Peste

PesteLa peste es una enfermedad aguda producida por una bacteria llamada Yersinia pestis.

Afecta principalmente a roedores salvajes y a sus ectoparásitos. En ocasiones, cuando un ser humano entra en contacto con estos animales puede contagiarse por esta enfermedad. Las grandes epidemias históricas en las ciudades se produjeron al trasmitirse la enfermedad al hombre por las ratas.

La peste es producida tras la picadura de pulgas de roedores. Provoca una adenopatía local dolorosa, denominada bubón. Posteriormente se produce una sepsis con propagación a otros órganos y sobreviene la muerte si no hay un tratamiento correcto e inmediato.

Actualmente la peste se encuentra localizada en zonas del sudoeste de EE.UU, sudoeste de Rusia, en la India, Indochina y Sudáfrica. Además de las ratas, otros animales pueden ser portadores de la bacteria tras el contacto con ratas infectadas, como perros salvajes, zorros y coyotes; por tanto ésta puede ser otra vía de contacto del hombre con la enfermedad.

Los brotes de la enfermedad en ciudades, en la actualidad son raros. No obstante, el tránsito de viajeros de unas zonas a otras puede servir como vector de transmisión de la enfermedad cuando una de estas zonas es endémica de la peste.

Causas de la peste

Yersinia pestis es una bacteria aerobia. Elabora una serie de sustancias virulentas que hacen que la enfermedad sea aguda y mortal.

Es un microorganismo muy resistente a la desecación y a las temperaturas extremas, por lo que es capaz de sobrevivir en las madrigueras de los roedores durante la época de hibernación.

El roedor infectado por la bacteria actúa como reservorio. Cuando el hombre entra en contacto con el, la pulga puede picarle e infectarle.

Una vez que la bacteria está dentro del organismo humano, emigra a los ganglios linfáticos, donde se multiplica y elabora toxinas. A los 2-6 días se produce una inflamación del ganglio y éstos sufren una necrosis que permite a la bacteria alcanzar el torrente sanguíneo. A partir de la sangre puede alcanzar algunos órganos, entre ellos el pulmón, y se puede producir una neumonía progresiva y con exudado pleural. Posteriormente las lesiones del pulmón pueden solidificar, dando como resultado una dificultad respiratoria o una elevación de la presión pulmonar. Si la enfermedad progresa sin tratamiento, se puede producir una meningitis.

En la piel aparecen petequias y hemorragias. Tardíamente, los bubones pueden ser infectados por otras bacterias.

La producción de toxinas por la bacteria puede provocar la muerte por un shock tóxico y una enfermedad grave denominada C.I.D.

Síntomas de la peste

La peste bubónica tiene un período de incubación de 2-7 días. Es frecuente encontrar una pequeña lesión en el lugar de la picadura.

El enfermo presenta bubones dolorosos en cualquiera de los ganglios del cuerpo. Como síntomas típicos aparecen cefalea, anorexia, náuseas, vómitos y diarreas (a veces con sangre). Hasta un 50 % de los enfermos tienen petequias y hemorragias cutáneas.

La C.I.D. en forma subclínica puede aparecer hasta en el 85% de los enfermos, y en un 5-10 % de estos se manifiesta con gangrena en dedos de pies y manos.

Si no hay tratamiento, se produce una sepsis con postración, hipotensión y muerte en los 2-10 días siguientes.

Después de los ganglios linfáticos, el órgano que se afecta con mayor frecuencia es el pulmón, apareciendo una neumonía secundaria. Aparece tos, fiebre y taquipnea. Posteriormente aparece disnea intensa, esputo hemorrágico e insuficiencia respiratoria.

La meningitis de la peste es una complicación tardía observada en aproximadamente el 6% de los enfermos no tratados, que se caracteriza por rigidez en la nuca, cefalea, confusión mental y coma.

¿Cómo se diagnostica?

La peste bubónica debe sospecharse en un paciente febril con adenopatía dolorosa y antecedentes de exposición a un animal salvaje en una zona endémica de la enfermedad.

Puede confundirse con otras muchas enfermedades, por lo que se debe realizar el CULTIVO de la bacteria en el aspirado del bubón, para confirmar el diagnóstico.

Dependiendo de los síntomas que presente el paciente se realizará una prueba u otra:

Si hay síntomas pulmonares, una radiografía de tórax para descartar neumonía .

Si los síntomas son neurológicos se realizará una punción lumbar y un cultivo del líquido cefalorraquídeo.

Tratamiento de la peste

Ante la sospecha de peste, el tratamiento debe instaurarse de inmediato.

Los antibióticos eficaces son la estreptomicina, tetraciclina y cloranfenicol. Si existe meningitis el tratamiento se realiza con cloranfenicol. Como profilaxis en los contactos debe darse tetraciclina o cotrimoxazol.

No está indicado el tratamiento local de los bubones, salvo aquellos que se abran, para evitar infecciones por otras bacterias.

En pacientes con síndrome de disfunción respiratoria o con neumonía grave, puede estar indicada la respiración asistida.

Existe una vacuna contra la enfermedad.

¿Cómo puedo evitarla?

Aquellas personas que trabajan con animales en zonas endémicas o con la bacteria o muestras posiblemente infectadas en el laboratorio, deben plantearse el uso de la vacuna para prevenir el contacto. Debido a que la inmunidad no es persistente, debe repetirse a los 6 meses.

Para aquellas personas que acudan a lugares endémicos de la enfermedad, existe la posibilidad de utilizar profilaxis con tetraciclina o cotrimoxazol.

Los pacientes que tienen peste neumónica deben ser sometidos a un aislamiento respiratorio. Si no existe afectación respiratoria, es suficiente el lavado de manos.

Las medidas higiénicas de la comunidad (control de roedores y vigilancia de animales salvajes) condicionan la prevención de epidemias. El exterminio de los roedores debe ir acompañado de medidas de control sobre las pulgas, para evitar que la escasez de roedores provoque la picadura al hombre para poder alimentarse.

En nuestra zona geográfica es muy rara la presencia de esta enfermedad. Si usted ha estado en zonas endémicas de la peste y ha tenido contactos con enfermos, debe acudir al médico para seguir una pauta preventiva.

Cualquier lesión profunda de la piel o inflamación de los ganglios linfáticos, acompañada o no de fiebre, es motivo de acudir a su médico de cabecera. Después de realizarle una entrevista, él será el que determine la necesidad de realización de pruebas complementarias o el instaurar un tratamiento.

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