Epilepsia

Toda la información sobre la epilepsia, una de las enfermedades neurológicas más frecuentes de todas. Analizamos las causas, los síntomas, los factores de riesgo y las posibles complicaciones.

La epilepsia es un trastorno del sistema nervioso central que provoca una alteración de la actividad cerebral, dando lugar a convulsiones e incluso pérdida de conciencia. Todo el mundo puede padecer esta enfermedad ya que afecta tanto a hombres como a mujeres de todas las razas y edades.

¿Qué es la epilepsia?

La epilepsia es una enfermedad neuronal que surge a raíz del funcionamiento anormal de un conjunto de neuronas. Generalmente, el único síntoma de esta afección son las crisis epilépticas, las cuales tienen lugar de manera intermitente.

Estas crisis se dan a causa de un exceso de actividad eléctrica por parte de un grupo de neuronas, pudiendo afectar de forma notable al movimiento, al comportamiento e incluso al nivel conciencia. Las crisis tienen una duración de unos pocos segundos o minutos; una vez transcurrido el tiempo, el cerebro vuelve a funcionar con completa normalidad.

Podemos diferenciar entre dos tipos de crisis epiléticas. Por un lado, las denominadas generalizadas; tal y como su propio nombre indica, afectan a todo el cerebro, provocando así la pérdida de conocimiento de quien las sufre. Y, por otro lado, las crisis parciales, en las cuales la descarga tiene lugar en una zona concreta del cerebro.

Muchos de los pacientes con epilepsia, minutos antes de la crisis, experimentan lo que se denomina aura; es una sensación que les permite detectar que se va a desencadenar una crisis en poco tiempo.

¿Qué tipo de crisis existen?

Tal y como hemos señalado, las convulsiones se clasifican como parciales y generalizadas. Vamos a analizar cada una de ellas.

Por un lado, las crisis parciales, las cuales se agrupan en dos grandes categorías. En primer lugar, aquellas que no dan lugar a la pérdida de conocimiento de quien las padece; alteran las emociones y los sentidos y provocan movimientos espasmódicos involuntarios de una determinada zona del cuerpo, además de dar lugar a una sensación de hormigueo en brazos y/o piernas. Y, en segundo lugar, las convulsiones parciales con alteración de conciencia; el paciente mira fijamente en el espacio pero es incapaz de responder a su entorno, además de realizar determinados movimientos repetitivos.

Y, por otro lado, las crisis generalizadas, de las cuales se diferencian seis tipos.

  • Ausencia: son aquellas que se dan sobre todo en niños; tienen episodios de mirada fija en el espacio y determinados movimientos corporales o faciales muy sutiles.
  • Tónicas: causan rigidez muscular y afectan sobre todo a las extremdidades y a la espalda; hay que prestar especial cuidado porque pueden causar caídas.
  • Atónicas: son aquellas que causan la pérdida completa del control muscular.
  • Clónicas: este tipo de crisis dan lugar a una serie de movimientos musculares repetitivos en el cuello, la cara y los brazos.
  • Mioclínicas: aparecen como movimientos espasmódicos breves en brazos y piernas.
  • Tonicoclónicas: son las crisis epilépticas más intensas de todas y pueden causar una pérdida del conocimiento, así como fuertes sacudidas del cuerpo.

Es importente solicitar ayuda médica de forma urgente en los siguientes casos: la convulsión tiene una duración mayor a los cinco minutos, se presenta fiebre alta o se producen varias convulsiones seguidas unas de otras.

Causas de la epilepsia

A pesar de los numerosos estudios e investigaciones que se han realizado para tratar de averiguar las causas de la epilepsia, éstas no se conocen con exactitud. Algunos de los factores de riesgo que pueden dar lugar a esta enfermedad son las siguientes.

  • Aquellas personas que tienen una determinada enfermedad que afecta a otros orgános, como por ejemplo el hígado o los riñones tienen mayores probabilidades de padecer epilepsia, especialmente si tienen más de 65 años.
  • Antecedentes familiares de epilepsia también suponen un factor de riesgo importante para el desarrollo de esta enfermedad.
  • Las lesiones cerebrales en el parto en ocasiones dan lugar a la epilsepsia durante la infancia.
  • Diversos traumatismos que afecten de alguna manera a la cabeza, como por ejemplo en accidentes de tráfico.
  • Enfermedades del cebrero, como meningitis o encefalitis.
  • Hemorragias cerebrales que den lugar a la formación de un coágulo de sangre en el interior del cerebro.

Síntomas

La epilepsia tiene lugar por una actividad anormal del cerebro. Así, las convulsiones pueden afecta a cualquier proceso. Algunos de los síntomas más habituales que acompañan a las convulsiones: confusión, movimientos espasmódicos, ansiedad, miedo y pérdida del conocimiento.

Tal y como hemos señalado, existen diferentes tipos de crisis, por lo que los síntomas varían de forma notable en función de ello, así como de la edad del paciente.

Crisis epileptica

Diagnóstico y tratamiento

La epilepsia es una enfermedad relativamente sencilla de diagnosticar. Una vez el paciente acude a su médico y le explica los síntomas, éste solicitará la realización de un examen neurológico para determinar las habilidades motoras, la función mental y otros aspectos relativos al cerebro. También se suele realizar un análisis de sangre para determinar si existe alguna infección o cualquier otra anomalía en el organismo que dé lugar a las convulsiones.

Otra prueba habitual en el diagnóstico de la epilepsia es el electroencefalograma; aquellos pacientes con epilepsia presentan cambios en el patrón normal de ondas cerebrales.

Una vez diagnosticada la enfermedad, el médico debe determinar el tratamiento adecuado. Generalmente en primer lugar se recurre a los medicamentos y, posteriormente, si estos no dan resultado, a la cirugía.

  • Medicamentos anticonvulsivos: este tipo de medicamentos disminuyen de forma notable tanto la frecuencia como la intensidad de las convulsiones.
  • Cirugía: si la medicación no logra controlar las convulsiones, en algunos casos se recurre a la cirugía. Para ello las convulsiones deben originarse en una zona pequeña y bien definida del cerebro y, ademñas, la zona a operar no interfiere de forma altuna en funciones vitales.

Complicaciones

Sufrir un ataque epiléptico en determinados momentos puede dar lugar a una serie de circunstancias de riesgo, tanto para el propio paciente como para las personas de su entorno.

  • Caídas: las crisis y convulsiones en brazos y piernas pueden originar caídas. Esto es especialmente grave en personas mayores, cuyos huesos son muchísimo más frágiles y, por lo tanto, el riesgo de fractura es mayor.
  • Ahogo: sufrir un ataque de epilepsia en la ducha, así como en la piscina o en la playa, puede originar una situación complicada ya que si ninguna persona del entorno se percata de lo que está sucediendo el riesgo de ahogo es grande.
  • Accidentes de tráfico: una convulsión que dé lugar a movimientos espasmódicos de las extremidades o a la pérdida de conocimiento puede ser muy peligroso mientras se está conduciendo.
  • Embarazo: por supuesto, las convulsiones durante el embarazo son muy peligrosas tanto para la madre como para el bebé. Además, determinados medicamentos para combatir esta enfermedad aumentan el riesgo de defectos en el feto.

Prevalencia

En España se estima que cerca de 400.000 personas padecen epilepsia; aunque es una enfermedad que afecta a personas de todas las edades, sucede generalmente en niños y en personas mayores de 65 años. A nivel mundial, se calcula de 50 millones de personas tienen epilpesia; esta afección se da por igual en personas de todas las razas.

Cada año se adiagnostican más de 20.000 nuevos casos en España, siendo así una de las afecciones neurológicas más habituales de todas. Los expertos señalan que es el segundo motivo de consulta neurológia, sólo por detrás de la cefelea.

Merece la pena destacar el hecho de que aproximadamente un 5% de la población sufriría un epsisodio de epilepsia en algún momento de sus vidas. No obstante, esto no implica necesariamente que sean pacientes con epilepsia; en ocasiones, las crisis convulsivas surgen a causa de una fiebre elevado o de otras enfermedades como la diabetes.


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