Características del desarrollo infantil, sexo y género

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Características del desarrollo infantil, sexo y género
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El desarrollo afectivo y psicológico en la infancia ha sido objeto de estudio desde múltiples perspectivas teóricas. Freud propuso una de las primeras teorías sistemáticas sobre el desarrollo emocional temprano, planteando que las raíces del desarrollo afectivo se encuentran en las experiencias de la primera infancia. Es importante señalar que la teoría freudiana es una perspectiva histórica que ha sido ampliamente cuestionada y reformulada por la psicología del desarrollo contemporánea.

Nota importante: Cuando Freud utilizaba el término “sexualidad infantil”, no se refería a la sexualidad en el sentido adulto del término. Hacía referencia a la búsqueda de placer sensorial y a las experiencias afectivas tempranas del niño. La psicología actual prefiere hablar de “desarrollo afectivo-sexual” o “desarrollo psicoemocional” para evitar confusiones y describir con mayor precisión estos procesos.

La teoría freudiana del desarrollo infantil

Según la teoría psicoanalítica clásica, el desarrollo afectivo-sexual infantil presenta características propias que lo diferencian del desarrollo adulto. Freud describió estas etapas como pregenitales, ya que la búsqueda de satisfacción en el niño no se centra en los genitales, sino en distintas zonas corporales asociadas a funciones básicas como la alimentación o el control de esfínteres.

Freud empleó el término “perverso polimorfo” para referirse a la forma en que los niños exploran sensaciones corporales de maneras diversas y no dirigidas. Este término, propio del lenguaje psicoanalítico del siglo XX, resulta inadecuado y potencialmente confuso desde la perspectiva actual. La psicología contemporánea entiende que la curiosidad corporal infantil es un proceso normal del desarrollo que no debe interpretarse en términos de la sexualidad adulta.

En la teoría freudiana, el placer infantil es fundamentalmente autocentrado: el niño descubre sensaciones a través de su propio cuerpo como parte natural de su desarrollo sensoriomotor. Según esta perspectiva, las fases del desarrollo (oral, anal y fálica) describen las zonas corporales que predominan en cada etapa evolutiva.

La pubertad y el desarrollo genital

Según el modelo psicoanalítico, la maduración genital se inaugura con la pubertad. El punto central de esta etapa es el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, marcado por la menarquia (primera menstruación) en las mujeres y la primera eyaculación en los varones.

Desde la perspectiva psicoanalítica, el período de latencia culmina con la pubertad, que desencadena los procesos psicológicos propios de la adolescencia. En esta etapa, las experiencias afectivas se orientan progresivamente hacia las relaciones interpersonales y la construcción de vínculos con otras personas.

Es importante señalar que la psicología del desarrollo actual cuenta con modelos más completos y basados en evidencia empírica para explicar estos procesos, como los de Erikson, Piaget, Bowlby y la neurociencia del desarrollo, que ofrecen una comprensión más matizada y menos centrada en la noción de “etapas sexuales”.

Diferencia entre género y sexo

Diferencia entre género y sexo

Muchas veces tendemos a confundir el sexo con el género y a utilizar estas palabras indistintamente, pero debemos saber que estos dos conceptos, si bien están relacionados, no significan lo mismo. “Sexo” y “género” son palabras que utilizamos habitualmente para pensar acerca de nuestra identidad.

Sexo

Usualmente nos referimos al sexo de alguien cuando hablamos de la identidad de una persona en función de sus características físicas (genitales, caracteres sexuales secundarios), genes y hormonas.

Asignamos el sexo de un recién nacido como varón o mujer en función de sus genitales. No obstante, el sexo biológico no se limita a una clasificación binaria. Existen personas que presentan características genéticas, hormonales y físicas que no se ajustan de manera exclusiva a las categorías de varón o mujer. A estas personas se les denomina intersexuales, y su existencia pone de manifiesto la diversidad natural del desarrollo biológico humano.

Género

Si bien nuestro género puede comenzar con la asignación de nuestro sexo, no termina allí.

Dentro de la sociedad existen ciertos patrones de comportamiento esperables que configuran el género de una persona. Se espera que las personas se presenten y se comporten de una determinada manera según su sexo biológico.

El género de una persona se configura mediante la interrelación de tres elementos: cuerpo, identidad y expresión.

Cuerpo: la experiencia de nuestro propio cuerpo, cómo lo percibimos, cómo se enmarcan los cuerpos dentro de las categorías de género de la sociedad y cómo otras personas interactúan con nosotros en función de nuestra apariencia corporal.

Identidad: nuestro sentido interno y profundo de reconocimiento como hombre, mujer, ambos o ninguno.

Expresión: cómo presentamos nuestro género al exterior y cómo la sociedad, la cultura, la comunidad y la familia lo perciben e interactúan con él. La expresión de género también está relacionada con los roles de género y con la forma en que la sociedad intenta imponer determinadas normas.

El género en la sociedad

A nivel social se espera que los hombres actúen y parezcan “masculinos” y las mujeres, “femeninas”. Sin embargo, existe una realidad que se ha hecho más visible en la actualidad: algunas personas cuestionan ese patrón de comportamiento impuesto por la sociedad y deciden ser fieles a su propia identidad, expresándose como su sentido interno se lo indica y no como lo exige la cultura o la sociedad en la que viven.

Todos expresamos la masculinidad y la feminidad de diferentes maneras, y todos nos relacionamos con estos conceptos de forma distinta. Hay hombres que se sienten más identificados con lo femenino y mujeres que se sienten más identificadas con lo masculino. Otras personas no se identifican con ninguna de estas categorías o con ambas. La diversidad de género es un aspecto reconocido por la psicología contemporánea y las principales organizaciones de salud mental.

Es relevante cuestionar la noción misma de “normalidad” en este contexto. Lo que una sociedad define como “normal” responde a patrones culturales y estadísticos, no a criterios de salud o moralidad. Las personas que no se ajustan a las expectativas de género de su entorno no presentan ninguna patología por ello. La Organización Mundial de la Salud y las principales asociaciones de psicología y psiquiatría reconocen la diversidad de género como parte de la variabilidad humana natural.

Género y orientación sexual

Tendemos a pensar erróneamente que la identidad de género y la orientación sexual significan lo mismo. Sin embargo, el género y la orientación sexual son dos dimensiones distintas de nuestra identidad.

El género es algo interno y personal: es cómo nos percibimos a nosotros mismos y cómo nos sentimos con nuestro cuerpo. La orientación sexual, en cambio, es interpersonal: se refiere a hacia quién nos sentimos atraídos física o emocionalmente.

Algunas personas tienden a especular acerca del género y la orientación sexual de los demás basándose en estereotipos. Si un hombre acude a un centro de estética, se le presupone homosexual; si una mujer lleva el pelo corto y viste ropa holgada, se le presupone lesbiana. Estas son conclusiones erróneas. La forma de vestir, el peinado o las preferencias estéticas están relacionados con la expresión de género, no con la orientación sexual.

Perspectivas contemporáneas

La psicología del desarrollo actual ha avanzado considerablemente respecto a los modelos psicoanalíticos clásicos. Hoy se entiende que:

  • La curiosidad corporal infantil es una parte normal del desarrollo que no debe equipararse con la sexualidad adulta.
  • La educación afectivo-sexual adaptada a cada edad es fundamental para un desarrollo saludable e incluye aspectos como el conocimiento del propio cuerpo, los límites personales, el consentimiento y el respeto.
  • La identidad de género se desarrolla de manera gradual durante la infancia y se consolida a lo largo de la adolescencia.
  • Los modelos basados en evidencia (como la teoría del apego de Bowlby, los estadios psicosociales de Erikson o los hallazgos de la neurociencia del desarrollo) ofrecen explicaciones más completas y menos problemáticas que el modelo freudiano clásico.

La comprensión del desarrollo infantil debe basarse en la evidencia científica actual y centrarse en promover el bienestar emocional, el respeto por los límites y la autonomía progresiva de los menores.

Referencias

  • Freud, S. (1905). Tres ensayos sobre teoría sexual. En Obras completas (Vol. VII). Amorrortu Editores.
  • Erikson, E. H. (1963). Childhood and Society (2.ª ed.). W. W. Norton & Company.
  • Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books.
  • López, F. (2005). La educación sexual. Biblioteca Nueva.
  • Organización Mundial de la Salud. (2006). Defining Sexual Health: Report of a Technical Consultation on Sexual Health. OMS.
  • American Psychological Association. (2015). Guidelines for Psychological Practice with Transgender and Gender Nonconforming People. American Psychologist, 70(9), 832-864.
  • Font, P. (2002). Pedagogía de la sexualidad. Graó.
  • Lameiras, M., Carrera, M. V. y Rodríguez, Y. (2013). Sexualidad y salud: El estudio de la sexualidad humana desde una perspectiva de género. Universidade de Vigo.
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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