Dieta cetogénica para diabéticos: recomendaciones y contraindicaciones
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Debido a los múltiples beneficios que ofrece al organismo, en la actualidad muchos especialistas recomiendan la dieta cetogénica para diabéticos. Al reducir drásticamente los carbohidratos de la alimentación habitual, es posible controlar los niveles de azúcar en sangre y disminuir los picos de glucosa.
Sin embargo, la glucosa sigue siendo una fuente de energía esencial para el organismo, por lo que cualquier cambio de dieta debe realizarse bajo la supervisión y orientación de un profesional sanitario.
¿Qué es la dieta cetogénica?
La dieta cetogénica, comúnmente conocida como dieta keto, es un patrón alimentario centrado en reducir de forma significativa el consumo de hidratos de carbono. Estos se sustituyen por alimentos ricos en grasas saludables, lo que permite al organismo obtener energía a partir de las reservas lipídicas. Al mismo tiempo, el cuerpo incrementa la oxidación de grasas, lo que puede contribuir a la pérdida o el mantenimiento de un peso corporal adecuado.
Cada persona tiene unas necesidades nutricionales distintas. A nivel clínico, se suele abordar la planificación dietética de forma individualizada, teniendo en cuenta las características del paciente y la patología o el problema de salud que presente.

En sus inicios, la dieta cetogénica fue diseñada como un tratamiento para pacientes pediátricos con epilepsia resistente al tratamiento farmacológico. Tras instaurar este cambio de alimentación, se observó que tanto la frecuencia como la intensidad de las crisis convulsivas se reducían de forma notable. Además, investigaciones posteriores han sugerido que su aplicación podría ofrecer beneficios en el abordaje del cáncer o la enfermedad de Alzheimer, aunque se necesitan más estudios para confirmar estos efectos.
En la actualidad, también se implementa la dieta cetogénica para diabéticos. Para comprender su relevancia, conviene conocer cómo el organismo aprovecha los alimentos que consumimos. Los hidratos de carbono, como el pan, la pasta o el arroz, se transforman en glucosa, que las células utilizan como fuente de energía principal.
La glucosa es transportada a través de la sangre gracias a la acción de la insulina. Las personas con diabetes, ya sea tipo 1 o tipo 2, pueden presentar ausencia o alteraciones en la producción de esta hormona, lo que provoca niveles elevados de glucemia de forma sostenida. Partiendo de esta base, se entiende que la dieta keto puede ayudar a regular la glucosa al mantener un consumo muy reducido de hidratos de carbono, e incluso podría contribuir a prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 2 en personas con predisposición genética.
¿Cómo funciona esta dieta?
La restricción marcada del consumo de hidratos de carbono induce un estado metabólico denominado cetosis. Como se ha explicado, las células del organismo obtienen la mayor parte de su energía de la glucosa derivada de los carbohidratos. Cuando se limita su ingesta, el cuerpo busca fuentes de energía alternativas.
En primer lugar, recurre a las reservas de glucógeno almacenadas en los músculos y el hígado. Una vez agotadas estas reservas, el organismo comienza a metabolizar las grasas en el hígado, lo que da lugar a la producción de cuerpos cetónicos (cetonas). Los tejidos y órganos utilizan estas moléculas como fuente de energía en sustitución de la glucosa. Para que la cetosis se produzca de forma adecuada, es fundamental mantener una ingesta suficiente de proteínas que preserve la masa muscular.
Beneficios de la dieta cetogénica
Aunque implique una restricción importante del consumo de hidratos de carbono —la fuente de energía principal de las células—, el organismo es capaz de cumplir sus funciones metabólicas utilizando otras fuentes, como las grasas. Los principales beneficios de la cetosis son los siguientes:
Efectos sobre los niveles de glucosa en sangre
Con una planificación adecuada, la dieta cetogénica puede ser de gran ayuda para controlar los niveles de glucemia, manteniéndolos en rangos óptimos sin comprometer la salud de la persona. Este aspecto resulta especialmente relevante para quienes padecen diabetes tipo 2. Una menor ingesta de hidratos de carbono se traduce en una reducción de los picos de azúcar, lo que puede disminuir la dependencia de la insulina exógena.
Efectos sobre los tratamientos farmacológicos
No se trata de que la dieta cetogénica interactúe directamente con los medicamentos prescritos para la diabetes. Lo que se observa es que, al mantener controlados los niveles de glucemia, es posible que no sea necesario administrar ciertos fármacos con la misma frecuencia o dosis.

En este sentido, conviene prestar especial atención a la insulina: si se mantiene la dieta cetogénica junto con la misma pauta de insulina, aumenta el riesgo de desarrollar hipoglucemia. Si se está considerando iniciar la dieta keto, es imprescindible recibir orientación médica para ajustar la medicación y reducir este riesgo.
Ayuda a perder peso
Para que se produzca el proceso de cetosis, el organismo debe oxidar grasas. Esto conlleva una disminución del peso corporal, lo cual resulta beneficioso para alcanzar un peso saludable acorde a las características de cada persona. Este efecto cobra especial importancia en pacientes que han desarrollado sobrepeso u obesidad asociados a prediabetes o diabetes tipo 2.
La dieta cetogénica no se basa únicamente en el cambio de alimentación, sino que debe complementarse con un programa de ejercicio físico regular. La actividad física también favorece el mantenimiento de un nivel glucémico adecuado, lo que se traduce en mayor energía y bienestar general.
Otros beneficios
- Disminución de la presión arterial.
- Aumento de la sensibilidad a la insulina.
- Regulación de los niveles de colesterol LDL (conocido como colesterol «malo») y aumento de los niveles de colesterol HDL (colesterol «bueno»).
- Reducción de los niveles de insulina circulante.
Efectos secundarios
Aunque en muchos casos se considera una dieta segura para personas con diabetes, es posible que genere algunos efectos adversos, especialmente durante las primeras semanas. Esto se debe a que la fuente principal de energía deja de ser la glucosa derivada de los hidratos de carbono. Para muchas personas, la reducción brusca de la ingesta de azúcares puede provocar un cuadro transitorio conocido como «gripe keto», con síntomas similares a los del síndrome de abstinencia de sustancias como la cafeína.
En las primeras fases es habitual observar síntomas de corta duración como:
- Síntomas similares a los de una gripe (malestar general, irritabilidad).
- Cambios en el tránsito intestinal, con tendencia al estreñimiento.
- Calambres musculares, especialmente en las piernas.
- Cansancio o fatiga.
- Confusión mental o dificultad para concentrarse.
- Aumento de la frecuencia urinaria.
- Cefalea.
- Disminución de los niveles de sodio y otros electrolitos.

No obstante, es posible que la persona presente otros síntomas más persistentes que, en determinados casos, pueden considerarse complicaciones:
- Formación de cálculos renales.
- Debilidad ósea derivada de la acidosis metabólica.
- Riesgo de dislipidemia (alteración del perfil lipídico).
- Hipoglucemia, especialmente si no se ajusta la medicación.
- Riesgo de acumulación de grasa en las arterias (aterosclerosis), lo que puede incrementar la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
- En niños, posible retraso del crecimiento debido a la pérdida de densidad ósea, lo que aumenta el riesgo de fracturas.
Contraindicaciones de la dieta cetogénica
Aunque se considere un régimen alimentario con potenciales beneficios, no es adecuado para todas las personas. Por esta razón, resulta esencial consultar con un profesional sanitario antes de realizar cualquier cambio de alimentación. Si bien muchos estudios respaldan la dieta cetogénica para diabéticos, estos pacientes requieren supervisión médica constante y la orientación de un profesional de la salud para llevarla a cabo de forma segura. En algunos casos, estará contraindicada.
Del mismo modo, no deben someterse a este régimen las siguientes personas:
- Quienes tienen problemas renales o hepáticos, así como aquellas con antecedentes familiares de estas enfermedades.
- Menores de 18 años.
- Personas que cursan alguna patología activa o tienen su sistema inmunitario comprometido.
- Mujeres embarazadas o en período de lactancia.
- Personas que mantienen un tratamiento farmacológico que pueda verse afectado por cambios dietéticos significativos.
En cualquiera de los casos mencionados, se debe consultar previamente con un médico antes de comenzar cualquier tipo de dieta. El profesional se encargará de analizar cada caso de forma individualizada para descartar que el cambio de alimentación pueda comprometer la salud del paciente.
Referencias
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Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.