Durezas en los talones
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Las durezas son un engrosamiento de la piel que normalmente aparece en zonas de presión o roce. Las más conocidas son las que se producen en los talones, pero, además de estas, en el pie se pueden localizar durezas en otras zonas de la planta.
Generalmente, las durezas no se consideran una enfermedad y la población tiene la creencia de que tenerlas entra dentro de lo normal. Sin embargo, esta consideración tiene sus matizaciones, ya que la piel no tiene por qué presentar este engrosamiento y solo se puede considerar una piel sana aquella que está exenta de ellas.
Es importante distinguir la dureza del callo. Las durezas no tienen núcleo hacia el interior de los tejidos, a diferencia de los callos; suelen ser más extensas en superficie pero menos profundas. No se relacionan directamente con una prominencia ósea en concreto, sino que suelen afectar zonas amplias de la planta en las que se alternan zonas de prominencias óseas y zonas almohadilladas.
Causas de las durezas en los talones
En el caso de las durezas en los talones, la causa que las produce no tiene una relación tan directa con el aumento de presión o roce como en otras zonas del pie.
Generalmente, en verano el calzado femenino suele estar abierto por detrás, dejando el talón al descubierto. Esta circunstancia provoca, por un lado, sequedad de la piel que se encuentra al aire, con lo que se favorece la formación de dureza por deshidratación. Por otro lado, al estar el talón suelto, se produce un golpeteo de este sobre la suela del zapato que favorece la aparición de durezas. El talón no está sujeto por el contrafuerte del calzado y cada vez que la persona camina, se levanta y golpea contra la suela una y otra vez durante la marcha.
Existen distintas enfermedades que también producen formación de durezas en los talones, como es el caso de la queratodermia palmoplantar, la psoriasis o diferentes alteraciones metabólicas del organismo. Determinadas alteraciones estructurales de los pies provocan un aumento de presión en el talón. Es el caso de las desviaciones del talón en valgo o en varo, que trasladan la carga hacia el lado interno o externo, respectivamente.
Mecanismo de formación
Los callos y durezas aparecen como mecanismo de defensa del organismo frente a una agresión externa. En el caso de las durezas de los talones, esta agresión la provoca el golpeteo del talón contra la suela del zapato al encontrarse el pie sin sujeción durante la marcha. También la desviación del talón en valgo o en varo provoca un aumento de presión en una zona específica, lo que predispone a la aparición de callosidad.
La piel tiene varias capas, siendo la más externa o superficial la epidermis. En la epidermis encontramos una proteína denominada queratina, que es la encargada de dar dureza y resistencia a nuestra piel. En condiciones de excesiva presión o roce, las capas más profundas de la piel (germinativas o formadoras de células epidérmicas) generan células epidérmicas en exceso. Estas células contienen queratina, lo que hace que se acumule en la epidermis, iniciando así la formación de las durezas. Los callos y durezas provocan dolor debido a que se encuentran en zonas de roce y actúan como cuerpos extraños que se clavan en los tejidos.
Se ha demostrado mediante análisis de la piel encallecida o helomatosa que el motivo del aumento en la generación celular a nivel dérmico va asociado al proceso inflamatorio que se produce por el roce de esta zona con el calzado. La inflamación libera sustancias que estimulan el crecimiento celular epidérmico. Si además existen alteraciones o deformidades en los pies, aumentan las posibilidades de conflicto con el calzado. Para evitarlo, se debe elegir un zapato que no oprima el pie y permita albergar el volumen real del mismo.
Además de por situaciones de excesiva presión, existen enfermedades de la piel que pueden provocar durezas, como la psoriasis o la queratodermia palmoplantar, que cursan con un aumento de la generación de células epidérmicas. El calzado abierto por detrás deja al aire el talón, favoreciendo la pérdida de agua de la piel por evaporación, lo que la hace más seca y escamosa, pudiendo agrietarse y romperse con más facilidad.
Síntomas de las durezas
Las durezas de los talones producen los siguientes síntomas:
- Dolor e incapacidad para calzarse o caminar con normalidad.
- Engrosamiento de la piel que se extiende por el talón en forma de herradura.
- Grietas o fisuras de la piel que cursan con escozor y picor.
- Piel amarillenta, seca y áspera al tacto.
Diagnóstico
El engrosamiento uniforme de la piel en el talón permite diagnosticarlo como una dureza. Un aspecto importante es identificar la causa que la produce, ya que esto determinará el tratamiento. Es necesario diferenciar entre las durezas que se producen por un aumento de presión y las que se producen por una enfermedad dermatológica.
Hay que buscar la relación con tipos de pies propensos a padecer durezas, que serán aquellos que tengan problemas estructurales o de apoyo, o bien los de personas que usen calzado abierto por detrás, dejando el talón al aire. Las enfermedades como la psoriasis o la queratodermia suelen afectar también otras zonas del cuerpo aparte de la planta de los pies.
La realización de un estudio radiológico puede complementar el diagnóstico, ya que puede mostrar la situación de los huesos del pie y su angulación con respecto al suelo, lo que determina la formación de la dureza. En el caso de las durezas en los talones, es importante determinar la alineación del calcáneo.
También se puede realizar una biopsia de la piel para confirmar el diagnóstico exacto de la lesión. Este procedimiento estaría reservado para aquellos casos en los que se necesita diferenciar la callosidad de otras lesiones más graves.
Tratamiento de las durezas en los talones
Los callos y durezas son tan antiguos como la propia humanidad, y su remedio ha sido motivo de preocupación a lo largo de la historia.
Está totalmente contraindicado el uso de callicidas o parches queratolíticos sin supervisión profesional para eliminar las durezas. Estos agentes solo provocan quemaduras químicas en la piel y rara vez solucionan el problema. Las quemaduras o heridas producidas por los callicidas son uno de los primeros motivos de consulta del podólogo. Su tratamiento es lento y complicado e implica complicaciones añadidas a las producidas por las propias durezas.
El podólogo será el profesional cualificado para su tratamiento, que consiste en deslaminación o corte en capas finas de la dureza hasta llegar a la base de la lesión. La eliminación del exceso de queratina hace que disminuya considerablemente el dolor. Los pies mejoran notablemente después de estos tratamientos y el paciente puede incorporarse a su vida normal sin dolor y con comodidad al andar y al calzarse.
Es importante asegurarse de que el tratamiento se realiza por parte de un profesional con la cualificación requerida. A menudo, personas no cualificadas tratan los callos y las durezas y pueden ocasionar graves problemas para la salud. El podólogo empleará técnicas e instrumental específico para solucionar el problema. Además, puede aconsejar sobre tratamientos definitivos para las callosidades e informar del calzado más adecuado a cada tipo de pie.
En muchos casos, las callosidades y durezas pueden resolverse estudiando los problemas que las producen. La elección de un buen calzado, asociado a tratamientos específicos como la aplicación de cremas o pomadas hidratantes, puede ayudar a la solución del problema.
El podólogo orientará acerca del uso de estos tratamientos y diseñará el más adecuado para cada caso.
Prevención de las durezas
Existen una serie de consejos que pueden reducir la aparición de durezas en los pies:
- No abusar de zapatos abiertos por detrás, como sandalias o zuecos, ya que favorecen la aparición de durezas en los talones.
- Utilizar cremas hidratantes para reblandecer las durezas. Las cremas que contengan urea, ácido salicílico o ácido láctico son las más apropiadas para este efecto. Es recomendable consultar con el podólogo acerca de las concentraciones adecuadas para cada caso.
- Utilizar plantillas ortopédicas prescritas por el médico o podólogo que ayuden al pie a distribuir las presiones de forma correcta y evitar el apoyo excesivo sobre determinadas zonas de la planta.
- Hidratar los pies a diario, especialmente después del baño, aplicando la crema con un ligero masaje.
- Visitar al podólogo al menos una vez al año para una revisión preventiva.
Referencias
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Escrito por
Gabriel GinerEditor
Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.