Ceguera al cambio y atención

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Ceguera al cambio y atención
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El cerebro es el órgano más complejo del cuerpo humano. Se encarga de ejercer un control centralizado y enviar respuestas rápidas y coordinadas a los demás órganos del cuerpo. Dichas respuestas son enviadas de acuerdo con los estímulos que se reciben del medio ambiente. Estos estímulos interconectan diferentes partes del cerebro, donde se decodifica la información y vuelve en forma de impulso nervioso.

Una de las principales funciones cerebrales es la atención; una habilidad mental que nos ayuda a generar y mantener activas las funciones cerebrales que permiten un adecuado procesamiento de la información.

¿Qué es la atención?

La atención es una función cerebral limitada. Esta nos permite concentrarnos en nuestro ambiente visual y seleccionar y filtrar aspectos de nuestra vida cotidiana, para poder priorizar lo que es realmente importante. Sin embargo, cuando prestamos atención a lo que nos parece relevante, dejamos de prestarle atención al resto de las cosas.

Según William James (psicólogo y filósofo), la atención es tomar posesión consciente de la mente para focalizarnos en algo específico; esto implica la retirada de algunas cosas para poder tratar efectivamente otras.

Para Daniel Simons (psicólogo especializado en la percepción humana, la memoria y la consciencia), nuestro cerebro no puede prestarle atención a todo lo que nos rodea, y por eso evolucionó para centrar su atención en lo que realmente importa. En dicha evolución se crea una interconexión de las partes cerebrales mediante atajos que le ayudan a reducir el mundo a lo esencial.

Desde un punto de vista dinámico, la atención es considerada como una inhibición mental, pues atender algo significa dejar de atender a lo demás, fijar y limitar nuestro pensamiento en lo que nos interesa en ese momento.

Proceso de atención

El proceso de atención recorre diferentes etapas. Estas etapas no hacen referencia a los objetos que atendemos, sino que se refieren a la claridad, vivacidad y penetración del proceso psíquico mismo. Se dividen de acuerdo con el grado de intensidad de la atención:

  1. Presencia del objeto: la mera presencia del objeto es lo que nos da el grado inferior de un contenido consciente, que existe aunque falte la atención propiamente dicha.
  2. Actitud hacia el objeto: la actitud de tomar nota del objeto significa que nos referimos atentamente al mismo; sobre esa base pasaremos a organizar nuestras posteriores actividades.
  3. Verificación del objeto: cuando verificamos un objeto significa que permanecemos voluntariamente en el asunto y tratamos de fijar el objeto en nuestra mente.

Tipos de atención

Tipos de atención

Atención sostenida

La atención sostenida es la capacidad de un individuo para mantener la concentración durante largos períodos de tiempo, incluso si está expuesto a una acción o actividad repetitiva.

Atención selectiva

La atención selectiva es la capacidad de seleccionar entre varios estímulos y focalizar la concentración en el de mayor importancia o en el que el cerebro seleccione. Es el tipo de atención más fácil de lograr y el más utilizado diariamente por la mayoría de las personas.

Atención interna y externa

La atención interna es la capacidad que presenta un individuo para comprender sus propios procesos mentales, por ejemplo, sus pensamientos. El estado de atención interna puede encontrarse en prácticas como la meditación o el mindfulness.

La atención externa es la capacidad de un individuo para identificar y concentrarse en factores externos, por ejemplo, el sonido de los pájaros.

Atención alternante

Es la capacidad de transferir inmediatamente la concentración de una actividad u objeto a otro. Se trata de alternar la atención entre dos o más tareas que no pueden realizarse de forma simultánea. Al igual que la atención selectiva, la atención alternante es utilizada por las personas con mucha frecuencia.

Atención voluntaria e involuntaria

La atención voluntaria es cuando se fija la concentración en un elemento específico que nosotros decidimos priorizar; a diferencia de la atención involuntaria, que se produce cuando un estímulo llega al cerebro con una fuerza mayor que la de otro estímulo y acapara la atención de nuestra mente.

Atención dividida

La atención dividida, también llamada multitarea, es la capacidad de un individuo para concentrarse en dos o más factores ambientales o estímulos de forma simultánea. En este proceso, el cerebro distribuye la atención entre diferentes tareas o diferentes objetivos que requiere una misma tarea. Esta capacidad es difícil de adquirir y solo un pequeño porcentaje de la población está dotado de ella.

Condiciones fisiológicas y psicológicas de la atención

Las condiciones fisiológicas que acompañan a la atención comprenden reacciones motrices, circulatorias y respiratorias.

Las reacciones motrices ocurren cuando atendemos un objeto o situación con energía. En ese momento se producen ciertos movimientos como: adaptación de los órganos de los sentidos, contracciones musculares y, en general, actitudes corporales que actúan como ayuda de nuestra consciencia para hacer más eficaz el proceso de la atención. Uno de los movimientos más notorios es la contracción de los músculos faciales, principalmente los frontales.

La circulación sanguínea se altera, notándose un aumento y una aceleración en el cerebro y una disminución —acompañada de fenómenos como el estrechamiento de los vasos sanguíneos— en otras partes del cuerpo. También se observa un cambio en el ritmo respiratorio; este se vuelve tan acelerado que desaparece la pausa intermedia entre los actos de respiración, o tan lento que tiende a la suspensión de estos. Esto último puede ocurrir cuando intentamos, por ejemplo, prestar atención a un pequeño ruido o a un pequeño movimiento.

Duración de la atención

El esfuerzo parcial de la atención puede compararse metafóricamente con una ola: la distancia que separa la cresta de la base de la ola representaría la magnitud del esfuerzo mental. Pero si estamos frente a un caso de atención continuada, podríamos compararla con el vaivén del oleaje. La atención es fluctuante, no tiene una continuidad homogénea, sino intermitente; en ella existen oscilaciones que se traducen en distintos grados de claridad, que pueden presentar los mismos contenidos de consciencia en distintos momentos del proceso psíquico.

La atención tiene una duración limitada. Esto ocurre porque es provocada por un motivo particular y depende de múltiples condiciones psíquicas y orgánicas.

Se ha intentado medir la duración de la atención, es decir, el tiempo que permanece un asunto determinado en el foco de la consciencia. Algunos autores afirman que nuestra atención solo puede llegar a una concentración mínima de 3 a 20 segundos (en los asuntos menos relevantes) o de 3 a 5 minutos (en los asuntos de mayor relevancia). Otros autores estiman que el límite de duración de la atención en los asuntos importantes puede alcanzar hasta 30 minutos de concentración.

La duración de la atención puede variar según ciertos factores como: la edad, la personalidad, la condición física, la profesión, la condición psicológica, etc. Por tanto, entendemos que la duración de la atención es totalmente relativa.

En situaciones de estrés o fatiga, se ha comprobado que existe una disminución en la capacidad de concentración. Por ejemplo, si estamos realizando una tarea pero nos encontramos agotados, nuestra mente comienza a realizar un esfuerzo cada vez mayor para lograr la concentración; pero llega un momento en que es necesario parar y nos vemos obligados a abandonar lo que estábamos haciendo. En este caso, nuestra atención habrá llegado al límite de su resistencia.

Cuando se llega al límite de resistencia de la atención, comienza lo que conocemos como dispersión de la consciencia. Dicha dispersión se encuentra acompañada por múltiples fenómenos fisiológicos. Cuando nos encontramos bajo un estado de dispersión de la consciencia, disminuye cada vez más la intensidad de los contenidos, la fuerza de las asociaciones y el nivel general de concentración mental.

Ceguera al cambio

Ceguera al cambio

En la década de 1970, algunos investigadores comenzaron a reconocer un fenómeno en el cual las personas a menudo no detectaban cambios en su campo visual cuando un factor inesperado ingresaba. A este fenómeno lo denominaron ceguera al cambio (change blindness).

La ceguera al cambio es la falta de atención que presenta un individuo hacia un objeto completamente visible, pero inesperado; es la incapacidad de distinguir un cambio significativo de un momento a otro. Esto ocurre cuando el sujeto tiene fijada su atención en otra tarea, evento u objeto.

Uno de los experimentos más célebres que ilustran este fenómeno es el conocido como “el gorila invisible”, llevado a cabo por Daniel Simons y Christopher Chabris en 1999. En dicho estudio, se pidió a los participantes que contaran los pases de balón entre un grupo de personas. Mientras realizaban la tarea, una persona disfrazada de gorila cruzaba la escena. Sorprendentemente, aproximadamente la mitad de los participantes no advirtieron la presencia del gorila, lo que demuestra de forma contundente cómo la atención selectiva puede generar una ceguera perceptiva ante estímulos evidentes.

“Pasó desapercibido.” ¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase? El pasar desapercibido está directamente relacionado con este proceso. Nuestra mente dirige los recursos atencionales hacia los estímulos que presentan mayor prioridad o los que llegan con mayor fuerza a nuestro cerebro, desechando al resto, que han pasado “desapercibidos”.

Nuestro cerebro solo nos permite concentrarnos en una sola cosa a la vez, por lo que la atención se encuentra focalizada en lo que presenta mayor prioridad.

A veces, cuando miramos a nuestro alrededor, creemos que estamos viendo todo lo que sucede delante de nosotros. Pero esa impresión es una percepción engañosa. En realidad, mirar y ver no significan lo mismo: cuando miramos, estamos dando un vistazo rápido a nuestro alrededor y nuestros sentidos son bombardeados por oleadas continuas de estímulos que provocan una variedad de sensaciones que exceden nuestra capacidad cerebral; pero cuando vemos, estamos observando y analizando lenta y detalladamente un objeto, con sus pequeños y minuciosos detalles.

Implicaciones en la vida real

La ceguera al cambio no es solo un fenómeno de laboratorio; tiene consecuencias significativas en contextos cotidianos y profesionales. En el ámbito de la conducción, por ejemplo, un conductor puede no detectar la aparición repentina de un peatón o ciclista cuando su atención está centrada en otra señal de tráfico. En el campo de la seguridad, los vigilantes que monitorizan cámaras de circuito cerrado pueden pasar por alto eventos relevantes si su atención se encuentra dirigida a otra zona de la pantalla.

Asimismo, la ceguera al cambio tiene implicaciones directas en la fiabilidad del testimonio de testigos presenciales. Las investigaciones han demostrado que los testigos de un delito pueden no percibir detalles cruciales de la escena —como cambios en la vestimenta del sospechoso o la presencia de otras personas— si su atención estaba focalizada en un elemento concreto del suceso. Estos hallazgos subrayan la importancia de comprender los límites de nuestra percepción y de diseñar entornos —desde las carreteras hasta las interfaces digitales— que minimicen el riesgo de que información crítica pase desapercibida.

Referencias

  • James, W. (1890). The Principles of Psychology. Henry Holt and Company.
  • Simons, D. J. y Chabris, C. F. (1999). Gorillas in our midst: Sustained inattentional blindness for dynamic events. Perception, 28(9), 1059-1074.
  • Simons, D. J. y Levin, D. T. (1997). Change blindness. Trends in Cognitive Sciences, 1(7), 261-267.
  • Rensink, R. A., O’Regan, J. K. y Clark, J. J. (1997). To see or not to see: The need for attention to perceive changes in scenes. Psychological Science, 8(5), 368-373.
  • Rensink, R. A. (2002). Change detection. Annual Review of Psychology, 53, 245-277.
  • Levin, D. T. y Simons, D. J. (1997). Failure to detect changes to attended objects in motion pictures. Psychonomic Bulletin & Review, 4(4), 501-506.
  • Posner, M. I. y Petersen, S. E. (1990). The attention system of the human brain. Annual Review of Neuroscience, 13, 25-42.
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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