Cómo detectar el deterioro cognitivo
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Según datos epidemiológicos, entre el 15 y el 20 % de las personas mayores de 65 años presenta algún grado de deterioro cognitivo. La cifra es lo suficientemente significativa como para que la detección precoz se haya convertido en una prioridad de salud pública. Saber cómo identificarlo y, sobre todo, cómo intervenir a tiempo, puede marcar una diferencia notable en la calidad de vida de la persona afectada.
Afortunadamente, existen diversas estrategias de prevención y estimulación cognitiva, incluyendo aplicaciones como ‘Stimulus’, que se utilizan tanto en el ámbito profesional como doméstico para potenciar las funciones mentales.
En este artículo abordamos qué es el deterioro cognitivo, cómo distinguirlo de la demencia, cuáles son sus señales de alerta y qué herramientas de cribado se emplean para detectarlo.
¿Qué es el deterioro cognitivo?
El deterioro cognitivo es una alteración del funcionamiento intelectual que afecta a distintas capacidades del cerebro: la memoria, la atención, el lenguaje, la orientación espacial, las funciones ejecutivas (planificación, toma de decisiones) y la capacidad de interactuar adecuadamente con las personas y el entorno.
Es importante diferenciar entre dos conceptos que a menudo se confunden:
- Deterioro cognitivo leve (DCL): se trata de un declive en las capacidades cognitivas que va más allá del envejecimiento normal, pero que no impide a la persona desenvolverse de forma autónoma en su vida cotidiana. Quien lo padece puede notar fallos de memoria o dificultades para encontrar palabras, aunque sigue siendo capaz de realizar sus actividades habituales.
- Demencia: implica un deterioro cognitivo lo suficientemente grave como para interferir de manera significativa en la autonomía y en las actividades de la vida diaria. El alzhéimer es la causa más frecuente de demencia, pero no la única.
No todo deterioro cognitivo leve evoluciona a demencia. Según la Sociedad Española de Neurología, aproximadamente un 10-15 % de las personas con DCL progresa a demencia cada año, pero una proporción considerable se mantiene estable e incluso puede mejorar si se identifican y tratan las causas subyacentes.
Entre los factores que pueden contribuir al deterioro cognitivo se encuentran:
- Enfermedades neurodegenerativas (como el alzhéimer).
- Determinados medicamentos con efectos anticolinérgicos.
- Depresión y otros trastornos del estado de ánimo.
- Trastornos del sueño, como la apnea obstructiva.
- Hipotiroidismo y otros trastornos metabólicos.
- Déficits nutricionales, especialmente de vitamina B12 y ácido fólico.
¿Cuáles son los síntomas del deterioro cognitivo?
Las señales de alerta más habituales incluyen:
- Olvidar información recién aprendida o eventos recientes de forma frecuente.
- Perder el hilo de las conversaciones, de una película o de la lectura de un libro.
- Olvidar citas o compromisos importantes con mayor frecuencia de lo habitual.
- Experimentar dificultades para tomar decisiones o planificar tareas.
- Sentirse más desorientado, incluso en lugares conocidos.
- Mostrar mayor impulsividad o dificultad para controlar las reacciones.
Algunas personas pueden presentar además irritabilidad, ansiedad, apatía o síntomas depresivos, lo que en ocasiones dificulta el diagnóstico al confundirse con un trastorno del estado de ánimo.
¿Existen factores de riesgo?
No existe una causa única que explique el deterioro cognitivo, pero sí se han identificado factores que aumentan la probabilidad de desarrollarlo. Muchos de ellos son modificables, lo que supone una oportunidad para la prevención:
- Tabaquismo: el consumo de tabaco se asocia a un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
- Hipercolesterolemia: los niveles elevados de colesterol LDL se relacionan con un peor rendimiento cognitivo.
- Hipertensión arterial: especialmente la hipertensión en la mediana edad.
- Diabetes mellitus tipo 2: la resistencia a la insulina afecta negativamente a la función cerebral.
- Depresión: tanto como factor de riesgo como posible síntoma temprano de deterioro.
- Sedentarismo: la inactividad física es uno de los factores de riesgo modificables más importantes.
- Falta de estimulación cognitiva: mantener la mente activa resulta protector.
- Edad avanzada: el principal factor de riesgo no modificable.
- Aislamiento social: la falta de interacción social se ha asociado a un mayor riesgo.
¿Por qué es tan importante detectarlo de forma precoz?
La detección temprana del deterioro cognitivo es fundamental por varias razones. En primer lugar, algunas de las causas subyacentes son reversibles: el hipotiroidismo, los déficits de vitamina B12, la depresión o los efectos secundarios de ciertos medicamentos pueden tratarse, con la consiguiente mejora de la función cognitiva.
En segundo lugar, incluso cuando la causa no es reversible, la intervención precoz permite poner en marcha estrategias de estimulación cognitiva, ajustar el estilo de vida y, en su caso, iniciar tratamiento farmacológico que puede ralentizar la progresión.
Son importantes tanto los entrenamientos físicos como los mentales. El ejercicio aeróbico regular ha demostrado beneficios sobre la función cognitiva, y la estimulación mental mediante actividades como la lectura, los juegos de lógica o el aprendizaje de nuevas habilidades contribuye a mantener la reserva cognitiva.
¿Cómo se detecta el deterioro cognitivo?

El primer paso suele ser la observación de las señales de alerta, ya sea por la propia persona o por su entorno cercano. Cuando se detecta algo inusual en el funcionamiento cognitivo, es aconsejable acudir al médico de atención primaria, que valorará la situación y decidirá los pasos a seguir.
En la práctica clínica se emplean varias herramientas de cribado estandarizadas:
- MMSE (Mini-Mental State Examination): es el test de cribado cognitivo más utilizado a nivel mundial. Evalúa orientación temporal y espacial, memoria inmediata y diferida, atención, cálculo, lenguaje y capacidad visuoespacial. Se puntúa sobre 30 y una puntuación inferior a 24 suele considerarse indicativa de deterioro cognitivo, aunque el punto de corte puede variar según la edad y el nivel educativo del paciente.

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MoCA (Montreal Cognitive Assessment): diseñado específicamente para detectar el deterioro cognitivo leve, que puede pasar desapercibido con el MMSE. Evalúa funciones ejecutivas, capacidad visuoespacial, memoria, atención, lenguaje, abstracción y orientación. Se considera más sensible que el MMSE para la detección del DCL, con un punto de corte habitual de 26 sobre 30.
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Mini-Cog: un test breve que combina una tarea de recuerdo de tres palabras con el dibujo de un reloj. Es especialmente útil en atención primaria por su rapidez de aplicación.
Si los resultados de estas pruebas sugieren deterioro, el médico derivará al paciente al especialista (neurólogo o geriatra) y podrá solicitar pruebas complementarias como analíticas de sangre, neuroimagen o una evaluación neuropsicológica completa para determinar la causa y el alcance del problema.
¿Cómo prevenir el deterioro cognitivo?
Las principales recomendaciones para la prevención del deterioro cognitivo, respaldadas por la evidencia científica actual, incluyen:
- Ejercicio físico regular: al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada.
- Alimentación saludable: la dieta mediterránea se ha asociado a un menor riesgo de deterioro cognitivo.
- Estimulación cognitiva: lectura, aprendizaje de idiomas, juegos de estrategia, actividades artísticas o el uso de aplicaciones de entrenamiento cognitivo.
- Mantenimiento de las relaciones sociales: la interacción social frecuente es un factor protector.
- Control de los factores de riesgo cardiovascular: hipertensión, diabetes, colesterol y tabaquismo.
- Calidad del sueño: dormir entre 7 y 8 horas y tratar posibles trastornos del sueño.
¿Lo más importante? Prestar atención a las señales de alerta del deterioro cognitivo para poder detectarlo a tiempo. Tanto si crees que eres tú quien lo experimenta como si lo observas en alguien de tu entorno, la detección precoz es fundamental para poder actuar.
Referencias
- Petersen, R. C. et al. (2018). Practice guideline update summary: Mild cognitive impairment. Neurology, 90(3), 126-135.
- Nasreddine, Z. S. et al. (2005). The Montreal Cognitive Assessment, MoCA: A brief screening tool for mild cognitive impairment. Journal of the American Geriatrics Society, 53(4), 695-699.
- Folstein, M. F., Folstein, S. E. y McHugh, P. R. (1975). “Mini-mental state”. A practical method for grading the cognitive state of patients for the clinician. Journal of Psychiatric Research, 12(3), 189-198.
- Livingston, G. et al. (2020). Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. The Lancet, 396(10248), 413-446.
- Sociedad Española de Neurología (2024). Guías diagnósticas y terapéuticas de la SEN: Demencias. Disponible en: https://www.sen.es
