Desarrollo sensoriomotor: qué es y cuáles son sus etapas
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué es el desarrollo sensoriomotor?
- 2.Reflejos del bebé
- Reflejos primarios
- Reflejos secundarios
- 3.Etapas del desarrollo sensoriomotor
- Actos reflejos (0-1 mes)
- Reacciones circulares primarias (1-4 meses)
- Reacciones circulares secundarias (4-8 meses)
- Coordinación de reacciones (8-12 meses)
- Reacciones circulares terciarias (12-18 meses)
- Pensamiento representativo primario (18-24 meses)
- 4.Permanencia de los objetos
- 5.Cómo fomentar el desarrollo sensoriomotor
- 6.Referencias
El desarrollo sensoriomotor es una etapa esencial del desarrollo cognitivo descrita por Jean Piaget. No solo implica la adquisición de habilidades motrices que permiten al bebé explorar y comprender el mundo, sino que estas acciones contribuyen a que el individuo sea capaz de aprender sobre sí mismo y prepararse para la siguiente etapa del desarrollo.
Esta fase comprende desde el nacimiento hasta los 24 meses, es decir, los primeros dos años de vida. Se inicia con los reflejos innatos, que constituyen la principal herramienta del bebé para explorar y conocer su entorno. Progresivamente, estos reflejos van desapareciendo y el niño comienza a llevar a cabo acciones intencionadas que le permiten adquirir conocimientos al interactuar con el medio y con otras personas.
¿Qué es el desarrollo sensoriomotor?
El desarrollo sensoriomotor es un proceso del desarrollo humano durante el cual el individuo adquiere la capacidad de coordinar los sistemas sensoriales y motores. Aunque a lo largo de la vida se deben alcanzar diversos hitos del desarrollo, en este caso se hace referencia específicamente al período comprendido desde el nacimiento hasta los dos años de vida.
El ser humano nace con capacidades limitadas, y estas forman parte de la fase inicial del desarrollo. En este período se identifican los cinco sentidos: la vista, el tacto, el gusto, el olfato y la audición. Estas capacidades sensoriales resultan fundamentales para que el individuo pueda comprender y aprender de su entorno.

Para muchas personas, un bebé dedica sus primeros meses de vida exclusivamente a alimentarse y dormir. Sin embargo, desde el primer minuto de vida todo lo que le rodea influye en su desarrollo cognitivo. Se considera que uno de los factores esenciales en este proceso es la interacción con sus cuidadores. Y, aunque no lo parezca, durante los dos primeros años de vida se puede observar un desarrollo cognitivo notablemente acelerado en condiciones normales.
El bebé experimenta y explora a través del movimiento y los sentidos, que le ofrecen información que le permite entender el mundo que le rodea. Cuanto mayor sea la interacción con su entorno, más información recibe para favorecer su desarrollo cognitivo. Se vale de cada uno de sus sentidos, acompañados de sus habilidades motoras, para comprender lo que le rodea.
La etapa sensoriomotora fue descrita por el biólogo y psicólogo Jean Piaget, y constituye la primera de las cuatro etapas de su teoría del desarrollo cognitivo. A través de esta teoría se plantea que el bebé parte de una perspectiva egocéntrica, algo que va cambiando progresivamente a lo largo de este período de desarrollo.
Reflejos del bebé
Incluso durante la gestación, a partir de determinadas etapas, el feto va desarrollando movimientos que se transformarán en habilidades necesarias para explorar y aprender del mundo. Si bien algunos son conscientes, otros se presentan como respuestas involuntarias ante un estímulo. Por lo general, estos reflejos implican dos procesos descritos por Piaget: la asimilación, mediante la cual el individuo integra la nueva información en esquemas existentes, y la acomodación, que se produce cuando el individuo modifica sus esquemas para adaptarlos a la nueva experiencia. Los reflejos tienden a desaparecer con el tiempo.
Aunque se consideran primitivos, los reflejos también forman parte del desarrollo sensoriomotor del bebé. Se clasifican en:
Reflejos primarios
Se conocen también como innatos. Funcionan como mecanismos que permiten al recién nacido adaptarse al nuevo entorno. En este grupo figuran:
- Reflejo de succión: es un reflejo natural del ser humano que se activa cuando se estimula la zona de la boca, siendo indispensable para la alimentación. No solo se produce con la introducción del pezón o el biberón.
- Reflejo de búsqueda (rooting): se presenta como un instinto de supervivencia, también necesario para la alimentación. Cuando se tocan las mejillas o los labios, el bebé gira la cabeza hacia el lado del estímulo y abre la boca para succionar.
- Reflejo de prensión: puede ser palmar, provocando que la mano se cierre al recibir un estímulo en la palma y sujete un objeto con fuerza; y plantar, o de Babinski, que provoca que los dedos del pie se extiendan en abanico.
- Reflejo de enderezamiento laberíntico: suele aparecer a partir del segundo mes de vida. Se trata de una reacción neurológica que permite que el cuerpo recupere una posición erguida. Es necesario para el control postural.
Reflejos secundarios
Desaparecen progresivamente con los meses y sirven para evaluar el desarrollo del sistema nervioso del individuo. Se identifican los siguientes:
- Reflejo de Moro: es una reacción innata ante un estímulo que sobresalta al bebé. Provoca que extienda los brazos con las palmas hacia arriba y las piernas, para luego recogerlos hacia el cuerpo.
- Reflejo de Galant: se estimula la espalda del bebé a los lados de la columna vertebral cuando se encuentra boca abajo sobre una superficie. Provoca que gire las caderas hacia el lado del estímulo.
- Reflejo de arrastre: cuando se coloca boca abajo al bebé, este utiliza las piernas para empujar su cuerpo en un movimiento similar al gateo. Suele producirse como búsqueda del pecho para alimentarse.
Etapas del desarrollo sensoriomotor
Dentro de su teoría del desarrollo cognitivo, Jean Piaget identificó seis subetapas de la etapa sensoriomotora. Gracias a la observación sistemática de sus propios hijos, pudo describir la aparición de nuevas habilidades en determinados períodos de la vida. Hay que tener en cuenta que durante los primeros años, los niños experimentan numerosos cambios propios de su desarrollo. Las subetapas son las siguientes:
Actos reflejos (0-1 mes)
Los reflejos más primitivos, como la mirada o la succión, aparecen desde el nacimiento hasta el primer mes de vida. El bebé reacciona a los estímulos externos y estos reflejos constituyen su única forma de interactuar con el entorno que le rodea.
Reacciones circulares primarias (1-4 meses)
Se observan desde el primer mes hasta el cuarto mes de vida. Es un proceso en el que el bebé aprende a estimularse y busca repetir acciones que le producen placer. Además, favorece la coordinación, no solo ayudando a controlar sus movimientos, sino permitiéndole conocer su propio cuerpo. Si bien no se trata de reflejos, en un primer momento son involuntarias. A partir de cierto punto, el bebé toma conciencia y busca realizar la acción de forma intencionada. Un ejemplo típico es chuparse el dedo.

Reacciones circulares secundarias (4-8 meses)
Esta etapa abarca desde los cuatro hasta los ocho meses de vida. El bebé realiza acciones repetitivas que le permiten comprender su entorno. Estos movimientos repetitivos constituyen estímulos placenteros que le ayudan a explorar el mundo que le rodea, adquiriendo conciencia de que sus acciones pueden tener un efecto sobre este. Además, interactúa con objetos de forma intencionada, lo que favorece la coordinación entre la vista y el tacto.
Coordinación de reacciones (8-12 meses)
El bebé adquiere estas habilidades entre los ocho y los doce meses de vida. Destaca porque realiza acciones de forma intencionada. En primer lugar, se observa que adquiere conciencia de los objetos, reconociendo que tienen características únicas. Por ejemplo, aprende que cuando agita el sonajero, este puede emitir un sonido. También comprende que los objetos pueden ser desplazados y colocados en otro lugar, lo que le permite formarse una idea de dónde podría encontrarlos.
Asimismo, es una etapa en la que empieza a imitar el comportamiento de otros, una habilidad fundamental que le permite interactuar con su entorno.
Reacciones circulares terciarias (12-18 meses)
Se desarrolla entre los 12 y los 18 meses de edad. El bebé se muestra más activo, con una mayor actividad motora. Experimenta a través del ensayo y error, repitiendo acciones en busca de nuevas respuestas. Sin embargo, no las repite de forma exacta, sino con pequeñas variaciones. Un ejemplo sería utilizar distintos sonidos para atraer la atención de su cuidador.
En esta fase, el individuo realiza acciones para observar qué sucede y adquiere la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones, lo que da inicio a la resolución de problemas, aunque todavía a través del ensayo y error. Su desarrollo cognitivo a este nivel le permite descubrir que las acciones tienen consecuencias.
Pensamiento representativo primario (18-24 meses)
Es la sexta y última subetapa del desarrollo sensoriomotor, y abarca desde los 18 hasta los 24 meses, culminando los primeros dos años de vida. En esta fase se inicia la comprensión del entorno a través de representaciones mentales, por lo que el niño ya no depende exclusivamente de las acciones físicas. Adquiere la capacidad de relacionar símbolos con objetos, lo que Piaget denominó función simbólica.
Si bien la memoria ha sido funcional desde etapas anteriores, ahora destaca la capacidad de recordar palabras, eventos o situaciones que ocurrieron incluso días atrás. Además, el niño comienza a utilizar la imaginación como herramienta para el juego simbólico.
Permanencia de los objetos
Jean Piaget plantea en su teoría del desarrollo cognitivo que el bebé adquiere la noción de la permanencia de los objetos. Este concepto establece que el bebé reconoce la existencia de los objetos aunque no los pueda ver ni oír. Para diversos investigadores este hito es discutible, ya que estudios posteriores sugieren que el bebé podría adquirir esta capacidad antes de lo que Piaget propuso.
Se considera uno de los hitos más importantes del desarrollo cognitivo. Esto se puede observar en bebés pequeños, que pueden asustarse o sorprenderse al ver aparecer un objeto o una persona que había desaparecido de su vista. Sin embargo, en bebés de mayor edad la reacción será diferente, ya que comprenden que el objeto sigue existiendo. Además, la desaparición de ciertos reflejos permite que la exploración del entorno vaya más allá de lo puramente sensorial y motriz.

Cómo fomentar el desarrollo sensoriomotor
Se considera esencial que los cuidadores principales estimulen de forma adecuada a los bebés para favorecer un desarrollo cognitivo óptimo. No solo se trata de lograr un apego seguro, sino de que la seguridad en el vínculo fomenta la confianza necesaria para que el bebé explore el mundo de forma segura.
El desarrollo sensoriomotor se puede favorecer mediante:
- Juegos interactivos entre el cuidador y el bebé.
- Hablar con el bebé de forma frecuente.
- Incentivar la exploración del entorno.
- Crear situaciones de exploración sensorial que permitan al bebé aprender del entorno.
- Fomentar los juegos autodirigidos.
- Utilizar libros con texturas y materiales de diferentes formas y colores.
Referencias
- Piaget, J. (1952). The Origins of Intelligence in Children. International Universities Press.
- Piaget, J. (1954). The Construction of Reality in the Child. Basic Books.
- Piaget, J. e Inhelder, B. (1969). The Psychology of the Child. Basic Books.
- Baillargeon, R. (1987). Object permanence in 3½- and 4½-month-old infants. Developmental Psychology, 23(5), 655-664.
- Bremner, J. G. (2017). An ecological approach to infant perception. En Perceptual Development (pp. 3-46). Psychology Press.
- Gallahue, D. L., Ozmun, J. C. y Goodway, J. D. (2012). Understanding Motor Development: Infants, Children, Adolescents, Adults (7.ª ed.). McGraw-Hill.
- Thelen, E. y Smith, L. B. (1994). A Dynamic Systems Approach to the Development of Cognition and Action. MIT Press.

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.