Desmayo

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El desmayo, también conocido como síncope, no es una enfermedad como tal, sino un síntoma que alerta de la presencia de un determinado trastorno de salud. Aunque en la gran mayoría de los casos no reviste gravedad, es importante conocer las causas y los síntomas que lo provocan, así como el modo en el que hay que actuar.

¿Qué es el desmayo?

Se conoce como desmayo o síncope a la pérdida temporal de consciencia provocada por la disminución del flujo sanguíneo al cerebro. En la gran mayoría de los casos, el episodio dura apenas unos segundos o minutos, tras los cuales el paciente se recupera de forma rápida y espontánea.

El desmayo es un problema que se da con mucha frecuencia en la población. Estudios epidemiológicos señalan que alrededor del 40 % de las personas experimenta al menos un episodio sincopal a lo largo de su vida, con una incidencia especialmente elevada en la adolescencia y en personas mayores de 70 años [1]. La prevalencia es similar entre hombres y mujeres, aunque las causas pueden variar según el sexo y la edad.

Las causas que provocan la pérdida de consciencia pueden ser diversas: falta de oxígeno, alimentación deficiente, bajada de los niveles de azúcar en sangre, problemas cardiovasculares, entre otras.

Diferencias entre desmayo y mareo

Aunque hay quienes tratan el desmayo y el mareo como sinónimos, lo cierto es que son dos situaciones clínicas diferentes.

El desmayo se refiere a un síncope, en el que se produce una disminución del flujo sanguíneo al cerebro, lo que provoca la pérdida del conocimiento de forma momentánea. Aparece de manera repentina y, por lo general, no dura más de unos pocos segundos o minutos. El paciente se recupera de forma espontánea y completa.

En cuanto al mareo, se presenta como la combinación de un conjunto de síntomas, siendo el más notorio el vértigo. Los pacientes sienten que todo lo que hay a su alrededor gira y da vueltas, al tiempo que se muestran confusos y aturdidos. A diferencia del síncope, el mareo no implica necesariamente una pérdida de consciencia.

Causas de un desmayo

Causas de un desmayo

Son muchas las causas por las que una persona puede desmayarse. En la gran mayoría de los casos, la afección no reviste ninguna gravedad. Las causas pueden clasificarse en tres grandes grupos: neuromediadoras (las más frecuentes), cardiovasculares y por hipotensión ortostática [2].

Síncope vasovagal

La causa más frecuente de desmayo es el síncope vasovagal, que representa aproximadamente el 50-60 % de todos los casos de síncope [2]. Se produce por una activación excesiva del nervio vago, que provoca una caída de la frecuencia cardíaca y de la tensión arterial. Puede desencadenarse por estar de pie durante mucho tiempo, el calor, emociones intensas, el dolor o el estrés.

Trastornos cardiovasculares

Una de las causas más importantes de desmayo, sobre todo en personas de avanzada edad, son las enfermedades cardiovasculares. Este tipo de síncope requiere especial atención, ya que puede indicar una patología grave subyacente.

Entre las causas cardíacas se incluyen las arritmias (tanto taquicardias como bradicardias), la estenosis aórtica, la miocardiopatía hipertrófica y, en casos graves, el infarto de miocardio. El infarto se produce cuando muere una determinada zona del músculo cardíaco por la obstrucción de una arteria coronaria a causa de un coágulo de sangre.

Hay una serie de factores que aumentan el riesgo de que alguna arteria se obstruya: niveles altos de colesterol en sangre, hipertensión, obesidad, diabetes, tabaquismo y sedentarismo.

Hipotensión ortostática

Otra de las razones por las que se puede producir un desmayo, tanto en adultos como en niños, es la hipotensión ortostática. Se trata de una bajada brusca y repentina de la tensión arterial, generalmente debida a un cambio brusco de postura; por ejemplo, pasar de estar tumbado a estar de pie sin detenerse unos segundos en posición sentada.

Esta situación es más frecuente en personas mayores, en quienes toman medicamentos antihipertensivos y en casos de deshidratación [3].

Golpe de calor

Durante el verano, el golpe de calor se convierte en una causa frecuente de desmayo, sobre todo en personas mayores y niños pequeños. Tal y como su propio nombre indica, es un trastorno ocasionado por la exposición prolongada a las altas temperaturas.

Requiere de tratamiento médico de forma urgente, ya que puede causar daños irreversibles en órganos vitales como el cerebro, el corazón y los riñones. De no recibir asistencia en un plazo breve, el riesgo de muerte aumenta de forma notable.

Estrés y ansiedad

El estrés y la ansiedad intensa pueden desencadenar un episodio de desmayo. Ante picos muy acentuados de estrés, se produce una respuesta del sistema nervioso autónomo que puede provocar un síncope vasovagal.

Dolor intenso

Cuando el dolor que siente una persona es muy intenso, también se puede producir un desmayo. Se trata de un mecanismo mediado por el nervio vago, similar al síncope vasovagal. No obstante, es una situación poco frecuente, ya que los niveles de dolor deben ser extremos.

Hiperventilación

La hiperventilación se produce cuando la respiración de una persona es demasiado acelerada, lo cual provoca la disminución de los niveles de CO₂ en sangre. Esta situación altera el equilibrio ácido-base del organismo y puede provocar mareo, hormigueo en las extremidades e incluso el desmayo.

Ejercicio físico de alta intensidad

Aquellas personas que realizan ejercicio físico de alta intensidad, sobre todo si no están lo suficientemente preparadas para ello, también pueden sufrir un desmayo. El síncope es relativamente frecuente en determinados eventos deportivos, como por ejemplo maratones, y puede deberse a la deshidratación, el calor o la hipotensión postejercicio.

Hipoglucemia

Se denomina hipoglucemia a los bajos niveles de azúcar en sangre. Para el buen funcionamiento del cerebro, es fundamental que reciba un suministro constante de glucosa. Las personas diabéticas pueden desarrollar hipoglucemia y desmayarse si en algún momento se exceden en la dosis de medicamento, aunque también puede darse por no alimentarse adecuadamente o por un exceso de ejercicio físico.

Esfuerzo durante la defecación

En personas que sufren de estreñimiento crónico, el hecho de realizar un esfuerzo intenso durante la defecación también puede provocar un síncope. Este mecanismo se conoce como maniobra de Valsalva y genera un aumento de la presión intratorácica que dificulta el retorno venoso al corazón.

Embarazo

El desmayo es relativamente frecuente en mujeres embarazadas. Durante el periodo de gestación, el cuerpo experimenta un amplio abanico de cambios, incluidos los que se dan en el sistema circulatorio. Algunos de estos cambios provocan un descenso en la tensión arterial, lo cual puede producir episodios de síncope, especialmente durante el primer trimestre.

Además, las mujeres embarazadas necesitan mayores cantidades de líquido para que su organismo funcione de manera adecuada. Es importante que beban suficiente agua para prevenir la deshidratación y reducir el riesgo de desmayarse.

Síntomas de un desmayo

Síntomas de un desmayo

Existen varios síntomas, conocidos como pródromos, a los que hay que prestar especial atención, ya que se presentan de forma previa al desmayo. Por lo tanto, pueden alertar tanto al propio paciente como a las personas que hay a su alrededor de que está a punto de desmayarse.

Para el propio paciente es relativamente fácil sentirlos. Uno de los más frecuentes es la debilidad en las extremidades, especialmente en las piernas. Además, se presenta un malestar general, con náuseas y sudoración fría. Otro de los indicios más comunes es la palidez, así como la visión borrosa o en túnel y el zumbido en los oídos (acúfenos).

Las personas que están junto a quien va a desmayarse pueden percibir que comienza a palidecer, que tiene la mirada perdida y que su coordinación se deteriora.

Diagnóstico del desmayo

Si los desmayos se producen de forma repetida en el tiempo, es recomendable acudir al médico para que realice un diagnóstico y determine el tratamiento más adecuado.

En primer lugar, el médico elabora un historial clínico del paciente, prestando atención a sus síntomas, a las circunstancias en las que se produjo el episodio, así como a otros factores: edad, estado de salud, antecedentes familiares y medicación habitual.

En función de la causa sospechada, el médico puede solicitar la realización de ciertas pruebas. Una de las más habituales es el electrocardiograma para determinar si existe algún problema cardiovascular. También pueden solicitarse un análisis sanguíneo para comprobar los niveles de glucosa y de hierro, una prueba de mesa basculante (tilt test), un ecocardiograma o un registro Holter de 24 horas [2].

El tratamiento depende fundamentalmente de cuál sea la causa subyacente. En los síncopes vasovagales, generalmente basta con medidas preventivas; en los de origen cardíaco, puede ser necesaria una intervención más específica.

¿Cómo evitar un desmayo?

Si con los síntomas indicados una persona cree que está a punto de desmayarse, hay una serie de medidas que puede tomar para intentar evitarlo.

Lo primero que debe hacer es recostarse para favorecer el riego sanguíneo al cerebro. Es importante mantenerse acostado hasta que realmente se encuentre mejor. Cuando sea así, hay que evitar ponerse de pie de forma brusca.

Otro modo de favorecer el riego sanguíneo al cerebro es sentarse y bajar la cabeza, colocándola entre las rodillas. Cuando los síntomas mejoren y el paciente se encuentre recuperado, debe ir levantando la cabeza hasta enderezar la espalda.

Las maniobras de contrapresión también pueden ser útiles: cruzar las piernas y apretar los músculos, o entrelazar las manos y tirar de ellas en direcciones opuestas. Estas técnicas ayudan a aumentar la presión arterial y pueden abortar un episodio sincopal inminente [4].

Por supuesto, es fundamental beber líquidos de manera adecuada para evitar que el organismo se deshidrate. La deshidratación reduce el volumen sanguíneo y favorece la aparición de síncopes.

Una última medida para evitar el desmayo es mantener siempre un correcto flujo sanguíneo. Si por motivos laborales hay que permanecer sentado o de pie durante mucho tiempo, un buen consejo es tensar de forma periódica los músculos de las piernas o caminar brevemente para activar la circulación.

Primeros auxilios ante un desmayo

Desmayo: primeros auxilios

Ante un desmayo, es importante actuar con rapidez y serenidad.

  1. En primer lugar, es importante colocar al paciente en un lugar en el que se encuentre seguro y tranquilo. Si el síncope se ha producido por un golpe de calor, lo primero es trasladar al paciente hasta un lugar a la sombra y ventilado.
  2. A continuación hay que revisar las vías aéreas para comprobar que respira adecuadamente.
  3. Para favorecer el flujo sanguíneo desde el corazón hacia el cerebro, se deben levantar ambas piernas por encima del nivel del corazón (unos 30 centímetros aproximadamente).
  4. Para mejorar la comodidad del paciente y facilitar la respiración, hay que aflojar la ropa apretada (cinturones, corbatas, cuellos ajustados).
  5. Si el paciente vomita, es fundamental colocarle en posición lateral de seguridad. Esto es esencial para evitar que pueda atragantarse con su propio vómito.
  6. Por lo general, el desmayo presenta una recuperación muy rápida. Hasta que el paciente esté completamente recuperado, es importante mantenerle en reposo y tranquilo.
  7. Cuando se produzca la recuperación, es esencial que la incorporación se realice de forma pausada para evitar que el paciente se maree. Lo primero es colocarle en posición sentada y que permanezca así unos segundos. A continuación, puede ponerse de pie poco a poco.
  8. Si pasados unos minutos no recupera la consciencia, se debe llamar a los servicios de emergencia (112) de manera urgente.

Qué no se debe hacer ante un desmayo

Hay una serie de errores que se cometen con mucha frecuencia ante un desmayo. Uno de los más habituales es tratar de incorporar al paciente demasiado rápido. Tal y como hemos señalado, es esencial que permanezca tumbado hasta que se encuentre recuperado por completo.

Tampoco hay que dar pequeñas bofetadas con el objetivo de que el paciente recupere la consciencia. Los expertos señalan que golpearle no sirve de nada. Tan solo hay que colocarle en el suelo tranquilamente y dejarle espacio a su alrededor.

No se debe dar de beber ni de comer al paciente mientras esté inconsciente, ya que existe riesgo de atragantamiento. Tampoco es una buena idea que se agrupen demasiadas personas en torno al paciente. Con la asistencia de una o dos personas es suficiente para que se recupere adecuadamente.

Cuándo acudir al médico

El desmayo es un trastorno muy común entre la población adulta, aunque también puede darse en niños y adolescentes. En la mayoría de los casos, un episodio aislado no requiere atención médica urgente. Sin embargo, es importante acudir al médico si:

  • Los episodios se repiten con frecuencia.
  • El desmayo se produce durante el ejercicio físico.
  • Existe un antecedente de enfermedad cardíaca.
  • El síncope va acompañado de dolor torácico, palpitaciones o dificultad respiratoria.
  • La recuperación no es rápida o completa.

Es fundamental prestar atención a los síntomas premonitorios y saber cómo actuar ante ellos para garantizar la seguridad del paciente.

Referencias

  1. Ganzeboom KS, Colman N, Reitsma JB, Shen WK, Wieling W. Prevalence and triggers of syncope in medical students. The American Journal of Cardiology. 2003;91(8):1006-1008.
  2. Brignole M, Moya A, de Lange FJ, et al. 2018 ESC Guidelines for the diagnosis and management of syncope. European Heart Journal. 2018;39(21):1883-1948.
  3. Ricci F, De Caterina R, Fedorowski A. Orthostatic hypotension: epidemiology, prognosis, and treatment. Journal of the American College of Cardiology. 2015;66(7):848-860.
  4. van Dijk N, Quartieri F, Blanc JJ, et al. Effectiveness of physical counterpressure maneuvers in preventing vasovagal syncope. Journal of the American College of Cardiology. 2006;48(8):1652-1657.
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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