Arteriosclerosis
Tabla de contenidos
- 1.Arteriosclerosis y aterosclerosis: diferencias clave
- 2.¿Qué es la aterosclerosis?
- Proceso de desarrollo de la aterosclerosis
- 3.Causas y factores de riesgo
- Factores no modificables
- Factores modificables
- 4.Evaluación del riesgo cardiovascular: SCORE2
- 5.Síntomas de la arteriosclerosis
- 6.¿Cómo se diagnostica?
- Pruebas diagnósticas
- 7.Tratamiento
- Tratamiento farmacológico
- Procedimientos de revascularización
- 8.Posibles complicaciones de la arteriosclerosis
- Ictus
- Aneurisma de aorta
- Cardiopatía isquémica: angina de pecho e infarto de miocardio
- Enfermedad renal crónica
- Enfermedad arterial periférica
- 9.¿Cómo prevenir la arteriosclerosis?
- Alimentación saludable
- Ejercicio físico regular
- Control del peso corporal
- Abandono del tabaco
- Control del estrés
- Control médico periódico
- Conclusión
- 10.Referencias
La arteriosclerosis es un término general que engloba el endurecimiento y la pérdida de elasticidad de las arterias. Dentro de este concepto, la forma más frecuente y clínicamente relevante es la aterosclerosis, que se produce cuando se acumulan depósitos de grasa, colesterol, calcio y otras sustancias —conocidos como placas de ateroma— en la capa íntima de las paredes arteriales. Como consecuencia, la luz del vaso se estrecha progresivamente, dificultando el flujo sanguíneo y aumentando el riesgo de obstrucción.
Se trata de una enfermedad de carácter grave, aunque silenciosa. Los pacientes no suelen presentar síntomas hasta que la placa acumulada compromete de forma significativa el flujo sanguíneo. La arteriosclerosis puede afectar a cualquiera de las arterias del cuerpo: coronarias, carótidas, cerebrales, renales, mesentéricas y de las extremidades inferiores.
Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), las enfermedades del sistema circulatorio representan aproximadamente el 26-27 % de todas las defunciones que se producen anualmente en España, constituyendo una de las dos primeras causas de mortalidad junto con los tumores. Aunque se tiende a creer que la arteriosclerosis afecta únicamente a personas mayores, lo cierto es que en los últimos años el número de pacientes de entre 40 y 50 años diagnosticados ha aumentado, en parte debido a la mayor prevalencia de factores de riesgo como la obesidad, el sedentarismo y la diabetes tipo 2 en edades más tempranas.
Arteriosclerosis y aterosclerosis: diferencias clave
Es importante distinguir entre estos dos términos, ya que a menudo se utilizan de forma indistinta:
- Arteriosclerosis: es el término genérico que designa cualquier proceso de endurecimiento y engrosamiento de las paredes arteriales, con pérdida de su elasticidad natural. Incluye varias formas, como la esclerosis de la media de Mönckeberg y la arteriolosclerosis.
- Aterosclerosis: es el subtipo más común de arteriosclerosis. Se caracteriza por la formación de placas de ateroma (compuestas por lípidos, células inflamatorias, tejido fibroso y calcio) en la capa íntima de arterias de mediano y gran calibre.
En la práctica clínica, cuando se habla de arteriosclerosis, en la mayoría de los casos se hace referencia a la aterosclerosis, ya que es la forma con mayor repercusión clínica y epidemiológica.
¿Qué es la aterosclerosis?
La aterosclerosis es una enfermedad inflamatoria crónica de las arterias en la que se produce una acumulación progresiva de placas de ateroma en el interior de las paredes arteriales. Se conoce como placa de ateroma a un depósito compuesto por lípidos (principalmente colesterol LDL oxidado), células inflamatorias, tejido fibroso y calcio.
Con el paso del tiempo, la placa crece y se endurece, estrechando la luz arterial y limitando el flujo sanguíneo. En los casos más graves, la placa puede llegar a ocluir por completo la arteria, impidiendo el aporte de sangre oxigenada a órganos vitales como el cerebro o el corazón. Además, una placa inestable puede romperse y desencadenar la formación de un trombo, provocando un evento cardiovascular agudo.
Por lo general, este proceso no produce síntomas hasta que la arteria afectada se estrecha de forma significativa (habitualmente más del 70 % de su luz). Así, un alto porcentaje de pacientes con aterosclerosis desconocen que padecen esta enfermedad hasta el momento en el que sufren un evento cardiovascular o cerebrovascular agudo.
Proceso de desarrollo de la aterosclerosis
El desarrollo de la enfermedad comienza con una lesión o disfunción del endotelio arterial, favorecida por factores como la hipertensión, el tabaquismo, la hiperglucemia o las alteraciones lipídicas. Esta disfunción endotelial permite la infiltración de lipoproteínas de baja densidad (LDL) en la pared arterial, donde se oxidan y desencadenan una respuesta inflamatoria.
Los macrófagos acuden a la zona y fagocitan el colesterol oxidado, transformándose en células espumosas. Esta acumulación de células espumosas forma la estría grasa, la lesión aterosclerótica más temprana. Con el tiempo, se depositan más lípidos, proliferan las células musculares lisas y se forma una capa fibrosa que recubre el núcleo lipídico, dando lugar a la placa de ateroma madura.
Como consecuencia, aquellos órganos y tejidos conectados a las arterias afectadas no reciben el aporte sanguíneo que necesitan para funcionar adecuadamente.
En algunos casos, la capa fibrosa de la placa se adelgaza y se rompe, exponiendo el contenido trombogénico del núcleo lipídico al torrente sanguíneo. Esto desencadena la formación de un trombo que puede bloquear de forma súbita el flujo sanguíneo, provocando un infarto de miocardio o un ictus.
Causas y factores de riesgo

Factores no modificables
Genética y antecedentes familiares
Cuando la aterosclerosis se presenta antes de los 55 años en varones o de los 65 años en mujeres, en la gran mayoría de los casos existen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura. La predisposición genética influye en el metabolismo lipídico, la respuesta inflamatoria y la función endotelial.
Edad y sexo
El riesgo de aterosclerosis aumenta con la edad. Los varones presentan mayor incidencia a partir de los 45 años, mientras que en las mujeres el riesgo se incrementa tras la menopausia, cuando se pierde el efecto protector de los estrógenos.
Factores modificables
Hipertensión arterial
La presión arterial elevada de forma sostenida daña el endotelio vascular y acelera la formación de placas de ateroma. Se estima que aproximadamente el 33 % de los adultos en España padecen hipertensión, lo que la convierte en uno de los factores de riesgo más prevalentes.
Dislipidemia
Es fundamental distinguir entre los distintos tipos de lipoproteínas. Los niveles elevados de colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad) constituyen uno de los principales factores aterogénicos, ya que facilitan el depósito de colesterol en la pared arterial. Por el contrario, niveles adecuados de colesterol HDL (lipoproteínas de alta densidad) ejercen un efecto protector al facilitar el transporte reverso del colesterol. Asimismo, los triglicéridos elevados y la lipoproteína (a) se asocian a un mayor riesgo cardiovascular.
Tabaquismo
El tabaquismo es uno de los factores de riesgo más importantes para el desarrollo de aterosclerosis. Favorece la disfunción endotelial, aumenta la oxidación del colesterol LDL, eleva la frecuencia cardíaca y la tensión arterial, y promueve un estado protrombótico. El abandono del hábito tabáquico reduce significativamente el riesgo cardiovascular, con un beneficio apreciable ya en los primeros meses.
Diabetes mellitus
Los pacientes con diabetes, especialmente tipo 2, presentan un riesgo cardiovascular considerablemente mayor. La hiperglucemia crónica acelera el proceso aterosclerótico a través de la glicosilación de proteínas, el estrés oxidativo y la inflamación vascular. Además, la diabetes suele asociarse a dislipidemia aterogénica (triglicéridos elevados, HDL bajo y partículas LDL pequeñas y densas).
Obesidad y sedentarismo
El exceso de peso, especialmente la obesidad abdominal, se asocia a resistencia a la insulina, hipertensión, dislipidemia y un estado proinflamatorio crónico, todos ellos promotores de la aterosclerosis. La falta de actividad física regular agrava estos factores.
Evaluación del riesgo cardiovascular: SCORE2
Las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) de 2021 sobre prevención cardiovascular introducen el sistema SCORE2 como herramienta de referencia para estimar el riesgo cardiovascular a 10 años en personas aparentemente sanas de entre 40 y 69 años. Para mayores de 70 años se utiliza el SCORE2-OP.
A diferencia del antiguo SCORE, que solo estimaba el riesgo de eventos cardiovasculares mortales, el SCORE2 incluye también los eventos no mortales (infarto de miocardio e ictus), lo que ofrece una estimación más completa y realista del riesgo.
El SCORE2 clasifica a los pacientes en categorías de riesgo (bajo, moderado, alto y muy alto) en función de la edad, el sexo, el tabaquismo, la presión arterial sistólica y el colesterol no-HDL. España se encuentra en la región de bajo riesgo cardiovascular dentro de Europa.
Esta estratificación es fundamental para tomar decisiones terapéuticas individualizadas, como el inicio de tratamiento farmacológico con estatinas o antihipertensivos.
Síntomas de la arteriosclerosis

La aterosclerosis es una enfermedad cuyo desarrollo se produce de manera gradual a lo largo de décadas. En las etapas iniciales no produce ningún síntoma, por lo que se la denomina frecuentemente «el asesino silencioso».
Los primeros indicios aparecen cuando la acumulación de placa estrecha significativamente una arteria o cuando se produce un evento trombótico agudo, de modo que el flujo sanguíneo hacia órganos y tejidos se ve comprometido, ya sea parcial o completamente.
Los síntomas dependen de cuáles sean las arterias afectadas:
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Arterias coronarias (corazón): dolor opresivo en el centro del pecho (angina de pecho), que puede irradiarse al brazo izquierdo, la mandíbula o la espalda. También puede manifestarse como disnea de esfuerzo y malestar general. Es la presentación más frecuente.
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Arterias carótidas y cerebrales: los síntomas pueden ser muy diversos e incluyen hormigueo o debilidad en las extremidades, dificultad para hablar (disartria), pérdida temporal de la visión (amaurosis fugaz), parálisis facial y confusión. Son signos de carácter grave que sugieren un accidente isquémico transitorio o un ictus establecido y requieren atención médica urgente.
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Arterias de las extremidades inferiores (enfermedad arterial periférica): el síntoma más característico es la claudicación intermitente, es decir, dolor en las pantorrillas o los muslos al caminar que cede con el reposo. En fases avanzadas puede aparecer dolor en reposo y úlceras isquémicas.
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Arterias renales: puede causar hipertensión arterial de difícil control e insuficiencia renal progresiva.
Ante la presencia de cualquier síntoma que sugiera aterosclerosis es imprescindible acudir al médico con la mayor brevedad posible. El diagnóstico y el tratamiento en fases iniciales pueden prevenir un accidente cerebrovascular, un infarto de miocardio o cualquier otra emergencia cardiovascular.
¿Cómo se diagnostica?
Ante el más mínimo síntoma que indique el compromiso del flujo arterial es importante buscar atención médica. En primer lugar, el profesional sanitario realiza una historia clínica detallada, evaluando los antecedentes personales y familiares, los factores de riesgo y los síntomas presentados.
A continuación, procede con un examen físico en el que valora el pulso en distintos territorios arteriales, la presión arterial, la presencia de soplos en las arterias (carótidas, femorales, abdominales) y el índice tobillo-brazo. Si sospecha de aterosclerosis, solicita la realización de una serie de pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico.
Pruebas diagnósticas
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Análisis de sangre: para evaluar el perfil lipídico completo (colesterol total, LDL, HDL, triglicéridos), la glucemia, la hemoglobina glicosilada (HbA1c), la función renal y los marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva de alta sensibilidad (PCR-hs).
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Electrocardiograma (ECG): registra la actividad eléctrica del corazón y puede detectar signos de isquemia miocárdica o infartos previos.
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Ecocardiograma: permite valorar la función cardíaca y detectar alteraciones de la contractilidad sugestivas de cardiopatía isquémica.
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Ecografía Doppler carotídea: mide el grosor íntima-media de las arterias carótidas y detecta la presencia de placas, siendo un marcador de aterosclerosis subclínica.
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Prueba de esfuerzo (ergometría): evalúa la respuesta cardíaca al ejercicio y puede revelar isquemia inducible.
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Angio-TC coronaria (escáner coronario): permite visualizar de forma no invasiva las arterias coronarias y cuantificar la carga de calcio coronario (score de calcio), un predictor potente de eventos cardiovasculares.
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Cateterismo cardíaco (coronariografía): es la prueba de referencia para evaluar de forma directa el estado de las arterias coronarias. Permite visualizar las estenosis y, en el mismo procedimiento, realizar una intervención terapéutica si está indicada.
Tratamiento

El tratamiento de la aterosclerosis se basa en tres pilares fundamentales: la modificación del estilo de vida, el tratamiento farmacológico y, en los casos más graves, los procedimientos de revascularización.
Tratamiento farmacológico
Estatinas
Las estatinas (atorvastatina, rosuvastatina, simvastatina, entre otras) constituyen el pilar farmacológico del tratamiento de la aterosclerosis. Actúan inhibiendo la enzima HMG-CoA reductasa, reduciendo así la síntesis hepática de colesterol y los niveles plasmáticos de colesterol LDL. Además de su efecto hipolipemiante, las estatinas poseen propiedades antiinflamatorias, estabilizan las placas de ateroma y mejoran la función endotelial. Las guías ESC recomiendan objetivos de LDL inferiores a 55 mg/dl en pacientes de muy alto riesgo cardiovascular.
Antiagregantes plaquetarios
El ácido acetilsalicílico (aspirina) a dosis bajas y otros antiagregantes como el clopidogrel reducen el riesgo de formación de trombos sobre las placas de ateroma. Están indicados en prevención secundaria (pacientes que ya han sufrido un evento cardiovascular).
Antihipertensivos
Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), los antagonistas del receptor de angiotensina II (ARA-II), los betabloqueantes y los diuréticos son fármacos empleados para controlar la presión arterial, reduciendo así el daño vascular y el riesgo de eventos cardiovasculares. Los betabloqueantes, además, reducen la frecuencia cardíaca y la demanda miocárdica de oxígeno, disminuyendo el riesgo de infarto.
Otros fármacos hipolipemiantes
En pacientes que no alcanzan objetivos de LDL con estatinas, se pueden añadir ezetimiba (que inhibe la absorción intestinal de colesterol) o inhibidores de PCSK9 (como evolocumab o alirocumab), anticuerpos monoclonales con un potente efecto reductor del colesterol LDL.
Procedimientos de revascularización
En algunos casos es necesario recurrir a procedimientos invasivos para restablecer el flujo sanguíneo:
- Angioplastia coronaria percutánea con implantación de stent: consiste en la introducción de un catéter con un balón en su extremo a través de una arteria hasta el punto de la estenosis. Al inflar el balón se dilata la arteria y se implanta un stent (malla metálica) para mantenerla abierta. Los stents farmacoactivos liberan fármacos que previenen la reestenosis.
- Endarterectomía carotídea: intervención quirúrgica en la que se abre la arteria carótida y se extrae la placa de ateroma de su interior. Está indicada en estenosis carotídeas significativas (generalmente superiores al 70 %) con el objetivo de prevenir el ictus.
- Cirugía de bypass (derivación) coronario: consiste en crear una vía alternativa para la sangre utilizando injertos vasculares (arteria mamaria interna, vena safena) que sortean las arterias coronarias obstruidas. Está indicada en enfermedad coronaria multivaso o afectación del tronco coronario izquierdo.
Posibles complicaciones de la arteriosclerosis
Ictus
El ictus se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo a una zona del cerebro, ya sea por oclusión trombótica o embólica de una arteria cerebral. Las neuronas, al verse privadas de oxígeno y nutrientes, comienzan a sufrir daño irreversible en cuestión de minutos. Se trata de una emergencia médica que requiere atención inmediata.
Los síntomas aparecen de forma repentina e incluyen: parálisis o debilidad facial (generalmente unilateral), dificultad para hablar o comprender el lenguaje, confusión, mareo, pérdida de equilibrio, alteraciones visuales y cefalea intensa y súbita. Ante estos síntomas, es fundamental llamar al 112 de forma inmediata.
Aneurisma de aorta
Un aneurisma de aorta es una dilatación anómala y localizada de la pared aórtica, el vaso sanguíneo de mayor calibre del organismo. La aterosclerosis debilita la pared arterial, favoreciendo su dilatación progresiva. Por lo general, los aneurismas crecen de manera lenta y silenciosa.
A medida que aumentan de tamaño, pueden aparecer síntomas como dolor en el pecho o en la espalda, tos y dificultad para respirar. La complicación más temida es la rotura, que provoca una hemorragia masiva con una mortalidad muy elevada.
Cardiopatía isquémica: angina de pecho e infarto de miocardio
Se produce cuando las placas de ateroma comprometen las arterias coronarias, que son las encargadas de irrigar el músculo cardíaco. La placa estrecha progresivamente la luz arterial, reduciendo el aporte de sangre al miocardio. Además, el riesgo de que se formen trombos sobre una placa inestable es elevado, lo que puede interrumpir el flujo sanguíneo de forma parcial o completa.
Cuando el flujo de sangre se reduce de forma transitoria y reversible, se produce la angina de pecho, que se manifiesta como dolor u opresión en el centro del pecho, generalmente relacionado con el esfuerzo. Cuando la oclusión es completa y prolongada (habitualmente más de 20 minutos), se produce el infarto agudo de miocardio, con necrosis (muerte) del tejido cardíaco afectado.
Enfermedad renal crónica
La aterosclerosis puede afectar a las arterias renales, provocando una reducción del flujo sanguíneo a los riñones (estenosis de la arteria renal). Si no se diagnostica y trata a tiempo, puede dar lugar a la enfermedad renal crónica, un trastorno en el que los riñones van perdiendo su capacidad de filtración de forma progresiva e irreversible. También puede ser causa de hipertensión arterial refractaria al tratamiento convencional.
Enfermedad arterial periférica
La afectación aterosclerótica de las arterias de las extremidades inferiores puede causar claudicación intermitente, dolor en reposo y, en fases avanzadas, úlceras y gangrena que pueden requerir amputación.
¿Cómo prevenir la arteriosclerosis?

La aterosclerosis es una enfermedad en gran medida prevenible. La clave está en el control riguroso de los factores de riesgo cardiovascular y en la adopción de un estilo de vida cardiosaludable.
Alimentación saludable
Es esencial seguir una dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado azul, aceite de oliva virgen extra y frutos secos. Conviene limitar el consumo de grasas saturadas, grasas trans, azúcares añadidos y sal. El estudio PREDIMED demostró que la dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos reduce significativamente los eventos cardiovasculares.
Ejercicio físico regular
La actividad física regular es uno de los pilares de la prevención cardiovascular. Las guías recomiendan al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada (caminar a paso ligero, nadar, montar en bicicleta) o 75 minutos de actividad intensa, complementados con ejercicios de fuerza muscular dos días por semana.
Control del peso corporal
Mantener un índice de masa corporal (IMC) entre 18,5 y 24,9 kg/m² y un perímetro abdominal inferior a 94 cm en varones y 80 cm en mujeres. La obesidad, especialmente la abdominal, se asocia a un perfil metabólico desfavorable que acelera la aterosclerosis.
Abandono del tabaco
El cese del hábito tabáquico es la medida preventiva individual más eficaz. El riesgo cardiovascular comienza a descender ya en las primeras semanas tras dejar de fumar y se iguala al de los no fumadores aproximadamente a los 10-15 años.
Control del estrés
El estrés crónico contribuye al desarrollo de la aterosclerosis a través de la activación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal y del sistema nervioso simpático. Técnicas como la meditación, el mindfulness, la actividad física regular y un adecuado descanso nocturno ayudan a gestionar el estrés de forma saludable.
Control médico periódico
Es recomendable realizar revisiones médicas periódicas para monitorizar la presión arterial, el perfil lipídico, la glucemia y otros factores de riesgo, especialmente a partir de los 40 años.
Conclusión
Las arterias son vasos sanguíneos que se encargan de transportar sangre rica en oxígeno a todos los órganos y tejidos del cuerpo. Cuando las paredes de estas arterias se deterioran y se acumulan depósitos de lípidos, colesterol, calcio y tejido fibroso, se va formando de manera progresiva la placa de ateroma, que es el sustrato de la aterosclerosis. Las paredes arteriales pierden su elasticidad y la luz del vaso se estrecha, comprometiendo el flujo sanguíneo.
Se trata de una enfermedad de carácter grave que requiere un diagnóstico precoz y un tratamiento integral. El principal objetivo terapéutico es reducir el riesgo de eventos cardiovasculares graves, como el infarto de miocardio y el ictus, y mejorar la calidad de vida del paciente.
La arteriosclerosis, y en particular la aterosclerosis, continúa siendo la principal causa de morbimortalidad a nivel mundial. No obstante, gracias a los avances en la estratificación del riesgo, el tratamiento farmacológico y las técnicas de revascularización, es una enfermedad tratable y, en gran medida, prevenible.
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National Heart, Lung, and Blood Institute (NHLBI). Aterosclerosis. Disponible en: https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/aterosclerosis

Escrito por
Janire ManzanasPeriodista de salud
Universidad del País Vasco
Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.