Fascitis plantar: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento
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La fascia plantar es un recubrimiento aponeurótico localizado en la planta del pie y que constituye la separación entre el tejido celular subcutáneo y la musculatura plantar del pie. Se trata de una estructura fundamental para la biomecánica del pie y, cuando se inflama, da lugar a una de las causas más frecuentes de dolor en el talón: la fascitis plantar.
No consiste exactamente en un músculo, aunque su espesor es similar al de un tendón, siendo muy gruesa y resistente, sobre todo en su porción media. La fascia plantar se divide en tres fascículos diferenciados que, debido a su localización anatómica, se denominan: fascia media, fascia externa y fascia interna.
La fascia plantar se origina en el aspecto plantar del calcáneo y se inserta en las articulaciones metatarsofalángicas en su porción media, en la base del quinto metatarsiano en su porción lateral y en el primer metatarsiano en su porción interna.
Su función se relaciona con la transmisión de fuerzas desde el tendón de Aquiles hacia los dedos y es esencial en los momentos de despegue del pie del suelo y en los impulsos previos al salto. Además, la fascia plantar contribuye al mantenimiento del arco longitudinal del pie y actúa como un mecanismo de resorte durante la marcha.
Se conoce como fascitis plantar a la inflamación de este tejido aponeurótico debido a tracciones y traumatismos repetidos que provocan un aumento de la tensión de la misma.
La fascitis plantar es frecuente en deportistas de diferentes especialidades, siendo más habitual encontrarla en quienes realizan saltos repetidos o grandes impulsos con la parte anterior del pie, como por ejemplo saltadores de longitud o altura, jugadores de baloncesto, voleibol, etc. De cualquier forma, se puede presentar en cualquier deportista, ya que también se relaciona con alteraciones en la forma y función del pie. Se estima que afecta aproximadamente al 10 % de la población en algún momento de su vida.
Causas de la fascitis plantar
La fascitis plantar se relaciona con el aumento de las fuerzas de tracción que este tejido debe soportar durante la marcha y la carrera. Existen diferentes situaciones que pueden favorecer la aparición de la fascitis plantar, entre las que se encuentran:
- Retracción del tendón de Aquiles.
- Pie cavo.
- Pies pronados o valgos con huellas excavadas.
- Pies planos relacionados con acortamiento del tendón de Aquiles.
- Espasticidad de la musculatura flexora del pie.
- Enfermedades neuromusculares.
- Desequilibrio muscular del pie por alteraciones biomecánicas.
- Deficiente entrenamiento deportivo o falta de calentamiento al iniciar la actividad física.
- Calzado plano sin tacón.
- Sobrepeso u obesidad, que incrementa la carga sobre la fascia.
- Permanecer de pie durante períodos prolongados, especialmente sobre superficies duras.
- Edad, ya que la fascia pierde elasticidad con los años, siendo más frecuente entre los 40 y los 60 años.
Todas las circunstancias anteriores confluyen en una condición común: el aumento de tensión en la planta del pie, bien por alteraciones musculares, biomecánicas o estructurales, bien por tensiones transmitidas por el tendón de Aquiles.
En definitiva, el aumento de la tensión de la fascia plantar va a generar una inflamación de la misma, localizada preferentemente en la zona de origen, es decir, en la zona plantar del hueso calcáneo. Esta inflamación va a provocar dolor a este nivel, en el talón, pero el dolor es a menudo irradiado en sentido distal, hacia los dedos del pie, pudiéndose localizar en la zona del arco interno del pie o en la zona media de la planta.
Síntomas de la fascitis plantar
La fascitis plantar cursa principalmente con dolor. El dolor se localiza generalmente en la zona posterior de la planta del pie, justo en el origen de la fascia en el hueso calcáneo.
El dolor suele aumentar a la presión, en la fase de despegue del pie del suelo y en los movimientos de estiramiento de la fascia plantar o del tendón de Aquiles.

En ocasiones el dolor puede irradiarse en sentido distal hacia los dedos y localizarse en la zona central de la planta, preferentemente en la zona del arco interno del pie.
Si la fascitis lleva tiempo instaurada, se puede palpar una tumefacción de tamaño variable y dependiente de los grados de lesión.
El paciente con fascitis plantar tiene dificultades para andar de puntillas y nota dolor cuando salta o corre, debido a que en estas situaciones se aumenta la tensión a nivel de la fascia plantar.
Un síntoma muy característico es el dolor en los primeros pasos de la mañana al levantarse de la cama, que tiende a mejorar tras unos minutos de marcha. Esto se debe a que, durante el reposo nocturno, la fascia se contrae y, al apoyar el pie, se produce una tracción brusca.
La fascitis plantar provoca también tirones o calambres en la planta del pie, sobre todo después de una caminata o tras hacer ejercicio. También suelen aparecer al usar zapato excesivamente plano.
Es frecuente la aparición de una fascitis plantar en personas que habitualmente usan zapatos de tacón alto y de repente se ponen calzado plano o zapatillas de deporte. Esta circunstancia hace que la fascitis plantar aparezca en ocasiones después de haber realizado una salida esporádica al campo o al haberse calzado de forma casual con zapato de deporte. El uso del tacón alto favorece el acortamiento del tendón de Aquiles y de esta forma se aumenta considerablemente la tensión a este nivel cuando se quiere andar sin ninguna elevación en el talón.
La fascitis plantar aparece comúnmente en deportistas que realizan saltos o arranques bruscos, produciéndose un dolor agudo en la planta del pie que se localiza normalmente cerca del talón.
Fascitis plantar y espolón calcáneo
Es frecuente confundir la fascitis plantar con el espolón calcáneo, aunque se trata de entidades distintas. El espolón es una calcificación en forma de espina que se forma en la inserción de la fascia en el calcáneo, visible en radiografías. Si bien ambas condiciones pueden coexistir, la presencia de un espolón no implica necesariamente dolor: muchas personas tienen espolones asintomáticos. El tratamiento de la fascitis plantar suele resolver también las molestias asociadas al espolón.
¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de la fascitis plantar comienza con un correcto examen clínico del pie y una exploración física.
Es necesario evaluar el grado de retracción del tendón de Aquiles valorando el rango de dorsiflexión del pie, que normalmente se encuentra disminuido en estas circunstancias.
La exploración radiológica es necesaria para descartar la presencia de otras patologías que producen una sintomatología similar, como es el caso del espolón de calcáneo. La radiografía es necesaria para visualizar la posibilidad de la presencia de esta lesión del hueso calcáneo.
El análisis biomecánico del pie es imprescindible. Con ello podemos detectar gestos anómalos que el pie desarrolla durante la marcha y que pueden favorecer la aparición de la fascitis.
La utilización de métodos informáticos de análisis de las presiones plantares nos ayuda en el juicio diagnóstico. Normalmente en estos pies hay un aumento de presión en el talón y en la parte anterior del pie.
Si el diagnóstico se complica, se puede acceder a la ecografía o a la resonancia magnética nuclear para detectar el proceso inflamatorio de forma más certera. La ecografía permite medir el grosor de la fascia, que normalmente está engrosada por encima de 4 mm en casos de fascitis.
Tratamiento de la fascitis plantar
El tratamiento de la fascitis plantar implica varios procedimientos. En primer lugar es necesario tratar el dolor con una terapia analgésica. Para ello podemos utilizar:
- Fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE).
- Infiltraciones de corticoides y anestésicos locales.
- Crioterapia (en fases agudas).
- Ultrasonidos.
- Vendajes funcionales.
Una vez que se han reducido los síntomas dolorosos, es necesario tratar el aumento de tensión a nivel de la fascia plantar. Los mecanismos de relajación dependerán de la causa que ha provocado la fascitis, pudiéndose utilizar, entre otros:
- Masajes y estiramientos.
- Utilización de plantillas ortopédicas que compensen las alteraciones biomecánicas y funcionales que pudieran existir.
- Rehabilitación de la musculatura debilitada.
- Modificaciones en el calzado que relajen la fascia del pie, como alzas o taloneras.
Otros tratamientos
En casos resistentes al tratamiento conservador, existen otras opciones terapéuticas:
- Ondas de choque extracorpóreas: una técnica no invasiva que aplica ondas acústicas sobre la zona afectada para estimular la regeneración tisular.
- Férulas nocturnas: mantienen el pie en dorsiflexión durante el sueño, evitando que la fascia se contraiga y reduciendo el dolor matutino.
- Terapia con plasma rico en plaquetas (PRP): inyecciones de factores de crecimiento derivados de la propia sangre del paciente.
- Cirugía: se reserva para los casos más graves que no responden a ningún tratamiento conservador tras al menos 6-12 meses. La intervención más habitual es la fasciotomía parcial.
Ejercicios para la fascitis plantar
Los ejercicios de estiramiento y fortalecimiento son parte fundamental del tratamiento y la prevención:
- Estiramiento de la fascia: sentado, cruzar el pie afectado sobre la rodilla contraria y tirar suavemente de los dedos hacia la espinilla. Mantener 15-20 segundos. Repetir 10 veces.
- Estiramiento del tendón de Aquiles: de pie frente a una pared, apoyar las manos y adelantar una pierna. Mantener la pierna trasera estirada con el talón en el suelo. Mantener 30 segundos por cada lado.
- Rodar una botella fría: hacer rodar una botella de agua congelada bajo la planta del pie durante 5 minutos. Combina estiramiento con crioterapia.
- Recoger objetos con los dedos del pie: colocar una toalla en el suelo e intentar arrugarla con los dedos del pie. Fortalece la musculatura intrínseca.
¿Cómo puedo evitarla?
Para prevenir la aparición de la fascitis plantar es aconsejable seguir los siguientes consejos:
- No usar zapato excesivamente plano. Lo normal es llevar 2-3 cm de tacón para facilitar la función normal del pie.
- No pasar de zapato de tacón alto a un zapato plano sin una progresiva acomodación.
- Si es deportista, realice siempre estiramientos antes de iniciar el ejercicio.
- No practique ejercicio físico sin un correcto plan de entrenamiento.
- Use un calzado adecuado si va a realizar una marcha prolongada.
- Mantenga un peso corporal saludable para reducir la carga sobre la fascia plantar.
- Visite a su podólogo si ha observado alteraciones o deformidades en sus pies. Si no es así, es aconsejable una revisión anual.
- Utilice plantillas ortopédicas prescritas por un profesional si padece una alteración biomecánica o funcional del pie.
Es necesario que acuda al podólogo si:
- Ha sufrido con frecuencia dolores en la planta del pie después de una caminata o tras hacer ejercicio.
- Si sabe que padece una alteración en el pie tal como pie plano, pie cavo, pie valgo, etc., para que se le planifique un tratamiento correcto de su deformidad y evitar la aparición de complicaciones.
- Si nota calambres o tirones en la planta del pie.
- Si sufre dolores al calzarse un zapato plano o una zapatilla de deporte.
Referencias
- Trojian, T., & Tucker, A. K. (2019). Plantar Fasciitis. American Family Physician, 99(12), 744-750. PubMed
- Buchanan, B. K., & Kushner, D. (2023). Plantar Fasciitis. StatPearls. NCBI
- MedlinePlus. Fascitis plantar. MedlinePlus
- Mayo Clinic. Plantar fasciitis. Mayo Clinic

Escrito por
Gabriel GinerEditor
Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.