Pie cavo: qué es, síntomas y tratamiento

Síntomas del pie cavo

El pie cavo se presenta como una deformidad del pie donde la zona del arco plantar se encuentra más elevada de lo normal. Esta afección no solo provoca un cambio en la forma de caminar, sino que se acompaña de dolor, tensión y otras molestias. Y es producto de un cambio en el soporte de cargas del pie.

Si bien el síntoma más evidente es la forma más pronunciada del arco plantar, dependiendo de la gravedad es posible que aparezcan síntomas que afecten en gran medida la marcha. Incluso es posible presentar molestias persistentes como el dolor. Por lo que es necesario acudir al médico para una revisión al momento en que los signos empiezan a aparecer.

Índice
  1. ¿Qué es el pie cavo?
  2. Tipos de pie cavo
  3. Causas del pie cavo
  4. Síntomas
  5. Diagnóstico
  6. Tratamiento

¿Qué es el pie cavo?

Para entender de qué se trata el pie cavo es necesario conocer un poco de la anatomía del pie. En específico, se habla del arco plantar, la zona del pie de forma curva encargada de soportar y equilibrar las cargas durante el movimiento, sirviendo de apoyo ya sea al caminar o correr. Está formado de músculos y ligamentos que ayudan a permanecer unidos los huesos, permitiendo que se cumpla su función. Se encuentra ubicado en el medio del pie en la parte inferior.

Sin embargo, pueden desarrollarse problemas o defectos del arco plantar que pueden dificultar el movimiento. Incluso pueden desarrollar deformación del pie, por lo que se necesita que un especialista evalúe. En este grupo de patologías se reconoce el pie cavo, una afección que provoca que el puente esté más alto generando un arco plantar elevado. Y suele observarse en ambos pies. 

Pie cavo

Como consecuencia, el punto de apoyo cambia, situándose justo debajo de los dedos del pie y en el talón. Este cuadro puede ocasionar un cambio anatómico en el pie. En primera instancia se habla de un acortamiento de los tendones encargados de la extensión de los dedos. Es así como adoptan una posición flexionada en forma de garra. La persona tiende a sentir dolor con frecuencia y aparecen callosidades. 

También se observa una afectación del tríceps sural, lo cual interfiere en el funcionamiento del tendón de Aquiles. Puede ocasionar varismo y un dolor constante durante la marcha o cuando se realiza otra actividad física que incluya los pies.

El pie cavo puede estar presente desde el nacimiento, aunque es más común que se desarrolle en niños de 8 a 12 años de edad. Existe una incidencia del 15% en la etapa adulta, y suele observarse con mayor frecuencia en hombres que en mujeres.

Tipos de pie cavo

Para el diagnóstico y tratamiento del pie cavo es necesario reconocer que existen diferentes tipos de alteraciones de esta afección. Estas se encuentran clasificadas según la posición del talón y el antepié. Para determinar el grado de deformación se utilizan instrumentos como el goniómetro y estudios radiológicos. De esta manera, se conocen los siguientes tipos según la posición que mantiene el talón:

  • Neutro: el eje del talón y la pierna se encuentran alineados, por lo cual no existe desviación del talón.
  • Valgo: el talón se encuentra desviado hacia adentro respecto al eje de la pierna. Esto provoca que exista un mayor apoyo en el interior de la planta del pie.
  • Varo: existe una desviación del talón hacia afuera respecto al eje de la pierna. Como consecuencia, se tiende a apoyar en la zona externa de la planta del pie.

Los médicos también suelen clasificar el pie cavo según el grado de inclinación que se presenta en la zona anterior o posterior del pie:

  • Pie cavo anterior: se considera como el tipo más común de esta deformación. Los huesos metatarsianos presentan una mayor inclinación, lo cual aumenta la elevación del arco plantar. Suele presentar el signo de los dedos en garra.
  • Pie cavo posterior: existe una mayor inclinación del hueso calcáneo. Esto provoca una caída más prominente del talón, ocasionando que el inicio del arco plantar se observe mucho más marcado.
  • Mixto: se producen ambas alteraciones del pie cavo.

También es posible clasificar según el origen o factor causal:

  • Congénito: se produce desde el nacimiento. Se asocia a un origen genético y tiene una incidencia menor.
  • Adquirido: aparece a lo largo de la vida de la persona. Es muy común en adolescentes.
  • Idiopático: se desconoce la razón por la cual se ha producido la deformación.

Causas del pie cavo

En la mayoría de los casos se desconoce la razón por la cual se ha producido el pie cavo. En muchas ocasiones se ha asociado a un defecto en el desarrollo de los sistemas neurológico y músculo-esquelético. Otras causas pueden englobar patologías que provocan una alteración de los músculos y huesos del arco plantar. Por lo que puede aparecer a cualquier edad, existiendo mayor riesgo a partir de los 8 años.

En este sentido, se ha puntualizado que puede verse influido su desarrollo por las siguientes causas:

  • Factores genéticos: se asocia a una predisposición hereditaria, presentando antecedentes familiares de esta deformación. Debido a esto, aumenta el riesgo de que se desarrolle pie cavo, tanto desde el nacimiento como en la etapa adulta.
  • Enfermedades neuromusculares: en general existe un mayor riesgo cuando se padece de alguna condición neurológica que afecta los nervios y músculos de los pies. Se ha asociado a patologías como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, parálisis cerebral, espina bífida, entre otros.
  • Lesiones: lesiones en el pie, o incluso del tobillo, pueden favorecer el desarrollo de una deformación del arco plantar, provocando su elevación. Suele asociarse a esguinces o fracturas.
  • Problemas musculares: algunas afecciones de los músculos y los tendones pueden provocar una mayor contracción de estos tejidos, lo cual favorece la elevación del arco plantar.
  • Cierto tipo de calzados: utilizar calzado poco apropiado incide en la deformación del arco plantar.

Síntomas

Al generar un cambio en la fisonomía del pie, esta deformación puede desencadenar la aparición de síntomas, siendo el más común la observación de un arco plantar elevado. Pueden verse agravados según el grado del pie cavo:

  • Dolor en el antepié: es provocado por un arqueamiento pronunciado del arco plantar debido a la tensión del antepié y de los huesos metatarsianos.
  • Dureza plantar: suelen provocar dolor y aparecen como consecuencia del aumento de presión en la zona del antepié. 
  • Dolor en el talón: al haber una deformación del hueso calcáneo resultado de una mala posición del talón se produce mayor tensión de los tejidos. También genera irritación de la bolsa sinovial que rodea al talón de Aquiles, causando mayores molestias. Puede provocar la aparición del síndrome de Haglund.
  • Dolor en la planta, dorso y dedos: aumenta la tensión en la fascia plantar ocasionando la aparición del dolor. Al ser una deformidad prominente, las molestias pueden extenderse a los dedos y al dorso, sobre todo al haber roce al utilizar zapatos.
  • Callos: pueden aparecer en zona debajo de los dedos del pie, sobre todo debajo del primer y último dedo.
  • Dedos en garra: la retracción de los dedos se produce por la deformación de los tendones implicados en la contracción de los dedos del pie. También es consecuencia de la necesidad de adoptar la posición para lograr el equilibrio.

Además de estos, la persona puede presentar otros signos muy comunes como:

  • Dolor generalizado.
  • Calambres.
  • Entumecimiento.
  • Inestabilidad.
  • Dolor muscular, producto de la elevación del arco plantar.
  • Dolor en otras zonas como las piernas, las rodillas y las caderas.
  • Alteraciones de la marcha y dificultad para movilizarse.
  • Rigidez en los pies.
  • Lesiones frecuentes del tobillo.
  • Cambio del punto de apoyo del pie, favoreciendo la aparición de callosidades.

Diagnóstico

La detección del pie cavo suele ser muy fácil para muchos especialistas, siendo observable a simple vista. Aun así, requiere una valoración más profunda y extensa para determinar el alcance de la deformidad. De esta manera, se puede determinar cuál será el abordaje más adecuado al caso. 

Una vez que se acude al médico, el diagnóstico iniciará con una entrevista y el desarrollo de la historia clínica. Aquí se podrá determinar si existen antecedentes familiares de esta afección.

Esto se complementará con un examen físico. Durante este proceso no solo se observa la deformidad, sino la movilidad, flexibilidad y postura de la zona del pie, incluyendo los tobillos. Además, se evalúa la respuesta neurológica determinando si existe o no alguna implicación en la deformación.

Se realizará el test de Coleman para valorar la flexibilidad del retropié. Para esto se coloca el pie del paciente en un bloque de 2,5 a 4 cm de espesor. Solo debe apoyarse el talón y el borde lateral. Esto dejará al primer, segundo y tercer metatarsiano colgando. Si el retropié se corrige entonces mantiene la flexibilidad. En caso contrario está rígido.

Se solicitan otros estudios para determinar la gravedad del pie cavo. El podoscopio, el fotopodograma y la pedobarografía se utilizan para estudiar la desigualdad de carga, La electromiografía permite evidenciar la actividad muscular, siendo esencial cuando se sospecha de una enfermedad neurológica o neuromuscular. Además, será necesario facilitar al médico estudios de imagen como radiografías, tomografías computarizadas o resonancias magnéticas. No solo se utilizan para diagnosticar el pie cavo, sino que funciona para determinar si existe daño a los tejidos o no.

Tratamiento

El abordaje dependerá del tipo de pie cavo y la gravedad del mismo. Además, cuando hay dolor se receta el uso de analgésicos para mejorar el estado del paciente. En el momento en que aparezcan los síntomas se deberá acudir a un especialista, bien sea podólogo u ortopedista, para aplicar el tratamiento lo más pronto posible y evitar complicaciones.

Entre las opciones disponibles y más recomendadas se tienen:

  • Plantillas ortopédicas: sirven de soporte para el arco plantar y ayudan a distribuir mejor la carga, de esta manera se reduce el dolor y se mejora la movilidad.
  • Calzado adecuado: se debe utilizar zapatos que brinden soporte al arco del pie.
  • Tratamiento a la causa subyacente: se debe tratar la afección que provoca el pie cavo para lograr un mejor pronóstico y evitar que se vuelva a desarrollar a futuro debido a un tratamiento incompleto..
  • Ortesis: se colocan férulas que ayudan a corregir la elevación del arco. Además de dar mejor soporte, alivian la tensión provocada por la deformación.
  • Cirugía: esta opción solo se evalúa cuando ningún otro tratamiento ha sido efectivo. Se puede realizar una osteotomía para cortar y corregir la alineación del hueso. También es posible realizar artrodesis  donde se trabajan las articulaciones.

Tratamiento pie cavo

También se ha comprobado que la fisioterapia puede ser muy efectiva. Esta alternativa se enfoca en devolver su función al pie y aliviar los síntomas provocados por la deformidad. Suele recomendarse los siguientes ejercicios:

  • Estiramientos: ayuda a aliviar la tensión y mejorar la flexibilidad de los músculos, articulaciones y tendones.
  • Ejercicios de fortalecimiento: se utilizan para mejorar la fuerza de los músculos, lo cual incide en el equilibrio y estabilidad.
  • Movilización articular: enfocada en mejorar la movilidad del pie y el tobillo al mismo tiempo que ayuda a alinear las articulaciones.
  • Masajes: alivian el dolor, la tensión y favorecen la circulación en la zona.
  • Entrenamiento de la marcha y equilibrio: se realizan ejercicios que permiten mejorar la forma de caminar y reducir la presión en los puntos de apoyo lo cual favorece la estabilidad.
  • Reeducación neuromuscular: se busca trabajar en la conexión del sistema nervioso con los músculos del pie para así mejorar la función motora.

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