Poliomielitis
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La poliomielitis es una enfermedad sumamente contagiosa que afecta al sistema nervioso. Está causada por un virus y sus efectos pueden llegar a ser letales; en apenas unas horas, la persona contagiada puede padecer parálisis parcial o total de las extremidades, aunque en determinados casos la parálisis puede afectar a los músculos respiratorios, causando así la muerte.
Se da especialmente en niños menores de cinco años y el contagio se da de persona a persona, por vía fecal-oral; en algunos casos la poliomielitis también puede contagiarse a través del agua o los alimentos contaminados.
En los últimos años se han realizado grandes esfuerzos a nivel global para erradicar esta enfermedad. Así**, los casos de poliomielitis han descendido en casi un 95%**; en la década de los 80 se registraban alrededor de 350.000 casos anuales, mientras que en 2016 sólo se notificaron 16 casos en todo el mundo. Los casos de polio que se dan en la actualidad se limitan a países como Pakistán, Afganistán y Nigeria.
El origen de la poliomielitis
Los primeros casos registrados de esta afección se dan a principios del Siglo XX. El virus afectaba a los niños durante la época estival; por aquel entonces se dieron varias epidemias de poliomielitis, algunas de las cuales llegaron a arrasar ciudades.
La gran mayoría de niños conseguían recuperarse con relativa rapidez de la polio, aunque muchos de ellos sufría parálisis permanente en sus piernas.
Tipos de poliomielitis
Los casos de polio se pueden dividir en tres grandes grupos.
- Polio abortiva: se trata del tipo más leve de todos; los enfermos sufren síntomas tales como fiebre, dolor de cabeza y náuseas. Son señales de alerta muy similares a los de la gripe o el resfriado, razón por la cual en ocasiones se establece un diagnóstico erróneo.
- Polio no paralítica: los síntomas iniciales son parecidos a los de la polio abortiva. No obstante, a medida que la afección avanza, se dan otros como rigidez en el cuello o fotosensibilidad.
- Polio paralítica: es el tipo de poliomielitis más grave. Los enfermos sufren una pérdida progresiva de reflejos, así como espamos musculares. Gracias a los avances en medicina, la gran mayoría de casos de polio paralítica logran recuperarse totalmente. No obstante, algunas personas sufren parálisis o debilidad musuclar por el resto de vida.
Causas de la poliomielitis

La causa de esta enfermedad es un virus denominado poliovirus, el cual forma parte de los enterovirus. Este virus vive en la saliva, así como en la mucosidad y en las heces de las personas afectadas por la polio. Así, el poliovirus entra por la boca de las personas sanas, accediendo de esta manera al tubo digestivo y al torrente sanguíneo.
Una vez el virus de la polio entra en el torrente sanguíneo, tiene un gran efecto multiplicador en el interior de las células infectadas por el mismo. Un proceso que en la gran mayoría de los casos se da en el tubo digestivo. No obstante, puede darse en otras zonas del cuerpo, pudiendo llegar incluso al sistema nervioso; en este caso, existe un alto riesgo de desarrollar enfermedades tales como meningitis.
El efecto multiplicador dura sólo unos pocos días. Una vez finalizado, se elimina por completo del organismo. Es importante tener en cuenta que mientras el poliovirus se encuentre en el interior del cuerpo, la persona afectada por él es una fuente de contagio, se presenten o no síntomas.
¿Cuáles son los síntomas de la polio?
Uno de los grandes problemas que presenta la poliomielitis es que en la gran mayoría de los casos no presenta ningún síntoma hasta que la enfermedad se encuentra en una fase avanzada. Además, en los pocos casos en los que sí se presentan síntomas, estos suelen ser leves, muy similares a los una gripe o un resfriado; por lo tanto, los enfermos no consideran necesario acudir al médico.
Los síntomas más graves de la polio incluyen fiebre alta, dolor de cabeza intenso, sudor frío, taquicardia, parálisis total o parcial de las extremidades, y espasmos musculares.
Diagnóstico y tratamiento

Directamente relacionado con el punto anterior, los síntomas propios de la poliomielitis son poco específicos, por lo que el diagnóstico de la enfermedad no resulta nada sencillo. Una de las primeras preguntas que realiza el médico cuando sospecha de polio es si el niño ha sido o no vacunado; en caso de que lo haya sido, el riesgo de haber contraido esta afección es prácticamente nulo.
Una vez establecido el historial médico, procede a realizar una exploración física para detectar cualquier señal de alarma. Uno de los factores a valorar es si existe o no rigidez en la nuca; de ser así, existe un alto riesgo de que el virus de la polio haya afectado al sistema nervioso y el niño padezca meningitis. En este caso, se solicita la realización de una punción lumbar para confirmar el diagnóstico.
Una de las pruebas médicas más habituales en caso de sospecha de poliomielitis es una analítica, la cual permite detectar una infección.
Respecto al tratamiento de la polio, lo cierto es que a día de hoy no existe ninguna cura eficaz ante esta enfermedad. El único tratamiento posible es la propia prevención a través de la vacuna, la cual se administra durante la infancia.
No obstante, si un niño se contagia del virus de la polio no existe ningún tratamiento; únicamente se le pueden tratar los síntomas.
¿Cómo prevenir la polio?
La prevención es fundamental para evitar el contagio del virus de la poliomielitis. A continuación señalamos algunos factores a recordar.
- Higiene: la higiene es lo más importante para evitar la propagación del virus. Es esencial lavarse las manos con frecuencia, así como evitar el abono de cultivos con residuos humanos.
- Vacunación: por supuesto, la vacuna de la polio es prácticamente obligatoria para evitar esta enfermedad. La primera dosis se administra a los dos meses de vida; a los cuatro meses se administra una segunda dosis, y una tercera a los doce meses. Por último, la dosis de refuerzo, la cual se administra a los cinco años de edad.
Secuelas de la polio
La poliomielitis puede causar graves secuelas en las piernas de los más pequeños. Por un lado, parálisis y deformaciones debido a la retracción de los músculos. Por otro lado, problemas en el crecimiento óseo, lo cual produce un acortamiento del miembro que ha sufrido la parálisis. Y, por último, afecciones circulatorias y cutáneas; adelgazamiento de la piel y enfriamiento de la misma.
Casos de polio en el mundo
En Occidente la poliomielitis es una enfermedad prácticamente erradicada. A día de hoy los casos de polio que hay en el mundo se limitan a Nigeria, Afganistán y Pakistán; en los últimos años se han registrado algunos casos en Somalia, un país en el que se consideraba que la polio había desaparecido en 2007.
Lo cierto es que la erradicación de la enfermedad en estos países resulta muy complicada debido al rechazo por parte de las autoridades locales a la vacuna y a la inestabilidad política. La Organización Mundial de la Salud continúa trabajando intensamente a través de la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis (GPEI) para lograr eliminar los últimos casos. Si la polio consiguiese ser erradicada, sería la segunda enfermedad humana en desaparecer, además de la viruela.
Síndrome pospolio
Merece especial atención el síndrome pospolio, una condición que puede afectar a personas que sobrevivieron a la poliomielitis décadas después de la infección inicial. Se estima que entre el 25% y el 40% de los supervivientes de polio pueden desarrollar este síndrome, generalmente entre 15 y 40 años después de la enfermedad aguda.
Los síntomas más frecuentes del síndrome pospolio incluyen:
- Debilidad muscular progresiva, tanto en los músculos afectados originalmente como en otros que no se vieron afectados.
- Fatiga intensa y agotamiento.
- Dolor muscular y articular.
- Atrofia muscular.
- Dificultad para respirar o tragar en los casos más graves.
- Intolerancia al frío.
No existe una cura para el síndrome pospolio, pero el tratamiento se centra en aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida del paciente mediante fisioterapia, ejercicio adaptado, dispositivos ortopédicos y, en algunos casos, ventilación asistida.
La importancia de la vacunación
La vacunación sigue siendo la única herramienta eficaz para prevenir la poliomielitis. Existen dos tipos de vacunas:
- Vacuna antipoliomielítica inactivada (VPI o vacuna Salk): se administra mediante inyección intramuscular. Es la que se utiliza en la mayoría de los países desarrollados, incluida España. Al tratarse de un virus inactivado, no puede causar la enfermedad.
- Vacuna antipoliomielítica oral (VPO o vacuna Sabin): se administra por vía oral. Contiene virus atenuados y se utiliza principalmente en campañas masivas de vacunación en países donde la polio aún no ha sido erradicada. En casos extremadamente raros, los virus atenuados pueden mutar y causar la enfermedad (polio derivada de la vacuna).
En España, la vacunación contra la polio forma parte del calendario vacunal oficial y se administra en varias dosis durante la infancia. El último caso de polio autóctona en España se registró en 1988, y el país fue certificado como libre de polio en 2002.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Poliomielitis. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/poliomyelitis
- Global Polio Eradication Initiative (GPEI). https://polioeradication.org/
- MedlinePlus. Poliomielitis. https://medlineplus.gov/spanish/polio.html
- Asociación Española de Pediatría (AEP). Calendario de vacunaciones. https://www.aeped.es/
- Lo, J. K., & Robinson, L. R. (2018). Post-polio syndrome and the late effects of poliomyelitis. Muscle & Nerve, 58(1), 4-13.

Escrito por
Janire ManzanasPeriodista de salud
Universidad del País Vasco
Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.