Meningitis

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Se conoce como meningitis a la inflamación de las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal (meninges). Generalmente, se da a consecuencia de una infección viral o bacteriana. La meningitis a causa de un determinado virus es leve y en muchos casos se cura sin necesidad de aplicar ningún tratamiento específico. No obstante, la meningitis bacteriana puede ser muy grave y producir daños cerebrales irreversibles e incluso la muerte si no se trata con rapidez.

En prácticamente la totalidad de los casos la meningitis se da en personas sanas, que no tienen ningún tipo de enfermedad crónica. Se trata de una enfermedad que afecta sobre todo a niños de entre cero y nueve años; también se puede dar en adolescentes de entre 15 y 19 años de edad. En cuanto al pronóstico, resulta menos favorable en aquellos niños menores de tres años.

Según la Organización Mundial de la Salud, la meningitis bacteriana sigue siendo una importante causa de mortalidad y morbilidad a nivel global, con aproximadamente 250.000 casos de meningitis meningocócica al año en el mundo.

¿Qué son las meninges?

Las meninges son tres capas de tejido que envuelven y protegen el cerebro y la médula espinal:

  • Duramadre: la capa más externa y resistente.
  • Aracnoides: la capa intermedia.
  • Piamadre: la capa más interna, que está en contacto directo con la superficie del cerebro.

Entre la aracnoides y la piamadre circula el líquido cefalorraquídeo (LCR), cuya función es amortiguar los golpes, transportar nutrientes y eliminar productos de desecho del sistema nervioso central. En la meningitis, este líquido se infecta e inflama, lo que produce los síntomas característicos de la enfermedad.

¿Cómo se transmite?

El meningococo es una de las bacterias que con mayor frecuencia da lugar a la meningitis. Pues bien, esta bacteria se transmite a través del contacto con una persona infectada; la transmisión se da a través de esas gotitas que se expulsan al toser o estornudar. Así, el patógeno se introduce en el organismo mediante los ojos, la nariz o la boca. El periodo de incubación oscila entre los dos y los diez días.

Es importante señalar que muchas personas pueden ser portadoras asintomáticas de meningococo en la nasofaringe sin desarrollar la enfermedad. Se estima que entre el 5 y el 10 % de la población son portadores. La transmisión requiere un contacto cercano y prolongado, como el que se da entre convivientes.

Factores de riesgo de la meningitis

Hay una serie de factores que aumentan de forma notable las probabilidades de sufrir meningitis.

  • Vacunas: tanto en niños como en adultos es esencial seguir de forma rigurosa el calendario de vacunas. La ausencia de vacunación es uno de los principales factores de riesgo.
  • Edad: aunque esta afección se puede presentar en personas de todas las edades, en la gran mayoría de los casos se da en niños menores de cinco años, y existe un segundo pico de incidencia en adolescentes y adultos jóvenes.
  • Embarazo: las mujeres embarazadas tienen un alto riesgo de sufrir listeriosis, una infección que puede dar origen a la meningitis.
  • Sistema inmune débil: esta enfermedad se da con mayor frecuencia en aquellas personas cuyo sistema inmunológico esté debilitado; es decir, personas con VIH u otras afecciones como la diabetes.
  • Convivencia en comunidad: residir en residencias universitarias, cuarteles militares o internados aumenta el riesgo de meningitis meningocócica.
  • Asplenia: la ausencia de bazo (funcional o quirúrgica) incrementa significativamente la susceptibilidad a infecciones encapsuladas como el meningococo y el neumococo.

Causas de la meningitis

Causas de la meningitis

En prácticamente el 100 % de los pacientes, la causa de esta enfermedad es una infección viral o bacteriana.

Infección viral

La meningitis viral en la gran mayoría de los casos es una afección leve, la cual no requiere de ningún tipo de tratamiento específico. Se da generalmente a causa de un conjunto de virus que reciben el nombre de enterovirus, los cuales son más frecuentes durante las primeras semanas de otoño. Otros virus que pueden causar meningitis incluyen el virus del herpes simple, el virus de la varicela-zóster, el virus de las paperas y el VIH.

Infección bacteriana

Este tipo de meningitis se da cuando la bacteria entra en contacto con el torrente sanguíneo y alcanza el cerebro y la médula espinal. También se puede originar cuando una determinada bacteria afecta a las meninges debido a una infección de oído o una fractura de cráneo, entre otros casos posibles. Las bacterias que con mayor frecuencia causan meningitis son las siguientes.

  • Neumococo (Streptococcus pneumoniae): se trata del tipo de bacteria que causa un mayor número de meningitis en bebés y niños. El neumococo da lugar a afecciones del sistema respiratorio, como neumonía; también es habitual la infección de oído.
  • Meningococo (Neisseria meningitidis): otra de las bacterias que pueden dar lugar a una meningitis bacteriana. Esta causa una infección en las vías respiratorias superiores, y al entrar en contacto con la sangre puede originar una meningitis. Se da sobre todo en adolescentes. Existen varios serogrupos (A, B, C, W, Y), siendo el B y el C los más frecuentes en Europa.
  • Listeria (Listeria monocytogenes): este tipo de bacteria se contrae a través del consumo de determinados alimentos, como los quesos no pasteurizados o las carnes procesadas. Es especialmente crítica en mujeres embarazadas ya que aumenta de forma notable el riesgo de aborto espontáneo.
  • Haemophilus influenzae tipo b (Hib): antes de la introducción de la vacuna, era una causa frecuente de meningitis en niños pequeños. Actualmente es poco frecuente en países con programas de vacunación.
  • Estreptococo del grupo B (Streptococcus agalactiae): causa principal de meningitis neonatal, especialmente en las primeras semanas de vida.

Infección por hongos

Los hongos tienen un proceso de crecimiento lento en el organismo, de forma que de manera gradual van invadiendo las membranas y el líquido que se encuentra alrededor del cerebro, causando así lo que se conoce como meningitis crónica. Los síntomas propios de esta afección se dan durante un periodo superior a las dos semanas e incluyen dolores de cabeza intensos, fiebre, mareos y vómitos. Este tipo de meningitis es más frecuente en personas inmunodeprimidas.

Síntomas de la meningitis

Uno de los principales problemas que presenta la meningitis es que los síntomas iniciales de la enfermedad son prácticamente iguales a los de una gripe; este es el motivo por el que la gran mayoría de pacientes no solicitan asistencia médica hasta que la afección se encuentra en una fase más avanzada.

Síntomas en adultos y niños mayores

Los síntomas característicos incluyen:

  • Fiebre alta de forma súbita y sin razón aparente
  • Rigidez en el cuello (signo meníngeo más característico)
  • Dolor de cabeza muy intenso, diferente al habitual
  • Náuseas y vómitos (a menudo en proyectil)
  • Fotofobia (sensibilidad a la luz)
  • Dificultad de atención y concentración
  • Somnolencia o confusión
  • Erupción cutánea (petequias o púrpura): manchas rojas o moradas que no desaparecen al presionar con un vaso de cristal. Este signo es especialmente alarmante y sugiere sepsis meningocócica, una emergencia médica.
  • Falta de apetito
  • Convulsiones en casos graves

Síntomas en bebés y lactantes

En el caso de bebés, los síntomas de la meningitis son los siguientes: fiebre alta, llanto constante y diferente a lo habitual, somnolencia excesiva, rigidez tanto en el cuerpo como en el cuello, abombamiento de la fontanela (zona blanda en la cabeza), rechazo de la alimentación e irritabilidad extrema.

Ante cualquier sospecha de meningitis, se debe acudir inmediatamente a urgencias. Cada hora cuenta, ya que el tratamiento precoz es determinante para el pronóstico.

Diagnóstico y tratamiento

Tratamiento de la meningitis

Tal y como hemos señalado, ante el más mínimo síntoma de meningitis es importante acudir al médico. Este en primer lugar realiza un historial clínico en función de los síntomas descritos y de si el paciente presenta o no una enfermedad crónica previa. A continuación, procede con una exploración física, incluyendo la búsqueda de signos meníngeos (rigidez de nuca, signos de Kernig y Brudzinski).

Para confirmar el diagnóstico de la enfermedad es necesario realizar una punción lumbar, la cual muestra un líquido cefalorraquídeo (LCR) purulento en el caso de meningitis bacteriana. Dicho líquido debe ser analizado en el laboratorio; se estudia el aspecto, el número de células, las proteínas, la glucosa y se realiza tinción de Gram y cultivo. En ocasiones se puede observar la bacteria causante de la enfermedad en el examen microscópico del LCR, lo cual facilita de forma notable el establecimiento del tratamiento adecuado.

Además, se suelen solicitar hemocultivos (cultivos de sangre) y, en algunos casos, pruebas de imagen como una TAC craneal antes de la punción lumbar para descartar hipertensión intracraneal.

Tratamiento

Si se trata de una meningitis viral, en un gran número de casos no se requiere de ningún tratamiento específico; la enfermedad va desapareciendo por sí sola sin causar más problemas. El tratamiento es de soporte: reposo, hidratación, analgésicos y antipiréticos.

Si la causa de la enfermedad es una bacteria, el paciente debe ser ingresado y sometido a un tratamiento intensivo mediante la administración intravenosa de antibióticos de amplio espectro (generalmente cefalosporinas de tercera generación como la ceftriaxona), que se ajustarán una vez identificado el microorganismo causal. En muchos casos se asocia dexametasona (un corticoide) para reducir la inflamación y las secuelas neurológicas.

El tratamiento antibiótico debe iniciarse lo antes posible, idealmente en la primera hora tras la sospecha clínica, sin esperar a los resultados de las pruebas diagnósticas.

Vacunación contra la meningitis

Las vacunas disponibles actualmente protegen frente a las principales causas de meningitis bacteriana:

  • Vacuna antimeningocócica C: incluida en el calendario vacunal español desde el año 2000.
  • Vacuna antimeningocócica ACWY: incluida en el calendario a los 12 años de edad, con dosis adicional a los 12 meses.
  • Vacuna antimeningocócica B (Bexsero/Trumenba): incorporada al calendario vacunal español para lactantes.
  • Vacuna antineumocócica conjugada: protege frente a los principales serotipos de neumococo.
  • Vacuna contra Haemophilus influenzae tipo b: incluida en la vacuna hexavalente de los lactantes.

El cumplimiento riguroso del calendario de vacunación es la medida preventiva más eficaz contra la meningitis bacteriana.

Consejos para prevenir la meningitis

Los virus que dan origen a la meningitis en ocasiones son transmitidos por el aire o por el contacto físico. Por lo tanto, hay una serie de consejos que merece la pena tener en cuenta para reducir en la medida de lo posible las probabilidades de padecer esta enfermedad.

  • Higiene: de la misma manera que sucede con otras afecciones como la gripe, la higiene es esencial para prevenir la meningitis. Muy importante lavarse las manos con frecuencia, especialmente después de pasar un periodo de tiempo prolongado en lugares públicos, así como de estar en contacto con animales.
  • Hábitos de vida saludables: resulta trascendental realizar ejercicio físico con frecuencia, así como llevar una dieta equilibrada y saludable, con un consumo relativamente alto de frutas, verduras y cereales integrales.
  • Mujeres embarazadas: si hay un grupo de población que debe prestar especial atención a los consejos de prevención de la meningitis, son las mujeres embarazadas. Es importante cocinar la carne a una temperatura superior a los 80 °C para reducir en gran medida el riesgo de listeriosis; además, es conveniente evitar aquellos quesos elaborados con leche no pasteurizada.
  • Quimioprofilaxis: los contactos cercanos de un caso de meningitis meningocócica deben recibir tratamiento antibiótico preventivo (generalmente rifampicina o ciprofloxacino) para evitar la propagación.

Complicaciones

Ante el más mínimo síntoma de los descritos anteriormente en relación a la meningitis, es importante acudir al médico. Cuanto más tiempo pase una persona sin recibir el tratamiento adecuado para esta afección, el riesgo de sufrir cualquier tipo de complicación aumenta de forma notable.

Las complicaciones de la meningitis pueden incluir:

  • Pérdida auditiva: es la secuela más frecuente, que puede ser parcial o total, unilateral o bilateral.
  • Daños cerebrales: pueden manifestarse como problemas de memoria, dificultades de aprendizaje o alteraciones cognitivas.
  • Problemas motores: parálisis, espasticidad o problemas de coordinación.
  • Hidrocefalia: acumulación de líquido cefalorraquídeo en el cerebro.
  • Epilepsia: aparición de crisis convulsivas.
  • Amputaciones: en casos de sepsis meningocócica grave, la necrosis tisular puede requerir la amputación de extremidades.
  • Insuficiencia renal.
  • Problemas visuales.

Pronóstico de la meningitis

La mortalidad o las secuelas a causa de esta afección dependen de varios factores, como por ejemplo la bacteria causante de la meningitis, así como la edad del paciente y la fase de la enfermedad en la que se ha detectado. Si se trata de forma adecuada y en la fase inicial, la mortalidad de la meningitis bacteriana se sitúa entre el 5 y el 10 %. Sin tratamiento, la mortalidad de la meningitis bacteriana puede superar el 50 %.

La meningitis viral, por su parte, tiene un pronóstico mucho más favorable, con una recuperación completa en la mayoría de los casos.

Referencias

Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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