Pápulas perladas: qué son, síntomas y tratamiento

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Pápulas perladas: qué son, síntomas y tratamiento
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Las pápulas perladas (denominadas en terminología médica hirsuties coronae glandis o hirsuties papillaris genitalis) son unas pequeñas protuberancias redondeadas que crecen en la corona del glande o, con mucha menor frecuencia, en la vulva. Se considera un cuadro completamente benigno, por lo que no representa ningún riesgo para la persona. En general afecta mayormente a los hombres, y es mucho menos común en las mujeres.

Su aparición no causa ningún síntoma molesto, por lo que el único signo que se observa son los bultos redondeados en el área genital. Es por esta razón que los profesionales sanitarios no consideran que se trate de una afección médica ni que suponga preocupación alguna. No obstante, muchas personas que las descubren por primera vez experimentan ansiedad al confundirlas con enfermedades de transmisión sexual, lo que hace especialmente importante una información adecuada.

¿Qué son las pápulas perladas?

El término pápulas perladas hace referencia a una variante anatómica normal del área genital. Se presentan como pequeños bultos o crecimientos benignos que se desarrollan en el pene, aunque también es posible que afecten a mujeres en un porcentaje mucho menor. Son crecimientos de tejido vascular y colágeno (angiofibromas) que destacan por ser pequeñas, redondeadas y de una coloración que varía entre rosa pálido y blanco. En algunos casos también pueden adquirir una apariencia amarillenta o semitransparente. Lo normal es que midan aproximadamente 1-2 mm.

Suelen afectar la cabeza del pene creciendo en filas, y puede ocurrir que se formen varias líneas de pápulas alrededor de la corona del glande. Solo pocos casos han registrado la aparición de estas protuberancias en el cuerpo del pene. Se trata de una condición no contagiosa que no está asociada a ningún tipo de infección por virus, bacterias u hongos. No se ha vinculado a ninguna infección de transmisión sexual ni existe riesgo durante el contacto sexual.

Además, se sabe que la población mayormente afectada son hombres no circuncidados. Aun así, quienes hayan pasado por una circuncisión también pueden desarrollar estas pápulas. Se estima que afectan aproximadamente al 14-48 % de los hombres, mientras que en quienes se circuncidaron la prevalencia se sitúa en torno al 12-17 %.

Suelen aparecer mayormente al final de la adolescencia y durante el comienzo de la edad adulta. Se observa que tienden a disminuir en tamaño y visibilidad con la edad avanzada, aunque pueden persistir toda la vida. Algunos estudios han señalado que es más frecuente su aparición en personas de raza negra.

Histología y naturaleza de las pápulas

Desde el punto de vista histológico, las pápulas perladas son angiofibromas. Esto significa que están compuestas por una combinación de tejido conectivo fibroso y pequeños vasos sanguíneos, recubiertos por un epitelio normal. Esta composición confirma su carácter completamente benigno y las diferencia de lesiones infecciosas como las verrugas genitales, que presentan una estructura histológica muy diferente (con presencia de coilocitos y otros cambios citopáticos).

Teorías sobre su origen

Algunos investigadores han propuesto que las pápulas perladas podrían ser un vestigio evolutivo de las espinas penianas presentes en otros primates. Estas estructuras, presentes en muchas especies de mamíferos, desempeñan diversas funciones reproductivas. En el ser humano, habrían perdido su función original pero persistirían como una variante anatómica sin consecuencias clínicas.

Síntomas

Las pápulas perladas son una afección benigna que no causa complicaciones de salud. No se observan síntomas más allá de la aparición de las protuberancias en la cabeza del pene, en la corona del glande. En el caso de las mujeres, pueden aparecer en los labios menores (vestibular papillomatosis).

Si se experimenta alguna molestia, se debe acudir al médico para una evaluación. Los siguientes signos de alerta sugieren que la lesión podría no ser pápulas perladas y requiere valoración profesional:

  • Dolor o ardor al orinar.
  • Secreción de los bultos (pus, líquido claro o sangre).
  • Picazón intensa o persistente.
  • Sangrado espontáneo.
  • Cambio rápido de tamaño o forma.
  • Aparición tras un contacto sexual de riesgo.

Pápulas perladas

Además, también se recomienda estar alerta por si el tamaño de las pápulas aumenta o su forma es irregular. Esta condición no se considera grave ni representa un riesgo para la persona. Aun así, se reconoce que algunas personas pueden confundirlas con otras afecciones del área genital como el VPH. Por lo que si se observa una alteración en la apariencia del pene o vulva, conviene acudir a consulta médica sin demora.

Causas

Hasta el momento se desconoce la causa exacta por la cual aparecen las pápulas perladas. La mayoría de los expertos han asociado esta condición a ciertos factores hormonales (especialmente la influencia de los andrógenos durante la pubertad) o a una predisposición genética. Se sabe con certeza que la higiene no está relacionada con su aparición: muchas personas con una excelente higiene desarrollan pápulas.

Algunos expertos en salud sugieren que puede tratarse de una estructura anatómica que en la actualidad ha perdido su función en el organismo (estructura vestigial). Existe consenso en la comunidad médica en que no están relacionadas con ningún tipo de infección de transmisión sexual ni enfermedad venérea.

Factores asociados a su aparición

  • Ausencia de circuncisión: los hombres no circuncidados presentan mayor prevalencia.
  • Edad: más frecuentes entre los 20 y los 30 años.
  • Factores hormonales: la pubertad y los cambios hormonales asociados parecen favorecer su desarrollo.
  • Predisposición genética: se ha observado un posible componente hereditario.
  • Raza: algunos estudios sugieren mayor frecuencia en personas de raza negra.

Diagnóstico

Si se observa el crecimiento de bultos en el área genital, lo más recomendable es acudir a un médico especialista (dermatólogo o urólogo) para una evaluación. El diagnóstico de las pápulas perladas se puede realizar habitualmente mediante la simple observación clínica de los bultos en el pene o vulva, dado su aspecto característico (pápulas pequeñas, uniformes, dispuestas en hileras regulares alrededor de la corona del glande).

Para tener una mejor visibilidad del área afectada, es posible que el médico utilice un dermatoscopio. Gracias a este instrumento, es posible diferenciar las pápulas perladas de otras lesiones como el molusco contagioso, los condilomas acuminados o las manchas de Fordyce.

En casos dudosos, puede realizarse una biopsia de la lesión para confirmar histológicamente que se trata de un angiofibroma y descartar otras patologías.

Se considera esencial recibir la asistencia de un profesional sanitario ante la aparición de cualquier protuberancia genital. Al existir la posibilidad de que esté relacionada con una enfermedad de transmisión sexual, lo mejor es que un médico confirme el diagnóstico y aporte tranquilidad.

Diagnóstico diferencial

Es importante diferenciar las pápulas perladas de otras lesiones genitales que pueden tener un aspecto similar:

  • Condilomas acuminados (verrugas genitales): causados por el VPH, son de tamaño y forma irregular, con aspecto de coliflor. Son contagiosos y requieren tratamiento.
  • Molusco contagioso: protuberancias con una depresión central (umbilicadas), causadas por un poxvirus. Son contagiosas.
  • Glándulas de Tyson: pequeñas glándulas sebáceas ectópicas situadas cerca del frenillo. Son benignas.
  • Manchas de Fordyce: glándulas sebáceas ectópicas que aparecen como pequeños puntos blanquecinos o amarillentos, generalmente en el cuerpo del pene o en los labios. Son benignas.
  • Herpes genital: se presenta con úlceras dolorosas y ampollas, causado por el virus del herpes simple.
  • Liquen plano: lesiones papulosas violáceas o blanquecinas que pueden afectar a los genitales.

Tratamiento

Este tipo de protuberancias se considera algo benigno que no causa ningún síntoma más allá del estético. Es por esta razón que los médicos no suelen indicar ningún tipo de tratamiento farmacológico como cremas, lociones o ungüentos. No representan riesgo para la salud, por lo que no es necesario tratarlas. No afectan a la sexualidad ni a la fertilidad.

Tratamiento pápulas perladas

Sin embargo, se ha reconocido que la autoestima de algunas personas puede verse afectada por la aparición de estos bultos, generando vergüenza o ansiedad que sí puede incidir sobre su vida sexual. En estos casos particulares, el médico evalúa la posibilidad de eliminar las pápulas a través de los siguientes procedimientos:

  • Láser de CO₂: es el método más utilizado y eficaz. Es posible eliminar las protuberancias en una sola sesión que no suele durar más de treinta minutos. Se realiza bajo anestesia local y vaporiza las pápulas con gran precisión sin dañar el tejido circundante. Generalmente no deja cicatrices visibles.
  • Crioterapia: se aplica nitrógeno líquido sobre las pápulas, provocando que el tejido se congele, muera y se desprenda por sí solo. Puede requerir varias sesiones y existe riesgo de cambios en la pigmentación.
  • Escisión quirúrgica: permite extirpar los bultos de forma individual mediante cirugía. Se utiliza menos frecuentemente por el mayor riesgo de cicatrización.
  • Electrodesecación: es un procedimiento donde se aplica corriente eléctrica de alta frecuencia sobre la pápula para secar y destruir el tejido. Se realiza bajo anestesia local.

Cuidados postoperatorios

Una vez culminado el procedimiento, es fundamental seguir las indicaciones del médico:

  • Mantener la zona limpia y seca.
  • Evitar el roce y las relaciones sexuales durante el período indicado (generalmente 2-3 semanas).
  • Aplicar las cremas o medicamentos prescritos para prevenir infecciones.
  • Evitar baños en piscinas o bañeras durante la cicatrización.
  • Acudir a las revisiones de seguimiento programadas.

En caso de observar alguna molestia o signo inusual (enrojecimiento excesivo, supuración, fiebre), comunicarse con el médico que realizó la intervención.

Tratamientos caseros: por qué evitarlos

Si se desea eliminar estas protuberancias del pene o la vulva, se debe acudir a un médico. No se debe implementar ningún tipo de tratamiento casero, ni mucho menos intentar extirparlas por cuenta propia. Remedios como el aceite del árbol del té, la pasta de dientes o intentar reventar las pápulas no solo son ineficaces, sino que pueden causar irritación, infección o cicatrices permanentes en una zona especialmente delicada.

Complicaciones

Las pápulas perladas en sí mismas no producen ninguna complicación de salud. Cuando se habla de complicaciones, estas están relacionadas únicamente con el tratamiento aplicado para eliminarlas. Es posible experimentar algunos efectos secundarios tras la crioterapia, el láser o la escisión, siendo los más comunes:

  • Cicatrización: posibilidad de que queden pequeñas marcas, especialmente con la escisión quirúrgica.
  • Sangrado: leve y generalmente autolimitado.
  • Infección: poco frecuente si se siguen los cuidados postoperatorios adecuados.
  • Decoloración de la piel: cambios en la pigmentación que pueden ser temporales o permanentes.
  • Recurrencia: las pápulas pueden reaparecer después del tratamiento, aunque no es lo más habitual.

Impacto psicológico y sexual

Aunque las pápulas perladas carecen de importancia médica, pueden tener un impacto psicológico significativo en algunas personas. El desconocimiento sobre esta condición puede generar:

  • Ansiedad por confundirlas con una enfermedad de transmisión sexual.
  • Vergüenza o inseguridad con las parejas sexuales.
  • Evitación de relaciones íntimas por miedo al rechazo.
  • Autoestima disminuida relacionada con la imagen corporal.

En estos casos, es importante buscar información fiable, comunicarse abiertamente con la pareja y, si es necesario, consultar con un profesional de la salud mental además del dermatólogo o urólogo.

Prevención

La aparición de pápulas perladas se considera algo normal y natural en el organismo. El hecho de que no aparezcan en todas las personas no lo convierte en una condición peligrosa o preocupante. Se reconoce que no existe forma de prevenir que estos bultos aparezcan en el pene o en la vulva, ya que no están causados por ningún agente infeccioso ni por factores modificables del estilo de vida.

No obstante, se sabe que quienes se han sometido a una circuncisión tienen un menor riesgo de que se desarrollen estas protuberancias, probablemente por factores relacionados con la exposición constante del glande.

Cuándo acudir al médico

Se recomienda consultar con un profesional sanitario en las siguientes situaciones:

  • Primera aparición de protuberancias en los genitales, especialmente si no se tiene certeza de su naturaleza.
  • Cambios en las lesiones: aumento de tamaño, cambio de color o forma irregular.
  • Síntomas asociados: dolor, picazón, secreción, sangrado o ardor al orinar.
  • Aparición tras relaciones sexuales de riesgo: para descartar infecciones de transmisión sexual.
  • Impacto emocional: si las pápulas generan ansiedad significativa o afectan a la vida sexual y relacional.

Referencias

  1. Aldahan, A. S., et al. (2016). Diagnosis and Management of Pearly Penile Papules. American Journal of Men’s Health, 12(3), 624-627. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27694553/
  2. Sonnex, C. & Dockerty, W. G. (1999). Pearly penile papules: a common cause of concern. International Journal of STD & AIDS, 10(1), 33-36. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10215129/
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  4. Rinard, K., et al. (2011). Cross-sectional study examining four types of penile lesions in a general population of men. BJU International, 108(5), 670-674. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21592296/
  5. Hogewoning, A. A., et al. (2003). Penile lesions and human papillomavirus. Journal of the American Academy of Dermatology, 49(6), 1117-1123.
Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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