Fiebre amarilla

Toda la información sobre la fiebre amarilla, una enfermedad vírica hemorrágica: cómo se transmite, síntomas, diagnóstico y tratamiento, vacunación...

La fiebre amarilla es un trastorno que se transmite por la picadura de mosquitos infectados. Una enfermedad habitual en Centroamérica, Sudamérica y África subsahariana. Aunque cualquier persona puede contraer la enfermedad, son las personas mayores quienes presentan un mayor riesgo de padecer una infección de carácter grave.

¿Qué es la fiebre amarilla?

La fiebre amarilla es un trastorno vírico hemorrágico de carácter agudo que transmiten mosquitos infectados. El hecho de que se denomine “amarilla” se debe a la ictericia que presentan determinados pacientes como síntoma de la enfermedad.

Se trata de un virus endémico que se da especialmente en zonas tropicales de África Central, América Central y Sudamérica.

A lo largo de la historia se han producido diversas epidemias de fiebre amarillas, las cuales surgen cuando el virus se propaga en zonas densamente pobladas, y en las que un alto porcentaje de la población no tiene inmunidad ante la enfermedad por la falta de vacunación.

A día de hoy la fiebre amarilla se puede prevenir mediante una vacuna; una sola dosis es suficiente para ser inmune ante la enfermedad, sin necesidad de ningún tipo de dosis de recuerdo.

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Tipos de fiebre amarilla

Tipos de fiebre amarilla

Los seres vivos más afectados por este trastorno son las personas y los monos. La transmisión se produce de un animal a otro, así como a través de la picadura de un mosquito. En función de sus diferentes formas de transmisión, se diferencian tres tipos de fiebre amarilla.

  • Selvática: tal y como su propio nombre indica, es aquella enfermedad que se produce en los bosques tropicales. Se desarrolla a raíz de la picadura de un mosquito portador de la fiebre amarilla. Aunque no es demasiado frecuente, afecta en gran medida a sus monos; estos a su vez pueden infectar a otros mosquitos, los cuales pueden transmitir la enfermedad a aquellas personas que entren en la selva.
  • Intermedia: se conoce como tal a la fiebre amarilla que se da en la sabana de África. Se caracteriza por dar lugar a varios casos al mismo tiempo en poblaciones separadas.
  • Urbana: en este caso es el mosquito Aedes aegypti el que actúa como agente transmisor en aquellas zonas densamente pobladas. Puede dar lugar a grandes epidemias en las que el virus se transmite de una persona a otra con facilidad.

Fases de la enfermedad

Se pueden establecer un total de cuatro fases de la enfermedad, por las cuales pasan prácticamente el 100% de los pacientes afectados por la misma.

  1. Incubación: comienza en el mismo momento en el que el individuo recibe la picadura del mosquito transmisor del virus. La aparición de los primeros indicios de fiebre amarilla aparecen entre tres y seis días después. Durante este periodo de tiempo el virus se expande por el organismo.
  2. Fase aguda: unos días después de que se haya producido la picadura comienzan los primeros síntomas, los cuales son muy similares a los de cualquier otra infección: fiebre alta, náuseas, vómitos, cefalea, falta de apetito. También surge la ictericia como indicio propio de la enfermedad.
  3. Remisión: los síntomas por lo general duran unos pocos días, tras lo cual comienzan a remitir de forma progresiva. Algunos pacientes se recuperan paulatinamente, mientras que otros sufren una recaída.
  4. Intoxicación: y, por último, después de varios días de remisión, algunos de los pacientes afectados por la fiebre de amarilla entran en lo que se conoce como fase de intoxicación. En ella se repiten los síntomas de la fase aguda, aunque con mayor virulencia: fiebre, hemorragias, dolor abdominal… Incluso pueden darse fallos en determinados órganos como los riñones o el hígado.

Causas de la fiebre amarilla

La causa directa de la enfermedad en humanos es la picadura de un mosquito infectado, generalmente de los géneros Aedes o Haemagogus. El virus también se puede transmitir entre monos, e incluso de los monos a los humanos a través de los mosquitos.

Aunque no es habitual, también puede darse un ciclo combinado. En primer lugar los mosquitos infectados pican a monos, quienes transmiten la enfermedad a los humanos. Y, en segundo lugar, otros mosquitos, después de picar a los humanos afectados por la fiebre amarilla, lo transmiten a otros humanos.

Síntomas más comunes

Síntomas de la fiebre amarilla

Los síntomas de la fiebre amarilla se agravan a medida que la enfermedad avanza. En la fase inicial, los indicios son muy similares a los de cualquier otra infección: fiebre, dolor de cabeza, náuseas, pérdida de apetito, mareos…

A medida que la fiebre amarilla avanza y comienza lo que se denomina fase tóxica, los síntomas son muchísimo más graves, incluso potencialmente mortales: dolor abdominal, sangrado de nariz y boca, insuficiencia renal y hepática, convulsiones…

Diagnóstico y tratamiento de la fiebre amarilla

El diagnóstico de la fiebre amarilla resulta complicado, especialmente durante la fase aguda ya que los síntomas son muy similares a los de otras enfermedades tales como la malaria, el dengue o la fiebre tifoidea, entre otras.

El médico en primer lugar realiza el historial médico del paciente, teniendo en cuenta si ha viajado recientemente a países endémicos de la enfermedad, si está o no vacunado de la fiebre amarilla, y los síntomas que presenta.

La prueba diagnóstica para detectar la enfermedad es una analítica sanguínea, en la cual se pueden determinar anticuerpos y sustancias específicas relacionadas con el virus.

A día de hoy no existe ningún medicamento antiviral que resulte de utilidad para tratar la enfermedad. Por lo tanto, una vez se ha confirmado la fiebre amarilla, el tratamiento consiste en combatir los síntomas: proporcionar líquidos, mantener la presión arterial en los valores adecuados, proporcionar diálisis si el paciente ha entrado en la fase tóxica y presenta insuficiencia renal… En algunos casos es necesario la transfusión de plasma para reemplazar las proteínas sanguíneas, las cuales mejoran la coagulación.

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Complicaciones y mortalidad

En un alto porcentaje de casos, aquellos pacientes afectados por la fiebre amarilla muestran una recuperación de los síntomas entre tres y cuatro días después de la aparición de los mismos. En torno a un 15% entra en la fase tóxica, en la cual los síntomas son de carácter muy grave, tales como hemorragias nasales y bucales o deterioro de la función renal y hepática. Se estima que el 50% de los pacientes mueren durante la fase tóxica.

A día de hoy las estimaciones señalan que la fiebre amarilla es la responsable de 30.000 muertes anuales, sobre todo en países subdesarrollados en los que la población no tiene acceso a la vacuna.

Vacuna de la fiebre amarilla

Vacuna de la fiebre amarilla

Tal y como hemos señalado, la fiebre amarilla es propia de países de África subsahariana y zonas tropicales tanto de Centroamérica como de Sudamérica. Así, la enfermedad supone un riesgo tanto para los propios habitantes como para los viajeros.

En el caso de los viajeros, el riesgo de ser contagiados por el virus viene determinado por diversos factores: estado de inmunización en relación a la vacuna, destino del viaje, estación del año, actividades realizadas durante el viaje y tiempo de exposición.

La fiebre amarilla es una enfermedad que se puede prevenir mediante la vacunación. A día de hoy la vacuna contiene virus vivos s atenuados de la cepa 17D, los cuales se cultivan en embrión de pollo. Se trata de la única vacuna aprobada en Europa.

Indicaciones de vacunación

La vacuna de la fiebre amarilla está recomendada para aquellos niños de más de nueve meses de edad y adultos que vayan a realizar un viaje a países endémicos de la enfermedad. Hay determinados países que incluso exigen el certificado de vacunación como requisito para entrar en los mismos.

La vacuna se administra a través de la inyección intramuscular. Tiene una gran efectividad ya que tanto los niños como los adultos vacunados están protegidos ante la enfermedad.

En los últimos años se han llevado a cabo una gran selección de campañas de vacunación en determinadas zonas de África, en las cuales se ha logrado reducir los casos de fiebre amarilla hasta en un 82%.

Efectos secundarios

Del mismo modo que la administración de cualquier otra vacuna, la de la fiebre amarilla también tiene una serie de efectos secundarios que resulta interesante conocer: dolor en la zona en la que se ha administrado la inyección, fiebre y cefalea.

Contraindicaciones

La vacuna de la fiebre amarilla no está recomendada en bebés menores de seis meses de edad. Tampoco se aconseja su administración a aquellas personas que muestren sensibilidad a uno o varios componentes de la vacuna, así como aquellas cuyo sistema inmunitario esté debilitado.

Precauciones

Hay determinados grupos de población en los que la vacuna de la fiebre amarilla debe ser administrada con precaución ya que los riesgos son moderados.

Es el caso de los bebés de entre seis y nueve meses de edad, en los que existe un cierto riesgo de encefalitis tras la vacunación. Del mismo modo, en adultos mayores de sesenta años, existe el riesgo de desarrollar una determinada enfermedad neurológica.

En el caso de mujeres embarazadas, algunos estudios han demostrado que existe un riesgo relativo de transmisión del virus vivo al feto. Y, por último, las mujeres en periodo de lactancia, el virus vivo puede ser transmitido al bebé a través de la leche materna.

Prevención de la enfermedad

Además de la vacunación, existen una serie de medidas de precaución adicionales que es recomendable conocer antes de viajar a países en los que el riesgo de contagiarse de la enfermedad es alto.

  • Repelente: el uso del repelente es muy recomendable, cuya aplicación debe realizarse varias veces al día; hay que evitar aquellas zonas de la piel en la que hayan heridas o irritaciones. Lo ideal es adquirir el repelente en el país de destino.
  • Vestimenta adecuada: también es aconsejable prestar especial atención a la vestimenta para evitar picaduras. Lo ideal es utilizar prendas de colores claros y que cubran la totalidad tanto de los brazos como de las piernas.
  • Lugares húmedos: no hay que olvidar que los mosquitos se crían en lugares húmedos, especialmente en aquellos en los que el agua está estancada. Por lo tanto, es importante evitar posibles focos como estanques o piscinas.
  • Asistencia médica: ante el más mínimo síntoma de fiebre amarilla es importante acudir al médico con la mayor brevedad posible para realizar el diagnóstico y determinar el tratamiento más adecuado.

La fiebre amarilla en el mundo: brotes

Uno de los últimos brotes de fiebre amarilla conocidos en el mundo ha tenido lugar en Brasil. Entre diciembre del año 2016 y marzo de 2018 se han confirmado más de 2.000 casos y se han dado 676 muertes.

Pues bien, según un estudio publicado en la revista Science, dicho brote se originó en primates en zonas boscosas, tras lo cual se transmitió a los humanos.

Los investigadores responsables del estudio observaron que en un periodo de tiempo de apenas cuatro días los casos humanos quedaron por detrás de los de los primates. Además, el riesgo de fiebre amarilla era más elevado en aquellas personas que vivían en zonas boscosas, en las cuales los mosquitos pican a primates y posteriormente transmiten el virus a los humanos. Además, en zonas próximas al origen del brote el 85% de los casos se dieron en hombres.

Conclusión

La fiebre amarilla es una enfermedad vírica que puede prevenirse mediante la vacunación. Cada vez son más los programas en marcha en países subdesarrollados y en vías de desarrollo para vacunar a la población y, de este modo, minimizar el impacto de la enfermedad.


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