Disuria

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Disuria
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La micción es un indicador importante del estado general de salud, los niveles de hidratación y el correcto funcionamiento del aparato urinario. Expulsar la orina de forma regular es esencial para evitar infecciones y otras complicaciones. En este artículo abordaremos en profundidad la disuria: qué es, qué tipos existen, cuáles son sus causas y síntomas, cómo se diagnostica y qué tratamientos y medidas preventivas están disponibles.

Orinar es una de las funciones fisiológicas más habituales del ser humano y, además, constituye un mecanismo natural de depuración del organismo que permite eliminar toxinas y productos de desecho. Sin embargo, en ocasiones este proceso puede verse alterado, dificultado o resultar doloroso.

¿Qué es la disuria?

La disuria se define como la dificultad, el dolor o el malestar que se experimenta durante la micción. Habitualmente, estos síntomas se manifiestan como una sensación de escozor o ardor al orinar, aunque también pueden incluir presión intensa en la vejiga o dolor en la uretra. Este problema urinario afecta con mayor frecuencia a las mujeres, pero también puede presentarse en hombres a cualquier edad [1].

Tipos de disuria

  1. Disuria total: se produce durante toda la micción. Puede estar causada por un tumor de próstata, estenosis uretral o patologías vesicales.
  2. Disuria inicial: también denominada micción retardada, consiste en la dificultad para comenzar a orinar, lo que obliga a esperar unos instantes antes de que se inicie el chorro miccional. No siempre indica enfermedad, ya que puede aparecer cuando la vejiga está muy distendida. Es frecuente en la hiperplasia benigna de próstata, especialmente tras retenciones prolongadas.
  3. Disuria terminal: se produce cuando la micción se interrumpe de forma brusca e involuntaria. Suele estar asociada a una litiasis urinaria, situación en la que un cálculo se enclava en la vía urinaria y obstruye el flujo de orina.

Causas de la disuria en los hombres

Disuria en hombres La disuria se origina por la irritación, inflamación o aumento de tamaño del trígono vesical o de la uretra, lo que dificulta el inicio de la micción, provoca ardor durante el vaciado y genera micciones frecuentes y dolorosas.

En la mayoría de los casos, la disuria está relacionada con una infección del tracto urinario, ya sea en su porción inferior (cistitis, uretritis) o superior (pielonefritis) [2]. En las infecciones altas, la alteración de la capacidad de concentración renal puede contribuir a la polaquiuria.

Estas son algunas de las causas más frecuentes de disuria en hombres:

  • Cistitis o infección urinaria: infección que puede afectar a cualquier parte del sistema urinario (riñones, vejiga, uretra). Aunque se asocia principalmente a las mujeres, también puede presentarse en hombres.
  • Uretritis: inflamación de la uretra que produce enrojecimiento e hinchazón, generando escozor al orinar y dolor durante las relaciones sexuales. Requiere atención urgente cuando se debe a una infección de transmisión sexual (ITS).
  • Cervicitis: inflamación del cuello del útero que afecta a las mujeres en edad fértil y provoca dolor, hinchazón y enrojecimiento vaginal. El hombre puede infectarse por transmisión sexual sin protección y desarrollar uretritis secundaria.

Existen otras enfermedades y factores que pueden provocar disuria:

  1. Orquiepididimitis.
  2. Prostatitis.
  3. Contacto con sustancias irritantes o alérgenos.
  4. Cistitis intersticial.
  5. Artritis reactiva (síndrome de Reiter).
  6. Cáncer de próstata.
  7. Cálculos vesicales.
  8. Infección por Chlamydia trachomatis.
  9. Fármacos quimioterápicos (como ciclofosfamida).
  10. Gonorrea.
  11. Procedimientos quirúrgicos o instrumentación de las vías urinarias.
  12. Infección renal (pielonefritis).
  13. Cálculos renales (nefrolitiasis).
  14. Jabones, perfumes y otros productos de higiene íntima.
  15. Estenosis uretral.

Síntomas asociados a la disuria

Causas de la disuria

Los síntomas que acompañan a la disuria son frecuentes en diversas afecciones urinarias y deben servir de alerta para acudir al especialista lo antes posible y obtener un diagnóstico oportuno. Los más habituales son [3]:

  • Fiebre.
  • Dolor o molestia lumbar.
  • Ardor y dolor al orinar.
  • Antecedentes de instrumentación reciente de las vías urinarias.
  • Episodios recurrentes de infecciones urinarias.
  • Anomalías conocidas del tracto urinario.

¿Cómo se realiza el diagnóstico?

Antes de instaurar un tratamiento, es fundamental realizar un diagnóstico exhaustivo que permita identificar las causas del problema para abordarlo de forma eficaz. El proceso diagnóstico incluye los siguientes pasos [4]:

  • Anamnesis (antecedentes médicos): es imprescindible recoger información sobre los síntomas que acompañan a la disuria, como dolor de espalda, fiebre, dolor en el flanco o dificultad miccional agravada. Además, se debe verificar si el paciente ha presentado hematuria (orina con sangre), orina de color muy concentrado (rojizo o anaranjado) o con mal olor. También es relevante conocer si ha mantenido relaciones sexuales con o sin protección, o si ha sido sometido a alguna intervención quirúrgica previa.
  • Antecedentes personales: es importante determinar si el paciente ha presentado otras complicaciones urinarias, padece alguna enfermedad prostática, ha recibido radioterapia pélvica o cirugía en la zona. Igualmente, se debe registrar la medicación que el paciente esté tomando en el momento de la consulta.
  • Exploración física: se centra en el aparato urogenital. Durante la inspección deben buscarse secreciones o lesiones compatibles con infecciones de transmisión sexual. En el caso de los hombres, el tacto rectal permite evaluar el tamaño y la consistencia de la próstata. Además, conviene explorar la piel, las articulaciones y las mucosas para descartar lesiones propias de una artritis reactiva (conjuntivitis, lesiones vesiculares). La palpación del flanco, el abdomen y la zona lumbar ayuda a detectar dolor en la región renal. Por último, la exploración del prepucio y los testículos resulta útil para identificar posibles lesiones en el pene, así como dolor, inflamación u otras alteraciones.

Tratamiento de la disuria

Es importante tener en cuenta que el tratamiento depende de la causa subyacente, por lo que puede variar de un paciente a otro. En el caso de las infecciones urinarias no complicadas, algunos especialistas recomiendan una pauta antibiótica de 3 días con trimetoprim-sulfametoxazol [5].

En determinados casos se prescribe tratamiento para enfermedades de transmisión sexual en hombres que presentan síntomas similares a los de la disuria. Cuando se trata de una disuria aguda e intensa secundaria a una cistitis, puede aliviarse con fenazopiridina en dosis de 100 o 200 mg por vía oral, 3 veces al día durante las primeras 24 a 48 horas [6].

Cabe destacar que este fármaco tiñe la orina de un color rojizo o anaranjado, dato que debe conocerse para no confundirlo con una hematuria o una infección del tracto urinario. Si se confirma una infección, el tratamiento debe ser con un antibiótico adecuado y la duración habitual oscila entre 10 y 14 días.

Antibiótico para la disuria

Prevención de la disuria

Es posible reducir el riesgo de disuria adoptando medidas preventivas oportunas, especialmente frente a las infecciones urinarias, que son muy frecuentes y fáciles de contraer. Diversos factores anatómicos, hormonales y conductuales pueden favorecer su aparición, como la diabetes, los cálculos urinarios, las enfermedades neurodegenerativas, el reflujo vesicoureteral o la actividad sexual sin protección.

Los síntomas de una cistitis pueden incluir dolor y escozor al orinar, mal olor de la orina, coloración oscura o presencia de sangre, fiebre con escalofríos y malestar general. No obstante, la presentación clínica puede variar según la edad del paciente:

Hombres jóvenes: la infección urinaria suele manifestarse como una prostatitis, que puede ser aguda (con fiebre elevada, dificultad miccional, dolor al orinar y sensación de pesadez en la zona perineal) o crónica (con trastornos de la eyaculación, hemospermia, dolor genital y lumbar bajo).

Hombres mayores de 50 años: son más propensos a sufrir complicaciones urológicas. Los síntomas más habituales son dolor y escozor al orinar o, en algunos casos, retención urinaria que puede requerir la colocación de una sonda vesical.

Aunque no es un síntoma directo de la disuria, la nocturia puede asociarse a este cuadro, sobre todo en hombres de edad avanzada. Según diversos estudios, entre el 30 % y el 60 % de los varones mayores de 70 años se despiertan varias veces por la noche para orinar y presentan síntomas molestos como ardor miccional [7].

La nocturia puede deberse al deterioro de la capacidad de almacenamiento vesical por hipertrofia benigna de próstata, vejiga hiperactiva, cáncer de próstata o de vejiga, reducción de la capacidad funcional vesical, así como a trastornos del sueño, enfermedad de Parkinson, ansiedad o demencia.

Para mitigarla, se recomienda orinar antes de acostarse y moderar la ingesta de líquidos por la noche, especialmente bebidas con cafeína o alcohol. En todo caso, es fundamental seguir las indicaciones del especialista.

En caso de infección urinaria confirmada, el tratamiento consiste en antibioterapia, al igual que en las mujeres. Sin embargo, en los hombres suele ser un proceso más complejo por factores anatómicos, lo que hace necesario prolongar el tratamiento generalmente durante 2 a 3 semanas para asegurar la erradicación bacteriana [8].

Para reducir el riesgo de infecciones urinarias y prevenir la disuria, se recomiendan las siguientes medidas:

  • Higiene íntima con agua: es muy importante que el aseo genital se realice solo con agua o, en todo caso, con jabones que no alteren el pH de la zona.
  • Evitar la humedad: después de cada ducha es necesario secar bien los genitales, al igual que tras ir al baño. La humedad favorece la proliferación de bacterias causantes de infecciones urinarias.
  • Limpieza correcta tras la defecación: siempre de delante hacia atrás para evitar el arrastre de bacterias intestinales hacia la uretra.
  • Hidratación adecuada: una orina clara y transparente indica una buena hidratación. Se recomienda ingerir entre 1,5 y 2 litros de agua al día para favorecer la eliminación de toxinas a través de la orina.
  • Vaciar la vejiga completamente: es recomendable orinar sin prisas para lograr un vaciado completo de la vejiga, lo que contribuye a prevenir infecciones del tracto urinario. Lo habitual es orinar cada 3 a 4 horas.
  • Orinar después de las relaciones sexuales: la micción tras el coito ayuda a arrastrar las bacterias que puedan haber ascendido por la uretra.
  • Ropa interior de algodón y vestimenta holgada: los tejidos sintéticos retienen humedad y crean un ambiente propicio para las bacterias. Lo mismo ocurre con la ropa excesivamente ajustada.

Referencias

  1. Mehta P, Reddivari AKR. Dysuria. StatPearls. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2024. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK549918/
  2. Bono MJ, Leslie SW, Reygaert WC. Urinary Tract Infection. StatPearls. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2024. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK470195/
  3. Michels TC, Sands JE. Dysuria: Evaluation and Differential Diagnosis in Adults. Am Fam Physician. 2015;92(9):778-786.
  4. Bremnor JD, Sadovsky R. Evaluation of dysuria in adults. Am Fam Physician. 2002;65(8):1589-1596.
  5. Gupta K, Hooton TM, Naber KG, et al. International clinical practice guidelines for the treatment of acute uncomplicated cystitis and pyelonephritis in women. Clin Infect Dis. 2011;52(5):e103-e120.
  6. Aronson JK. Phenazopyridine. En: Meyler’s Side Effects of Drugs. 16.ª ed. Elsevier; 2016. p. 725-726.
  7. Bosch JL, Weiss JP. The prevalence and causes of nocturia. J Urol. 2013;189(1 Suppl):S86-S92.
  8. Lipsky BA, Byren I, Hoey CT. Treatment of bacterial prostatitis. Clin Infect Dis. 2010;50(12):1641-1652.
Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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