El escalamiento en las discusiones
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Cuando nos enzarzamos en una discusión corremos el riesgo de entrar en un proceso conocido como escalamiento, que consiste en aumentar progresivamente la agresividad de nuestros argumentos mientras reducimos la importancia que concedemos al impacto que estos pueden ocasionar en la persona que los recibe.
¿Qué es el escalamiento?
El escalamiento no se limita a una cuestión de volumen en la que uno de los participantes eleva el tono de voz, dando lugar a la clásica situación en la que cada persona intenta gritar más que la otra para enfatizar su posición, y que termina en una sucesión de gritos sin rumbo claro. En el escalamiento podemos encontrarnos completamente calmados mientras intentamos situarnos por encima de la otra persona.
Este proceso es más probable cuando mantenemos una relación afectiva con dicha persona, lo cual tiene consecuencias mucho mayores al intervenir elementos como experiencias pasadas en situaciones similares o expectativas respecto al otro (Gottman y Silver, 2015).
El escalamiento es tanto una consecuencia del conflicto como una estrategia que puede aprovecharse en las discusiones al conocer su funcionamiento. Cuando se tiende a aumentar la parte emocional del discurso, la otra persona puede centrarse en este factor y desestimar nuestros argumentos al separarlos de la emoción que estamos mostrando. Es la llamada técnica de desarmar la ira, muy utilizada en el ámbito empresarial cuando se realizan dinámicas de grupo (Patterson et al., 2012).

¿Cómo desescalar una discusión?
El desescalamiento es un comportamiento que persigue el manejo pasivo y la reducción de los conflictos. Desescalar una discusión no significa ceder ni rendirse, sino tomar conciencia de lo que ocurre, emplear la asertividad y cambiar el sentido de la conversación. Con «sentido» nos referimos al tono de voz, el lenguaje corporal, el lenguaje verbal y el rumbo del diálogo.
En ocasiones conviene tomarse un tiempo para pensar antes de contestar, ya que determinadas respuestas pueden escalar una discusión hasta un punto difícilmente reversible. En las relaciones de pareja, el escalamiento es especialmente peligroso y constituye una de las principales causas de ruptura sentimental, además de generar un profundo arrepentimiento con el paso del tiempo (Gottman y Levenson, 2000).
Cuando nos encontramos ante una discusión, podemos aprovechar la situación para separar el tono emocional del contenido del discurso, lo que reducirá el proceso de escalamiento y permitirá reconducir la conversación. De no hacerlo, podemos entrar nosotros mismos en un proceso de escalada, añadiendo todavía más factores emocionales a la discusión.
A pesar de conocer la existencia del proceso de escalamiento, habrá momentos en los que resulte realmente complicado no caer en él. Los factores personales y las creencias sobre las consecuencias que puede tener el no quedar por encima en la discusión nos llevan al punto de disparo, ignorando incluso el tipo de relación que mantenemos con la otra persona (Pruitt y Kim, 2004).
Algunos de los factores que pueden ayudar a desescalar una situación son los siguientes:
Utilizar la comunicación
La comunicación es un factor sumamente importante para poder desescalar un conflicto o una crisis. Aprender a escuchar con empatía, tratando de entender de dónde viene la discusión y cuál es el punto de vista de la otra persona, puede ayudarnos a manejar mejor un conflicto. Siempre es recomendable ponerse en el lugar del otro para darnos cuenta de que quizás no esté tan equivocado como pensamos y simplemente percibe las cosas de manera diferente (Rogers, 1961).
Prestar atención
Si la otra persona que participa en el conflicto siente que no tiene nuestra atención y que pasamos por alto sus sentimientos, puede enfadarse de tal modo que el conflicto siga subiendo de tono e incluya más acciones negativas hacia nosotros. Esto no será beneficioso, pues si estamos intentando desescalar una situación poco agradable y conflictiva, lo último que debemos hacer es enfadar más a la otra parte. No se trata de darle la razón, pero sí de prestarle atención a sus sentimientos y a su visión del problema.
Al escuchar realmente y transmitir esa escucha a través del lenguaje corporal y las palabras, podemos eliminar la razón que tiene la otra persona para escalar la situación.
Tomarse un tiempo
Si estamos enfadados, primero debemos tranquilizarnos antes de interactuar con la otra persona, pues si comenzamos la conversación impulsados por la ira solo aumentaremos la intensidad del conflicto.
Primero nos calmaremos y luego comenzaremos a analizar la situación y buscar cómo podemos intervenir de forma segura. Podemos realizar una respiración profunda, contar hasta diez o comunicar a la otra parte que no es el momento adecuado para hablar (Nay, 2014).
Ser asertivo
Con la asertividad podemos expresar nuestros sentimientos y pensamientos de manera firme y concisa, respetando y sin ofender al otro. Para ser asertivos durante una crisis o una discusión, no emplearemos un tono de voz elevado, pero tampoco uno excesivamente bajo; utilizaremos el tono adecuado, ese que transmite firmeza y a la vez tranquilidad. Debemos enviar mensajes claros y nuestro lenguaje corporal debe ser el apropiado: ni cabizbajo ni eufórico, simplemente erguido y de frente (Castanyer, 2014).

Saber pedir disculpas
Nunca debemos disculparnos por un error imaginario, pero una disculpa sincera en una situación que fue injusta puede generar credibilidad en nuestro intento de reducir la escalada. Se trata de un simple reconocimiento de que ocurrió algo que podría causar que la otra persona se enfadase razonablemente.
Pedir disculpas le permite a la otra persona darse cuenta de que estamos utilizando nuestra capacidad de empatía, nos estamos poniendo en su lugar y somos conscientes de que hicimos algo mal (Lazare, 2004).
Detectar el escalamiento
Por último, debemos aprender a detectar el escalamiento y reducirlo. Una de las mejores formas es aplicar el llamado tiempo fuera, una técnica procedente de la psicología clínica en la que pediremos a la persona con la que discutimos que nos conceda un tiempo determinado para reflexionar, relajarnos y volver a tratar el tema en un momento más adecuado. Si existe confianza con esa persona, nos permitirá ese espacio, lo que facilitará una conversación más constructiva cuando se retome la discusión (Harbin, 2000).
Referencias
- Castanyer, O. (2014). La asertividad: expresión de una sana autoestima (36.ª ed.). Desclée de Brouwer.
- Gottman, J. M. y Levenson, R. W. (2000). The timing of divorce: Predicting when a couple will divorce over a 14-year period. Journal of Marriage and Family, 62(3), 737-745.
- Gottman, J. M. y Silver, N. (2015). Siete reglas de oro para vivir en pareja. Debolsillo.
- Harbin, T. J. (2000). Beyond anger: A guide for men. Marlowe & Company.
- Lazare, A. (2004). On apology. Oxford University Press.
- Nay, W. R. (2014). Taking charge of anger: Six steps to asserting yourself without losing control (2.ª ed.). Guilford Press.
- Patterson, K., Grenny, J., McMillan, R. y Switzler, A. (2012). Crucial conversations: Tools for talking when stakes are high (2.ª ed.). McGraw-Hill.
- Pruitt, D. G. y Kim, S. H. (2004). Social conflict: Escalation, stalemate, and settlement (3.ª ed.). McGraw-Hill.
- Rogers, C. R. (1961). On becoming a person: A therapist’s view of psychotherapy. Houghton Mifflin.

Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.