Enfermedad de Lyme
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La enfermedad de Lyme es una infección multisistémica causada por la espiroqueta Borrelia burgdorferi y transmitida al ser humano por la picadura de garrapatas del género Ixodes. Suele comenzar con una lesión cutánea característica en forma de anillo denominada eritema migratorio. En fases posteriores puede producir meningitis, neuritis, carditis o artritis.
Causas de la enfermedad de Lyme
El agente causal es Borrelia burgdorferi, una bacteria del grupo de las espiroquetas. Presenta una morfología helicoidal y posee flagelos que le permiten desplazarse mediante tres tipos de movimiento.
B. burgdorferi se transmite al ser humano a través de la picadura de garrapatas del género Ixodes (principalmente Ixodes ricinus en Europa). Estas garrapatas parasitan diversos mamíferos y aves. Su distribución abarca zonas húmedas y boscosas desde el norte de Europa hasta la península ibérica, y la enfermedad es endémica en muchas regiones templadas del hemisferio norte [1].
Mecanismo de producción
Tras ser inoculada mediante la picadura de la garrapata, B. burgdorferi puede migrar localmente por la piel produciendo el eritema migratorio, o diseminarse a otros órganos a través del torrente sanguíneo. Se han aislado espiroquetas en sangre, piel, líquido cefalorraquídeo y líquido sinovial [2].
Para que se produzca la transmisión, la garrapata suele necesitar permanecer adherida al menos 36-48 horas, por lo que la retirada precoz reduce significativamente el riesgo de infección [3].
Síntomas de la enfermedad de Lyme
La enfermedad de Lyme evoluciona en varias fases, con períodos de remisión y exacerbación. La fase 1 (localizada precoz) dura generalmente varias semanas; la fase 2 (diseminada precoz) aparece en los meses siguientes, y la fase 3 (tardía) se manifiesta entre meses y años después del inicio de la infección [2].
Fase 1: infección localizada precoz
Tras un período de incubación de 3 a 30 días, aparece el eritema migratorio en el lugar de la picadura. Comienza como una mácula o pápula eritematosa que se expande progresivamente hasta formar una lesión anular, generalmente con un borde rojo vivo y aclaramiento central. Las localizaciones más frecuentes son muslos, ingles y axilas. La lesión es cálida al tacto, pero habitualmente indolora. Puede acompañarse de síntomas generales leves como malestar, fatiga, fiebre, cefalea y mialgias [1].
Fase 2: infección diseminada precoz
Se caracteriza por la aparición de manifestaciones neurológicas, cardíacas y musculoesqueléticas.
- Afectación neurológica: lo más frecuente es la meningitis linfocitaria, aunque también puede aparecer encefalitis. El cuadro clásico consiste en síntomas fluctuantes de meningitis acompañados de parálisis facial, a menudo bilateral (neuroborreliosis) [4].
- Afectación cardíaca: se manifiesta principalmente como bloqueo auriculoventricular de grado variable, con alteraciones en el electrocardiograma y, en ocasiones, disfunción del ventrículo izquierdo. La carditis de Lyme suele ser transitoria, pero puede recidivar [2].
- Alteraciones musculoesqueléticas: lo típico es el carácter migratorio del dolor en articulaciones, tendones, músculos o huesos, generalmente sin hinchazón articular evidente.
Fase 3: infección tardía
Desde semanas hasta dos años después del inicio de la infección, aproximadamente el 60 % de los pacientes no tratados desarrollan manifestaciones articulares que van desde artralgias hasta episodios intermitentes de artritis franca, con posible destrucción del cartílago articular. El cuadro típico consiste en ataques recurrentes de artritis oligoarticular de grandes articulaciones, especialmente las rodillas [5].
En esta fase también puede aparecer una polineuropatía axonal o una encefalopatía subaguda.
Diagnóstico
El diagnóstico es clínicamente evidente cuando el paciente recuerda la picadura de la garrapata, presenta eritema migratorio y desarrolla manifestaciones neurológicas, cardíacas o articulares no atribuibles a otra causa.
Sin embargo, solo un porcentaje bajo de los afectados recuerda la picadura. El eritema migratorio puede presentarse de forma atípica o haber desaparecido cuando el paciente acude a consulta, y el resto de síntomas y signos son inespecíficos [1].
Diagnóstico directo
Se realiza mediante el cultivo de la espiroqueta en medios especiales (medio de Barbour-Stoenner-Kelly). La bacteria puede aislarse de muestras tan diversas como piel, líquido sinovial, sangre o líquido cefalorraquídeo, aunque la sensibilidad del cultivo es limitada [2].
Diagnóstico indirecto (serológico)
El protocolo recomendado es un sistema de dos pasos: una primera prueba de cribado mediante ELISA o inmunofluorescencia indirecta (IFI), seguida de confirmación con Western blot en caso de resultado positivo o dudoso. Esta estrategia aumenta la especificidad del diagnóstico [6].
Es importante tener en cuenta que los anticuerpos pueden tardar varias semanas en aparecer, por lo que la serología puede ser negativa en las fases iniciales de la enfermedad.
Tratamiento
El tratamiento antibiótico temprano acorta la duración de los síntomas y previene la aparición de complicaciones tardías [3].
- Infección localizada precoz: el tratamiento de elección es la doxiciclina oral (100 mg cada 12 horas durante 10-21 días). Como alternativas se emplean amoxicilina o cefuroxima axetilo [3].
- Neuroborreliosis: se trata habitualmente con ceftriaxona intravenosa durante 14-28 días [4].
- Artritis de Lyme: suele responder a doxiciclina o amoxicilina oral durante 28 días. En casos refractarios puede ser necesaria la ceftriaxona intravenosa [5].
- Carditis de Lyme: los casos leves pueden tratarse con antibióticos orales; los casos graves con bloqueo auriculoventricular de alto grado requieren antibioterapia intravenosa y, en ocasiones, marcapasos temporal [2].
Prevención
La enfermedad se puede prevenir evitando las picaduras de garrapatas. Dado que no siempre es posible eludir las zonas donde habitan estos arácnidos, se recomienda adoptar las siguientes medidas [3]:
- Usar ropa de manga larga y pantalón largo, preferiblemente de colores claros, al caminar por zonas boscosas o de hierba alta.
- Aplicar repelentes que contengan DEET sobre la piel expuesta o permetrina sobre la ropa.
- Inspeccionar minuciosamente el cuerpo tras la exposición a zonas de riesgo y retirar las garrapatas lo antes posible con pinzas de punta fina.
- Revisar periódicamente a los animales domésticos.
En personas que han sufrido una picadura por garrapata en zona endémica, puede estar indicada la profilaxis antibiótica con una dosis única de doxiciclina, especialmente si la garrapata estuvo adherida más de 36 horas [3].
Es aconsejable consultar con un profesional sanitario ante la sospecha de picadura por garrapata, sobre todo si aparecen lesiones cutáneas, aunque no presenten la morfología anular clásica.
Referencias
- Steere, A. C., Strle, F., Wormser, G. P., et al. (2016). Lyme borreliosis. Nature Reviews Disease Primers, 2, 16090.
- Shapiro, E. D. (2014). Borrelia burgdorferi (Lyme disease). Pediatric Infectious Disease Journal, 33(9), 980-982.
- Wormser, G. P., Dattwyler, R. J., Shapiro, E. D., et al. (2006). The clinical assessment, treatment, and prevention of Lyme disease, human granulocytic anaplasmosis, and babesiosis: clinical practice guidelines by the Infectious Diseases Society of America. Clinical Infectious Diseases, 43(9), 1089-1134.
- Halperin, J. J. (2015). Nervous system Lyme disease. Infectious Disease Clinics of North America, 29(2), 241-253.
- Arvikar, S. L., & Steere, A. C. (2015). Diagnosis and treatment of Lyme arthritis. Infectious Disease Clinics of North America, 29(2), 269-280.
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC). (2019). Recommendations for test performance and interpretation from the Second National Conference on Serologic Diagnosis of Lyme Disease. MMWR, 44(31), 590-591. Actualizado en 2019.

Escrito por
Gabriel GinerEditor
Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.