Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) está encuadrado por el DSM-IV (una de las clasificaciones de las enfermedades psiquiátricas) dentro de los trastornos de ansiedad, (que, a su vez, son un tipo de los neuróticos), y se caracteriza por la aparición de obsesiones y compulsiones (términos que serán explicados más adelante).

Su inicio puede ser súbito, quizá causado por algún hecho estresante ; afecta por igual a ambos sexos y suele comenzar en la adolescencia o la juventud, si bien, generalmente, es más precoz en varones.

Alrededor de un 2% de la población padece esta enfermedad, que frecuentemente es crónica, y que se relaciona con trastornos de personalidad previos y otras alteraciones mentales como la fobia social y la depresión mayor. Parece que se da preferentemente en solteros y en personas de elevado cociente intelectual y/o clase social alta.

¿Por qué se produce?

Como en otras enfermedades psiquiátricas, no existe una sola causa concreta, sino varias posibles. Entre ellas, podemos destacar la aparición de un acontecimiento desencadenante, bien psicológico (un suceso que conlleve un drama emocional: problemas familiares o de pareja, muerte de algún ser querido, etc.) o bien orgánico (un traumatismo craneal, por ejemplo).

Se han descrito también otras anomalías somáticas relacionadas con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), como las alteraciones del lóbulo frontal y fallos en la regulación de la serotonina.

Recientes estudios muestran un cierto grado de asociación genética en la aparición de esta enfermedad.

En el terreno psicológico se habla de una disfunción en la asimilación de estímulos externos, que hace que los pacientes sufran exagerados temores y excesiva inseguridad, induciéndoles a recurrir a rituales de comprobación de sus actuaciones.

El psicoanálisis sitúa el origen de este trastorno en un retroceso a la fase anal-sádica del desarrollo, que actúa como mecanismo de defensa.

Hoy en día, las teorías acerca de la existencia de una relación entre alteraciones orgánicas y psíquicas cada vez cobran más fuerza y, en concreto, es así en esta enfermedad, cuyo tratamiento, como ya veremos, aúna la corrección de los trastornos en la neurotransmisión de la serotonina ( ya nombrados) y la psicoterapia.

Síntomas del TOC

Como ya apuntamos, las manifestaciones clínicas de este trastorno son las obsesiones y las compulsiones.

Obsesiones

Las obsesiones son fenómenos mentales intrusivos, no deseados, que causan malestar y ansiedad a quien los padece. Pueden ser ideas, imágenes, pensamientos, temores, creencias, convicciones o impulsos.

Las más frecuentes son las de contaminación (el 50% de pacientes temes estar sucios, aunque sepan que no lo están) y las de duda (el 25% de los pacientes necesitan asegurarse de algo, aunque lo hayan comprobado varias veces); también son típicas las que no van seguidas de compulsiones (cerca de un 15%), las hipocondríacas (el paciente teme estar enfermo sin motivo real), las morales (sobre el sexo o la religión), el miedo a producir algún perjuicio (por motivos absurdos, como puede ser pisar las líneas de la acera) y las impulsivas (a veces, con un componente violento, como imaginarse que se atropella o se viola a alguien).

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El paciente sabe que las obsesiones son irracionales y fruto de su mente, por lo que intenta resistirse a ellas, o controlarlas (desviarlas de sus pensamientos).

Compulsiones

Las compulsiones son conductas o actos, de carácter motor o mental, que el paciente tiene necesidad de consumar, como consecuencia de las ideas obsesivas. Se resiste a realizarlas, pues sabe que son absurdas, lo que le somete a una gran presión mental que disminuye al llevarlas a cabo.

Cuando una compulsión es compleja y elaborada, se denomina ritual, y es para el paciente un mecanismo de defensa frente a una obsesión, algo que le disminuye el malestar y la tensión (aunque en algunos casos puede ocurrir lo contrario, que los aumente). Mediante actuaciones estereotipadas, repetitivas y de significado “mágico” se busca alejar el “peligro” latente en la obsesión. Algunos ejemplos de estos rituales son el de limpiarse o lavarse muchas veces al día, por un miedo exagerado a la suciedad, la contaminación o las infecciones (el más frecuente, como ya vimos), el de comprobar repetidas veces algo innecesariamente (si está cerrada la puerta del coche, o la de la casa, etc.), el de evitar cometer alguna acción banal (el ejemplo, de las rayas de la calle), para así eludir algún supuesto riesgo, etc.

Cuando el trastorno está ya muy avanzado, toda la vida del enfermo se ritualiza y lentifica, de tal forma que para realizar cada una de las tareas diarias (como ducharse o vestirse), puede tardar varias horas.

Las obsesiones pueden aparecer también en otras enfermedades, además del TOC. Así, es posible que se detecten en la encefalitis, en el síndrome de Gilles de la Tourette y en las demencias.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de esta patología se realiza mediante una buena historia clínica y un examen psiquiátrico.

Según el DSM-IV, el TOC se define por la aparición de obsesiones, seguidas o no de compulsiones, repetitivas y persistentes, lo suficientemente numerosas e importantes como para impedir al paciente llevar una vida normal.

Se deberán descartar otras alteraciones mentales que puedan tener rasgos en común con el TOC, como la depresión , la esquizofrenia o las fobias.

Tratamiento del trastorno obsesivo compulsivo

El tratamiento del TOC tiene dos pilares fundamentales:

  • Fármacos antidepresivos que actúan sobre la serotonina, principalmente los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS, como la fluoxetina), la clomipramina (antidepresivo tricíclico), o bien, los inhibidores de la monoamino-oxidasa (IMAO, como la fenelcina). Estos fármacos se destinan, fundamentalmente, a tratar las obsesiones.
  • Psicoterapia conductual, encaminada, sobre todo, a mejorar las compulsiones y los rituales. Poniendo en práctica ambos tratamientos y en ausencia de factores de mal pronóstico (síntomas de larga duración, comienzo en edad prematura, presencia de compulsiones, coexistencia con otras anomalías psíquicas), se consiguen, generalmente, unos resultados bastante satisfactorios. Para los casos muy graves y que no responden al tratamiento ya comentado, existe la psico-cirugía (cingulotomía, tractotomía subcaudada, capsulotomía bilateral anterior).

Como ocurre con otras enfermedades mentales, por desgracia, el TOC no se puede prevenir.


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