Prueba de sueño: qué es, cuándo se indica y cómo se realiza
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué es la prueba de sueño?
- Tipos de pruebas de sueño
- Prueba de apnea en casa
- 2.¿Cuándo se realiza la prueba de sueño?
- Síntomas que pueden motivar la prueba
- 3.¿Cómo funciona una prueba de sueño?
- Electroencefalografía (EEG)
- Electrocardiografía (ECG)
- Electromiograma (EMG)
- Electrooculografía (EOG)
- Sensores de respiración
- Monitorización de audio y vídeo
- 4.Preparación previa a la prueba de sueño
- 5.¿Qué sucede durante la prueba de sueño?
- 6.Interpretación de los resultados
- Índice de apnea-hipopnea (IAH)
- Otros parámetros relevantes
- 7.Tratamientos derivados de la prueba de sueño
- 8.Cuándo acudir al médico
- 9.Referencias
La prueba de sueño es un estudio que se utiliza para diagnosticar distintos trastornos del sueño. También funciona para identificar la causa subyacente que provoca los problemas de sueño. Puede ser recomendada por cualquier médico, pero es común que sea indicada por un neurólogo, un neumólogo o un especialista en medicina del sueño.
Es una prueba indolora y que causa pocas molestias. En la mayoría de los casos se realiza en laboratorios de sueño (también llamados unidades de sueño), pero es posible que se lleve a cabo en un hospital o incluso en el domicilio del paciente.
¿Qué es la prueba de sueño?
La prueba de sueño, conocida por el término médico polisomnografía (PSG), es un procedimiento diagnóstico que permite monitorizar el funcionamiento de los distintos sistemas del organismo mientras el paciente duerme. Para poder obtener la información, se colocan electrodos y sensores en distintas partes del cuerpo: cabeza, pecho, párpados, mentón y extremidades.
A través de estos sensores es posible registrar datos de la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria, los niveles de oxígeno en la sangre, las ondas cerebrales, los movimientos oculares y la actividad muscular. De esta forma, se obtiene una visión completa de la arquitectura del sueño de la persona, sus fases, la calidad del descanso y la presencia de posibles trastornos.

El procedimiento se suele realizar en instalaciones conocidas como laboratorios o unidades de sueño, que son habitaciones acondicionadas para simular un entorno doméstico confortable. También puede realizarse en hospitales que cuentan con el equipamiento necesario. Por lo general, se programa durante la noche, pero si se requiere, puede hacerse durante el día, lo cual resulta beneficioso para quienes trabajan en horario nocturno.
La prueba de sueño solo puede ser realizada por un profesional sanitario cualificado, generalmente técnicos de polisomnografía, tecnólogos del sueño o enfermeras especializadas. Los resultados son interpretados por el médico especialista en medicina del sueño, que elabora un informe detallado. En algunos casos, se trabaja de forma interdisciplinar, involucrando neurología, neumología, otorrinolaringología, psiquiatría y otras especialidades para obtener una perspectiva más amplia del caso.
Tipos de pruebas de sueño
Existen diferentes tipos de estudios del sueño según la complejidad y el entorno en el que se realizan:
- Polisomnografía completa (nivel I): es el estudio más completo. Se realiza en un laboratorio de sueño con supervisión técnica durante toda la noche. Registra un mínimo de 7 canales, incluyendo electroencefalograma (EEG), electrooculograma (EOG), electromiograma (EMG), flujo aéreo, esfuerzo respiratorio, oximetría y electrocardiograma (ECG).
- Poligrafía respiratoria (nivel III): estudio simplificado que se centra en los parámetros respiratorios y cardiovasculares. Puede realizarse en el domicilio del paciente y se utiliza principalmente para diagnosticar la apnea obstructiva del sueño.
- Oximetría nocturna: el estudio más sencillo. Registra únicamente la saturación de oxígeno y la frecuencia cardíaca durante la noche. Se utiliza como prueba de cribado.
- Test de latencias múltiples del sueño (TLMS): se realiza al día siguiente de una polisomnografía nocturna. Consiste en 4-5 siestas programadas de 20 minutos a lo largo del día para medir la rapidez con la que la persona se queda dormida y si entra directamente en fase REM. Es la prueba de referencia para diagnosticar la narcolepsia.
- Test de mantenimiento de la vigilia (TMV): similar al anterior, pero en este caso se le pide al paciente que intente mantenerse despierto. Se utiliza para evaluar la capacidad de vigilia y la eficacia de los tratamientos.
Prueba de apnea en casa
Como se ha mencionado, en algunos casos se realiza el estudio del sueño en el domicilio del paciente mediante una poligrafía respiratoria domiciliaria. Este estudio es menos completo que la polisomnografía de laboratorio, ya que no incluye todos los sensores. Habitualmente no se registran las ondas cerebrales ni los movimientos oculares, por lo que no permite evaluar la arquitectura del sueño ni diagnosticar trastornos como la narcolepsia o las parasomnias.
Está dirigida fundamentalmente a evaluar casos de sospecha de apnea del sueño en pacientes con alta probabilidad clínica. Incluye sensores para monitorizar el flujo aéreo nasal, el esfuerzo respiratorio torácico y abdominal, la saturación de oxígeno y la frecuencia cardíaca.
Las ventajas de la poligrafía domiciliaria son que el paciente duerme en su entorno habitual, es más económica y tiene listas de espera más cortas. Las limitaciones son que no permite una supervisión técnica durante la noche y tiene menor sensibilidad para grados leves de apnea del sueño.
¿Cuándo se realiza la prueba de sueño?
Un médico considera necesario realizar la prueba de sueño cuando el paciente muestra signos de que el sueño se encuentra afectado o cuando existe sospecha clínica de un trastorno del sueño específico. La información obtenida es una herramienta clave para determinar el diagnóstico, la gravedad del trastorno y la estrategia terapéutica más adecuada.
Gracias a este estudio, un médico puede diagnosticar los siguientes problemas de salud:
- Apnea obstructiva del sueño (SAOS): la indicación más frecuente. Se sospecha en pacientes con ronquido habitual, pausas respiratorias observadas y somnolencia diurna excesiva.
- Narcolepsia: trastorno neurológico que provoca ataques irresistibles de sueño durante el día.
- Síndrome de piernas inquietas y trastorno de movimientos periódicos de las extremidades: sensaciones desagradables en las piernas que obligan a moverlas, especialmente durante el reposo.
- Insomnio crónico: cuando es necesario descartar otras causas orgánicas de la dificultad para dormir.
- Parasomnias: sonambulismo, terrores nocturnos, trastorno de conducta del sueño REM.
- Epilepsia nocturna: ciertos tipos de crisis epilépticas que ocurren preferentemente durante el sueño.
- Ataques de pánico nocturnos.
- Parálisis del sueño.
- Hipersomnia idiopática: somnolencia excesiva sin causa aparente.
- Bruxismo del sueño: rechinar de dientes durante la noche.
- Evaluación preoperatoria: antes de intervenciones quirúrgicas en pacientes con sospecha de apnea del sueño.
Síntomas que pueden motivar la prueba
El médico puede recomendar una prueba de sueño si el paciente presenta:
- Ronquidos fuertes y habituales.
- Pausas respiratorias durante el sueño observadas por el compañero de cama.
- Somnolencia diurna excesiva o fatiga crónica a pesar de dormir suficientes horas.
- Despertares frecuentes durante la noche con sensación de ahogo.
- Dolor de cabeza matutino.
- Dificultad para concentrarse durante el día.
- Movimientos anormales durante el sueño.
- Comportamientos violentos o agitados mientras duerme.
¿Cómo funciona una prueba de sueño?
Para realizar la prueba de sueño se requiere la colocación de electrodos y sensores sobre el cuerpo. Estos dispositivos se encargan de registrar la información de los distintos sistemas del organismo de forma simultánea y continua durante toda la noche.
El uso de estos sensores permite obtener datos sobre cada sistema en específico y, si existe una alteración, diagnosticar la causa del trastorno del sueño. El procedimiento implica la intervención de los siguientes métodos de monitorización:
Electroencefalografía (EEG)
También conocido como electroencefalograma, utiliza electrodos con un gel conductor que permite fijarlos al cuero cabelludo. Estos dispositivos registran la actividad eléctrica del cerebro mientras el paciente se encuentra dormido. El EEG permite identificar las distintas fases del sueño (fase N1, N2, N3 y sueño REM), detectar despertares y microdespertares, y diagnosticar actividad epiléptica nocturna.
Electrocardiografía (ECG)
Se colocan electrodos en el pecho para registrar la actividad eléctrica del corazón. A través de este registro se puede detectar si existen alteraciones del ritmo cardíaco asociadas a los eventos respiratorios durante el sueño, como bradicardias, taquicardias o arritmias.
Electromiograma (EMG)
En la prueba de sueño se utiliza para monitorizar la actividad y el tono muscular. Los electrodos se colocan habitualmente en el mentón y en las piernas. El EMG mentoniano ayuda a identificar la fase REM del sueño (en la que se produce una atonía muscular fisiológica), mientras que el EMG de las piernas permite detectar movimientos periódicos de las extremidades.

Electrooculografía (EOG)
Se colocan dos electrodos sobre la piel a los lados externos de los ojos, permitiendo registrar los movimientos oculares. Es fundamental para identificar la fase REM del sueño, caracterizada por movimientos oculares rápidos.
Sensores de respiración
Se coloca al paciente:
- Bandas torácicas y abdominales: detectan los movimientos respiratorios del pecho y el abdomen mediante pletismografía de inductancia.
- Cánula nasal: registra el flujo de aire por la nariz mediante cambios de presión.
- Termistor oronasal: sensor que detecta el flujo de aire por la nariz y la boca mediante cambios de temperatura.
- Oxímetro de pulso: dispositivo que se coloca en la punta del dedo y permite medir de forma continua la saturación de oxígeno en la sangre y la frecuencia cardíaca.
- Sensor de ronquido: micrófono que registra la intensidad y frecuencia de los ronquidos.
- Sensor de posición corporal: permite conocer la posición del paciente (decúbito supino, lateral, prono) durante cada momento de la noche, ya que muchos trastornos se agravan en determinadas posiciones.
Monitorización de audio y vídeo
A través de cámaras infrarrojas y micrófonos, el personal sanitario que realiza la prueba puede observar y escuchar lo que sucede mientras el paciente duerme. Esta información se sincroniza con el registro de los electrodos y sensores para facilitar la correlación entre los eventos clínicos y los datos fisiológicos.
Preparación previa a la prueba de sueño
El médico evaluará los síntomas y determinará si es necesario someter al paciente a una prueba de sueño. Al programar la cita, se tendrán en cuenta sus hábitos de sueño, el horario habitual y las circunstancias personales.
Durante la preparación se debe tener en cuenta lo siguiente:
- Higiene: debe bañarse y asearse correctamente antes de la prueba. Sin embargo, no debe aplicar en el cuerpo lociones, cremas, aceites ni productos similares. Tampoco debe aplicar en el cabello productos de estilismo (gel, laca, cera), ya que pueden dificultar la adhesión de los electrodos. También se indicará que no debe usar esmalte de uñas ni uñas postizas, ya que pueden interferir con las lecturas del oxímetro de pulso.
- Artículos necesarios: es recomendable llevar cepillo de dientes, pasta dental, pijama o ropa cómoda para dormir y ropa para cambiarse al día siguiente. También se puede llevar una almohada propia si eso mejora la comodidad.
- Medicamentos: si mantiene algún tipo de tratamiento farmacológico, administre los medicamentos según lo pautado a menos que su médico le indique que debe suspender la toma. Algunos fármacos (benzodiacepinas, antidepresivos, antihistamínicos) pueden alterar la arquitectura del sueño, por lo que el médico valorará si conviene suspenderlos temporalmente.
- Informe de alergias: en caso de que sufra algún tipo de alergia cutánea, informe a su médico o al técnico para implementar alternativas que permitan realizar el estudio sin causar reacciones en la piel.

Además, se recomienda evitar:
- Consumir café, té, chocolate, bebidas energéticas o alcohol al menos ocho horas antes de la prueba, ya que pueden alterar los patrones de sueño y producir resultados no representativos.
- Tomar siestas el día de la prueba, ya que pueden dificultar conciliar el sueño durante el estudio.
- Realizar ejercicio físico intenso las horas previas a la prueba.
¿Qué sucede durante la prueba de sueño?
Los profesionales sanitarios que realizan el estudio guiarán al paciente a la habitación donde se llevará a cabo la prueba. Le darán tiempo para que se ponga la ropa de dormir y procederán a colocar los electrodos y sensores. Para verificar que funcionan correctamente, le darán indicaciones para realizar ciertas tareas (mover los ojos, apretar los dientes, respirar profundamente). Esto permitirá calibrar todo el equipamiento.
Los cables son lo suficientemente largos para permitir el libre movimiento en la cama. Una vez que el paciente realice su rutina habitual antes de dormir y esté dormido, los técnicos comenzarán a monitorizar las funciones registradas. En caso de que se suelte algún sensor, entrará alguien a colocarlo de nuevo. Si el paciente necesita ir al baño, puede avisar y le desconectarán temporalmente los sensores.
Al día siguiente, cuando despierte, el personal retirará todos los electrodos y sensores. El paciente podrá asearse, cambiarse de ropa y retirarse. Los resultados serán analizados por el especialista en medicina del sueño y estarán disponibles habitualmente en un plazo de una a tres semanas.
Interpretación de los resultados
El informe de la polisomnografía incluye numerosos parámetros que el médico especialista interpreta de forma conjunta:
Índice de apnea-hipopnea (IAH)
Es el parámetro más importante para diagnosticar la apnea del sueño. Mide el número de apneas (cese completo del flujo aéreo durante al menos 10 segundos) e hipopneas (reducción parcial del flujo aéreo) por hora de sueño:
- IAH menor de 5: normal.
- IAH entre 5 y 15: apnea leve.
- IAH entre 15 y 30: apnea moderada.
- IAH superior a 30: apnea grave.
Otros parámetros relevantes
- Eficiencia del sueño: porcentaje del tiempo en cama que el paciente realmente duerme. Lo normal es superior al 85 %.
- Latencia del sueño: tiempo que tarda en dormirse. Lo normal es entre 10 y 20 minutos.
- Arquitectura del sueño: distribución de las fases del sueño (N1, N2, N3 y REM) y su proporción respecto al tiempo total de sueño.
- Índice de desaturación de oxígeno (IDO): número de caídas de la saturación de oxígeno de al menos un 3-4 % por hora.
- Saturación mínima de oxígeno: el valor más bajo registrado durante la noche.
- Índice de movimientos periódicos de extremidades (IMPE): número de movimientos periódicos de las piernas por hora de sueño. Un IMPE superior a 15 se considera significativo.
- Microdespertares (arousals): despertares breves que fragmentan el sueño y disminuyen su calidad reparadora.
Tratamientos derivados de la prueba de sueño
En función de los resultados, el médico puede recomendar diferentes tratamientos:
- CPAP (presión positiva continua en las vías aéreas): es el tratamiento de referencia para la apnea obstructiva del sueño moderada-grave. Consiste en una mascarilla conectada a un dispositivo que genera un flujo de aire continuo que mantiene abiertas las vías respiratorias durante el sueño.
- Dispositivos de avance mandibular (DAM): férulas dentales que desplazan la mandíbula hacia delante para ampliar la vía aérea. Se utilizan en apneas leves-moderadas o cuando el paciente no tolera la CPAP.
- Cirugía: en casos seleccionados, se pueden realizar intervenciones como la uvulopalatofaringoplastia (UPPP), la cirugía de avance maxilomandibular o la estimulación del nervio hipogloso.
- Medidas higiénico-dietéticas: pérdida de peso, evitar el alcohol y los sedantes, dormir en posición lateral, mantener horarios de sueño regulares.
- Tratamiento farmacológico: para la narcolepsia (modafinilo, oxibato sódico), el síndrome de piernas inquietas (agonistas dopaminérgicos, gabapentina), o el trastorno de conducta del sueño REM (clonazepam, melatonina).
- Terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I): tratamiento de primera línea para el insomnio crónico, que incluye técnicas de restricción del sueño, control de estímulos e higiene del sueño.
Cuándo acudir al médico
Es recomendable consultar con un profesional sanitario si se presentan:
- Ronquidos fuertes y habituales, especialmente si se acompañan de pausas respiratorias.
- Somnolencia diurna excesiva que afecta a la vida laboral, social o a la conducción de vehículos.
- Despertares nocturnos frecuentes con sensación de ahogo o asfixia.
- Fatiga crónica a pesar de dormir un número suficiente de horas.
- Movimientos anormales o conductas violentas durante el sueño.
- Ataques de sueño irresistibles durante el día.
- Dificultad crónica para conciliar o mantener el sueño que no mejora con medidas de higiene del sueño.
Los trastornos del sueño no tratados pueden tener consecuencias graves para la salud, incluyendo mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2, accidentes de tráfico y deterioro cognitivo.
Referencias
- Sociedad Española de Sueño (SES). Guía de práctica clínica para el diagnóstico y tratamiento del síndrome de apneas-hipopneas del sueño. SES
- American Academy of Sleep Medicine (AASM). (2014). International Classification of Sleep Disorders, 3rd edition (ICSD-3). Darien, IL: AASM.
- Kapur, V. K., et al. (2017). Clinical Practice Guideline for Diagnostic Testing for Adult Obstructive Sleep Apnea. Journal of Clinical Sleep Medicine, 13(3), 479-504. PubMed
- MedlinePlus. Polisomnografía (estudio del sueño). Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. MedlinePlus
- Grupo Español de Sueño (GES). Consenso Nacional sobre el síndrome de apneas-hipopneas del sueño.
- Mayo Clinic. Polysomnography (sleep study). Mayo Clinic

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.