Disbiosis intestinal: síntomas, causas y tratamiento

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Disbiosis intestinal: síntomas, causas y tratamiento
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La disbiosis intestinal es una alteración del equilibrio de la microbiota intestinal que se ha vuelto cada vez más frecuente en la sociedad actual. Se asocia principalmente a los hábitos de vida poco saludables, y en muchos casos se ve potenciada por una dieta inadecuada con un alto consumo de alimentos ultraprocesados, azúcares y grasas saturadas.

En general, se caracteriza por la aparición de molestias gastrointestinales. Sin embargo, la evidencia científica indica que la disbiosis puede influir en el desarrollo de diversas patologías, como enfermedades inflamatorias, metabólicas e incluso cardiovasculares. También puede afectar a ciertas funciones neurológicas debido a la relación existente entre el intestino y el sistema nervioso central, conocida como eje intestino-cerebro.

¿Qué es la disbiosis intestinal?

Para comprender este término es necesario conocer qué es la microbiota intestinal y su relación con la salud humana. Este concepto hace referencia al conjunto de microorganismos que habitan en el tracto gastrointestinal. En muchos casos se la denomina erróneamente flora intestinal; aunque no es el término más preciso, sigue siendo el más utilizado por los pacientes.

Se trata de un ecosistema diverso, conocido como microbioma, donde conviven bacterias, hongos, arqueas, virus y levaduras. Estos microorganismos desempeñan funciones esenciales para la salud, entre ellas el mantenimiento de las defensas del sistema inmunitario. De hecho, se estima que aproximadamente el 70 % de las células inmunitarias del organismo se encuentran en el tejido linfoide asociado al intestino (GALT), lo que convierte al tracto gastrointestinal en un órgano clave para la inmunidad.

Disbiosis intestinal

Para que la microbiota cumpla adecuadamente cada una de sus funciones, es necesario que permanezca en equilibrio. Cuando se produce un desbalance o una ruptura de dicho equilibrio, se habla de disbiosis intestinal. Esto puede traducirse en una disminución o aumento de la cantidad de determinados microorganismos. Incluso aquellos que normalmente son beneficiosos, en cantidades excesivas pueden desencadenar problemas de salud al alterar las funciones biológicas del organismo.

Tipos de disbiosis intestinal

Si bien en todos los casos se trata de una alteración del equilibrio de los microorganismos que habitan en el intestino, la forma en que se produce permite diferenciar tres tipos principales de disbiosis intestinal:

Aumento de la presencia de bacterias patógenas

En la microbiota intestinal se puede observar la presencia de bacterias potencialmente patógenas que se encuentran de manera natural como parte del ecosistema. Mientras se mantengan en una cantidad controlada y adecuada, no representan un riesgo para la salud.

Cuando se produce un aumento en el crecimiento de estos microorganismos es cuando comienzan a desarrollarse problemas. En general, se hace referencia a especies como Escherichia coli y Shigella, ambas pertenecientes a la familia Enterobacteriaceae. Este tipo de disbiosis se ha asociado con frecuencia a enfermedades autoinmunes como la enfermedad de Crohn.

Disminución de microorganismos beneficiosos

Se relaciona con la pérdida de microorganismos que cumplen funciones esenciales para el correcto funcionamiento del organismo. Muchos de ellos participan en la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el butirato, el propionato y el acetato, los cuales poseen una importante acción antiinflamatoria y pueden contribuir a la prevención de enfermedades inflamatorias. Esto se logra gracias a que favorecen la producción de células inmunitarias y, al mismo tiempo, modulan la producción de determinadas citoquinas proinflamatorias.

Las bifidobacterias y los lactobacilos, pertenecientes al grupo de bacterias grampositivas, no solo cumplen esta función. También se les han atribuido beneficios para el fortalecimiento del sistema inmunitario, y además ayudan a mantener la integridad de la barrera protectora intestinal, contribuyendo a combatir patógenos.

Al reconocer su importancia, se comprende que una disbiosis intestinal de este tipo puede afectar a las defensas del sistema inmunitario. De esta manera, el organismo se vuelve más susceptible ante cualquier microorganismo nocivo. Este tipo de disbiosis se encuentra generalmente relacionado con hábitos de vida poco saludables.

Pérdida de diversidad microbiana

La presencia de una microbiota diversa influye de manera positiva en la salud de la persona. Cuando se produce un desequilibrio y se pierde diversidad, pueden aparecer determinadas enfermedades o síntomas. Este tipo de disbiosis se ha relacionado estrechamente con las alergias, el desarrollo de asma y otras enfermedades atópicas.

Síntomas

Cuando se produce la disbiosis intestinal, es muy habitual que aparezcan molestias digestivas. Sin embargo, no todos los síntomas pertenecen a este grupo, ya que la sintomatología puede ser amplia e inespecífica. Los signos y síntomas más frecuentes incluyen:

  • Problemas gastrointestinales: diarrea, distensión abdominal, estreñimiento, acidez, gases y malabsorción, entre otros.
  • Alteración de los procesos metabólicos como consecuencia de una absorción deficiente de nutrientes.
  • Problemas musculares y articulares, siendo frecuente la inflamación de las articulaciones.
  • Mayor susceptibilidad ante infecciones.
  • Problemas cutáneos como la aparición de eccema, prurito, erupciones y acné, entre otros.
  • Cansancio sin causa aparente.
  • Dolor de cabeza y migrañas.
  • Aparición de intolerancias alimentarias al producirse dificultad en la digestión de ciertos alimentos, estrechamente relacionada con las alteraciones metabólicas.
  • Irritabilidad y cambios de humor.
  • Problemas para conciliar el sueño.
  • Retención de líquidos.

Síntomas de la disbiosis intestinal

En algunos casos, la disbiosis se presenta como un cuadro inespecífico no asociado directamente a ninguna enfermedad concreta, lo que dificulta el diagnóstico y afecta a la calidad de vida del paciente. No obstante, esta alteración de la microbiota puede aumentar la probabilidad de desarrollar trastornos como la obesidad, la diabetes tipo 2 o el síndrome metabólico. Incluso se ha relacionado con alteraciones neurológicas a través del eje intestino-cerebro.

Causas de la disbiosis intestinal

La disbiosis intestinal está provocada por una alteración de la composición o la función de la microbiota intestinal. La gravedad del cuadro dependerá en gran medida de la causa que lo haya originado. En este sentido, se distingue entre una disbiosis transitoria, cuando se produce un aumento puntual de bacterias patógenas o una disminución de bacterias beneficiosas, y una disbiosis persistente o patológica, cuando se ven alterados ambos grupos de bacterias. Esta última suele encontrarse asociada a otros problemas de salud como alergias o enfermedades inflamatorias crónicas.

Entre las causas más frecuentes se encuentran las siguientes:

Antibióticos

Son medicamentos esenciales para combatir infecciones bacterianas. Sin embargo, su acción no es selectiva y puede afectar también a las bacterias beneficiosas, por lo que solo deben prescribirse cuando es estrictamente necesario. Un uso inadecuado o abusivo de estos fármacos puede favorecer que las bacterias desarrollen resistencia al antibiótico, lo que da lugar a infecciones más complicadas y difíciles de tratar.

Al producirse como efecto secundario la eliminación de bacterias beneficiosas, se favorece la proliferación de bacterias potencialmente patógenas presentes de forma habitual en el tracto intestinal, lo que origina la disbiosis. Esta alteración de la microbiota puede desencadenar infecciones gastrointestinales, colitis asociada a antibióticos u otras complicaciones. Por ello, es fundamental cumplir el tratamiento según las indicaciones del médico y no automedicarse.

Alto consumo de proteína animal

Si bien el consumo de proteína animal es importante para cubrir las necesidades nutricionales del organismo, en cantidades excesivas puede contribuir a generar un cuadro de disbiosis intestinal. Esto se ha asociado especialmente al consumo elevado de carnes rojas y procesadas, que pueden alterar la composición de la microbiota.

Una dieta con un alto contenido en proteína animal se ha relacionado con cuadros inflamatorios y un aumento del riesgo de cáncer colorrectal. Se asocia al hecho de que la ruptura del equilibrio de la microbiota puede provocar una disfunción de la barrera intestinal, incrementando la vulnerabilidad ante patógenos y sustancias proinflamatorias.

Dieta inadecuada

Esta causa se relaciona con un aumento en la ingesta de ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares refinados. Los alimentos pertenecientes a este grupo favorecen la fermentación bacteriana anómala, lo cual tiene un efecto negativo sobre las bacterias beneficiosas encargadas de la producción de ácidos grasos de cadena corta.

Cuando se reduce la producción de estos ácidos grasos, puede aumentar la permeabilidad intestinal, lo que permite que el organismo absorba sustancias potencialmente tóxicas. En muchos casos, este fenómeno se ha asociado a cuadros de inflamación crónica que pueden derivar en otras patologías.

También se incluye en este apartado el bajo consumo de fibra, especialmente fibra fermentable. La fibra posee un efecto prebiótico que permite a las bacterias beneficiosas obtener los nutrientes necesarios para realizar sus funciones. Asimismo, se ha descrito que la fibra ejerce un efecto protector frente a determinadas enfermedades, incluidos ciertos tipos de cáncer. Una ingesta insuficiente de fibra puede provocar un desequilibrio en la composición de la microbiota.

Disminución del consumo de frutas y verduras

El consumo de frutas y verduras es esencial para favorecer la producción de ácidos grasos de cadena corta. Además, son una fuente clave de antioxidantes, que aportan un efecto antiinflamatorio y fortalecen el sistema inmunitario para combatir patógenos y enfermedades. Muchos de estos alimentos poseen una acción prebiótica que favorece el equilibrio de la microbiota.

Cuando se reduce su consumo, existe un mayor riesgo de que se genere disbiosis intestinal. Esto se asocia especialmente al hecho de que se priorizan otros tipos de alimentos menos saludables, lo que provoca la disminución de bacterias beneficiosas o la proliferación de bacterias patógenas.

Hábitos poco saludables

En primer lugar, destaca el consumo de tabaco y alcohol. Se trata de sustancias nocivas para la salud que, en relación con la microbiota, pueden crear un desequilibrio que favorezca la absorción de sustancias tóxicas. Esto se debe a un debilitamiento de la barrera intestinal, que se vuelve excesivamente permeable.

También influye la falta de actividad física o el sedentarismo. La inactividad puede afectar a la salud metabólica de la persona e incidir negativamente sobre el ecosistema de bacterias intestinales.

Asimismo, las personas que padecen sobrepeso u obesidad tienden a presentar disbiosis intestinal con mayor frecuencia. Una vez instaurado el cuadro, puede resultar más fácil ganar peso, lo que genera un círculo vicioso difícil de romper. Por ello, es fundamental mantener una dieta equilibrada y un estilo de vida activo para preservar el equilibrio de la microbiota.

Diagnóstico

Para diagnosticar adecuadamente la disbiosis intestinal es necesario realizar un análisis que permita evaluar la composición de los microorganismos presentes en las heces. Este estudio suele solicitarse después de que el paciente acuda a consulta médica y describa su sintomatología.

Diagnóstico de disbiosis

Entre los microorganismos que se investigan con mayor frecuencia se encuentran Lactobacillus, Escherichia coli, Enterococcus, Bifidobacterium, Bacteroides spp. y Prevotella. También se realizan estudios complementarios para descartar la presencia de virus o parásitos.

Tratamiento y prevención

Para aplicar un tratamiento eficaz es necesario identificar la causa subyacente de la disbiosis intestinal. El abordaje terapéutico debe ser individualizado y personalizado, e incluye habitualmente el uso de probióticos y prebióticos. También se considera esencial tratar la causa subyacente cuando se identifique, acompañando todo ello de una dieta equilibrada. En caso de que se detecte una proliferación de alguna bacteria patógena, puede estar indicado el uso de antibióticos específicos para controlar su crecimiento.

Además del tratamiento, es fundamental adoptar medidas preventivas que ayuden a evitar la aparición de estos cuadros:

  • Lavar y desinfectar las frutas y verduras adecuadamente. Del mismo modo, se recomienda cocinar correctamente los alimentos de origen animal.
  • Mantener una dieta variada y equilibrada, con un alto consumo de frutas y verduras.
  • Aumentar el consumo de fibra y alimentos prebióticos.
  • Incluir alimentos probióticos en la dieta, como el yogur natural o el kéfir.
  • Realizar actividad física de forma regular.
  • Reducir el consumo de grasas saturadas, ultraprocesados y azúcares refinados.
  • Lograr un descanso adecuado y mantener una buena higiene del sueño.
  • Evitar el estrés crónico y el consumo de sustancias nocivas como el alcohol y el tabaco.

Referencias

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Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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