Relación entre hermanos según el orden de nacimiento
Tabla de contenidos
- 1.¿Cómo puede el orden de nacimiento influir en la personalidad?
- 2.Cuando nace un nuevo hermano
- Cómo preparar al primogénito
- Cambios en el hijo mayor ante la llegada de un bebé
- 3.Teorías de la personalidad según el orden de nacimiento
- El hijo mayor
- El hijo del medio
- El hijo menor
- El hijo único
- 4.Síndrome del hijo del medio
- Señales del síndrome del hijo del medio
- Cómo prevenir el síndrome del hijo del medio
- 5.Cómo fomentar una buena relación entre hermanos
- 6.Rivalidad entre hermanos: cuándo preocuparse
- 7.Referencias
La relación entre hermanos es uno de los vínculos más fuertes y duraderos que existen. Pero estas relaciones a menudo dependen de varios factores: como la edad, el sexo, el temperamento y la posición que cada hermano ocupa en la familia. Según diversas teorías psicológicas, el orden de nacimiento puede influir en la personalidad de un individuo y en el tipo de relación que este tenga con sus hermanos a lo largo de toda su vida.
La relación fraternal constituye, en muchos casos, la relación más larga que una persona tendrá en su vida, superando incluso a la relación con los padres o la pareja. Por ello, comprender cómo se forjan estos vínculos y qué factores los condicionan resulta fundamental para fomentar relaciones familiares saludables.
¿Cómo puede el orden de nacimiento influir en la personalidad?
Según el libro “Hermanos en Desarrollo”, editado por las psicoterapeutas Vivienne Lewin y Belinda Sharp, los hermanos no son solo “segundas ediciones” en relación con los padres, sino que tienen una profunda importancia por sí mismos. Las relaciones con los hermanos quedan profundamente arraigadas en nuestra psique.
Un estudio de desarrollo de adultos realizado en la Universidad de Harvard demostró que el 93 % de los hombres que estaban prosperando a los 65 años habían estado cerca de un hermano en sus primeros años de vida. El mismo estudio también informó que las relaciones negativas con hermanos antes de los 20 años pueden predecir la depresión en la edad adulta, lo que sugiere que cuanto más cercanas y positivas sean las relaciones fraternales, mayor será el beneficio emocional a largo plazo.
La dinámica clásica de los hermanos a menudo depende de qué posición tengan en la familia. En una familia nuclear (madre, padre e hijos), las posiciones típicas son: hijo mayor, hijo del medio e hijo menor. Se ha observado que en otros tipos de familia a menudo no se tienen más de dos hijos, por lo que solo comprende las posiciones de hijo mayor e hijo menor.
No obstante, es importante señalar que la investigación moderna ha matizado estas teorías. Un metaanálisis publicado en 2015 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences analizó datos de más de 20.000 personas y concluyó que el efecto del orden de nacimiento sobre los rasgos de personalidad es muy pequeño o inexistente cuando se controlan adecuadamente otras variables como el tamaño de la familia y el nivel socioeconómico. El orden de nacimiento puede influir, pero no determina la personalidad de una persona.
Cuando nace un nuevo hermano

Traer a casa a un segundo hijo puede ser una experiencia muy diferente a la primera. Es normal que ante el nacimiento de un nuevo hijo los padres se pregunten cómo reaccionará su primogénito al tener un nuevo hermano presente y cómo van a satisfacer las necesidades de ambos.
Si bien hay algunas prácticas que se pueden llevar a cabo para ayudar al hermano mayor a procesar el nuevo cambio, también es necesario dejar que todo fluya con naturalidad; permitir que el hermano mayor se adapte al bebé y viceversa. Al fin y al cabo, las relaciones entre hermanos suelen ser las que más perduran en la vida.
Cómo preparar al primogénito
Para preparar al primogénito ante la llegada de su nuevo hermano, se recomiendan las siguientes estrategias:
- Hablar sobre la llegada del bebé: explicarle en términos apropiados para su edad cómo está creciendo el bebé en el vientre materno. Dejarle sentirlo cuando se mueva y contarle que su hermano desde la barriga lo está escuchando.
- Ser realista: aclararle que el bebé comerá, dormirá y llorará la mayor parte del tiempo; que no será un compañero de juegos de inmediato.
- Incluirle en los preparativos: que ayude a montar la cuna, elegir la ropa del bebé o seleccionar algún juguete adecuado para recién nacidos.
- Clases de hermanos: algunos hospitales ofrecen talleres para que los niños y los padres aprendan juntos sobre lo que significa tener un nuevo hermano.
- Anticipar cambios logísticos: si el hermano mayor aún duerme en la cuna y se pretende pasarlo a una cama o cambiarle de habitación, es necesario que esto se haga meses antes de la llegada del bebé, para que el niño no asocie el cambio con la “invasión” del nuevo hermano.
- Regalar al primogénito: cuando nazca el bebé, tener preparado un pequeño regalo “del hermanito” para el mayor puede ayudar a generar una primera asociación positiva.
- Dedicarle atención: cuando llegue al hospital a conocer al bebé, procurar que otra persona sostenga al recién nacido para que ambos padres puedan abrazar y dar afecto a su hijo mayor.
Cambios en el hijo mayor ante la llegada de un bebé
Los hermanos mayores a menudo pueden sentirse desplazados cuando aparece un nuevo bebé; estos sentimientos de rivalidad pueden prolongarse si los padres no gestionan la situación de manera adecuada.
Ya no se es más el pequeño de la familia, ni el único hijo; desde ahora todo es compartido. El niño mayor asume un nuevo rol al cual debe ir acostumbrándose. Socialmente se espera que el hermano mayor sea el responsable, el que cuide de su hermano menor, el que sirva de ejemplo. Sin embargo, estas expectativas pueden ser excesivas para un niño.
Es importante no ejercer presiones desproporcionadas en el hijo mayor ni delegarle responsabilidades que excedan su madurez emocional, ya que esto podría generar rechazo hacia el hermano menor, sentimientos de culpa o inseguridad.
Las reacciones más frecuentes en el hermano mayor pueden incluir:
- Regresiones: volver a comportamientos de etapas anteriores, como chuparse el dedo, hablar como un bebé, pedir biberón o tener accidentes con el control de esfínteres.
- Llamar la atención: a través de rabietas, desobediencia o comportamientos disruptivos.
- Celos manifiestos: intentar apartar al bebé de los padres, expresar verbalmente que no lo quieren.
- Cambios de humor: tristeza, irritabilidad o mayor demanda de afecto.
- Comportamiento ejemplar excesivo: algunos niños intentan ser “perfectos” para asegurar la atención de sus padres.
Estas reacciones son normales y temporales en la mayoría de los casos. Los padres deben responder con paciencia, validar las emociones del niño y asegurarle que el amor no se divide, sino que se multiplica.
Recién a partir del periodo de latencia (aproximadamente 6-7 años) los niños pueden procesar con mayor madurez la llegada de un nuevo hermano. Hasta ese momento, el niño se encuentra en plena formación de su personalidad y es especialmente sensible a los cambios en la dinámica familiar.
Según Lloyd-Elliott, la competencia constante entre hermanos puede dar forma al guion de vida de cada individuo, influyendo en cómo filtra cada interacción humana posterior a través de su experiencia original con los hermanos. Todo individuo se encuentra inmerso en la cultura única de su situación familiar particular, y cualquier hermano con el que se comparte ese entorno tiene una enorme influencia en la experiencia del otro.
Teorías de la personalidad según el orden de nacimiento

El psicoanalista austríaco Alfred Adler desarrolló las teorías más influyentes sobre el orden de nacimiento y la personalidad, centrándose en la necesidad de comprender a un individuo dentro del contexto de su entorno social. Según Adler, los rasgos de carácter y los comportamientos se derivan en gran parte de cuestiones de desarrollo, incluido el orden de nacimiento y la constelación familiar.
El hijo mayor
Según la teoría adleriana, el hijo mayor es propenso al perfeccionismo y a la necesidad de aprobación. Es quien recibe la sobreprotección inicial de sus padres y, al mismo tiempo, las mayores presiones en cuanto al estudio y el comportamiento. Tiende a desarrollar rasgos de responsabilidad, conciencia y liderazgo en el entorno social.
Para Adler, el hijo mayor experimenta un “destronamiento” cuando nace el segundo hijo: pierde la atención exclusiva de sus padres y lo compensa a lo largo de la vida trabajando para recuperarla y mantenerlos satisfechos. Además, se espera que sirva de ejemplo a sus hermanos menores.
Características frecuentemente asociadas al hijo mayor:
- Responsable y organizado.
- Perfeccionista y autoexigente.
- Tendencia al liderazgo.
- Mayor orientación a las normas y la autoridad.
- Puede ser protector con los hermanos menores.
El hijo del medio
Ni el primero ni el último. Siempre hay alguien que estuvo allí antes y siempre hay alguien que llegará después. Para Adler, este niño puede llegar a ser el más competitivo, rebelde y perseverante en su intento de encontrar su lugar.
Los hijos del medio típicamente tienen más libertad y menos presión mientras crecen; obtienen lo mejor de ambos mundos: un hermano mayor al que admirar y un hermano menor al que pueden servir de guía.
Los segundos hijos pueden tener dificultades para determinar su lugar en la familia y, más tarde, en el mundo. La incertidumbre de saber qué lugar ocupan puede generarles problemas de autoestima y autoconfianza a medio plazo.
Características frecuentemente asociadas al hijo del medio:
- Flexible y diplomático.
- Gran capacidad de negociación y empatía.
- Puede sentirse invisible o ignorado.
- Suele ser el más independiente de la familia.
- Tiende a buscar la aprobación fuera del núcleo familiar (amigos, grupos).
- Fuerte sentido de la justicia y la equidad.
El hijo menor
Para Adler, el hijo menor puede ser el más dependiente y consentido. Esto puede deberse a que los demás miembros de la familia siempre lo cuidan y protegen. Sin embargo, ser el hijo menor también tiene numerosos beneficios. Los hijos menores suelen presentar una gran autoconfianza, creatividad, sentido del humor y capacidad de socialización.
Características frecuentemente asociadas al hijo menor:
- Encantador y sociable.
- Más arriesgado y aventurero.
- Puede tener dificultades para aceptar la autoridad.
- Creativo y espontáneo.
- Puede ser más dependiente emocionalmente.
- La transición escolar puede ser más difícil al encontrar que no es el centro de atención del grupo.
El hijo único
Aunque Adler no lo clasificó como una posición fraternal propiamente dicha, el hijo único presenta características particulares:
- Suele tener un mayor desarrollo del lenguaje y madurez precoz al interactuar principalmente con adultos.
- Puede presentar rasgos de perfeccionismo similares al hijo mayor.
- A menudo tiene una rica vida interior e imaginación desarrollada.
- Puede tener dificultades para compartir o negociar al no haber tenido que hacerlo con hermanos.
Síndrome del hijo del medio

El llamado “síndrome del hijo del medio” describe un patrón de comportamiento social y psicológico que puede manifestarse cuando una persona ha crecido como hijo intermedio en una familia con hermanos mayores y menores. Este patrón se relaciona con la percepción de recibir menos atención que los hermanos y es un fenómeno reconocido por muchos psicólogos, aunque no constituye un diagnóstico clínico formal.
El segundo hijo ya no recibe la misma atención exclusiva que el primero. Los padres ya no experimentan los mismos temores ni la misma sobreprotección que con su primogénito, ni tampoco le prodigan los mismos mimos que al hijo menor. Lucha por la atención de los padres porque puede sentirse ignorado.
Esto puede crear en los niños del medio inseguridad emocional, dificultades de adaptación e inestabilidad en el sentido de pertenencia. La inseguridad que se desarrolle en la infancia o la adolescencia puede afectar a las relaciones durante toda la vida si no se aborda adecuadamente.
Alfred Adler creía que el segundo niño dentro de una familia de tres hijos puede sentirse “exprimido” de una posición de privilegio. Desde el punto de vista del hijo del medio, los hermanos mayores cosechan todos los privilegios y los menores se salen con la suya, así que el del medio debe aprender a negociar y actuar como intermediario para obtener lo que quiere.
Señales del síndrome del hijo del medio
- Sentimiento de no encajar ni en el grupo de los “mayores” ni en el de los “pequeños”.
- Tendencia a buscar validación fuera de la familia.
- Dificultades para expresar sus necesidades emocionales.
- Sensación de que sus logros pasan desapercibidos.
- En casos más pronunciados, puede derivar en retraimiento social o comportamientos de riesgo para llamar la atención.
Cómo prevenir el síndrome del hijo del medio
Los padres pueden tomar medidas para evitar que el hijo del medio se sienta desplazado:
- Tiempo individual: dedicar momentos exclusivos a cada hijo, donde se sienta el centro de atención.
- Validar sus logros: reconocer y celebrar sus éxitos individuales, por pequeños que sean.
- Evitar comparaciones: cada hijo es único y debe ser valorado por sus propias cualidades.
- Fomentar su identidad: apoyar sus intereses y actividades propias, diferentes a las de sus hermanos.
- Escuchar activamente: prestar atención a sus opiniones y sentimientos sin minimizarlos.
Cómo fomentar una buena relación entre hermanos
Independientemente del orden de nacimiento, los padres pueden implementar estrategias para promover vínculos fraternales saludables:
- No etiquetar: evitar roles fijos como “el responsable”, “el gracioso” o “el problemático”. Las etiquetas limitan el desarrollo y generan rivalidad.
- Gestionar los conflictos: enseñar a los hijos a resolver sus diferencias dialogando, sin intervenir siempre como mediadores. Los conflictos entre hermanos son normales y pueden ser oportunidades de aprendizaje.
- Fomentar la cooperación: proponer actividades en las que los hermanos deban colaborar, en lugar de competir.
- Equidad, no igualdad: tratar a cada hijo según sus necesidades individuales. Lo justo no es dar lo mismo a todos, sino dar a cada uno lo que necesita.
- Tiempo en familia: crear rutinas y tradiciones familiares que fortalezcan el sentido de pertenencia al grupo.
- Respetar la individualidad: permitir que cada hermano tenga su espacio, sus amistades y sus actividades propias.
Rivalidad entre hermanos: cuándo preocuparse
Cierto grado de rivalidad y conflicto entre hermanos es normal y saludable. Sin embargo, hay señales que pueden indicar que la situación requiere atención profesional:
- Agresiones físicas frecuentes o de intensidad creciente.
- Aislamiento prolongado de uno de los hermanos.
- Cambios significativos en el rendimiento escolar o el comportamiento.
- Síntomas de ansiedad o depresión en alguno de los hermanos.
- Humillación o bullying sistemático de un hermano hacia otro.
En estos casos, puede ser beneficioso consultar con un psicólogo infantil o un terapeuta familiar que ayude a la familia a restablecer una dinámica saludable.
Referencias
- Adler, A. (1927). Understanding Human Nature. Greenberg Publisher.
- Damian, R. I., & Roberts, B. W. (2015). Settling the debate on birth order and personality. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(46), 14119-14120.
- Lewin, V., & Sharp, B. (2015). Siblings in Development: A Psychoanalytic View. Routledge.
- Faber, A., & Mazlish, E. (2012). Siblings Without Rivalry. W. W. Norton & Company.
- Asociación Española de Pediatría (AEP). Desarrollo emocional del niño. https://www.aeped.es
- MedlinePlus. Desarrollo del niño. https://medlineplus.gov/spanish/childdevelopment.html

Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.