Anosognosia
Tabla de contenidos
- 1.Anosognosia y negación: una distinción clave
- 2.Bases neuroanatómicas
- 3.Tipos de trastornos asociados
- Enfermedades neurológicas
- Trastornos psiquiátricos
- 4.Síntomas de la anosognosia
- 5.Evaluación clínica
- 6.Anosognosia: tratamiento
- Impacto en la rehabilitación
- 7.Un ser querido sufre anosognosia, ¿qué hago?
- 8.Conclusión
- 9.Referencias
La anosognosia es un trastorno neurológico que se caracteriza porque el paciente es incapaz de percibir y entender la enfermedad que padece; no es capaz de reconocer los síntomas propios de la misma y presenta una total falta de conciencia sobre la afección. El término fue acuñado por el neurólogo Joseph Babinski en 1914, quien describió por primera vez este fenómeno en dos pacientes con ictus cerebral derecho y hemiplejía izquierda que desconocían por completo su parálisis (Babinski, 1914).
Así, podemos definir la anosognosia como un fenómeno clínico que se da en aquellos pacientes con algún tipo de disfunción cerebral que no son conscientes de su situación, la cual resulta evidente tanto para el médico como para las personas de su entorno. Es importante señalar que la anosognosia no es una negación psicológica del déficit, sino una alteración neurológica genuina: el paciente carece de la capacidad neurobiológica para representar su propio estado funcional.
La anosognosia afecta a aquellas zonas del cerebro que forman parte de la toma de conciencia; así, el paciente es incapaz de reconocer los síntomas y los déficits. Su yo, entendiendo como tal a la conciencia sobre uno mismo, queda totalmente relegado, de forma que este tipo de pacientes no pueden relacionar la información referida a la enfermedad como parte de ellos.
Anosognosia y negación: una distinción clave
Resulta fundamental diferenciar la anosognosia de la negación como mecanismo de defensa psicológico. Mientras que la negación es una estrategia emocional en la que el paciente, a nivel subconsciente, rechaza aceptar una realidad dolorosa, la anosognosia tiene una base estrictamente neurológica. El paciente anosognósico no rechaza la información sobre su déficit; sencillamente, su cerebro no es capaz de generar dicha información.
En la negación psicológica, el paciente puede mostrar indicios de conocimiento parcial de su situación, especialmente cuando se le confronta de manera empática. En cambio, en la anosognosia, la confrontación directa suele generar confabulaciones o explicaciones alternativas, ya que el cerebro intenta dar sentido a una realidad que no puede integrar adecuadamente.
Bases neuroanatómicas
Los estudios neuroanatómicos han demostrado de manera consistente la implicación del hemisferio cerebral derecho en la anosognosia, particularmente la corteza prefrontal y parietotemporal, así como la ínsula y el tálamo. Las lesiones en el lóbulo parietal derecho son especialmente relevantes, ya que esta región desempeña un papel fundamental en la integración de la conciencia corporal y la monitorización del estado funcional.
La ínsula anterior derecha también se ha identificado como una estructura clave, dado su papel en la interocepción y la conciencia de los estados corporales internos. Cuando estas áreas sufren daño, se altera la capacidad del cerebro para actualizar el modelo interno que el individuo tiene de sí mismo.
Tipos de trastornos asociados
La anosognosia es una situación relativamente común en aquellos pacientes que sufren algún tipo de trastorno neurológico y psiquiátrico, siendo igual de frecuente en ambos casos.
Enfermedades neurológicas
En el caso de pacientes con algún tipo de enfermedad neurológica, la anosognosia es frecuente en aquellos que sufren Alzheimer; las personas son incapaces de percibir los síntomas propios de la enfermedad, y es en la gran mayoría de los casos los amigos y/o familiares quienes advierten de la pérdida de memoria progresiva. La anosognosia también se da con relativa frecuencia en pacientes con tumores cerebrales.
Tras un ictus, la anosognosia es extraordinariamente común, especialmente cuando la lesión afecta al hemisferio derecho. Las estimaciones de prevalencia varían notablemente según los estudios, oscilando entre el 28 % y el 85 % en ictus del hemisferio derecho, frente a cifras mucho menores (0-17 %) en ictus del hemisferio izquierdo (Orfei et al., 2007). La forma más clásica es la anosognosia para la hemiplejía, en la que el paciente niega o desconoce la parálisis de un hemicuerpo.
Trastornos psiquiátricos
Respecto a los pacientes con afecciones psiquiátricas, esta condición se da sobre todo en aquellos que sufren esquizofrenia y trastornos de personalidad complejos. En la esquizofrenia, la falta de conciencia de enfermedad es uno de los factores que más dificultan la adherencia al tratamiento farmacológico.
Síntomas de la anosognosia
Hay una serie de síntomas que permiten diagnosticar este fenómeno clínico. El más notable de todos es la falta de conciencia por parte de aquellos pacientes que han sufrido algún tipo de lesión cerebral.
Además, es habitual que se presente un déficit tanto sensitivo como motor y cognitivo en quienes padecen anosognosia. Otros signos clínicos frecuentes incluyen:
- Confabulación: el paciente elabora explicaciones alternativas para justificar su incapacidad (por ejemplo, afirmar que no mueve el brazo porque “no le apetece”).
- Anosodiaforia: un grado menor de anosognosia en el que el paciente reconoce parcialmente el déficit, pero muestra indiferencia emocional ante el mismo. Este término fue también introducido por Babinski.
- Sobreestimación funcional: el paciente cree poder realizar actividades que objetivamente no puede llevar a cabo.
Evaluación clínica
La evaluación de la anosognosia requiere un abordaje neuropsicológico riguroso. Entre los instrumentos más utilizados destaca la Patient Competency Rating Scale (PCRS), un cuestionario de 30 ítems que evalúa la conciencia de los déficits en cuatro dominios: actividades de la vida diaria, función conductual y emocional, capacidades cognitivas y función física.
El método fundamental de la PCRS consiste en comparar la autoevaluación del paciente con la valoración de un informante (familiar o terapeuta). La discrepancia entre ambas puntuaciones constituye un indicador del grado de anosognosia: cuanto mayor es la diferencia, menor es la conciencia del déficit.
Además de la PCRS, el clínico puede emplear entrevistas estructuradas, tareas de predicción del rendimiento y observación directa del comportamiento del paciente ante sus limitaciones.
Anosognosia: tratamiento

A día de hoy no existe un tratamiento 100 % efectivo para tratar esta condición. Tal y como hemos señalado, se da en diferentes enfermedades neurológicas y psiquiátricas; por lo tanto, es tarea del médico señalar la causa de esta condición y establecer el tratamiento adecuado para la misma.
Hay que tener en cuenta que la anosognosia perjudica de forma notable la rutina diaria de quienes la padecen. Es por ello que resulta muy importante identificar los síntomas de manera temprana y dar con el mejor tratamiento para los mismos.
Impacto en la rehabilitación
La anosognosia tiene un efecto directo y significativo sobre los resultados de la rehabilitación. Los pacientes que no son conscientes de sus déficits tienden a mostrar menor motivación para participar en los programas terapéuticos, a establecer objetivos poco realistas y a no cumplir las recomendaciones de seguridad. Esto se traduce en estancias hospitalarias más prolongadas, mayor riesgo de lesiones secundarias y peores resultados funcionales a largo plazo.
Por ello, la intervención neuropsicológica debe incluir estrategias específicas para trabajar la conciencia del déficit de forma gradual, utilizando técnicas como la retroalimentación por vídeo, la confrontación empática y la exposición controlada a las limitaciones funcionales.
En líneas generales, el tratamiento de la anosognosia resulta complejo ya que los pacientes deben enfrentarse a una información que ellos son incapaces de percibir. Por lo tanto, es habitual que se den alteraciones en el estado de ánimo: irritación, mal humor, depresión… Además, la falta de conciencia es un trastorno muy poco comprendido por parte de la sociedad, lo cual es una gran desventaja.
Desde el punto de vista físico, quienes sufren anosognosia pueden presentar un alto riesgo de sufrir caídas debido a la falta de conciencia; en algunos casos, existe el peligro de autolesión, ya que los pacientes no se ven capaces de enfrentarse a una realidad que para ellos no existe.
Un ser querido sufre anosognosia, ¿qué hago?

La falta de conciencia del déficit es un problema complicado de tratar en el ámbito familiar; y es que los pacientes no son capaces de reconocer su problema. No obstante, hay una serie de consejos que merece la pena tener en cuenta para hacer la situación muchísimo más llevadera.
- Comunicación en positivo: cuando tu familiar o amigo tenga cualquier tipo de problema con las tareas cotidianas, debes ser amable y ofrecerle siempre tu ayuda.
- Tareas conjuntas: una buena idea para normalizar en la medida de lo posible la situación es convertir las tareas en rutinas conjuntas; de esta manera, ese ser querido no se verá obligado continuamente a solicitar ayuda.
- Lenguaje: el lenguaje y la forma en la que te diriges a ese amigo o familiar que padece anosognosia es muy importante. Si por ejemplo necesita ayuda en la cocina, puedes utilizar frases como “déjame ayudarte a cocinar, ya sabes que me encanta compartir tiempo en la cocina contigo”. Esto es mucho mejor que “sabes que no puedes hacer eso tú solo, déjame que lo haga yo”.
- No confrontar directamente: evita discutir o intentar convencer al paciente de que tiene un problema. Recuerda que la anosognosia es un déficit neurológico, no una cuestión de voluntad.
- Ayuda profesional: por supuesto, es esencial que busques ayuda profesional para tratar la anosognosia. En la gran mayoría de casos, esto pasa por acudir al neurólogo y al neuropsicólogo, quienes pueden diseñar un plan de intervención adaptado.
Lo cierto es que hacer frente a la demencia y a la anosognosia en adultos o personas mayores puede resultar muy frustrante. No obstante, es esencial mantener siempre una actitud positiva para que la persona se sienta relajada.
Conclusión
Por último, merece la pena destacar que la anosognosia en sí misma no es una enfermedad, sino más bien un síntoma propio de determinados trastornos neurológicos y psiquiátricos que han dado lugar a un daño de la estructura cerebral. Así, dicho daño produce en las personas la sensación de que no están enfermas y que sus funciones corporales funcionan perfectamente.
Resulta un trastorno sumamente desconcertante para las personas cercanas porque en ocasiones estas no son capaces de entender cómo los pacientes no pueden aceptar la disfunción que presentan. Generalmente, las personas enfermas insisten en que pueden realizar las tareas por sí mismas; no obstante, algunas como por ejemplo cocinar o conducir pueden resultar peligrosas. De la misma manera, al no ser conscientes de su déficit, en ocasiones optan por no tomar la medicación prescrita por el médico.
Comprender que la anosognosia tiene una base neurológica y no es fruto de la terquedad o la negación voluntaria es el primer paso para ofrecer un apoyo adecuado tanto al paciente como a su entorno.
Referencias
- Babinski, J. (1914). Contribution à l’étude des troubles mentaux dans l’hémiplégie organique cérébrale (anosognosie). Revue Neurologique, 27, 845-848.
- Orfei, M. D., Robinson, R. G., Prigatano, G. P., Starkstein, S., Rüsch, N., Bria, P., Caltagirone, C., y Spalletta, G. (2007). Anosognosia for hemiplegia after stroke is a multifaceted phenomenon: a systematic review of the literature. Brain, 130(12), 3075-3090.
- Prigatano, G. P. (Ed.). (2010). The Study of Anosognosia. Oxford University Press.
- Prigatano, G. P., y Schacter, D. L. (Eds.). (1991). Awareness of Deficit after Brain Injury: Clinical and Theoretical Issues. Oxford University Press.

Escrito por
Janire ManzanasPeriodista de salud
Universidad del País Vasco
Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.