Piel atópica: qué es, causas, síntomas y tratamiento
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué es la piel atópica?
- Dermatitis atópica en bebés
- Dermatitis atópica en niños
- Dermatitis atópica en adultos
- 2.Causas de la piel atópica
- 3.Factores desencadenantes de los brotes
- 4.Síntomas de la piel atópica
- 5.Diagnóstico de la piel atópica
- 6.Tratamiento de la piel atópica
- Tratamiento de base: hidratación y cuidado de la piel
- Tratamiento de los brotes leves-moderados
- Tratamiento de los brotes moderados-graves
- Tratamiento proactivo
- 7.Cómo evitar los brotes de piel atópica
- 8.Impacto en la calidad de vida
- 9.Cuándo consultar al médico
- 10.Referencias
La piel atópica es una enfermedad crónica caracterizada por la extrema sequedad de la piel, además de su descamación e irritación. Evoluciona a lo largo del tiempo, dando lugar a diversos brotes durante los cuales los síntomas se hacen más notables. Aunque hasta el momento no existe ninguna cura definitiva, el cuidado diario de la piel puede protegerla y mejorar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen.
Resulta interesante conocer lo que se conoce como ciclo del picor y el rascado. Comienza con la sequedad de la piel, lo cual da lugar a la irritación e infección de la dermis. Así, se produce la inflamación, conduciendo con ello al picor y al rascado. De este modo, comienza de nuevo el ciclo con la sequedad de la piel.
¿Qué es la piel atópica?
La piel atópica, también denominada dermatitis atópica o eccema atópico, es un trastorno cutáneo inflamatorio crónico cuya principal característica es la excesiva sequedad de la piel, lo cual produce irritación y picor intenso. Es por tanto una condición en la que la barrera cutánea está alterada, con un porcentaje de agua y lípidos muy bajo. Es por ello que la piel tiende a la descamación e irritación con gran facilidad.
Se ha descubierto que las personas con dermatitis atópica presentan frecuentemente una mutación en el gen que codifica la filagrina, una proteína esencial para la formación y mantenimiento de la barrera cutánea. Esta alteración genética explica por qué la piel pierde agua con mayor facilidad y es más susceptible a los alérgenos e irritantes ambientales.
Esta enfermedad afecta a aproximadamente el 15-20% de los niños y al 2-10% de los adultos en países desarrollados. Muchos de los niños afectados la sufren también en su vida adulta. Los expertos señalan que la prevalencia de la piel atópica es cada vez mayor debido a numerosos factores: polución, calidad del sueño deficiente, estrés, cambios en la microbiota cutánea, etc.
Aunque puede desarrollarse en todas las zonas del cuerpo, afecta especialmente al rostro, así como a las áreas de flexión y el cuero cabelludo. También en las piernas y los glúteos. Las localizaciones varían según la edad del paciente.
Dermatitis atópica en bebés
Son precisamente los bebés uno de los grupos de población que más sufren esta enfermedad. La dermatitis atópica se desarrolla especialmente en el rostro (mejillas y frente), así como en el cuero cabelludo, el tronco y las extremidades. Respecto a los indicios, en la gran mayoría de los casos la zona afectada se ve inflamada y presenta rojeces, con costras y exudado en los brotes más intensos.
Es importante diferenciar la dermatitis atópica del bebé de otras afecciones como la costra láctea (dermatitis seborreica del lactante) o las dermatitis de contacto por el pañal.
Dermatitis atópica en niños
Aunque lo más habitual es que los niños ya hayan presentado algún signo de dermatitis atópica siendo bebés, en algunos casos la enfermedad se puede manifestar por primera vez durante la infancia. Las localizaciones más habituales en los niños son los pliegues de las articulaciones, como las rodillas o el codo (fosas antecubitales y poplíteas). También pueden aparecer lesiones en las muñecas, los tobillos y alrededor de la boca.
Dermatitis atópica en adultos
En el caso de los adultos, las lesiones propias de la piel atópica son más crónicas y liquenificadas (engrosamiento de la piel con marcado de los pliegues cutáneos). El principal síntoma es la sequedad de la dermis, la cual se acompaña de picazón e irritación. Las lesiones se dan sobre todo en la nuca, las muñecas, el dorso de los pies, los párpados y la zona perioral.
Causas de la piel atópica

La dermatitis atópica es una enfermedad de origen multifactorial, en la que intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales.
- Genética: existe una relación directa entre las siguientes enfermedades: dermatitis atópica, asma y rinitis alérgica. Este grupo se conoce como la tríada atópica o marcha atópica. Si uno de los padres sufre alguno de estos trastornos, existe una probabilidad del 25-30% de que sus hijos padezcan piel atópica. El riesgo aumenta al 60-70% si ambos padres tienen alguna de estas enfermedades.
- Alteración de la barrera cutánea: la deficiencia de filagrina y otros lípidos de la piel permite la pérdida transepidérmica de agua y la entrada de alérgenos e irritantes.
- Alteraciones inmunológicas: existe una respuesta inmunitaria Th2 exagerada que favorece la inflamación crónica de la piel.
- Clima: las personas que viven en climas fríos y secos tienen una mayor predisposición a sufrir este trastorno cutáneo.
- Género: en líneas generales, son las mujeres las que más sufren la dermatitis atópica en la edad adulta, aunque en la infancia la prevalencia es similar.
- Edad de la madre: aquellos niños cuya madre tiene una edad superior a los cuarenta años tienen más probabilidades de padecer la enfermedad.
- Microbiota cutánea: las personas con dermatitis atópica presentan frecuentemente una colonización excesiva de Staphylococcus aureus en la piel, lo que empeora la inflamación.
Factores desencadenantes de los brotes
No obstante, hay una serie de factores que pueden desencadenar o empeorar los brotes de este trastorno:
- Irritantes cutáneos: jabones, detergentes, perfumes, productos químicos de limpieza, lana y tejidos sintéticos.
- Alérgenos ambientales: ácaros del polvo, polen, caspa de animales, mohos.
- Alergias alimentarias: en niños pequeños, ciertos alimentos como la leche de vaca, el huevo, el trigo o los frutos secos pueden empeorar la dermatitis, aunque esto no ocurre en todos los pacientes.
- Estrés emocional: actualmente uno de los principales factores de riesgo, tanto en adultos como en niños. El estrés activa mecanismos neuroinflamatorios que empeoran los brotes.
- Cambios de temperatura: el calor excesivo, la sudoración y los cambios bruscos de temperatura.
- Infecciones cutáneas: las sobreinfecciones bacterianas, víricas o fúngicas pueden empeorar significativamente las lesiones.
- Estilos de vida: sedentarismo, mala alimentación, pocas horas de sueño.
- Contaminación ambiental: la exposición a contaminantes atmosféricos se ha asociado a un mayor riesgo de brotes.
Síntomas de la piel atópica

La piel atópica da lugar a una serie de síntomas a los que es importante prestar especial atención. Tal y como hemos señalado, esta es una enfermedad que afecta principalmente a los bebés y niños, aunque también puede darse en adultos.
Los síntomas principales incluyen:
- Sequedad cutánea (xerosis): la piel se muestra muy seca, tirante y con aspecto apagado. Es el síntoma más constante.
- Prurito (picor) intenso: puede llegar a ser muy intenso, e incluso afectar al sueño y a las actividades cotidianas. Es el síntoma más incapacitante.
- Eritema (enrojecimiento): la piel presenta un aspecto inflamado y rojo, especialmente durante los brotes.
- Eccemas: lesiones inflamatorias que pueden ser agudas (con vesículas y exudado) o crónicas (con engrosamiento y descamación).
- Liquenificación: engrosamiento de la piel con marcado de los surcos cutáneos, frecuente en adultos y en zonas de rascado crónico.
- Excoriaciones: lesiones por rascado que pueden sobreinfectarse.
- Descamación: la piel se descama con facilidad, especialmente en los períodos de brote.
Hay que tener especial cuidado con las lesiones a la hora de rascar ya que se pueden producir pequeñas heridas. En estos casos el riesgo de infección es muy alto, pudiendo aparecer impétigo (infección bacteriana superficial) que requiere tratamiento antibiótico.
Diagnóstico de la piel atópica
Ante los síntomas descritos, es recomendable acudir al médico o al dermatólogo. A pesar de que la piel atópica no es un trastorno de carácter grave, requiere de tratamiento adecuado para controlar los síntomas y prevenir las complicaciones.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la historia del paciente y la exploración física. Se utilizan los criterios de Hanifin y Rajka, que incluyen criterios mayores y menores:
Criterios mayores:
- Prurito (picor).
- Distribución típica de las lesiones según la edad.
- Curso crónico o recidivante.
- Antecedentes personales o familiares de atopia.
Criterios menores:
- Xerosis (sequedad cutánea).
- Elevación de los niveles de IgE en sangre.
- Tendencia a las infecciones cutáneas.
- Dermatitis de manos y pies.
- Queratosis pilaris (piel de gallina en brazos y muslos).
- Ojeras marcadas (pliegue de Dennie-Morgan).
En el caso de los bebés y niños, deben presentar al menos tres de las siguientes características: el primer episodio aparece antes de los dos años de edad, los padres presentan un historial de atopia, lesiones en los pliegues, eccemas e irritaciones.
El dermatólogo puede solicitar pruebas complementarias como análisis de sangre (IgE total y específica), pruebas de parche o pruebas cutáneas (prick test) para identificar posibles alérgenos desencadenantes.
Tratamiento de la piel atópica
Una vez confirmado el diagnóstico, el médico establece el tratamiento más adecuado en función de la gravedad de los síntomas. El tratamiento se organiza en una estrategia escalonada:
Tratamiento de base: hidratación y cuidado de la piel
El pilar fundamental del tratamiento es la hidratación diaria de la piel con emolientes, incluso en los períodos libres de brotes. Los emolientes:
- Restauran la barrera cutánea.
- Reducen la pérdida de agua transepidérmica.
- Disminuyen la frecuencia e intensidad de los brotes.
- Reducen la necesidad de corticoides.
Se recomienda aplicar el emoliente al menos dos veces al día y siempre después del baño, sobre la piel aún húmeda, para retener la hidratación.
Tratamiento de los brotes leves-moderados
- Corticoides tópicos: son el tratamiento de primera línea para los brotes. Se aplican en las zonas afectadas durante períodos cortos (5-7 días habitualmente). Es importante utilizar la potencia adecuada según la zona del cuerpo y la edad del paciente.
- Inhibidores de la calcineurina tópicos: tacrolimus y pimecrolimus son alternativas a los corticoides, especialmente útiles en zonas sensibles como la cara, los párpados y los pliegues. No producen atrofia cutánea.
- Antihistamínicos orales: pueden ayudar a controlar el picor y mejorar el descanso nocturno, aunque su eficacia en la dermatitis atópica es limitada.
Tratamiento de los brotes moderados-graves
- Fototerapia: la exposición controlada a rayos UVB de banda estrecha puede mejorar significativamente las lesiones en adultos y niños mayores.
- Corticoides sistémicos: se reservan para brotes muy severos y durante períodos breves.
- Inmunosupresores: como la ciclosporina, el metotrexato o la azatioprina, en casos refractarios.
- Terapias biológicas: el dupilumab es un anticuerpo monoclonal aprobado para la dermatitis atópica moderada-grave en adultos y niños mayores de 6 años. Ha supuesto un avance importante al reducir significativamente el picor y las lesiones cutáneas.
- Inhibidores de las JAK: como el baricitinib, el upadacitinib o el abrocitinib, son fármacos orales de reciente aprobación para la dermatitis atópica moderada-grave en adultos.
Tratamiento proactivo
Una estrategia cada vez más utilizada es el tratamiento proactivo, que consiste en aplicar corticoides tópicos o inhibidores de la calcineurina de forma intermitente (por ejemplo, dos veces por semana) en las zonas que suelen presentar brotes, incluso cuando la piel parece sana. Esta estrategia reduce significativamente la frecuencia de las recaídas.
Cómo evitar los brotes de piel atópica

Lo cierto es que no existe ningún método completamente infalible para evitar esta enfermedad. No obstante, hay una serie de recomendaciones que merece la pena seguir para reducir la frecuencia y la intensidad de los brotes:
- Ducha: mantener una temperatura del agua adecuada es esencial. Los expertos señalan que lo mejor es que el agua esté tibia (no superior a 33 °C), que la ducha no dure más de 5-10 minutos y que se utilicen jabones sin detergentes (syndets) con pH 5-5,5. Para secar la piel, dar pequeños toques con la toalla sin frotar.
- Sudoración: para evitarla en la medida de lo posible conviene utilizar prendas transpirables de algodón. Evitar la lana en contacto directo con la piel.
- Hidratación: aplicar cremas emolientes adecuadas al menos dos veces al día, especialmente después del baño.
- Prendas nuevas: a la hora de utilizar por primera vez prendas de vestir nuevas, es recomendable lavarlas previamente con detergentes suaves, sin suavizantes ni lejía.
- Alimentación: una alimentación equilibrada es importante. No se recomienda eliminar alimentos de la dieta de forma preventiva sin un diagnóstico de alergia alimentaria confirmado.
- Uñas cortas: mantener las uñas cortas y limpias reduce el daño del rascado y el riesgo de sobreinfección.
- Control ambiental: reducir los ácaros del polvo (fundas antiácaros, lavado frecuente de ropa de cama), evitar la exposición al tabaco y mantener una humedad ambiental adecuada (40-60%).
- Gestión del estrés: el estrés es uno de los principales desencadenantes de los brotes. Actividades como el yoga, la meditación o el ejercicio moderado pueden ayudar.
Impacto en la calidad de vida
La incidencia de piel atópica ha aumentado de forma notable en los últimos años, especialmente en los países occidentales. Los expertos señalan que en apenas tres décadas el número de casos se ha duplicado.
Quienes sufren esta enfermedad muy a menudo padecen otras consecuencias asociadas: trastornos del sueño (por el picor nocturno), ansiedad, depresión, baja autoestima y aislamiento social. En los niños, puede afectar al rendimiento escolar y a las relaciones con sus compañeros.
Es importante que el abordaje de la dermatitis atópica sea integral, considerando no solo el tratamiento de las lesiones cutáneas sino también el apoyo psicológico cuando sea necesario y la educación del paciente y su familia sobre el manejo de la enfermedad.
Cuándo consultar al médico
Se recomienda consultar al dermatólogo en los siguientes casos:
- Cuando los síntomas no mejoran con las medidas básicas de cuidado de la piel.
- Si los brotes son frecuentes o muy intensos.
- Si aparecen signos de infección (aumento del enrojecimiento, calor, pus, costras amarillentas).
- Cuando el picor interfiere significativamente con el sueño o las actividades diarias.
- Si la enfermedad afecta al bienestar emocional o social del paciente.
Referencias
- Weidinger, S., & Novak, N. (2016). Atopic dermatitis. The Lancet, 387(10023), 1109-1122.
- Eichenfield, L. F., et al. (2014). Guidelines of care for the management of atopic dermatitis. Journal of the American Academy of Dermatology, 71(1), 116-132.
- Silverberg, J. I. (2017). Public health burden and epidemiology of atopic dermatitis. Dermatologic Clinics, 35(3), 283-289.
- Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Dermatitis atópica. Recuperado de https://www.aedv.es
- MedlinePlus. Dermatitis atópica. Recuperado de https://medlineplus.gov/spanish/eczema.html
- Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Dermatitis atópica. Recuperado de https://www.seaic.org

Escrito por
Janire ManzanasPeriodista de salud
Universidad del País Vasco
Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.