Enfermedad pélvica inflamatoria: síntomas, causas y tratamiento
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La enfermedad pélvica inflamatoria (EPI) es un cuadro infeccioso frecuente en mujeres en edad fértil. Se produce por una infección del aparato reproductor femenino, en la mayoría de los casos como consecuencia de una infección de transmisión sexual (ITS). Los agentes causantes son bacterias, siendo las más habituales Neisseria gonorrhoeae (gonorrea) y Chlamydia trachomatis (clamidia) [1].
La población más afectada son mujeres menores de 30 años, por lo que existe un riesgo elevado de que su fertilidad se vea comprometida si la enfermedad no se trata a tiempo. Además, si se ignoran los síntomas, la EPI puede derivar en complicaciones graves e incluso potencialmente mortales. Por ello, resulta esencial acudir al médico ante las primeras molestias.
Qué es la enfermedad pélvica inflamatoria
La enfermedad pélvica inflamatoria (EPI) es una infección de las estructuras del aparato reproductor femenino superior. Puede afectar al útero, los ovarios o las trompas de Falopio, por lo que es una patología exclusiva de las mujeres [2].
Las bacterias, como principal agente infeccioso, suelen ingresar por la vagina y ascender hasta los órganos reproductivos, donde se alojan y proliferan. En la mayoría de los casos, la EPI se asocia a bacterias causantes de infecciones de transmisión sexual: los cuadros no tratados de gonorrea o clamidia desencadenan la infección. No obstante, algunos microorganismos propios de la flora bacteriana vaginal también pueden provocar EPI [3].

La forma más habitual de contraer esta enfermedad es a través de las relaciones sexuales. Si bien puede producirse por un contacto sexual sin protección, el propio acto sexual puede facilitar la entrada de patógenos al tracto genital superior.
Aunque se considera una enfermedad frecuente entre las mujeres, no existe un consenso sobre la cifra exacta de población afectada. Aun así, se reconoce que es más común en mujeres con edades comprendidas entre los 15 y los 40 años, con mayor prevalencia en las menores de 30 años, dado que el factor clave es mantener una vida sexual activa [1].
Además, la EPI se considera un cuadro potencialmente mortal si no se recibe atención médica adecuada. En muchos casos se ha observado que las pacientes presentan una alta probabilidad de desarrollar infertilidad como secuela de la enfermedad [4].
Síntomas
En muchos casos, las pacientes con enfermedad pélvica inflamatoria desconocen que padecen este cuadro. La razón es que la EPI puede pasar desapercibida debido a la ausencia de síntomas o a que estos son muy leves. Sin embargo, las molestias asociadas a este trastorno pueden aparecer en cualquier momento e incluyen [2, 5]:
- Dolor o sensibilidad en la zona del abdomen, especialmente en la parte inferior. Se considera el síntoma más frecuente.
- Secreción o flujo vaginal anormal, con posible cambio de coloración a verdoso o amarillento y olor inusual y desagradable.
- Fiebre.
- Náuseas.
- Vómitos.
- Dolor durante el acto sexual (dispareunia). Puede observarse también sangrado después de las relaciones sexuales.
- Ardor o molestias al orinar (disuria).
- Ciclo menstrual irregular, con posible sangrado inusual como manchado intermenstrual o calambres en cualquier momento del ciclo.
- Sangrado menstrual abundante.
- Dolor intenso durante la menstruación (dismenorrea).
- Malestar general.
En los casos en que el origen de la EPI es una gonorrea o clamidia no tratada, los síntomas pueden aparecer días o semanas después de haberse producido la infección. Si la causa es otra, puede tardar más tiempo en manifestarse los primeros signos de la enfermedad.
Causas
La enfermedad pélvica inflamatoria se produce cuando bacterias ascienden hasta el aparato reproductor femenino superior, afectando al útero, los ovarios y las trompas de Falopio. En la mayoría de los casos es consecuencia de una infección de transmisión sexual, con mayor incidencia en pacientes con gonorrea y clamidia [1].
Aun así, existe la posibilidad de que la EPI se desarrolle a causa de:
- Partos.
- Cirugías pélvicas.
- Abortos espontáneos.
- Colocación de un dispositivo intrauterino (DIU). Este riesgo es mayor durante las primeras semanas tras la inserción [6].
Factores de riesgo
El riesgo de padecer enfermedad pélvica inflamatoria aumenta en los siguientes casos [1, 5]:
- Padecer una infección de transmisión sexual, especialmente gonorrea o clamidia.
- Tener o haber tenido múltiples parejas sexuales.
- Haber cursado episodios previos de EPI.
- Ser una persona sexualmente activa menor de 25 años.
- Haberse sometido a una ligadura de trompas u otra cirugía pélvica.
Diagnóstico
Es necesario acudir al médico ante cualquier síntoma o molestia para que pueda evaluarlo. Si se detecta el cuadro a tiempo, el tratamiento puede ser más eficaz. Hasta el momento no existe una prueba única y específica para diagnosticar la enfermedad pélvica inflamatoria, por lo que el profesional sanitario procederá a [2, 5]:
- Realizar una entrevista clínica para indagar en el historial médico. La paciente deberá facilitar información acerca de su actividad sexual, síntomas y antecedentes de salud.
- Evaluar los órganos reproductivos mediante un examen pélvico. Esto también ayudará a identificar si existe acumulación de pus (absceso).
- Tomar una muestra para un cultivo vaginal y analizar el flujo vaginal en busca de bacterias patógenas.
- Solicitar análisis de sangre para descartar infecciones de transmisión sexual.
- Realizar un examen de orina para descartar una infección del tracto urinario, ya que puede provocar síntomas similares.
- Evaluar los órganos reproductivos mediante ecografía.

En algunos casos es posible que se soliciten pruebas complementarias como:
- Biopsia de endometrio: se utiliza un tubo flexible que permite extraer una muestra de tejido del endometrio para detectar si existe alguna infección o patología en curso.
- Laparoscopia: se evalúan los órganos del aparato reproductor mediante un laparoscopio. Este instrumento posee una cámara con iluminación que se inserta a través de pequeñas incisiones en el abdomen.
Tratamiento
En primera instancia se prescribirá un tratamiento a base de antibióticos durante 14 días [7]. Es fundamental cumplir con las indicaciones del médico al pie de la letra, completando la administración de fármacos en el periodo indicado aunque hayan desaparecido los síntomas. De no hacerlo, puede producirse una recaída o las bacterias pueden desarrollar resistencia antimicrobiana. En caso de que los síntomas persistan, el tratamiento puede cambiarse de vía oral a vía intravenosa.
La hospitalización y la administración intravenosa pueden estar indicadas cuando [5]:
- La paciente está embarazada.
- Se trata de un cuadro de infección muy grave.
- Se observa un absceso tuboovárico (acumulación de pus cerca o en los ovarios y las trompas de Falopio).
Durante el tratamiento se deben evitar las relaciones sexuales. Tras finalizarlo, será necesario utilizar un método anticonceptivo de barrera. Además, la pareja sexual también debe recibir tratamiento para evitar una reinfección [7].
Complicaciones
Cuando no se aplica un tratamiento oportuno o se ignoran los síntomas, pueden aparecer complicaciones derivadas de la enfermedad pélvica inflamatoria. La EPI puede provocar la formación de tejido cicatricial en las trompas de Falopio, lo que deriva en infertilidad. Se estima que aproximadamente 1 de cada 10 mujeres afectadas por EPI tiene problemas para concebir, ya que este bloqueo impide el paso del óvulo [4]. Además, puede provocar otros problemas como:
- Dolor pélvico crónico: una de las complicaciones más frecuentes, que se observa en aproximadamente el 20 % de las pacientes no tratadas a tiempo [4].
- Embarazo ectópico: existe el riesgo de que, aunque las trompas de Falopio presenten obstrucción parcial, un espermatozoide consiga fecundar el óvulo. Al no poder trasladarse el embrión al útero, se implanta en las trompas, dando lugar a un embarazo ectópico.
- Absceso tuboovárico: se forma una acumulación de pus cerca de las trompas de Falopio y los ovarios, lo cual también puede afectar a la fertilidad [5].
Prevención
No en todos los casos la causa está relacionada con infecciones de transmisión sexual. La EPI también puede ser provocada por bacterias propias de la flora vaginal. En este sentido, se recomienda no utilizar duchas vaginales para evitar que estos microorganismos se desplacen hasta los órganos reproductivos [8].

La mayoría de la población afectada mantiene una vida sexual activa, por lo que la enfermedad se asocia con prácticas sexuales poco seguras. Por ello, los profesionales de la salud recomiendan [1, 8]:
- Limitar el número de parejas sexuales: se recomienda mantener contacto sexual con una sola persona. De esta forma se reduce el riesgo de contagio de infecciones de transmisión sexual.
- Utilizar anticonceptivos de barrera: se aconseja el uso del preservativo o el diafragma. Su empleo es esencial incluso cuando se utilizan otros anticonceptivos como la píldora o la inyección, ya que estos no impiden el paso de microorganismos patógenos al aparato reproductor femenino.
- Realizar revisiones ginecológicas periódicas: acudir a las consultas ginecológicas de forma regular, al menos una vez al año, y realizar todas las pruebas y análisis de rutina para descartar cualquier problema de salud.
En el caso de personas sexualmente activas, esta última recomendación es clave para descartar cualquier infección de transmisión sexual. De esta forma se podrán realizar pruebas de forma regular y lograr un tratamiento oportuno en caso de contagio. Ante cualquier síntoma, es importante acudir a consulta médica de forma inmediata. Además, en caso de tener una nueva pareja sexual, conviene realizar pruebas para descartar cualquier infección y mantener relaciones sexuales seguras.
Referencias
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Pelvic Inflammatory Disease (PID) – STI Treatment Guidelines. Disponible en: https://www.cdc.gov/std/treatment-guidelines/pid.htm
- Mayo Clinic. Pelvic inflammatory disease (PID). Disponible en: https://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/pelvic-inflammatory-disease/symptoms-causes/syc-20352594
- Curry A, Williams T, Penny ML. Pelvic Inflammatory Disease: Diagnosis, Management, and Prevention. Am Fam Physician. 2019;100(6):357-364.
- Brunham RC, Gottlieb SL, Paavonen J. Pelvic inflammatory disease. N Engl J Med. 2015;372(21):2039-2048.
- MedlinePlus. Enfermedad pélvica inflamatoria. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/pelvicinflammatorydisease.html
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Criterios médicos de elegibilidad para el uso de anticonceptivos. 5.ª edición. Ginebra: OMS; 2015.
- Ross J, Guaschino S, Cusini M, Jensen J. 2017 European guideline for the management of pelvic inflammatory disease. Int J STD AIDS. 2018;29(2):108-114.
- Office on Women’s Health (OASH). Pelvic inflammatory disease. Disponible en: https://www.womenshealth.gov/a-z-topics/pelvic-inflammatory-disease
