Enfermedades de transmisión sexual más comunes

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Enfermedades de transmisión sexual más comunes
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Las enfermedades de transmisión sexual (ETS), también denominadas infecciones de transmisión sexual (ITS), están provocadas por diferentes virus, bacterias y parásitos que causan una determinada alteración en el organismo, la cual puede ser más o menos grave. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día se producen más de un millón de nuevas infecciones de transmisión sexual en el mundo [1]. En España, el número de casos diagnosticados ha aumentado de forma notable en los últimos años, afectando tanto a jóvenes como a adultos mayores de 45 años [2].

Uno de los principales peligros que presentan las ETS es que en muchos casos las infecciones son asintomáticas; es decir, las personas que las padecen no presentan ningún síntoma, lo que hace que pasen totalmente desapercibidas. El problema es que muchas de ellas, si no se tratan en sus fases iniciales, pueden dar lugar a consecuencias mucho más graves para la salud.

Por lo tanto, es esencial que tanto hombres como mujeres acudan a revisiones periódicas con su profesional sanitario de referencia (médico de familia, ginecólogo o urólogo) para diagnosticar cualquier posible infección de transmisión sexual a tiempo. Además, es fundamental utilizar preservativo en todas las relaciones sexuales, tanto vaginales como anales y orales; se trata del único método que, además de anticonceptivo, protege frente a las ETS.

¿Cuáles son las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes?

ETS

VIH

El VIH es una de las ETS más conocidas y también una de las más relevantes desde el punto de vista de la salud pública, tanto en hombres como en mujeres. Se trata del virus de la inmunodeficiencia humana, que ataca y debilita progresivamente el sistema inmunitario, reduciendo la capacidad del organismo para defenderse de infecciones y otras enfermedades [3].

La transmisión generalmente se produce a través del intercambio de determinados fluidos corporales, como la sangre, el semen, las secreciones vaginales o la leche materna. La vía de contagio más habitual son las relaciones sexuales sin protección, aunque también puede darse por el uso compartido de agujas para la inyección de drogas. Las mujeres embarazadas con VIH pueden transmitir el virus a sus hijos durante el embarazo, el parto o la lactancia, si bien los tratamientos antirretrovirales actuales reducen significativamente este riesgo [3].

En cuanto a los síntomas, por regla general aparecen entre dos y cuatro semanas después de haber contraído la infección, en lo que se conoce como primoinfección. Los primeros signos suelen incluir fatiga, inflamación de los ganglios linfáticos, fiebre y malestar general. En ocasiones, estas señales se confunden con una gripe común. Los síntomas más graves, asociados al síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), pueden tardar años en aparecer si la persona no recibe tratamiento.

El diagnóstico del VIH se realiza a través de un análisis de sangre que detecta los anticuerpos frente al virus o el propio antígeno viral. Actualmente, existen tratamientos antirretrovirales que permiten controlar la infección y mantener una buena calidad de vida [3].

Herpes genital

El herpes genital puede estar causado por dos tipos de virus del herpes simple (VHS). Por un lado, el VHS-1, que afecta habitualmente a la boca (herpes labial), pero que puede transmitirse a los genitales a través del sexo oral. Por otro lado, el VHS-2, el más frecuente en la zona genital, que se transmite por el intercambio de fluidos o por el contacto directo con la piel de una persona infectada durante un brote activo [4].

Se trata de una de las ETS cuyos síntomas son más fáciles de identificar, ya que aparecen un conjunto de úlceras o vesículas, con un aspecto similar al de pequeñas ampollas, en la zona genital. Dichas lesiones suelen ir acompañadas de otras señales como fiebre, dolores musculares o molestias al orinar.

El diagnóstico del herpes genital se confirma mediante un cultivo de laboratorio o una prueba de PCR. No existe un tratamiento curativo para esta enfermedad; se utilizan antivirales como el aciclovir o el valaciclovir para reducir la frecuencia y gravedad de los brotes, pero el virus permanece latente en el organismo de forma indefinida [4].

Gonorrea

La gonorrea es una enfermedad de transmisión sexual causada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae, bastante frecuente, sobre todo entre los jóvenes. Puede transmitirse a través de cualquier tipo de relación sexual: vaginal, anal y oral [5].

Los síntomas varían según el sexo. En las mujeres, una de las primeras señales de alarma es un dolor constante e intenso en la zona baja del abdomen, que indica que la infección se ha extendido. En los hombres, la gonorrea suele provocar inflamación de la uretra (uretritis), con secreción purulenta y enrojecimiento. En ambos casos se presenta dolor al orinar y molestias durante las relaciones sexuales.

Si la infección no se trata y se extiende por el organismo a través del torrente sanguíneo, pueden aparecer complicaciones más graves, como fiebre, artritis gonocócica o lesiones cutáneas. El tratamiento se basa en la administración de antibióticos, aunque la aparición de cepas resistentes es un problema creciente [5].

Enfermedades de transmisión sexual

Clamidia

Se trata de la ETS bacteriana más frecuente a nivel mundial, causada por Chlamydia trachomatis. Afecta tanto a hombres como a mujeres y se transmite por vía sexual —oral, vaginal y anal—, pudiendo desarrollarse en el cuello del útero, la uretra, el recto o la garganta [6].

Uno de los primeros síntomas de la clamidia es un flujo vaginal anómalo, de aspecto gelatinoso y mal olor, en el caso de las mujeres; y, en los hombres, una secreción uretral anormal. Además, en ambos sexos pueden aparecer otras señales como dolor al orinar, quemazón en la zona genital o molestias durante las relaciones sexuales. Sin embargo, hasta un 70 % de las mujeres y un 50 % de los hombres infectados pueden no presentar síntomas [6].

El diagnóstico se establece mediante un análisis de orina o una toma de muestras de la zona afectada. Si se confirma la infección, el tratamiento habitual consiste en la administración oral de antibióticos (como azitromicina o doxiciclina). Es esencial tratar la enfermedad a tiempo, ya que de lo contrario pueden aparecer complicaciones graves a medio y largo plazo, como la enfermedad inflamatoria pélvica, infertilidad o embarazo ectópico; los daños en el aparato reproductor pueden ser irreversibles [6].

VPH

El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual por virus más frecuente en todo el mundo. Actualmente, se estima que cerca del 80 % de las personas sexualmente activas entrarán en contacto con algún tipo de VPH a lo largo de su vida, aunque no todas desarrollarán la infección; en la gran mayoría de los casos, el sistema inmunitario logra eliminar el virus de forma natural [7].

Existen más de 200 tipos de VPH. La mayoría son inofensivos, pero algunos de alto riesgo (como los tipos 16 y 18) están asociados al desarrollo de cáncer de cuello de útero, así como de otros cánceres (ano, orofaringe, vulva, vagina y pene). Los tipos de bajo riesgo (como el 6 y el 11) pueden provocar verrugas genitales. El tratamiento depende del tipo de lesión y puede incluir la extirpación mediante una intervención ambulatoria.

Existe una vacuna eficaz contra el VPH, incluida en el calendario vacunal del Sistema Nacional de Salud en España, que se recomienda administrar preferentemente antes del inicio de las relaciones sexuales, aunque también puede ser beneficiosa en personas ya activas sexualmente [7].

Sífilis

La sífilis es una enfermedad de transmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum. Se contagia a través del contacto directo con una llaga sifilítica (chancro), que puede encontrarse en los genitales, la boca o el ano, en función del tipo de relación sexual [8].

La sífilis evoluciona en varias fases (primaria, secundaria, latente y terciaria). Hay que prestar especial atención a los síntomas. En la fase primaria, la principal señal es la aparición de un chancro indoloro en la zona de contacto. En la fase secundaria pueden aparecer erupciones cutáneas, fiebre, pérdida de peso y fatiga. Si no se trata, la sífilis puede permanecer latente durante años y progresar hacia la fase terciaria, con posibles daños graves en el sistema cardiovascular y nervioso [8].

El tratamiento es sencillo y eficaz cuando se diagnostica a tiempo, mediante la administración de penicilina intramuscular. Las llagas sifilíticas incrementan el riesgo de contraer otras infecciones durante las relaciones sexuales sin protección, como el VIH.

Consejos para prevenir las ETS

Consejos para prevenir las enfermedades de transmisión sexual

Tal y como se ha señalado, determinadas enfermedades de transmisión sexual pueden tener efectos permanentes en la salud, como el VIH. Además, algunas infecciones pueden dar lugar a problemas de salud crónicos, como daños en los órganos, e incluso provocar infertilidad. En el caso de las mujeres embarazadas, las ETS pueden afectar al feto y causar complicaciones como malformaciones congénitas o parto prematuro.

Por lo tanto, es fundamental adoptar medidas para que las relaciones sexuales sean siempre seguras. A continuación, se detallan las principales recomendaciones:

  • Utilizar preservativo en todo tipo de relaciones sexuales —vaginales, anales y orales—. Hay que tener en cuenta que el resto de métodos anticonceptivos, como el DIU o la píldora, únicamente previenen el embarazo, pero no ofrecen protección frente a las ETS. En la actualidad, solo el preservativo masculino y femenino protegen de las infecciones de transmisión sexual.
  • Limitar en la medida de lo posible el número de parejas sexuales. Cuanto mayor sea este número, mayores son las probabilidades de contraer una ETS.
  • Ser honesto con la pareja sexual. Si se ha tenido o se tiene alguna enfermedad de transmisión sexual, es importante comunicarlo para que ambas partes puedan tomar las precauciones adecuadas.
  • Realizarse pruebas de detección de forma periódica, mediante análisis de sangre y de orina, especialmente al cambiar de pareja sexual. También es aconsejable que las mujeres acudan a revisiones ginecológicas anuales.
  • Vacunarse contra el VPH y la hepatitis B, ya que existen vacunas eficaces que previenen estas infecciones.

Además, hay algunas prácticas que conviene evitar para minimizar el riesgo de contagio:

  • Evitar que las secreciones genitales entren en contacto directo con la vagina, la boca o el ano sin protección; la gran mayoría de ETS se transmiten a través del semen o las secreciones vaginales.
  • Consultar con un profesional sanitario ante cualquier síntoma sospechoso (úlceras, secreciones anómalas, dolor al orinar, etc.) y abstenerse de mantener relaciones sexuales hasta obtener un diagnóstico.
  • No asumir que una pareja sexual está libre de infecciones por su apariencia. Muchas ETS son asintomáticas, por lo que el diagnóstico solo puede establecerse mediante pruebas clínicas.
  • Evitar el consumo excesivo de alcohol y drogas, ya que pueden favorecer conductas de riesgo como la práctica de relaciones sexuales sin protección.

Conclusión

Las enfermedades de transmisión sexual son una de las problemáticas de salud pública más importantes a nivel mundial. Aunque la concienciación sobre la importancia de mantener relaciones sexuales seguras ha mejorado, las ETS siguen siendo muy prevalentes.

Es fundamental adoptar las medidas de prevención descritas, realizarse pruebas de detección de forma periódica y acudir al profesional sanitario ante cualquier sospecha. Un diagnóstico temprano permite un tratamiento eficaz y evita complicaciones a largo plazo.

Referencias

  1. Organización Mundial de la Salud (OMS). Infecciones de transmisión sexual (ITS). https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/sexually-transmitted-infections-(stis)
  2. Centro Nacional de Epidemiología (CNE), Instituto de Salud Carlos III. Vigilancia epidemiológica de las infecciones de transmisión sexual en España. https://www.isciii.es/QueHacemos/Servicios/VigilanciaSaludPublicaRENAVE/EnfermedadesTransmisibles/Paginas/InfeccionesTransmisionSexual.aspx
  3. Organización Mundial de la Salud (OMS). VIH/sida. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hiv-aids
  4. Organización Mundial de la Salud (OMS). Virus del herpes simple. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/herpes-simplex-virus
  5. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Gonorrhea – CDC Detailed Fact Sheet. https://www.cdc.gov/std/gonorrhea/stdfact-gonorrhea-detailed.htm
  6. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Chlamydia – CDC Detailed Fact Sheet. https://www.cdc.gov/std/chlamydia/stdfact-chlamydia-detailed.htm
  7. Organización Mundial de la Salud (OMS). Virus del papiloma humano (VPH) y cáncer cervicouterino. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/cervical-cancer
  8. Organización Mundial de la Salud (OMS). Sífilis. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/syphilis
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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