Deshidratación

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Deshidratación
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La deshidratación es un trastorno que se puede presentar en personas de todas las edades, sobre todo durante el verano. Se estima que en la época estival el porcentaje de población en riesgo de sufrir deshidratación alcanza el 70%. Las causas que dan lugar a esta afección son muy diversas, aunque en la gran mayoría de los casos están relacionadas con malos hábitos: no beber suficiente agua, exponerse al sol durante un largo periodo de tiempo en las horas centrales del día, etc. Los síntomas más habituales son dolor de cabeza, sudoración excesiva, cansancio, somnolencia y aceleración del ritmo cardíaco.

Además, se estima que cerca del 45% de la población señala que espera a beber hasta sentir sed. Es importante cambiar este hábito, ya que cuando aparece la sensación de sed es porque ya existe un cierto grado de deshidratación. Si no se reponen los líquidos que pierde el organismo, el cuerpo debe recurrir al líquido que está alojado en el interior de las células, lo que provoca síntomas como dolor de cabeza, debilidad y cansancio.

¿Qué es la deshidratación?

Se conoce como deshidratación al trastorno ocasionado cuando el organismo pierde más líquidos de los que ingiere, de modo que sufre una escasez de agua y otros fluidos. Se trata de una situación potencialmente grave, ya que impide el correcto funcionamiento de los órganos del cuerpo humano. Por ello, es esencial actuar con rapidez y reponer los fluidos perdidos con el objetivo de evitar una deshidratación de carácter grave.

Aunque puede afectar a personas de todas las edades, resulta especialmente peligrosa en el caso de niños y personas mayores. En el caso de los más pequeños, la deshidratación ocurre habitualmente a raíz de una enfermedad gastrointestinal que provoca diarrea y vómitos. En cuanto a las personas mayores, de forma natural presentan un volumen de agua menor en su organismo, a lo cual hay que sumar la toma de determinados medicamentos que aumentan el riesgo de sufrir deshidratación.

La deshidratación de carácter leve o moderado se puede revertir mediante la ingesta de líquidos. No obstante, si es grave, es indispensable solicitar asistencia médica de forma urgente.

Causas de la deshidratación

Causas de la deshidratación

En determinadas ocasiones, la deshidratación se produce por una causa muy simple: la persona no bebe el agua suficiente. Esto puede deberse a múltiples motivos, como una determinada enfermedad o la práctica de ejercicio intenso en las horas centrales del día durante la época estival.

A continuación se señalan cuáles son las principales causas que dan lugar a este trastorno.

  • Enfermedades gastrointestinales: determinados trastornos que causan diarrea y vómitos agudos pueden provocar una gran pérdida de líquidos y electrolitos en un breve periodo de tiempo. La pérdida de líquidos y minerales es mayor si se presentan vómitos y diarrea de forma simultánea.
  • Falta de hidratación: en muchos casos la deshidratación también tiene su origen en malos hábitos. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda una ingesta diaria de aproximadamente 2 litros de agua para mujeres y 2,5 litros para hombres. Este aspecto es especialmente relevante en mujeres embarazadas, niños y personas mayores.
  • Fiebre: la fiebre es otra de las causas más frecuentes de la deshidratación. En líneas generales, cuanto mayor es la temperatura corporal, mayor es el grado de pérdida de líquidos. Por ello, cuando un niño o un adulto presenta fiebre, es recomendable controlar la temperatura corporal y aumentar la ingesta de líquidos.
  • Sudoración: la sudoración supone una pérdida significativa de líquidos corporales. Por lo tanto, cuando se realiza cualquier tipo de actividad física y no se compensan los líquidos perdidos, el riesgo de deshidratación es elevado.
  • Medicamentos: determinados medicamentos, como los diuréticos o aquellos destinados a controlar la presión arterial, provocan una mayor frecuencia urinaria, lo cual puede dar lugar a deshidratación si no se reponen los líquidos perdidos.
  • Diabetes: enfermedades como la diabetes generan la necesidad de orinar con mayor frecuencia. Por ello, es importante beber agua de forma regular para mantener una hidratación adecuada.

Síntomas de la deshidratación

Ninguna persona dispone de un indicador que le señale la necesidad de agua que tiene su organismo en cada momento. Es habitual, sobre todo en niños y personas mayores, que no sientan la necesidad de ingerir líquidos hasta que la deshidratación ha comenzado. Por ello resulta tan importante beber agua con frecuencia, especialmente en épocas de calor.

En cuanto a los síntomas propios de la deshidratación, estos varían de forma notable en función de la edad. En el caso de bebés y niños, los más frecuentes son los siguientes: boca seca, llanto sin lágrimas y ausencia de micción durante más de tres horas. Además, en los casos de deshidratación más graves pueden presentarse otros signos, como fontanela hundida, excesiva irritabilidad y ojos hundidos.

La deshidratación en adultos da lugar a los siguientes síntomas: sed excesiva, necesidad de orinar con menor frecuencia, orina de color oscuro, confusión, cansancio y fatiga.

Hay una serie de signos que requieren asistencia médica de forma urgente; de lo contrario, en un breve periodo de tiempo determinados órganos podrían comenzar a fallar, dando lugar a un colapso e incluso la muerte. Se considera deshidratación de carácter grave cuando la persona se encuentra irritable y desorientada, no puede retener ningún líquido en su organismo y presenta sangre en las heces o en la orina.

Una de las principales dificultades que presenta este trastorno es que los síntomas en muchos casos no son evidentes hasta que la deshidratación ya se ha instaurado. Por ello, es fundamental tener en cuenta las medidas de prevención recomendadas.

Diagnóstico y tratamiento

Tratamiento para la deshidratación

Ante la más mínima sospecha de deshidratación, sobre todo en niños y personas mayores, es importante acudir al médico para que establezca el diagnóstico y el tratamiento adecuado. En primer lugar, el profesional sanitario realiza una historia clínica del paciente, en función de los síntomas que presenta y de su estado de salud.

Una de las pruebas médicas más habituales para el diagnóstico de la deshidratación es la medición de la presión arterial, que generalmente suele estar más baja de lo habitual cuando existe una carencia de líquidos en el organismo.

Además, para confirmar el grado de deshidratación que sufre el paciente, se realiza un análisis de sangre para controlar los niveles de electrolitos y el funcionamiento de los riñones. También se realiza un análisis de orina, que resulta determinante para evaluar el estado de hidratación.

Si se confirma la deshidratación, el tratamiento fundamental consiste en la reposición de los líquidos y electrolitos perdidos. En el caso de bebés y niños, en ocasiones es necesario administrar una solución de rehidratación oral (SRO), que contiene agua y sales en proporciones adecuadas.

En los casos más graves, tanto las sales como los líquidos se administran por vía intravenosa. De este modo, el organismo los absorbe de forma más rápida, acelerando así la recuperación.

Complicaciones

La deshidratación es una afección potencialmente grave que puede dar lugar a complicaciones que ponen en serio riesgo la vida del paciente.

Las lesiones por calor son frecuentes en determinados colectivos durante el verano y en épocas de calor intenso. Cuando no se ingieren suficientes líquidos mientras se realizan actividades físicas que implican una sudoración excesiva, pueden aparecer calambres musculares, agotamiento por calor e incluso golpe de calor. Estos trastornos requieren asistencia médica urgente.

Cuando la deshidratación se prolonga en el tiempo sin establecer el tratamiento adecuado, es habitual que surjan problemas en los riñones, tales como cálculos renales e infecciones urinarias. En los casos más graves puede producirse una insuficiencia renal aguda.

Las convulsiones también son relativamente frecuentes en los casos de deshidratación más graves. Esto se explica porque los electrolitos participan en la transmisión de señales eléctricas entre las células; si los electrolitos se encuentran desequilibrados, pueden aparecer contracciones musculares involuntarias y pérdida de conciencia.

La complicación más grave de todas es lo que se conoce como choque hipovolémico, el cual pone en serio riesgo la vida de quien lo padece. Se produce cuando un volumen bajo de sangre provoca una disminución de la presión arterial y de la cantidad de oxígeno en el organismo.

Factores de riesgo

Todas las personas tienen probabilidades de deshidratarse. No obstante, hay varios colectivos especialmente vulnerables a este trastorno.

  • Bebés y niños: son el grupo de población más vulnerable a sufrir enfermedades gastrointestinales que causen diarrea y vómitos. Teniendo en cuenta que la superficie corporal de los más pequeños en relación con su peso es proporcionalmente mayor que en el caso de un adulto, los niños pierden una proporción de líquido mayor. Es necesario prestar especial atención a los bebés, ya que no pueden comunicar a los adultos cuándo tienen sed.
  • Personas mayores: al igual que los niños, las personas mayores constituyen uno de los colectivos con mayor riesgo de sufrir deshidratación. Su capacidad de conservar el agua disminuye con la edad. Este problema se agrava con determinadas enfermedades propias del envejecimiento, como la diabetes o la demencia.
  • Pacientes con enfermedades crónicas: una de las patologías que aumenta en mayor grado el riesgo de sufrir deshidratación es la diabetes no controlada. Determinadas enfermedades renales también incrementan el riesgo, ya que implican en muchos casos el consumo de medicamentos que generan una micción frecuente.
  • Deportistas y trabajadores al aire libre: los deportistas, así como aquellas personas que realizan trabajos al aire libre, deben prestar especial atención a la hidratación, sobre todo en épocas de calor.

¿Cómo prevenir la deshidratación?

Consejos para prevenir  la deshidratación

La deshidratación es un trastorno relativamente sencillo de prevenir si se siguen una serie de hábitos saludables y pautas básicas.

  • Es esencial beber entre dos y tres litros de agua al día. Debe hacerse de forma continuada y en pequeñas cantidades a lo largo de la jornada. Además de la ingesta de agua, es recomendable consumir frutas y verduras con alto contenido en agua, como el melón o la sandía.
  • A la hora de realizar cualquier actividad o esfuerzo físico, es importante aumentar la cantidad de agua ingerida y reponer los líquidos perdidos por la sudoración.
  • No es recomendable confiar solo en la sensación de sed. Tal y como se ha señalado, por lo general esta aparece cuando ya existe cierto grado de deshidratación en el organismo.
  • Durante la época estival, cuando el calor es muy intenso, hay que aumentar la ingesta de líquidos y, además, en la medida de lo posible, permanecer en un ambiente fresco y bien ventilado.
  • Es fundamental prestar especial atención a la hidratación de los colectivos más vulnerables, como las personas mayores, los bebés y los trabajadores al aire libre.

Conclusión

A modo de conclusión, la deshidratación se produce cuando el organismo elimina una mayor cantidad de líquidos de los que ingiere, impidiendo así que lleve a cabo sus funciones con normalidad. La principal señal de deshidratación que transmite el organismo es la sed. No obstante, no es recomendable llegar a sentir sed, ya que es un indicio de que la deshidratación ya ha comenzado. Por lo tanto, lo mejor es beber agua con frecuencia y optar por el consumo de alimentos ricos en agua.

Referencias

  1. EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition, and Allergies (NDA). Scientific Opinion on Dietary reference values for water. EFSA Journal, 8(3), 1459. (2010). https://doi.org/10.2903/j.efsa.2010.1459
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  3. Thomas, D. R., Cote, T. R., Lawhorne, L., Levenson, S. A., Rubenstein, L. Z., Smith, D. A., … & Council, D. Understanding clinical dehydration and its treatment. Journal of the American Medical Directors Association, 9(5), 292-301. (2008). https://doi.org/10.1016/j.jamda.2008.03.006
  4. MedlinePlus. Deshidratación. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. https://medlineplus.gov/spanish/dehydration.html
  5. Organización Mundial de la Salud (OMS). Sales de rehidratación oral (SRO). https://www.who.int/es/health-topics/diarrhoea
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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