  3. Sinovitis secundaria: inflamación de la membrana sinovial, que contribuye a la progresión de la enfermedad y a la sintomatología.

Artrosis periférica

Artrosis central

En la columna vertebral, la artrosis está causada por dos mecanismos distintos que se producen de forma simultánea:

  • Artrosis de las articulaciones interapofisarias y uncovertebrales: son articulaciones con cartílago hialino, similares a las periféricas.
  • Degeneración de los discos intervertebrales (espondilosis): con esclerosis de las plataformas vertebrales y formación de osteofitos marginales. Puede dar lugar a estenosis del canal medular o de los agujeros de conjunción.

Síntomas de la artrosis

La artrosis aparece más frecuentemente en las siguientes articulaciones:

  • En los dedos: articulaciones interfalángicas distales y proximales.
  • En la trapeciometacarpiana (rizartrosis).
  • En la primera metatarsofalángica.
  • Coxofemoral.
  • Rodilla.
  • Columna cervical y lumbar.

Por el contrario, no suele haber artrosis en: carpos, codos, hombros, tobillos ni metacarpofalángicas. La presencia de artrosis en estas localizaciones atípicas debe hacer sospechar una artrosis secundaria.

Los síntomas y signos más frecuentes son:

  • Dolor mecánico: aumenta con la actividad y mejora con el reposo. En fases avanzadas puede aparecer dolor en reposo e incluso nocturno.
  • Rigidez tras inmovilidad: típicamente de corta duración (menos de 30 minutos), a diferencia de la rigidez matutina prolongada de las artritis inflamatorias.
  • Disminución de la movilidad articular.
  • Limitación funcional progresiva.
  • Dolor a la presión en la interlínea articular y sus márgenes.
  • Tumefacción articular: por derrame sinovial o proliferación ósea.
  • Crepitación: crujidos al realizar movimientos articulares.
  • Inestabilidad articular.
  • Deformidad articular: nódulos de Heberden (en articulaciones interfalángicas distales), nódulos de Bouchard (en interfalángicas proximales), genu varo y valgo en la artrosis de rodilla.

¿Cómo se diagnostica?

No existen criterios diagnósticos universales estrictos para la artrosis. La combinación de datos epidemiológicos, clínicos y radiológicos permite, en la mayoría de los casos, establecer un diagnóstico de certeza.

  • Analítica: es normal en la artrosis primaria. Los reactantes de fase aguda (VSG, PCR) no están elevados, a diferencia de las artritis inflamatorias. En las artrosis secundarias pueden encontrarse alteraciones propias de la enfermedad causal.
  • Líquido sinovial: es de tipo mecánico (no inflamatorio), claro, viscoso y con pocas células (habitualmente menos de 2000 leucocitos/mm³), a diferencia de la artritis microcristalina o infecciosa. En artrosis muy evolucionadas pueden encontrarse cristales de pirofosfato cálcico.
  • Radiografía: suele ser suficiente para el diagnóstico. Los hallazgos característicos incluyen: pinzamiento no uniforme de la interlínea articular, esclerosis del hueso subcondral, formación de osteofitos marginales y presencia de geodas (quistes subcondrales).
  • Otras pruebas de imagen: la resonancia magnética y la ecografía musculoesquelética pueden ser útiles en casos dudosos o para valorar el estado de partes blandas y sinovitis, aunque no son necesarias de forma rutinaria.

Tratamiento de la artrosis

El abordaje terapéutico de la artrosis debe ser multimodal e individualizado, combinando medidas no farmacológicas, farmacológicas y, en casos seleccionados, quirúrgicas. Las guías OARSI (Osteoarthritis Research Society International) y las recomendaciones de la SER (Sociedad Española de Reumatología) coinciden en que el tratamiento no farmacológico constituye el pilar fundamental.

Tratamiento no farmacológico

  • Educación del paciente: información sobre la enfermedad, su pronóstico y las medidas de autocuidado.
  • Ejercicio terapéutico: programas de ejercicio adaptado (fortalecimiento muscular, ejercicio aeróbico y de flexibilidad) han demostrado mejorar el dolor y la función articular.
  • Control del peso corporal: la pérdida de peso en pacientes con sobrepeso u obesidad reduce significativamente la sintomatología, especialmente en la artrosis de rodilla.
  • Fisioterapia y rehabilitación: incluye termoterapia (calor local), electroterapia y técnicas de terapia manual.
  • Higiene postural y protección articular: evitar sobrecargas articulares, uso de calzado adecuado, ayudas técnicas (bastones, ortesis) cuando sea necesario.

Tratamiento farmacológico

  • Paracetamol: se ha considerado tradicionalmente el analgésico de primera línea, aunque la evidencia reciente sugiere un efecto modesto. Las guías OARSI de 2019 recomiendan su uso de forma individualizada.
  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINE): eficaces para el dolor y la inflamación, pero deben utilizarse en la dosis más baja eficaz y durante el menor tiempo posible, dado el riesgo de efectos adversos gastrointestinales, cardiovasculares y renales. Los AINE tópicos (como el diclofenaco tópico) son una alternativa con mejor perfil de seguridad en la artrosis de rodilla y manos.
  • Infiltraciones intraarticulares de corticoides: útiles en brotes inflamatorios con derrame sinovial. Su efecto es temporal.
  • Ácido hialurónico intraarticular (viscosuplementación): puede considerarse en pacientes con artrosis de rodilla que no responden adecuadamente a otros tratamientos, aunque su eficacia es debatida.
  • Otros fármacos: los denominados SYSADOA (condroitín sulfato, glucosamina) se utilizan ampliamente, aunque la evidencia sobre su eficacia es heterogénea. Las guías europeas (ESCEO) los consideran una opción, mientras que otras guías son más restrictivas.

Tratamiento quirúrgico

Se reserva para artrosis evolucionadas con una repercusión importante en la calidad de vida del paciente, gran limitación funcional o dolor intenso que no responde a medidas conservadoras. Las opciones incluyen:

  • Artroscopia: papel limitado y controvertido en la artrosis; no se recomienda de forma rutinaria.
  • Osteotomía correctora: por ejemplo, la osteotomía valguizante de tibia en pacientes jóvenes con artrosis unicompartimental de rodilla con genu varo.
  • Artroplastia (prótesis articular): fundamentalmente en cadera y rodilla, con excelentes resultados funcionales y de alivio del dolor a largo plazo.

¿Cómo puedo prevenir la artrosis?

Las principales medidas preventivas incluyen:

  • Mantener un peso corporal adecuado: la obesidad es el factor de riesgo modificable más importante.
  • Realizar ejercicio físico regular: fortalece la musculatura periarticular y mejora la estabilidad articular.
  • Buena higiene postural: aprender a agacharse, sentarse y coger pesos de forma correcta.
  • Evitar sobrecargas articulares repetidas: tanto en el ámbito laboral como deportivo.
  • Tratar precozmente las lesiones articulares: las lesiones meniscales y ligamentosas no tratadas favorecen el desarrollo de artrosis secundaria.

Referencias

  1. Sociedad Española de Reumatología (SER). Manual SER de enfermedades reumáticas. 6.ª ed. Madrid: Elsevier; 2014.
  2. Bannuru RR, Osani MC, Vaysbrot EE, et al. OARSI guidelines for the non-surgical management of knee, hip, and polyarticular osteoarthritis. Osteoarthritis Cartilage. 2019;27(11):1578-1589.
  3. Bruyère O, Honvo G, Veronese N, et al. An updated algorithm recommendation for the management of knee osteoarthritis from the European Society for Clinical and Economic Aspects of Osteoporosis, Osteoarthritis and Musculoskeletal Diseases (ESCEO). Semin Arthritis Rheum. 2019;49(3):337-350.
  4. Kolasinski SL, Neogi T, Hochberg MC, et al. 2019 American College of Rheumatology/Arthritis Foundation guideline for the management of osteoarthritis of the hand, hip, and knee. Arthritis Rheumatol. 2020;72(2):220-233.
  5. Loeser RF, Goldring SR, Scanzello CR, Goldring MB. Osteoarthritis: a disease of the joint as an organ. Arthritis Rheum. 2012;64(6):1697-1707.
Gabriel Giner

Escrito por

Gabriel Giner

Editor

Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.

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